Mi primer artículo para esta web fue precisamente la reseña del anterior disco del grupo que aquí nos ocupa. The Decemberists publicaron en 2014 What a Terrible World, What a Beautiful World, un disco algo menos folk de lo acostumbrado y con una faceta pop cada vez más descarada, que no por ello ensombrecía lo que era un espléndido y variado conjunto de canciones. Si para mí, que no soy artista, ha pasado una eternidad desde entonces y mis gustos han evolucionado considerablemente, no quiero imaginarme el dilema interno de una banda que cumple la mayoría de edad y se debate entre explorar nuevos horizontes musicales o seguir fiel a su propio sonido.

En esas se encuentran The Decemberists, que con este su octavo LP hacen una apuesta arriesgada por cambiar de rumbo, adentrándose en un peligroso terreno plagado de sintetizadores y destellos ochenteros.

Fotografía: Holly Andres

Cada vez hay más color en las portadas de The Decemberists

Con este su octavo LP, The Decemberists han hecho una apuesta arriesgada, adentrándose en un peligroso terreno plagado de sintetizadores y destellos ochenteros.

Y eso puede servir de metáfora al contenido de sus discos. El folk barroco y con esencia de verbena de sus inicios se ha ido transformando, al menos en su forma, en un pop hasta ahora mayormente acústico y algo dependiente de la voz de Colin Meloy. Aunque lo de acústico en esta ocasión queda relegado bajo capas de electrónica con aroma a música disco. No hay más que escuchar el desarrollo de Once In My Lifepara quedarse con la mandíbula algo desencajada por el cambiazo. Aunque sigue en la misma línea, Cutting Stoneaúna mucho mejor lo que uno espera de la banda con lo que ellos han querido innovar esta vez.

Sin embargo, el poso de Neutral Milk Hotel y de la música de raíces que se hunden bien hondo en el folk americano sigue ahí, presente siempre y de forma notable en temas como la marcial Starwatchero la austera tirando a sosa Tripping Along. De hecho, no es nada nuevo lo de fusionar el heartland rock con sintetizadores. Sin ir más lejos, una de las bandas más referenciadas al citar a los Decemberists, R.E.M., ya hicieron de esa mezcla su seña de identidad. Y ese es el camino que los de Portland parecen haber seguido sin rodeos en este “I’ll Be Your Girl”.

Una extraña escapada ochentera…

“I’ll Be Your Girl” es, en conclusión, un disco que palidece demasiado al compararlo con todo el repertorio previo de la banda, sin ser en absoluto mediocre. Con todo, las expectativas jugaban en contra de la formación de Portland tras cuatro años prácticamente en barbecho. Asimismo, ese barniz ochentero a veces les sienta como un guante pero a ratos también chirría.

En todo caso sigue siendo una aproximación diferente a la de gente como Kurt Vile o The War on Drugs, pese a compartir forma e idea final. Diferente e inevitablemente algo más forzada, quizá por tener su música una personalidad más particular que ninguna de ellas o quizá por haber tomado una vía mucho más directa que aquellos (no hay más que oír Severed para pensar en Depeche Mode). Aunque, a veces, como ocurre con la animosa y algo western “Your Ghost, la voz algo filtrada de Meloy combina tan bien con los teclados que uno sólo puede pensar en un acierto de pleno.

Tampoco es que absolutamente todo esté plagado de sintetizadores dominantes, como muestra una Everything Is Awfulperfecta para vocear mientras la gente sale de sus casas y se une a la marcha bailando por el pueblo o la muy guitarrera Sucker’s Prayer, cuya letra sigue la tradición derrotista de la banda (I wanna throw my body in the river and drown”). Así lo hace tambiénWe All Die Young, esta vez desde un rock ‘n’ roll sintético y adictivo como los peta zetas, que con el paso de las escuchas pasa a ser de lo más memorable del LP precisamente por ser su frivolidad y descaro glam.

… Y un cancionero tan fantástico y fantasioso como siempre

The Decemberists han intentado arriesgar, y eso es de agradecer. Sin embargo, se debían demasiado a su sonido orgánico anterior como para que no se eche en falta algo de esa autenticidad folk y rural que les caracterizaba. En el proceso de modernización de su sonido The Decemberists han perdido algo de alma.

Mientras tanto, a Rusalka, Rusalka / Wild Rushesno le hace falta más de una escucha para consolidarse como uno de los temas más inspirados del disco. Gravedad épica y ascendente con la típica instrumentación folkie de los decembristas (suficiente para mejorar la nota del largo por sí sola) en su primera parte. Y la igual de típica animación campestre, sobrecargada y coreable, en su segunda parte. En conclusión, una epopeya marca de la casa con la que contentar a los que aún tuvieran la ceja enarcada por esta extraña escapada ochentera de sus Decemberists. Y ya llegando al final, I’ll Be Your Girl acaba en bajo, siendo el tema que más fácilmente se podría extraer de los primeros discos de la banda, de aquellos tiempos marrones en los que uno les imaginaba tocando con ropas del siglo XIX y cantando sobre marineros vengativos o fábulas japonesas.

“I’ll Be Your Girl” es, en conclusión, un disco que palidece demasiado al compararlo con todo el repertorio previo de la banda, sin ser en absoluto mediocre. Han intentado arriesgar, y eso es de agradecer. Sin embargo, se debían demasiado a su sonido orgánico anterior como para que no se eche en falta algo de esa autenticidad folk y rural que les caracterizaba. Más que nada, porque en el proceso de modernización de su sonido The Decemberists han perdido algo de alma. No obstante, como bien apuntaba un usuario en el pozo de sabiduría contemporánea que son los comentarios de YouTube, tenemos que recordar que, como dijeron en su anterior disco al dirigirse directamente a nosotros, su audiencia:

But we had to change some,
you know, to belong to you”

Y, quien avisa, no es traidor.

The Decemberists – I’ll Be Your Girl

6.3

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

La banda que era hipster antes de los hipsters sigue siéndolo después de ellos. The Decemberists vuelven en su octavo trabajo con un cancionero tan fantástico y fantasioso como siempre, sólo que esta vez lo recubren de un barniz ochentero que a ratos chirría y a ratos encaja como un guante.

Up

  • Arriesgado intento de cambiar para que nada cambie.
  • La épica de “Rusalka, Rusalka / Wild Rushes”.
  • Variedad estilística para no aburrir nunca: desde el synth-pop de “Severed” hasta el glam-rock de “We All Die Young”.

Down

  • Las expectativas jugando en su contra tras cuatro años prácticamente en barbecho.
  • Este disco ya se hizo, y mejor: escuchen “Goths” de The Mountain Goats.
  • Dos conciertos en países de habla hispana en dieciocho años. No es algo malo del disco en sí, pero hay que decirlo.