Fotografía: Diego Santamaría

La pregunta que nos realizamos en este mismo medio apenas hace unas semanas en nuestro artículo de artistas imprescindibles del Sonorama Ribera 2018 giraba en torno al supuesto viraje del festival hacia un gran evento de masas, con todos sus pros y también sus contras. La edición de este año ha confirmado que, sin lugar a dudas, el Sonorama ya es un festival de grandes masas; atrás quedaron esos tiempos en los que sólo asistía público de la zona y en menor proporción para disfrutar de un evento fabuloso de carácter íntimo.

Esto es una realidad, pero tampoco hay que ponerse melodramáticos (por ahora), ya que el Sonorama Ribera se encuentra aún lejos de festivales como el Mad Cool madrileño o el Festival Internacional de Benicàssim, donde la comunión entre las ciudades y los festivaleros es prácticamente nula y estos últimos son tratados, en muchas ocasiones, como máquinas de hacer dinero. Aranda de Duero y el Sonorama Ribera siguen –afortunadamente– ligados entre ellos, si bien no está de más dar algún que otro toque de atención a los organizadores para que con los años (porque quedan muchos años por delante) el festival arandino no se convierta en ese tipo de evento que tanto se ha criticado durante este verano. Sin embargo, se antoja difícil porque, para empezar, parece que el recinto de festivales tendrá nueva localización el año que viene, más grande y mastodóntica. Además, las quejas por la saturación en las plazas del pueblo se acumulan entre los incondicionales que llevan (o llevaban) varias ediciones asistiendo al festival. Sólo el tiempo dirá cómo es capaz de reinventarse el Sonorama y de qué manera.

Valoraciones aparte, la asistencia de este año, más de 100.000 personas en una localidad de apenas 32.000, confirma ese crecimiento gracias a grandes bandas del panorama nacional y algún que otro artista internacional. Pasamos a recoger las que han sido, para nosotros, las mejores actuaciones.

Derroche de rock and roll a base de clásicos y nuevos temas para enamorar al público

Cuando el Sol ya casi había bajado en la campiña del Duero, el primer concierto al que la gente se acercó de forma significativa en la jornada del jueves fue el que tenía el toque más old school del festival. Se esperaba la visita de Bunbury a la explanada de escenarios para presentar su último y aclamado álbum de estudio en solitario. El zaragozano brindó al público de forma mayoritaria temas de “Expectativas” (pillaron a más de uno algo despistado) que supo entremezclar con algunos himnos de Héroes del Silencio (“Maldito Duende”, “Héroe de leyenda”) y otras canciones de sus anteriores discos en solitario. Si algo tiene Bunbury es que nos asegura que siempre, sin excepción, vamos a encontrar lo mismo frente al escenario: derroche de fuerza vocal, bailes rockeros y esa pose y actitud desafiante sobradamente conocida entre el público. Eso es lo que a él le cotiza y, desde luego, es lo que el público demanda. El concierto de Bunbury en Aranda seguramente no pase a la historia, pero mantuvo de forma sobrada el listón. Y que esa voz le dure muchos años más.

Fotografía: Rodrigo Mena Ruiz

Tirando de nostalgia ochentera para ganarse a jóvenes y no tan jóvenes: Mikel Erentxun

Mikel Erentxun heredó el retraso que había producido El Cigala y a su vez recogió Bunbury. Quizá la noche del jueves fue la única en la que los conciertos no empezaron en gran medida a la hora programada y, debido a que el recinto musical no era especialmente grande, el más mínimo contratiempo hacía que para evitar solapes de sonido lo que ocurriese en el escenario Ribera de Duero condicionaba al Aranda. Mikel Erentxun no sólo heredó el retraso, sino también el público que venía en riadas de ver a Bunbury. Como es lógico, se notaba una edad media superior a lo que suele rondar en el Sonorama, pero no por ello había menos ganas de saltar y cantar. Al donostiarra tampoco pareció afectarle en directo eso de la edad, logrando que canciones de hace más de treinta años sonaran igual. Es cierto que sus últimos discos en solitario han pasado bastante desapercibidos, pero si empieza a sonar “Cien Gaviotas” o en “Algún Lugar” a ver quién es el guapo que se resiste a cantar. Durante un ratito viajamos a la España de los ochenta, como si Mikel no peinara canas y Felipe siguiera gobernando.

Cuando lo bonito está más allá de la radiofórmula

Sin todavía mucho público, algo que por un lado agradecimos, Ángel Stanich fue el primer nombre destacado en la jornada del viernes. El cántabro se dedicó a hacer lo que mejor sabe: pequeños grandes conciertos. Sin la necesidad de brindar un setlist eterno supo dar en la diana ofreciendo al público mucho material de su última publicación “Antigua y Barbuda” (2017), en concreto más de la mitad del concierto. Se hace raro y es una pena que álbumes como “Camino Ácido” sólo tengan representación con un par de canciones como “Metralleta Joe” y “Mezcalito”, pero es el eterno dilema de los festivales. Artistazos como Stanich ven reducida su participación a tan sólo diez canciones y se ven en la tesitura de elegir: nuevo álbum o canciones viejas y más conocidas (en caso de tener varios trabajos a sus espaldas). De cualquier manera, chapó por Stanich. Es cierto que su música probablemente nunca llegará al público mainstream, a los izalers y dorians, pero aquellos que van más allá de la radiofórmula deben dar, siempre que puedan, una oportunidad a este artista y, en especial, a sus conciertos.

