Es una costumbre tan frecuente que ya nadie se sorprende cuando escucha que  ̶T̶h̶e̶e̶ Oh Sees tienen un disco nuevo en el mercado. Este acontecimiento –como mínimo– anual, además de resultar una gozada para los amantes de los sonidos psicodélicos más cacharreros se ha convertido en un recurrente cliché entre los aficionados de la música contemporánea y la prensa especializada, lo que dificulta abordar la crítica de un nuevo trabajo de los de John Dwyer sin referirnos a su incansable ritmo de producción. Así que, hala, ya lo he dicho, y lo puedo repetir: Oh Sees no paran quietos.

Tampoco es un secreto la evolución sónica que ha venido experimentando la banda desde sus primeros discos, y, en especial, desde aquel 2015 en que Dwyer renovó por completo la plantilla para ejecutar un garaje-psych cada vez más cerca del kraut y la psicodelia setentera a la vez que ganaba potencia propia de bandas de heavy-psych y le ponía ojitos al metal-prog. Esta transformación está narrada en directo en cada una de las críticas de los discos que Thee Oh Sees han publicado desde entonces.

“Smote Reverser”: al margen de tus expectativas

Sentimos si hay algún decepcionado, pero es pronto para hablar de Oh Sees como una banda de metal. En “Smote Reverser” las sonoridades propias de éste último género van a aparecer perfectamente diluidas en un maremágnum de psicodelia vaporosa cocida a fuego lento, una actitud eminentemente progresiva e incluso jazzera y un ratio de guitarrazos punkarras por hora demasiado bajo para estar hablando de un disco de Dwyer.

En 2018 recogemos a Oh Sees tal y donde los dejamos en “Orc” (2017). Esto no quiere decir que el cuarteto haya repetido la jugada del año pasado, sino que el paso que la banda ejecuta con “Smote Reverser” resulta, en cierta manera, coherente con la evolución de sus discos más recientes y en ningún modo tan radical como su metalera portada y la nota de prensa que trajimos en mayo podrían hacernos sospechar. Así que, sentimos si hay algún decepcionado, pero es pronto para hablar de Oh Sees como una banda de metal. En “Smote Reverser” las sonoridades propias de éste último género van a aparecer perfectamente diluidas en un maremágnum de psicodelia vaporosa cocida a fuego lento, una actitud eminentemente progresiva e incluso jazzera y un ratio de guitarrazos punkarras por hora demasiado bajo para estar hablando de un disco de Dwyer. De nuevo, una muestra de la actitud inconformista de los de San Francisco que, manteniendo la política de mínimos que sustenta su identidad artística intacta, continúa explorando sonidos e influencias del pasado para incorporar a su menú.

Otro apartado en el que “Smote Reverser” se aleja de lo que es un disco promedio de Oh Sees es en la longitud de los temas y en la del propio álbum en su conjunto, que se estira hasta la hora de duración rompiendo el holgado récord que hasta entonces ostentaba “Orc”. Definitivamente, un sonido tan pulido, unas estructuras y texturas tan ricas y tan pocos aullidos y rasguidos a mil por hora no es algo que pueda esperarse de una banda que llevaba una década grabando discos lo-fi de media hora a toda pastilla.

Fotografía: Luis Amella

Dwyer sigue empeñándose en llegar hasta el final de sus propios límites artísticos

De nuevo, una muestra de la actitud inconformista de los de San Francisco que, manteniendo la política de mínimos que sustenta su identidad artística intacta, continúa explorando sonidos e influencias del pasado para incorporar a su menú.

Sentient Oona” abre el disco de manera elegante con las voces de Dwyer y Brigid Dawson (antigua miembro permanente de Thee Oh Sees) mientras Quattrone y Rincon realizan un trabajo limpio e impecable en la percusión. Y, si otras veces la potencia de la banda servía como contrapunto de la suave y escurridiza voz de Dwyer, en este disco tanto las baterías como el órgano y el bajo acompañarán perfectamente a la atmósfera psicodélica y progresiva que la banda recrea en la mayoría de canciones del LP. No obstante lo dicho, ya se sabe que quien tuvo retuvo y Oh Sees nos lo demuestran incrementando progresivamente las revoluciones hasta casi empalmar con “Enrique El Cobrador”, que aúna a la perfección una mayor urgencia en la base rítmica con ácidos teclados sesenteros en pos de un fantasmal resultado. En “C”, la pista más juguetona del LP junto a la sexy “Moon Bog”, continúan actualizando el legado de la psicodelia californiana mostrando una cara algo más pop. Seguro que muchos se acuerdan de King Gizzard aquí, es curioso cómo ambas bandas, verdaderos tótems de la psicodelia del nuevo siglo, podrían haber llegado al punto de retroalimentarse entre sí.

