En efecto existe, jueces, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la naturaleza hemos tomado, extraído, exprimido, para la que no hemos sido educados, sino hechos, y para la que no hemos sido instruidos, sino impregnados”.

Así reza la inscripción en latín de la portada del disco más grande de la historia del rock en español. Una frase que, junto al Hombre de Vitruvio, anticipan que estamos ante una obra de arte, divida en movimientos, como toda buena obra de rock progresivo que se precie. Una joya en la que Extremoduro alcanzan el máximo nivel musical que nunca hayan desarrollado gracias a la excelsa producción de Iñaki ‘Uoho’ Antón y, por supuesto, a la composición de Robe, quien hace estallar una presa que le había agobiado durante seis años.

¿El inicio de su declive hacia el abismo o la obra maestra de Extremoduro?

Se conoce que, entre los verdaderos fans de Extremoduro, hay dos grandes bandos casi del mismo tamaño. Unos opinan que este es el disco con el que la banda inicia su declive hacia el abismo, donde se empiezan a transformar más en lo que Robe haría en solitario y menos en lo que habían hecho hasta entonces: mezclar poesía y frases campestres con rock duro de calidad y solos de guitarra legendarios.

El segundo grupo, entre los que me incluyo, reconocen que –a pesar de que la obra de Extremoduro hasta ese momento era extensa y brillante, con discos que cambiaron el rumbo del rock en español como “Agila” (1996) o “Rock Transgresivo” (1989)– este trabajo llevó al grupo a otro nivel compositivo, lírico y musical. Por eso es el mejor disco de la banda sin ser el que mejor representa a la banda. Me he explicado bien, ¿verdad?

“La Ley Innata” llegaba un 9 de septiembre de 2008 después de seis años de silencio musical, sólo interrumpidos por dos discos de “Grandes Éxitos y Fracasos” que no hacían más que alimentar la leyenda de la banda como grupo de culto. Ahora es fácil encontrar vídeos con entrevistas recientes de Robe, algún polémico premio a su trayectoria y en general bastantes eventos de promo. Pero por aquel entonces las pocas apariciones de Robe y compañía en público se producían sobre un escenario.

El mejor disco de Extremoduro sin ser el que mejor representa a la banda

A pesar de que la obra de Extremoduro hasta el momento era extensa y brillante, con discos que cambiaron el rumbo del rock en español como “Agila” (1996) o “Rock Transgresivo” (1989), este trabajo llevó al grupo a otro nivel compositivo, lírico y musical. Por eso es el mejor disco de la banda sin ser el que mejor representa a la banda.

Además, el siguiente paso del grupo tenía encima las miradas de toda la crítica y el público rockero tras el que era su álbum más comercial y exitoso hasta la fecha: “Yo, Minoría Absoluta” (2002). Sí, el de la portada con Robe haciendo de Jesucristo (García) en el que se incluían instant classics como “La Vereda de la Puerta de Atrás”, “Puta”, “A Fuego” o la canción más votada por los fans en esas encuestas que hacía la banda en su web para saber qué temas incluir en sus directos: “Standby”. Así que no estábamos precisamente ante un disco flojo, sino ante una cumbre que escalar.

Sin embargo, la crisis creativa que atenazaba a Iniesta no lo dejaba avanzar. En un comunicado en la web de Extremoduro allá por 2006 el artista se disculpaba: “El verano que viene no vamos a hacer gira. De momento no entra en nuestros planes tocar sin tener canciones nuevas, puede que muchos penséis que no hace falta tener canciones nuevas para hacer una gira […] pero yo necesito hacer cosas nuevas para que el grupo siga teniendo sentido. Espero que para el verano de 2008 las cosas hayan cambiado y tenga temas nuevos. O puede que para entonces me haya cambiado el punto, pero eso ahora, tampoco puedo saberlo. Yo no dejo de tocar la guitarra y de intentar que me salga algo, pero siempre he compuesto con el corazón y, como cantaban Lole y Manuel, yo en mi corazón no mando”.

Mientras tanto, ‘Uoho’ se consolaba con un proyecto paralelo llamado Inconscientes junto al resto de miembros de Extremoduro menos Robe. El compositor de la banda seguía estancado, pero no se cansaba de intentarlo. De hecho, en este tiempo le dio para escribir una novela, “El viaje íntimo de la locura”, que contaría con una temática similar a la de los dos siguientes trabajos de Extremoduro: la falta de inspiración, liberada, o la estrecha línea que separa la locura y la razón.

