La violencia es un elemento que siempre ha estado presente en la política, ya sea de manera física o verbal. Actualmente, la gente no sólo utiliza las redes sociales para visibilizar sus discursos, sino que las propias figuras políticas se han subido al carro de utilizar estas plataformas para ello. O más bien para lanzar ataques en los que lo que menos importa es el mensaje. Porque si algo se ha conseguido con Twitter y Facebook es que la violencia verbal y el ataque gratuito hacia aquello que no case con nuestra ideología estén a la orden del día. Seguramente hay quienes se merecen esa violencia verbal, pero bandas como IDLES creen que el cambio no puede ni debe ir por esa vía, que el discurso debe ser siempre civilizado y el debate tiene que ser abierto y honesto por ambas partes. Por eso, en “Joy as an Act of Resistance.” el grupo ha querido mostrarse lo más vulnerable posible.

Always look on the bright side of life

“Joy as an Act of Resistance.” es, tal y como su título indica, una celebración de la vida y un reflejo de su lucha por mantenerse positivos ante las adversidades sin ignorarlas ni olvidarlas porque, cuando todo está de capa caída, ser capaz de disfrutar se convierte precisamente en eso: un acto de resistencia.

Tan sólo un año después del aclamado “Brutalism” los ingleses IDLES se han lanzado a publicar su segundo disco, no por presión ni por aprovechar el momento de popularidad que les dio su debut, sino motivados simplemente por su afán creativo y por ese cultivo del artista que requiere un trabajo constante. A pesar de llegar a nuestros oídos poco más de doce meses después, han pasado muchas cosas desde que finalizó la grabación de aquel primer elepé hasta la publicación de “Joy as an Act of Resistance.”, entre ellas el famoso Brexit (el cual ha dado pie a una agitación política que sigue haciendo mella actualmente en Reino Unido), así como otros sucesos mucho más personales como la muerte de la hija de Joe Talbot, algo que ha marcado crucialmente no sólo al artista sino todo este trabajo.

Pero lejos de dejarse llevar por la fatalidad y el nihilismo, IDLES han querido que este disco sea todo lo contrario a lo que cabría esperar ante una situación así. “Joy as an Act of Resistance.” es, tal y como su título indica, una celebración de la vida y un reflejo de su lucha por mantenerse positivos ante las adversidades (tanto personales como políticas) sin ignorarlas ni olvidarlas porque, cuando todo está de capa caída, ser capaz de disfrutar se convierte precisamente en eso: un acto de resistencia.

Así, el segundo largo de IDLES desprende un aura de positividad que no encontrábamos en su debut (mucho más agresivo y cabreado), y desde esta nueva perspectiva afrontan la temática del disco, la cual no difiere tanto de la de “Brutalism”. IDLES continúan siendo una formación con un alto componente de carga política, pero en este trabajo han conseguido pulir su propuesta al dejar la violencia únicamente presente en la parte instrumental (como un toque de atención), mientras que en la parcela lírica se intentan mostrar lo más transparentes, vulnerables y naif que pueden, con letras muy directas respecto a su postura y que, si bien cuentan con esa ironía característica del grupo, no buscan tanto la provocación como la sugestión.

Fotografía: http://www.motherartistmanagement.com/

Un diamante en brut(ecido)

El segundo largo de IDLES desprende un aura de positividad que no encontrábamos en su debut (mucho más agresivo y cabreado), y desde esta nueva perspectiva afrontan la temática del disco, la cual no difiere tanto de la de “Brutalism”.

Musicalmente el grupo progresa adecuadamente, mejorando con respecto a su primer disco en cada uno de los aspectos que distinguen su propuesta. Las canciones esta vez son más complejas, como esa “Colossus” que introduce el álbum con un juego de baterías y unas guitarras agresivas que le dan un toque industrial, llevando poco a poco la canción al extremo hasta terminar con una parte final muy punk y a toda pastilla a modo de epílogo, donde concluyen su crítica a la masculinidad tóxica con ese “I don’t wanna be your man que se repite varias veces. El rechazo hacia la masculinidad socialmente impuesta es una parte más del discurso de IDLES y se repite en otros temas como “Samaritans”, en el cual Talbot se dedica a recitar diversas frases que se suelen decir a los hombres para enseñarles cómo tienen que comportarse de acuerdo a su rol en la sociedad.

