Cuando intentas dejar una pequeña huella en el mundo sobre quién eres y qué puedes hacer, siempre hay algo que te marca de por vida en el momento en que lo consigues, para bien o para mal. Si eres artista, siempre hay una obra por la que la gente te recuerda o con la que el público te reconoce, y a veces da igual lo que hagas después porque no te van a volver a valorar igual. Y eso es algo con lo que Interpol han tenido que lidiar desde siempre. Con cada disco que han publicado han tenido que luchar contra sí mismos y contra aquel monumental “Turn On the Bright Lights” (2002) que asombró a todo el mundo y se convirtió en un clásico casi desde su lanzamiento. Con “Marauder”, su sexto trabajo de estudio, la batalla se repite una vez más.

Creo que la carrera de Interpol se puede dividir en dos etapas, situándose el punto de inflexión entre una y otra con la salida de Carlos Dengler de la banda. Hasta 2010 el grupo publicó cuatro trabajos en los que fueron alejándose poco a poco de la urgencia de muchos temas de su debut para explotar su cara más lenta y melódica, incorporando esos teclados que en “Our Love to Admire” (2007) no les dieron tan mal resultado como mucha gente cree o recuerda pero que en “Interpol” (2010) les jugaron malas pasadas al intentar explorar una ruta más artie con elementos del alt-rock e incluso de la electrónica.

Tras la salida de Carlos y algún que otro proyecto en solitario por parte de sus miembros, el grupo retoma el trabajo con Paul Banks (vocalista y líder) como nuevo bajista. Así publicaron “El Pintor” en 2014, una especie de back to basics con el que querían recuperar esa garra y urgencia que se había ido con sus últimos trabajos. Si bien este álbum no les devolvió tampoco al status alcanzado con su debut, es cierto que fue recibido con más entusiasmo y reavivó la ilusión de muchos fans. Era un disco en el que las guitarras y los riffs volvían a tener más presencia, pero al que le pesaba la falta de Carlos, con Paul Banks todavía acostumbrándose al bajo y con temas algo irregulares (aunque sorprendían canciones como “All The Rage Back Home” o “Tidal Wave”).

“Marauder”: la urgencia de un grupo que no quiere morir

“Marauder” es, probablemente, el mejor disco que han confeccionado desde “Our Love to Admire”. La energía que desprende es algo que se echaba bastante en falta y la languidez que sufría su álbum homónimo aquí ha desaparecido casi por completo.

Cuatro años después y tras una gira de aniversario con la que recargar las pilas Interpol vuelven al estudio con un nuevo trabajo bajo el brazo y con ganas de confeccionar un disco que refleje exactamente esa energía que desprenden en directo, buscando a un productor (por primera vez desde “Our Love to Admire”) que logre captar esa esencia. El trío da con Dave Fridmann (MGMT, Spoon, Mogwai, The Flaming Lips, Vetusta Morla) y se van con él a los Tarbox Road Studios de Nueva York, un pequeño estudio alejado de la urbe, para pulir y grabar un disco que ya estaba casi terminado antes de la gira de “Turn On the Bright Lights” pero que aún podía dar un poco más de sí.

Contrariamente a lo que se podría esperar al trabajar con un productor experimentado, Dave Fridmann decidió realizar una grabación analógica sin utilizar Pro Tools ni ningún otro programa informático, utilizando una cinta de dos pulgadas y haciendo que el grupo tocase en conjunto. De esta forma redujeron las posibilidades de repetir tomas un montón de veces y de añadir muchos detalles, pero recogieron esa calidez y esa energía del directo de la manera más fiel posible.

Paul y el resto de miembros han quedado tan contentos con el trabajo de “Marauder” que lo han definido como su mejor disco hasta la fecha, en ese intento por pelear contra sus primeros trabajos del que hablábamos antes. Antes de que saliera el disco y a sabiendas de que sus últimos trabajos no me habían entusiasmado demasiado decidí darles un voto de confianza. No pensaba que pudiesen igualar ni superar su primer disco, pero quizás hubieran dado con la tecla para lograr otro “Antics”. Sin embargo, tras las escuchas he visto que esa declaración le viene demasiado grande al álbum.

Fotografía: Jamie-James Medinamaraude

Post-punk teñido de indie-rock

Paul Banks se atreve a hablar en primera persona y a incluir elementos autobiográficos dentro de esa narrativa agridulce en la que sentimientos como el deseo y la lujuria se cruzan con el amor y los intereses personales, dando lugar a relaciones conflictivas que acaban en rupturas dolorosas y reflejando una vez más ese tormento característico del grupo.