Como diría Jules Winnfield, en “Overtrown” no es que cambien de liga, es que practican otro maldito deporte. Si alguno echaba de menos los guitarrazos y el éxtasis, aquí tiene dos tazas. La que posiblemente sea la pieza más demencial y metalera de la carrera de Oh Sees apenas encontrará su réplica en un “Smote Reverser” caracterizado por la combustión lenta y la ambientación espacial a excepción de una destacable “Abysmal Urn” capaz de recuperar la garra de los Thee Oh Sees más clásicos.

Sin alcanzar las mismas cotas de excelencia pero con nuevas cosas que decir una veintena de discos después

Un sonido tan pulido, unas estructuras y texturas tan ricas y tan pocos aullidos y rasguidos a mil por hora no es algo que pueda esperarse de una banda que llevaba una década grabando discos lo-fi de media hora a toda pastilla.

Last Peace” vuelve a dar la razón a John Dwyer cuando decidió incorporar una segunda batería a su banda. Durante casi ocho minutos y a través de la superposición de diferentes patrones rítmicos, la pareja de percusionistas nos llevará poco a poco de la paz propia de una balada a compases más fácilmente asociables a la locura de Oh Sees en los que no dejan de suceder cosas y hacer acto de presencia todo tipo de instrumentos y ruiditos. La sublimación de la experimentación progresiva viene de la mano de la muy extensa “Anthemic Aggressor”, que se desliza entre el kraut setentero y los Pink Floyd más drogatas. Se trata de una vía que la banda ya había transitado en trabajos secundarios como “An Odd Entrances” o el sobresaliente “Orc”, aunque quizá con un mayor dinamismo que justificara mejor un desarrollo tan largo. En cualquier caso, cada uno tiene sus propias filias y fobias personales, y no voy a negaros que un servidor se encuentra a gustísimo flotando al compás que marcan John Dwyer y los suyos.

El disco puede empezar a hacerse largo una vez hemos terminado de escuchar la rockera “Nail House Needle Boys”, donde predomina un seco riff junto a los elementos psicodélicos y progresivos propios del sonido de este trabajo. Así, quizá haya a quien se le empiece a atragantar una “Flies Bump Against the Glass” enteramente instrumental que, con su fluir tenebroso y los aullidos con que nos recibe, encaja perfectamente en la estética de ciencia ficción y terror de serie B que la banda de San Francisco siempre ha transmitido. Tampoco aporta mucho más a lo ya presentado “Beat Quest”, aunque siempre es una delicia ver cómo nuestros obsesivo-compulsivos favoritos saben tomarse las cosas con calma y presumir de complejidad, en todos los sentidos.

Creo que, si sumamos los trabajos lanzados bajo el nombre de OCS, estamos ante el vigésimo disco de la banda capitaneada por John Dwyer. Pero tampoco me hagáis mucho caso, al final no perderse entre semejante cantidad de material es casi una misión imposible. Lo relevante es que, tantos discos después, este genio del underground americano siga teniendo cosas interesantes que decir. Quizá esta vez no haya alcanzado las cotas de excelencia de los dos últimos años, pero lo que no puede negarse es el empeño que Dwyer pone en llegar hasta el final de sus propios límites artísticos. ¡Cuánto le vamos a echar de menos cuando nos falte!

Oh Sees – Smote Reverser

7.6

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Cuando muchos esperábamos la definitiva conversión al metal de Oh Sees, John Dwyer ha vuelto a situarse al margen de nuestras expectativas entregándonos uno de sus discos más reposados en el que los sonidos psicodélicos se canalizan a través de unas formas claramente progresivas.

Up

  • Un nuevo paso más allá. Oh Sees continúan su evolución hacia terrenos progresivos.
  • Ser capaz de cascarse temas tan disfrutables y tan ‘Oh Sees’ prescindiendo casi por completo de la tralla durante gran parte del disco.

Down

  • Quizá pueda faltarle virtuosismo que justifique una extensión tan larga.