Otra mejora que encontramos en este álbum se traduce en una mayor variedad de estilos y más experimentación. Muestra de ello son “I’m Scum”, una suerte de rockabilly punk bailable en la que Joe irónicamente se ríe de sí mismo y de la imagen que los demás tienen de él; “Love Song”, una pieza que intenta emular el techno y el dark-wave sólo con las guitarras, el bajo y la batería; “Gram Rock”, una canción sobre la que Talbot cuenta que pusieron todas las ideas que les venían para que sonase lo más caótica posible a juego con una letra acerca de dos banqueros drogados liándola en un funeral; o “Cry To Me”, un cover de Solomon Burke donde trasladan su soul añejo al post-hardcore característico de la banda inglesa y donde además nos dejan entrever su amor por Dirty Dancing (cuya banda sonora contaba con la canción original). IDLES también encuentran momentos para mostrarse más delicados, como esa “June” que habla de la muerte de la hija de Talbot, quien recita unos versos desgarradores acompañado de un teclado fúnebre y descorazonador: “Dreams can be so cruel sometimes / I swear I kissed your crying eyes. Este es el único punto en el que podemos ver a un Talbot totalmente transparente y derrotado.

El estribillo como emisor infalible

IDLES continúan siendo una formación con un alto componente de carga política, pero han conseguido pulir su propuesta al dejar la violencia únicamente presente en la parte instrumental, mientras que en la parcela lírica se intentan mostrar lo más transparentes, vulnerables y naif que pueden, con letras muy directas respecto a su postura y que, si bien cuentan con su ironía característica, no buscan tanto la provocación como la sugestión.

Pero si hay algo que brilla en este disco y que consigue que una vez finalizado nos muramos de ganas por pulsar el play otra vez son las canciones más convencionales, las más directas y más embadurnadas de ese positivismo al que hacíamos referencia antes. “Never Fight a Man with a Perm” entra sola con su riff machacón a lo Savages y el cierre de “Rottweiler”, con sus interludios de puro ruido y su final catártico en el que casi se puede vislumbrar el acto de comunión instrumental de la banda cuando lo grabaron, es perfecto. Pero no se queda ahí la cosa. IDLES han conseguido clavar los estribillos y es en ese aspecto donde realmente nos contagian su mensaje.

En “Great” el cuarteto decide aceptar las consecuencias del Brexit y lo celebran por todo lo alto, no sin antes soltar esas puyas cargadas de ironía que tanto le gustan a Talbot. En cambio, “Television” ataca directamente los cánones de belleza y nos insta a querernos tal y como somos, rompiendo nuestros espejos y apagando la televisión si es necesario:

I go outside and I feel free
‘Cause I smash mirrors and fuck TV

Motivos de sobra para ser positivos

Al final, “Joy as an Act of Resistance.” es un trabajo en el que todo suena más coherente y armonioso sin pasarse de sesudos, coordinando mucho mejor la instrumentación y dejando momentos para que cada músico destaque y también respire. Todos consiguen redirigir esa rabia contenida hacia lugares más acertados, recreándose en un mayor espectro musical, afilando la sutileza de sus versos y contagiando esas ganas de celebrar lo que tenemos sin importar lo que se nos venga encima.

Si me estaba dejando “Danny Nedelko” para el final es porque creo que es el temazo definitivo del disco. La temática es sencilla: el racismo. Danny Nedelko no es otro que el frontman de la banda Heavy Lungs, un inmigrante ucraniano y colega de Talbot. Y de eso es de lo que se vale la canción; de la amistad y los lazos humanos para lanzar el mensaje de que todos somos iguales sin importar de dónde provengamos. A partir de ahí tenemos tres minutos y medio de puro éxtasis, con numerosas referencias a figuras públicas inmigrantes como Freddie Mercury o Mo Farah y dejándonos un estribillo redondo con una reflexión tan sencilla como brillante: “Fear leads to panic, panic leads to pain / Pain leads to anger, anger leads to hate.

Al final, “Joy as an Act of Resistance.” no sólo se muestra como un esfuerzo por mantenerse positivo, sino que acaba dándonos motivos de sobra para serlo. El grupo de Bristol consigue sobreponerse a las dificultades de la vida y nos entregan un trabajo en el que todo suena más coherente y armonioso sin pasarse de sesudos, coordinando mucho mejor la instrumentación y dejando momentos para que cada músico destaque y también respire en lugar de abalanzarse como la apisonadora que parecían ser en su debut. A su vez, todos consiguen redirigir esa rabia contenida hacia lugares más acertados, recreándose en un mayor espectro musical, afilando la sutileza de sus versos y contagiando esas ganas de celebrar lo que tenemos sin importar lo que se nos venga encima.

IDLES – Joy as an Act of Resistance.

8.6

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IDLES presentan “Joy as an Act of Resistance.” tan sólo un año después de su celebrado debut. En su segundo disco pulen todas las características de “Brutalism” y llevan un paso más allá su post-hardcore característico, mostrando un abanico más amplio de influencias y la fórmula definitiva para volvernos locos con sus estribillos y sus guitarrazos.

Up

  • Mejora en todos los aspectos un álbum debut que ya de por sí era muy notable.
  • Algunos de los temas más experimentales como “Colossus” o “Rottweiler”.
  • “Danny Nedelko” y el resto de temazos indiscutibles para dejarte sin aliento.

Down

  • Quizás “Love Song” no termine de cuajar.