Fotografía: Promo

“La Ley Innata”: el mejor disco del rock español

Cuando escuchamos este álbum por primera vez no podemos evitar pensar automáticamente en “Pedrá” (1995). Pero “La Ley Innata” es mucho, muchísimo más. Es la liberación de uno de los más interesantes letristas del rock en español tras seis años de silencio. Es el disco donde se juntan la poesía descarnada del Robe más audaz con las guitarras y la producción de ‘Uoho’ en su mejor momento. Un viaje íntimo a ‘su’ locura que, ahora sí, cobraba todo el sentido.

La banda ya había tonteado con el rock progresivo y con un disco de una sola canción en ese experimento poco conocido o, digamos mejor infravalorado, que fue “Pedrá” (1995). Por eso cuando escuchamos este álbum por primera vez no podemos evitar pensar automáticamente en aquel. Pero “La Ley Innata” es mucho, muchísimo más. Es la liberación de uno de los más interesantes letristas del rock en español tras seis años de silencio. Es el disco donde se juntan la poesía descarnada del Robe más audaz con las guitarras y la producción de ‘Uoho’ en su mejor momento. Un viaje íntimo a ‘su’ locura que, ahora sí, cobraba todo el sentido. La “Dulce Introducción al Caos que inauguraba esta ‘suite’ a modo de single. Casi cuatro meses antes del lanzamiento del disco los fans ya podían escucharlo en su web y hacerse una idea de por dónde irían los tiros. La canción inicia con unos brillantes arpegios de guitarra eléctrica en un tono mucho más relajado y sensible que otras composiciones de la banda que hubiéramos escuchado hasta la fecha. La voz de Robe, menos rasgada que de costumbre y más recitada va introduciendo una canción que comienza con unos versos sinceros en tono de disculpa: “¿Cómo quieres que escriba una canción, si a tu lado no hay reivindicación? La canción de que el tiempo no pasara, donde nunca pasa nada”. Podemos deducir rápidamente que la estabilidad emocional que aporta la sosegada vida en familia a la que Robe empezó a cogerle el gusto cuando se mudó con su pareja e hijos a un pequeño pueblo del País Vasco secó de repente su fuente de inspiración.

Su voz se entrelaza con los coros de Sara Íñiguez mientras ‘Uoho’ va desgranando unos arreglos de guitarra armonizados como si fueran violines, instrumento que también aparece un poco más tarde sumando más cuerdas a esta excelsa composición que estalla en un solo barroco, el cual de hecho incluye un fraseo de “Jesus bleibet meine Freude” de la Cantata BWV 147 de Bach.

Después del orgasmo musical del punteo, la canción da un giro de las armonías mayores que nos habían introducido en “La Ley Innata” hacia lo menor y más oscuro, cercano a lo que la banda había venido haciendo en anteriores trabajos (y experimentando durante estos años). Este giro sirve también para conectar con el “Primer Movimiento: El Sueño a través de un arpegio cargado de fuzz. Un contrapunto más canalla y sucio en el que aparecen los riffs de ‘Uoho’ mientras Robe va luchando con sus demonios personales, esos que lo asaltan en sueños. El estribillo y el fraseo previo de guitarra serán otro de los nexos del álbum, que se repetirá en varios de los siguientes ‘movimientos’:

Buscando mi destino
Viviendo en diferido
Sin ser, ni oír, ni dar

Y a cobro revertido
Quisiera hablar contigo
Y, así, sintonizar

Un descenso a la locura de Robe Iniesta, una búsqueda obstinada y asfixiante sobre el oficio de hacer canciones

Fácilmente podemos vislumbrar la temática central de este disco conceptual: una dulce bajada del cielo a los infiernos, una crítica al mundo interior de Robe (el de sus sueños) y otra al mundo exterior (el de verdad). Y también la reivindicación del individuo y de su propia ‘ley innata’, no sujeta de los demás sino a uno mismo, tal y como explicaron Robe e Iñaki en su momento.

El “Segundo Movimiento: Lo de fuera” sigue la senda marcada por el anterior corte, con paisajes oníricos pero también de denuncia social. Hay cárceles, hambre, críticas a la “buena educación”, a la televisión e incluso derribos, por supuesto, de su muro interior. La pieza cuenta con tres partes claramente diferenciadas: la que arranca con una melodía nostálgica, la que divide el tema cuando Robe dice “Sueño que empieza otra canción” y el fragmento final donde incluso tiene cabida una ranchera con mariachis.

