Estudios recientes han puesto de relieve un atípico hallazgo geológico. Los satélites más próximos a la mesosfera habían rastreado la persistencia de unas manchas en las proximidades de las islas británicas que no era posible evaluar como meras impurezas de la lente, y que apuntaban a la por entonces cada vez más apoyada posibilidad de que se tratara de pequeños fragmentos de tierra en el océano Atlántico. Esto llevó a posteriores indagaciones, que pusieron de relieve la existencia de aglomeraciones humanas, a veces muy restringidas, pero con una cultura propia. Y este destacamento, si bien aparentemente pueril, tuvo su cénit en el hallazgo de una visión musical, a un tiempo arcaica y novedosa. Sus puntos en común parecían ser el empleo de percusión tribal, de ritmos complejos y alocadas intervenciones de los instrumentos nativos. No es necesario decir que la existencia material de estas islas queda sujeta a la imaginación, pero puede observarse el surgimiento de un buen número de agrupaciones que, retomando el sentir africano y espiritual del jazz de los años sesenta han decidido cambiarle la cara y arrostrar con sus señas nuevos senderos.

Una interesante incursión en la nueva ola del jazz británico

Binker and Moses proponen un trabajo esforzado, emulando a otros grandes del jazz al grabar en directo no ya un repertorio nuevo, sino La Biblia de su propio universo, en el que la novedad no es el timón, pero arroja prometedoras pinceladas.

Una de estas pequeñas islas y su cosmogonía pertenece a la pareja formada por Binker Golding y Moses Boyd. Habituados al jazz, pero igualmente entusiastas de otros estilos (enamora ver a Golding con una camiseta de los Dead Kennedys), el dúo pretende redactar la historia de su propia cultura, ésa en la que los ultra-negros dominan las montañas, la intoxicación con las plantas del lugar es imprescindible, y los espíritus del otro lado hablan a los caminantes. Binker and Moses proponen un trabajo esforzado, emulando a otros grandes del jazz al grabar en directo no ya un repertorio nuevo, sino La Biblia de su propio universo, en el que la novedad no es el timón, pero arroja prometedoras pinceladas. Su fórmula es la que sigue: una intrincada e invariable base rítmica, mitad indígena, mitad estándar, a cargo de Boyd y Yussef Dayes, sobre la que se instauran los solos de Golding, Byron Wallen y Evan Parker.

“Alive in the East?”: africanizado y momentáneamente experimental

Su fórmula es la que sigue: una intrincada e invariable base rítmica, mitad indígena, mitad estándar, a cargo de Boyd y Yussef Dayes, sobre la que se instauran los solos de Golding, Byron Wallen y Evan Parker.

Primero es la nada, eso estaba claro. Pero hacía falta un incomprensible empuje para que de los aplausos en el vacío emergiera el signo, el inconfesable comienzo. Se escogió la luz. “The Birth of Light” culebrea entre los asistentes y descolla la génesis florida del Este. Como no podía ser de otra forma, la base se asienta en una percusión africana acompañada del combo clásico de las agrupaciones de jazz. Nacen aquí dos vertientes. Por un lado asoma la cabeza de la tribu, y por otro la de la sociedad escolástica. Ambas se funden a la perfección. Luego, la luz ha de descomponerse, desdoblarse al más puro y libre estilo. Con sus ardides a la espalda, el tiempo ha nacido. Prescindiendo de la intervención humana, la tierra se engendra en “How Land Learnt to Be Still”, en la que los saxos soprano y tenor hacen acto de presencia. La percusión no ha perdido su vigor a la hora de extraer las partículas sólidas del abismo, y las bombardea en un orden que reconocemos, sin alardes técnicos. El resultado es algo caótico pero útil si la materia se deja llevar. Las atmósferas chocan y se funden en un atasco de placas tectónicas. Aparece la trompeta y su solo deja ver la herencia de un espiritado Miles Davis, probablemente el de “Bitches Brew”.