La M.O.D.A. vencen y convencen en casa

Si hubo un concierto celebrado, vitoreado y aclamado de principio a fin por el público en la jornada del viernes fue el de La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Los burgaleses notaron el calor de jugar prácticamente en casa desde el principio del concierto y supieron plasmar ante el publico todo aquello que lleva haciéndoles grandes desde hace ya unos cuantos años. Actualmente se encuentran inmersos en la presentación de su último álbum de estudio hasta la fecha, “Salvavida (de las balas perdidas)”, el cual protagonizó un setlist que arrancó con “Mil Demonios” y “La Inmensidad” para cerrar con su estupenda en directo “Los Héroes del Sábado”. Todo ello, además, sin olvidar algunas de sus canciones más notables y épicas como “Nómadas” o “1932”.

Fotografía: Sergi Erre

El rock cayetano se convierte en trending topic en Aranda

Carolina Durante eran uno de los grupos más esperados de todo el festival entre muchos de los asistentes. Fue increíble presenciar durante la noche anterior cómo entre concierto y concierto había gente que aleatoriamente se lanzaba a cantar el estribillo de la ya archiconocida “Cayetano”. Era un aviso de que el sábado a las dos de la tarde se esperaba algo grande en la Plaza del Trigo. Y así fue. Tras dos conciertos –protagonizados por Salto y Claim– que sirvieron de aperitivo al personal, llegó el turno a los auto denominados como grupo anti-Taburete. Entre camisas y actitudes más propias de los hermanos Gallagher que otra cosa el cuarteto fue calentando los motores del público tema a tema hasta que llegaron al éxtasis con dos de sus grandes canciones: la anteriormente mencionada “Cayetano”, que tiene una autentica legión de seguidores ataviados con la vestimenta cayetana sólo para disfrutar de esos casi cuatro minutos, y “El Himno Titular”, la cual podría haber sido perfectamente la canción del mundial para España.

El underground español saca músculo con Texxcoco

Llegamos algo rezagados al concierto de los canarios que más alegrías están dando entre los seguidores del underground nacional. Había ganas de Texxcoco y, como la mayoría de sonoramers se dirigieron en masa hacia las luces de Izal, fue la ocasión perfecta para dar una oportunidad a sonidos más guitarreros y dinámicos. El de Texxcoco fue un concierto más bien breve y directo (se nos pasó en un suspiro), pero gracias a su estilo desenfadado y jovial consiguieron enamorar y convencer a los pocos asistentes que se dieron cita con los canarios. Estamos convencidos de que temas como “Sunset Eyes” o “The Other” engancharon a más de uno y una que iban directos hacía el escenario Ribera de Duero.

Fotografía: Sergi Erre

Recital y vuelta de Arizona Baby con anuncio de un nuevo disco bajo el brazo

Otro de los grupos más esperados por los fieles del festival que defienden (aun a día de hoy) la búsqueda de autenticidad e identidad propia del Sonorama Ribera eran Arizona Baby. Cada concierto de Javier Vielba es una nueva demostración de que en Valladolid tienen un autentico genio en lo musical y en lo humano. El concierto de Arizona Baby también puso el listón muy alto gracias a su total comunión con el público presente en el escenario Aranda de Duero y a una actuación magistral que recogió los mejores éxitos del trío castellano. Creo que hay poca gente que pueda criticar la fabulosa labor de Corizonas, pero también pienso que éramos muchos los que echábamos de menos a los arizonianos y necesitábamos algo más. Afortunadamente, lo encontramos esa noche de sábado: Arizona Baby sacarán en breve un nuevo álbum de estudio, tal y como adelantó en directo Javier Vielba. ¿Hay una mejor forma de finalizar un concierto? Contamos los días.

Vintage Trouble: puro espectáculo para mover el esqueleto

Está claro que eso catalogado como indie español gusta (y mucho) en el Sonorama Ribera, pero a cierta altura de la madrugada lo que nos pedía el cuerpo a muchos era mover el esqueleto y disfrutar de una de las mejores voces que nos ofrecía el festival en esta edición. Vintage Trouble fueron una de las pocas formaciones internacionales que tuvieron espacio en el festival arandino, y fueron también –de lejos– los que mejor acogida tuvieron del público. Hay que ser justos, porque seguramente los Vintage Trouble no nos han ofrecido álbumes de estudio a la altura de las circunstancias, pero en directo son totalmente infalibles. Los norteamericanos consiguieron que el público no parase de bailar con un Ty Taylor inagotable y dinámico, recorriendo de lado a lado el escenario. Puro espectáculo y una banda acertadísima para tocar a las dos y media de la madrugada. Justo lo que todos necesitábamos.

Fotografía: Diego Santamaría