El pasado 2017 fue el vigésimo aniversario de uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space” (1997)  sintetizó a la perfección las principales corrientes pop y de vanguardia del siglo XX, así como el sentir de una joven generación que crecía a pasos agigantados y se sumergía poco a poco y cada vez más en el mundo de las pantallas que revolucionó el paradigma social y cultural por completo, es decir, Internet.

Para los que vivimos esa época pero éramos tan pequeños que ni nos enteramos, fuimos condenados a escuchar ese comprimido de 20 miligramos de puro amor desde la distancia de un pasado que nunca volverá ni existió realmente más que en la imaginación que brindan los recuerdos perdidos. Para los que sin embargo sí se acuerdan y les acompañó en un momento importante de sus vidas, les agradará saber que el artífice de todo ese descomunal proyecto sigue en pie y regresa una vez más para despedirse para siempre.

Una porción de paraíso

Las pretensiones de J. Spaceman para con sus creaciones siempre fueron mayúsculas, así que esta vez no iba a ser una excepción. “And Nothing Hurt” es un nuevo recreo intergaláctico que bebe directamente de la gran obra maestra de Spiritualized. Sí, de aquel insuperable “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space” (1997) que sintetizó a la perfección las principales corrientes pop y de vanguardia del siglo XX.

Jason Pierce ha sido muy malo en toda su vida. Su voz afectada por los excesos y la neumonía que le puso al borde del precipicio otorgan sustento a aquella frase de hace dos siglos del médico francés Théophile Gautier cada vez que se disponía a repartir el aceite de hachís entre sus coetáneos, como el célebre poeta Charles Baudelaire, supremo Dios de los Cabreados, recogió en su libro “Los paraísos artificiales”: “Esta porción te será restada del paraíso”. Y como hay cosas que nunca cambian, a Pierce se le puede recordar por el chico sonriente de mirada inocente, travieso y risueño, con una camiseta blanca en cuyo centro está inscrito: “Drugs Not Jobs”.

“Tomar drogas para hacer música que escuchar colocado de drogas”. Podría ser una traducción más o menos válida con la que definir al experimento entrópico que se hizo llamar Spacemen 3 y que hizo implosionar el núcleo central de un estilo catatónico y burbujeante, ensimismado y enérgico a la vez, y que más tarde sirvió de prolegómeno para todo lo que estaba por venir con Spiritualized. Y ahora, vuelta a las andadas. Publica “And Nothing Hurt”, un nuevo recreo intergaláctico que bebe directamente de su gran obra maestra.

Cada vez me presiono más a mí mismo, hasta la estupidez. Cuando grabo algo, es como si hubiera olvidado todo lo aprendido. Parece que nunca sigo un método lógico”, declaraba hace unos días en The New York Times. Con esto, Pierce admitía las dificultades que encontraba a la hora de grabar y producir el álbum, hasta el punto de verlo como un proceso incómodo o desagradable. A decir verdad, las pretensiones de J. Spaceman para con sus creaciones siempre fueron mayúsculas. Esta vez no iba a ser una excepción.

Fotografía: Juliette Larthe

Más que una despedida, una celebración

Jason Pierce parece decir adiós a su carrera, y con ella a su público y a su música. La última gran coda final a su peculiar estilo de hacer discos que, según él, le consume y le agota hasta la extenuación.

“And Nothing Hurt” se abre con el ritmo suave de un ukelele y una voz calmada que entona una pieza de folk con toques espaciales llamada A Perfect Miracle. Es inevitable acordarse de la apertura de “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space”. Esto marca y define las intenciones del álbum, más como una celebración de su gloria pasada que como un epílogo o una continuación. El segundo single de lanzamiento para presentar este nuevo trabajo sorprende y engancha un poco más. I’m Your Man, título robado del trascendental disco de Leonard Cohen, es un vals cocinado en una sartén a fuego lento y bajo el modelo del rock más tradicional. Resuenan ecos a los Rolling Stones y guitarras a lo Keith Richards; además, la producción orquestal recuerda mucho a aquella leyenda inmortal llamada “Exile on Main St.(1972). La letra dice mucho de la personalidad lastimera y agotada de su autor en este momento de su vida, pero ante todo honesta y valiente:

But if you want wasted, loaded, permanently folded
Doing the best that he can
I’m your man, I’m your man

Sin demasiadas sorpresas respecto a sus anteriores álbumes

Uno de los rasgos que más fascinantes resultan de Pierce es esa fusión entre las tres personalidades del trío más importante y relevante de la historia de la música alternativa: Lou Reed, David Bowie e Iggy Pop. De alguna forma, nuestro querido J. Spaceman es un digno heredero de toda la tradición que estos dejaron.

