Qué duda cabe que Paul McCartney es el mayor talento creativo que ha dado el siglo XX. Su carrera está plagada de altibajos, pero estos no son si no una consecuencia lógica de llevar más de medio siglo al pie del cañón. Se dice pronto, pero hablamos de toda una vida, en el sentido más literal de la expresión, haciendo música. Avanzan las décadas, y con ellas cambian las circunstancias políticas, sociales, económicas, culturales y, por supuesto, personales. De manera que es perfectamente lógico que la trayectoria discográfica del ex Beatle haya pasado por algún que otro bache. Lo extraño hubiera sido hablar de cincuenta años de excelencia musical cuando hay tantos factores que determinan un resultado.

Un compositor incansable

“NEW” es un álbum capaz de posicionarse entre lo mejor que el músico ha publicado en muchos años. Suena variado, fundamentalmente enérgico y alegre. Actual.

Ciertamente, la segunda mitad de los ochenta y la primera de los noventa no fueron años demasiado prósperos para el de Liverpool. Consiguió retomar el impulso creativo en 1997, con la edición de “Flaming Pie”. Un álbum directo y rockero con el que el músico renacía tras un dilatado impasse creativo. A partir de entonces, McCartney fue entregando buenos álbumes de forma más o menos regular. Sin perder demasiada comba, en 1999 editaba “Run Devil Run”, que recogía versiones de clásicos del rock and roll; el melodioso y emocionante “Devil Rain” (2001); el más tranquilo, íntimo, reflexivo y acústico “Chaos and Creation in the Backyard” (2005); y “Memory Almost Full” (2007), donde elaboraba un rock de tono oscuro y nostálgico. Ya no volvería hasta 2012 con “Kisses on the Bottom”, un disco soporífero en el que versionaba estándares del jazz. Cuando pensábamos que la nueva ola de inspiración se desvanecía, llegaba la sorpresa.

Fotografía: Mary McCartney

“NEW”: un desafío a la creatividad y al tiempo.

Aunque ya no tiene absolutamente nada que demostrar, Paul McCartney ratifica en “NEW” que es un compositor incansable y que todavía tiene algunas grandes ideas. Después de cinco décadas en el oficio y numerosos proyectos al margen de este que nos ocupa, el ilustre liverpuliano no está dispuesto a estancarse. Pretende seguir conquistando nuevos horizontes musicales y haciendo lo que mejor sabe hacer hasta que el cuerpo aguante.

En 2013, con 71 años, Paul McCartney ponía en el mercado NEW, un álbum capaz de posicionarse entre lo mejor que el músico ha publicado en muchos años. Suena variado, fundamentalmente enérgico y alegre. Actual. En este trabajo, Macca se rodeó de productores jóvenes como Giles Martin, Mark Ronson, Ethan Johns y Paul Epworth a fin de que estos dieran una capa de modernidad al nuevo material. Doce composiciones (más una) que no siempre llegan a sonar tan frescas como el compositor hubiera pretendido, pero que sin duda lo sitúan en el siglo XXI. Aunque lo realmente fascinante aquí es que, a pesar de todo, la capacidad de invención melódica permanece intacta.

Comienza el álbum con Save Us, una canción de amor como muchas de las sucesivas. Suena potente, eléctrica, con garra, aunque no llega a cumplir todo lo que promete cuando escuchamos su riff al inicio. Tropieza en su propia convencionalidad. Más efectiva y conmovedora se presenta Alligator. Construida a partir de contrastes, juega con la alternancia entre unas estrofas nerviosas y un estribillo tranquilo y de melodía brillante. A la vez que hace lo propio entre la guitarra acústica y las escuetas descarga de la eléctrica, entre los efectos espaciales del sintetizador y el uso del clave, siempre tan barroco. Una pieza fascinante. Más acústica y con dejes country se inicia On My Way to Work. De intenso sabor melancólico, resulta un corte cálido capaz de sorprender cuando menos lo esperamos con pasajes de grandilocuente tendencia épica.

Doce composiciones (más una) que no siempre llegan a sonar tan frescas como el compositor hubiera pretendido, pero que sin duda lo sitúan en el siglo XXI. Aunque lo realmente fascinante aquí es que, a pesar de todo, la capacidad de invención melódica permanece intacta. Incluso así, se aprecia cierto reciclaje de ideas, algo que, por otra parte, es completamente natural a estas alturas.

La facción más rockera encontrará en la rítmica Queenie Eye una de las canciones más destacables del LP. A partir de una base de piano-bar, McCartney levanta un corte de coros sencillísimos y efectivos de los que apelan a la multitud en los conciertos. Siempre y cuando los nostálgicos que abarrotan los estadios estén dispuestos a disfrutar con composiciones que vayan más allá del viejo repertorio. Y hablando de añoranza, seguimos con Early Days. Una pieza folk que deja al descubierto la debilidad y el desgaste que ya arrastra la voz de McCartney. Pero en este caso particular, es precisamente ese rasgo el que contribuye a dar mayor sentido y valor a esta composición, donde el autor mira al pasado para recordar sus inicios musicales en Liverpool junto a John Lennon. Un instante emocionante que aprovecha para lanzar un dardo envenenado a todos aquellos que se empeñan en acreditar las viejas creaciones de los Beatles a uno de los dos talentos que conformaban aquella irrepetible asociación: Now everybody seems to have their own opinión / Who did this and who did that / But as for me I don’t see how they can remember / When they weren’t where it was at”.