Antes de adentrarnos en el “Tercer Movimiento: Lo de Dentro” podemos empezar a vislumbrar la temática central de este disco conceptual: una dulce bajada del cielo a los infiernos, una crítica al mundo interior de Robe (el de sus sueños) y otra al mundo exterior (el de verdad). Y también la reivindicación del individuo y de su propia ‘ley innata’, no sujeta de los demás sino a uno mismo, tal y como explicaron Robe e Iñaki en su momento. Un mensaje que también les costó sacar en el estudio, donde entendían esta obra como una única canción, en la que debían ir trabajando como ingenieros para ver qué le faltaba y qué le sobraba. Ya en “Lo de Dentro” encontramos a Robe tocando de pleno otros temas que suelen verse en su imaginario: la lucha entre la locura y la cordura, el uso y el abuso de las drogas y la ansiedad vital. Todo con un potente giro final de locura rítmica, doble bombo incluido, riffs cuasi metaleros y Robe rasgándose la voz en cada verso. Lo de dentro es la oscuridad más absoluta.

Un disco perfectamente hilado, con arreglos sublimes de guitarra, letras inspiradas y una insuperable riqueza instrumental

Sólo queda maravillarse con lo que ha conseguido esta banda, la gran cantidad de buenas letras, buenos riffs, melodías, ritmos y tipología de canciones dentro de un disco conceptual perfecto. La única duda que queda es: ¿Hasta dónde habría llegado este disco si lo hubiera firmado un grupo cantando en inglés en la explosión del rock progresivo de los setenta?

Oscuridad de la que emerge el “Cuarto Movimiento: La Realidad”. Pero no una realidad como la de antes. Sino la que de verdad transforma, la que de verdad encuentra a Robe con su locura. Como siempre, aquí está presente el tema del amor descarnado. La melodía parte de un riff de guitarra similar al de la introducción. Sin embargo, en esta ocasión se atreven con el piano, rarísimo en la obra de Extremoduro, y con preciosos arreglos de violines que acompañan a esta composición, la más romántica y quizá, oyéndola con el paso de los años, la que más molestara en su momento a los auténticos fanses de la banda. Una canción de poética orlada y frases made in Robe Iniesta (“Quisiera ser un perro y oliscarte”) que ponen el contrapunto perfecto. El estribillo del disco se repite aquí dos veces hasta introducir el solo final que va bajando de intensidad en un fade out que golpea como las olas contra la orilla para cerrar este épico álbum.

Aunque antes del final un arpegio gitano con guitarra eléctrica y un verso de Pérez Galdós conecta con la “Coda Flamenca”, el último y sorprendente corte de “La Ley Innata”. Una canción en la cual exploran el sonido más flamenco de Extremoduro tanto en la voz de Robe como en las armonías, en el ritmo y en el contexto de la canción, donde se habla de amor y por supuesto de prender la mecha. Y sí, el del final es el perro de Robe, Happy. También hay espacio para la broma en ese pequeño guiño a ‘Manué’ que encontramos en otros trabajos de la banda. Lo de después es un arpegio que se transforma en el mismo con el que comienza el disco en un bucle infinito. Cerrando el círculo.

Terminada la experiencia sonora sólo queda maravillarse con lo que ha conseguido esta banda, la gran cantidad de buenas letras, buenos riffs, melodías, ritmos y tipología de canciones dentro de un disco conceptual perfecto. La espera de seis años había merecido la pena. La única duda que queda es: ¿Hasta dónde habría llegado este disco si lo hubiera firmado un grupo cantando en inglés en la explosión del rock progresivo de los setenta?

Extremoduro – La Ley Innata

EXTREMODURO

10

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Extremoduro firman con “La Ley Innata” el mejor disco de su carrera y dejan una joya inigualable en la historia del rock en español de todos los tiempos. Un disco perfectamente hilado, con arreglos sublimes de guitarra, letras inspiradas y una insuperable riqueza instrumental.

Up

  • “Dulce Introducción al Caos” es quizá el corte que más destaca de la colección, pero toda la ‘canción’ de este disco conceptual es una obra maestra del rock en español contemporáneo.
  • La manera de hilar los temas a través de un estribillo y un fraseo de guitarra recurrente como una luz que te rescata en algunos momentos de oscuridad.
  • Las letras certeras y poéticas de un Robe que deja de lado algunos lugares comunes y el lenguaje más soez para dar paso a una lírica más trabajada e incluso comprometida.
  • Las guitarras de ‘Uoho’ y su producción (y masterización) en el disco son perfectas. Lleva al grupo a otro nivel que jamás volvería a igualar.