Más optimista se desenvuelve Here It Comes (The Road) Let’s Go. Uno de los rasgos que a título personal siempre me han atraído de Pierce es esa fusión entre las tres personalidades del trío más importante y relevante de la historia de la música alternativa: Lou Reed, David Bowie e Iggy Pop. De alguna forma, nuestro querido J. Spaceman es un digno heredero de toda la tradición que estos dejaron. Así lo demuestra en este tercer track, una necesaria parada para coger aire. Mucho más pasional y preciosista se muestra Let’s Dance, de título otra vez robado, esta vez al anteriormente mencionado Duque Blanco. Una de las tónicas que se repite en casi todos los álbumes de Spiritualized es esa estructura de montaña rusa, esa notoria alternancia entre canciones más vitalistas y alegres con otras más crepusculares y melancólicas. Esta pieza en cuestión se erige como una de las mejores de esta nueva entrega, con una arrebatadora línea de piano que avanza hasta que la instrumentación y los efectos ambientales se sumergen en un final apoteósico digno del “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space”.

El hard rock aparece en On the Sunshine, un tema que por su producción y base de blues podría haberse compuesto perfectamente a finales de los sesenta. Volvemos a escuchar los ecos de una generación lisérgica preocupada por sobrecargar los ambientes de distorsión y batería. Poco a poco, reluce la instrumentación de saxos y los coros góspel al más puro estilo Spiritualized. Y, de nuevo, la bajada: Damaged es un precioso medio tiempo sostenido con piano y pedal steel con unos tímidos arreglos electrónicos que por momentos recuerdan a determinadas baladas de Pink Floyd, así como a toda su escuela progresiva.

¿Adiós? a una vida de excesos, creaciones y, por supuesto, mucho amor

El código morse grabado en la portada puede que sea una señal para comunicarse con él una vez deje de hacer discos o haya partido a un lugar muy lejano. Eso es “And Nothing Hurt”: un momento congelado en el tiempo, una sonrisa de un chico travieso, un monolito musical que volverá en un futuro o, quién sabe, tal vez nos acompañe para el resto de nuestra vida.

The Morning After podría ser perfectamente el mejor tema del disco, quizás sólo superado por “Let’s Dance”. Continuación natural del que sin duda es uno de los mejores temas de la banda: “Hey Jane”, de “Sweet Light Sweet Heart” (2012). Recuerda al folk rápido, contagioso y accidentado del Dylan eléctrico en el clásico “Highway 61 Revisited” (1965), nótese también el toque de armónica endiablada que aparece en algunos instantes. De nuevo, la producción resulta mastodóntica: el visionario de Pierce parece haber reunido a una orquesta entera para participar en el disco. Los instrumentos entran y salen continuamente hasta convertirse en música concreta a simple vista desordenada como en “Electricity” o “No God Only Religion”, lo que hace suponer que J. Spaceman lleva escribiendo la misma canción toda su vida de mil maneras distintas. De acuerdo a esta teoría, “The Prize” vendría a ser la homóloga de “Cool Waves”.

La penúltima canción del disco vuelve a ser otra enésima reflexión sobre la vida y el amor, sólo que esta vez reluce el sabor amargo de final. “And maybe / it’s not too late to say goodbye / but I don’t know, dear / If love, will care or if it don’t mind / And I don’t know if love’s the price”. El tema, que arranca como una balada lo-fi, va cogiendo cuerpo hasta llegar a un final deslumbrante. Y, ya como colofón, llega “Sail on Through”, un cierre mayúsculo de categoría. Pierce apuesta esta vez por una conclusión escueta de space rock y pop coral y así cerrar el que promete ser su álbum de despedida.

Spiritualized – And Nothing Hurt

8.1

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Jason Pierce parece decir adiós a su carrera, y con ella a su público y a su música. Atrás queda una vida de excesos, creaciones y mucho amor. El código morse grabado en la portada puede que sea una señal para comunicarse con él una vez deje de hacer discos o haya partido a un lugar muy lejano. Eso es “And Nothing Hurt”: un momento congelado en el tiempo, una sonrisa de un chico travieso, un monolito musical que volverá en un futuro o, quién sabe, tal vez nos acompañe para el resto de nuestra vida.

Up

  • “I’m Your Man”, ”Let’s Dance” y “The Morning After”, los tres temas capitales de este disco.
  • La mastodóntica producción orquestal que siempre ha caracterizado las obras de Spiritualized y que convierte sus creaciones en un diálogo entrecruzado de estilos.
  • La recuperación de los clásicos que le encumbraron y su manera de traerlos a la actualidad.
  • La propia personalidad de Pierce, reflejada tanto en lo formal como en el contenido, que ya de por sí es un regalo a los oídos, una cura para el alma (como dice en la portada del disco en el que todo el mundo está pensando).

Down

  • No hay demasiadas sorpresas respecto a sus anteriores álbumes y se echa de menos la voluntad de arriesgarse pese a rodar ya de por sí en una competición de altas cotas musicales y de una exigencia brutal.
  • Sin demasiadas diferencias a ese clásico atemporal de 20 miligramos.