Quizá el mejor tema del disco seaNew, que deriva claramente de aquel “Penny Lane” que el Fab Four lanzaba en vísperas del fascinante “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”. Una declaración de amor pegadiza y optimista a su esposa Nancy Shevell. Directa y melancólica en las partes que funcionan como estribillo pero que no son tales, sino la segunda parte de unas estrofas extraordinarias como hacía mucho tiempo que no escuchábamos. Porque el viejo maestro aún es capaz de pergeñar algunos trucos no aptos para compositores noveles, y no tan noveles. Así pasamos a otros esfuerzos tan loables como Appreciate. Electrónica, oscura, actual. Synth-pop nocturno que sitúa a McCartney directamente en el aquí y ahora.

Un barniz de modernidad para continuar con la buena racha creativa de la que está disfrutando en el nuevo siglo

En su día, Paul, junto con otros tres muchachos, no sólo cambiaron la música, sino también la sociedad del momento. Si McCartney tuvo un papel destacado en la elaboración de La Biblia de la música popular, ¿qué más le vamos a pedir? Sólo que siga haciendo canciones tan disfrutables como estas.

Volvemos al terreno acústico con Everybody Out There. Jangle-pop que mira sin reparos al estilo de R.E.M. Tan convencional como efectiva, termina pasando en un suspiro. Resultan muy destacables los arreglos de la guitarra solista y los coros que van apareciendo según nos acercamos al ecuador de la composición, así como la intensidad vocal que le imprime Paul a la última parte de la misma. Hosanna continúa la tendencia acústica, pero aparece despojada del optimismo y la luminosidad que desprendía la anterior. No es un corte demasiado reseñable. De hecho, es el más flojo del álbum. Ni siquiera los efectos de cinta que presenta dispuestos al revés tienen cometido alguno. Son elementos insignificantes. Mucho más después de saber lo que The Beatles fueron capaces de conseguir con manipulaciones de este tipo en canciones como “I’m Only Sleeping”, la que contiene, si no el mejor, sí el sólo de guitarra más interesante de cuantos han sido plastificados.

En I Can BetMcCartney nos empuja a la pista de baile. Suena ochentera, y lo cierto es que tampoco es una de las pistas más inspiradas del conjunto. De entrada se descubre cautivadora, guerrera, pero no tardará en virar hacia un pop-rock anodino sin mucho que ofrecer. Incluso la melodía del estribillo es deudora de “Get Back”, el tema que los Beatles incluyeron en “Let It Be”. Looking at Her, por su parte, se revela como un pop íntimo de corte electrónico bien cargado de estallidos sintéticos que aportan viveza a la composición. La electrónica y el piano tienen un papel preponderante enRoad. Un falso final de carácter lúgubre que suena amenazante, a veces siniestra, experimental. Pero, en contra de lo que pueda parecer, lanza un mensaje optimista que anima a sobreponerse a la adversidad. Y finalmente llegamos a Scared, la pista oculta que cierra el álbum. Una balada a piano que muestra a un Paul íntimo y afligido que se lamenta por el temor que le supone decirle a su amor todo lo que significa para él.

Aunque ya no tiene absolutamente nada que demostrar, Paul McCartney ratifica en “NEW” que es un compositor incansable y que todavía tiene algunas grandes ideas. Después de cinco décadas en el oficio y numerosos proyectos al margen de este que nos ocupa, el ilustre liverpuliano no está dispuesto a estancarse. Pretende seguir conquistando nuevos horizontes musicales y haciendo lo que mejor sabe hacer hasta que el cuerpo aguante. A pesar de ello, se aprecia cierto reciclaje de ideas, algo que, por otra parte, es completamente natural a estas alturas. En su día, Paul, junto con otros tres muchachos, no sólo cambiaron la música, sino también la sociedad del momento. Dieron lo mejor de sí mismos, y nos legaron una obra que todavía hoy es objeto de fascinación para todo aquel que decide acercarse a ella y que ha influenciado a innumerables músicos de toda condición. Si McCartney tuvo un papel destacado en la elaboración de La Biblia de la música popular, ¿qué más le vamos a pedir? Sólo que siga haciendo canciones tan disfrutables como estas.

Paul McCartney – NEW

7.3

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Seis años después desde su último álbum con canciones originales, Paul McCartney ponía en el mercado “NEW”, un álbum de grandes composiciones al que un grupo de jóvenes productores dieron un barniz de modernidad para continuar con la buena racha creativa de la que está disfrutando en el nuevo siglo.

Up

  • La primera parte del álbum es sensacional.
  • Cincuenta años después, la habilidad de McCartney para las melodías permanece intacta.
  • Que en contra de lo que espera su público (salvo en los conciertos), sea capaz de abrazar estéticas más actuales para traernos canciones como “Appreciate”.

Down

  • El reciclaje de ideas. Por otra parte lógico a estas alturas.
  • Canciones como “Save Us”, “Hosanna” y “I Can Bet” no aguantan la comparación con el resto de canciones del álbum. Especialmente la segunda, que tras la muy estimable “Everybody Out There cae en la más absoluta irrelevancia.
  • El último tercio del álbum palidece antes los dos primeros.