A su favor diré que probablemente es el mejor disco que los neoyorquinos han confeccionado desde “Our Love to Admire”. La energía que desprende “Marauder” es algo que se echaba bastante en falta y la languidez que sufría su álbum homónimo aquí ha desaparecido casi por completo. “The Rover” es un single con bastante gancho que saca a relucir la cara más indie-rock del trío, al igual que otras piezas como “Complications” (con ese ritmo a contratiempo y una guitarra vacilante que augura un mal presagio), “Mountain Child” (y su crescendo clásico hacia uno de los mejores estribillos del álbum) o “Number 10”, con esa intro de guitarra que nos lleva a una canción totalmente distinta, más acelerada y agresiva.

Cuando se alejan de su vertiente más directa también consiguen salir adelante, con esa “If You Really Love Nothing” que recuerda a los temas más melódicos de “Antics” y “Our Love To Admire” y que cuenta con una guitarra muy destacable, o “Flight Of Fancy” y “NYSMAW”, que nos traen a los Interpol más clásicos. Esta vez las letras también están más trabajadas, con un Paul que se atreve a hablar en primera persona y a incluir elementos autobiográficos dentro de esa narrativa agridulce en la que sentimientos como el deseo y la lujuria se cruzan con el amor y los intereses personales, dando lugar a relaciones conflictivas que acaban en rupturas dolorosas y reflejando una vez más ese tormento característico del grupo.

“Marauder” y la producción: como agua y aceite

Al final da la sensación de que Interpol se encuentran en una encrucijada, intentando tirar hacia una vertiente más indie-rock pero sin poder dejar a un lado su post-punk clásico, provocando que la parte que tira por ese sonido más agresivo se beneficie de ello pero la fracción más clásica se resienta. A pesar de ello, si evitamos las comparaciones y aceptamos que repetir un trabajo como los dos primeros álbumes es muy complicado creo que la banda ha conseguido salir del paso con este trabajo

El problema de “Marauder” creo que está en que sus defectos acaban pesando más que sus virtudes. En primer lugar, el disco es algo irregular y canciones como “Stay In Touch”, “Surveillance” o “Party’s Over” vuelven a recordarnos a los Interpol más anodinos y faltos de inspiración en sus melodías, con un Paul Banks que no consigue llegar a emocionar. En segundo lugar, si bien hay temas cuya naturaleza se antoja urgente también hay ocasiones en las que el grupo parece sacrificar una construcción más pausada y orgánica de las canciones para buscar de manera forzada esa agresividad, tal y como ocurre en “It Probably Matters”. Además, “Marauder” es un cúmulo de ideas que recogen influencias de todo el recorrido de sus LPs anteriores, con dos interludios que no tienen mucha razón de ser y con un intento de poner solución a esa falta de cohesión con la producción. Y así llegamos al mayor de los problemas: la producción. Sí, en este disco hay temas urgentes y más cañeros, pero no es ni mucho menos la tónica general, puesto que también hay varias piezas más clásicas a las que este sonido no les favorece, haciéndolas sonar encorsetadas cuando el sonido más limpio de otros discos les hacía ganar mucho al tener esas líneas de guitarra tan expansivas que aquí vuelven a hacer acto de presencia. Por otro lado, aunque Sam Fogarino hace un trabajo tan exquisito a la batería como siempre el volumen del instrumento es excesivo y cuenta con un reverb que ensucia y se sobrepone al resto de instrumentos en más de una ocasión.

Al final da la sensación de que Interpol se encuentran en una encrucijada, intentando tirar hacia una vertiente más indie-rock pero sin poder dejar a un lado su post-punk clásico, provocando que la parte que tira por ese sonido más agresivo se beneficie de ello pero la fracción más clásica se resienta. A pesar de ello, si evitamos las comparaciones y aceptamos que repetir un trabajo como los dos primeros álbumes es muy complicado creo que la banda ha conseguido salir del paso con este trabajo y nos ha hecho volver a tener esperanzas a todos aquellos que nos habíamos bajado del barco o que ya recibíamos sus discos con apatía, porque cuando te dan una de cal y otra de arena hay que intentar quedarse con la cal.

Interpol – Marauder

6.0

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Interpol se niegan a ser recordados únicamente por sus dos primeros discos y regresan con un “Marauder” más urgente y agresivo en el que su vertiente más clásica se mezcla con composiciones cercanas al indie-rock, dando lugar a un álbum con buenas canciones e ideas pero al que le acaba pesando demasiado la producción.

Up

  • Hay buenas canciones y su disposición ayuda a sostener el disco.
  • El resultado es bastante más satisfactorio que en sus dos anteriores álbumes.
  • Los temas más urgentes funcionan bien.

Down

  • La producción ensucia varios temas.
  • Algunas piezas poco inspiradas.
  • Falta de cohesión en general.