En la misma tónica Davis arranca la licuación de “The River’s Tale” en que los saltos del arroyo creciente se encajonan en una original rítmica. Wallen dirige entre los magistrales saxos de Parker y Golding, dejando algo cojo el arpa eléctrica de Tori Handsley, que funciona más bien como elemento tímbrico. De pronto hay un apagón. Queda la magnífica excentricidad del saxo y las sacudidas del pez trompeta hasta “How Fire Was Made”. Esta demencia se propaga en los átomos en forma de combustión y se inicia una feroz lucha contra el resto de elementos. La percusión saca la artillería pesada y aplasta el orgullo de la materia inorgánica. Poco a poco se va relajando, entra el breve pero precioso y libérrimo solo del saxo en “How Air Learnt to Move”. Con el profundo momento de paz los principales elementos se han manifestado.

Binker and Moses pretenden redactar la historia de su propia cultura

Interesante y prometedor, “Alive in the East?” prosigue la senda de las agrupaciones inglesas de jazz que buscan su sonido en el mestizaje del colonialismo. Un trabajo valioso, profesional, y que sugiere mayores innovaciones en el futuro.

Ahora bien, el combativo individuo ha de ser engendrado. “Children of the Ultra Blacks” conforma la primera generación de existencias atiborradas de dudas y miedos acerca de su origen. Tras el arcoíris formado por los acordes del arpa entra la batería, elaborando una atmósfera algo enrarecida. La trompeta encuentra dificultades para moldear el barro hasta que la percusión y la rebeldía negras traen un periodo suave y creativo. Uno de los mejores solos de Binker y la llegada de los cánticos coronan el clímax del álbum, la apuesta futura. La locura crece y revienta antes de llegar a “Mishkaku’s Tale”, uno de los muchos personajes ficticios del imaginario Binker-Moses. Aunque se basta del saxo para iniciar el relato, Boyd se acerca lentamente con sus tambores, estableciendo un juego de intensidades entre los dos cerebros progenitores del escenario. El acceso del resto de instrumentos suaviza la corriente sanguínea y permite a la guitarra pronunciar una fantástica sección armónica, una selva mística de cuerdas en la que figura la sombra de una mujer desnuda, otro de los epicureísmos del álbum.

El desenfreno toca a su fin con “The Discovery of Human Flesh” durante la cual sinuosos encantos sugieren el acto más romántico de la creación. Sobre un lecho de hojas y dulces acordes aparece el primer ser humano, que se desarrolla en la algarabía selvática. Y éste, motivado por su propia naturaleza, quiere conocer el límite. “Beyond the Edge” propone el lucimiento (obligatorio en cualquier directo) de la batería y los tambores. La línea que marca el final trae consigo un ejército de sonidos que en el estilo más free fingen una extinción absoluta. Sin embargo, es “The Death of Light” quien propone un prematuro hundimiento para la isla. Reservado para este final queda el momento más espiritual del álbum, a cargo de la guitarra. Su mediación con el saxo destaca como otro de los puntos clave. Una nota larga y triste, y una audiencia respetuosa hasta el silencio colman la vida de esta breve esfera.

Binker and Moses – Alive in the East?

7.7

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Los dos líderes son grandes intérpretes y tienen ideas conceptuales más que interesantes, como demuestra esta cosmogonía grabada en directo de una Tierra ficticia. La carencia de forma pasa factura a composiciones inteligentes y hace que el álbum dure poco en nuestra retentiva. No obstante, se trata de un trabajo valioso, profesional, y que sugiere mayores innovaciones en el futuro.

Up

  • La valía y destreza de los dos miembros fijos.
  • La narración de una historia en un álbum de jazz.
  • El arrojo de grabar temas nuevos en directo.

Down

  • Carencia de formas o patrones.
  • Escasa experimentación.
  • Algunas técnicas recurrentes.