Devonté Hynes es un alma libre. Es lo único que puede explicar el paso dado entre “Freetown Sound” (2016) y su cuarto trabajo como Blood Orange. Los dos comparten una cosa: la absoluta falta de complejos. Pero “Freetown Sound” se presentaba más como una celebración, estaba más evidentemente enfocado al pop y traducía por primera vez a un buen manojo de singles el estilo único de Hynes como canalizador del influjo de Prince en los tiempos modernos. “Si “Freetown Sound” ahondaba más en la forma en que yo mismo veo a mis padres, ser joven y disfrutar del ahora de serlo, este va definitivamente sobre la forma en la que veo desde mi prisma actual mi propia juventud, los estándares bajo los que crecí”, avisó su autor, multinstrumentista y músico polivalente que sigue resistiéndose a ceder control sobre la elaboración de su producto artístico.

“Negro Swan”: un volantazo sutil y controlado

Dev Hynes es un alma libre. Es lo único que puede explicar el paso dado entre “Freetown Sound” (2016) y “Negro Swan”. Los dos comparten una cosa: la absoluta falta de complejos. Pero “Freetown Sound” se presentaba más como una celebración, estaba más evidentemente enfocado al pop y traducía por primera vez a un buen manojo de singles el estilo único de Hynes como canalizador del influjo de Prince en los tiempos modernos.

Y, efectivamente, “Negro Swan” puede ser de algún modo todo lo contrario aún sin perder de vista unas mismas obsesiones, como demuestra el hecho de que “Saint”, por ejemplo, comenzara a grabarse antes del aclamado “Freetown Sound”, pero observadas ahora desde un ángulo más maduro. Un disco mucho más reflexivo y vomitado desde la intimidad, mucho más personal o al menos mucho más centrado en la experiencia personal de los acontecimientos de la vida. Uno que no tiene singles al uso y que apuesta más por fragmentar las canciones en la línea de Kendrick Lamar o The Weeknd, insertar interludios, transiciones radicales, producción chocante. Uno que se sumerge en el territorio del jazz de Nueva York sin dejar nunca de dar la mano a la psicodelia y que por eso resulta sorprendentemente más urbano y más febril. Oscuro, hilvanado con los recuerdos personales de su propia infancia en Ilford (al este de Londres) pero expuestos para el mundo en forma de conceptos universales, en “Negro Swan” Dev Hynes parece encontrar lo más parecido a su propia voz sin renunciar a la esencia que le ha convertido en Blood Orange, un tipo admirado por Blondie, Haim, Florence Welch, Carly Rae Jepsen, Connan Mockasin, Sky Ferreira, FKA Twigs o Solange, por citar varias estrellas del pop de todos los rangos.

Fotografía: Nick Harwood

Un álbum mucho más reflexivo y vomitado desde la intimidad

“Negro Swan” es un disco mucho más personal o al menos mucho más centrado en la experiencia personal de los acontecimientos de la vida. No tiene singles al uso y apuesta más por fragmentar las canciones, insertar interludios, transiciones radicales, producción chocante.

Y lo hace perdido conceptualmente en una ciudad inmensa que realmente podría ser cualquiera y que aunque se inspire en los suburbios de Londres termina oliendo terriblemente a Nueva York, a humo y a alcantarilla que rezuma.

Así, con el ruido propio de una ciudad, empieza el disco, sugiriendo la cotidianidad urbana de la que está teñido, especialmente en su primera mitad, y con una frase como “First kiss was the floor” en la que ya queda expuesta la regresión mental que va a acometer el hijo adoptivo de la ciudad que nunca duerme para analizar los orígenes del sufrimiento e ir desentrañando poco a poco, según avanzan las canciones y los retazos que las componen, las posibilidades de redención y el triunfo de la esperanza. No extraña que ya de inicio (en “Orlando”) escuchemos los primeros momentos de reflexión hablada, tratados como pequeños sketches vitales que interrumpen la narración para salir al paso del oyente.

Es un viaje en definitiva de exposición, como además sugiere la portada, con Kai (The Black Angel) asomando ostentosamente por la ventana del coche su parte blanca y angelical y tratando de ocultar su parte negra, la que sería su verdadero yo. Por eso salta a las calles, a la vista y juicio de todos, entre saxos grasientos, ritmos secantes y sintes de baratillo, vigilado por un cúmulo de voces grabadas por hasta cinco personas en tres estudios diferentes y en momentos distintos, en “Saint”, una incursión de Prince en el acid jazz con forma de tema cortante y atmosférico que encierra en sí mismo toda la oscura densidad del disco. La bruma de tabaco que se condensa en los pequeños bares de Manhattan, el vacío que puede experimentarse entre la multitud y que tan bien retrató Hopper… esos ambientes cerrados en los que podrían dirimir sus cuitas románticas Woody Allen, Meryl Streep y Diane Keaton.

Un disco íntimo y doliente, descorazonado, pero también lleno de esperanza

“Negro Swan” se sumerge en el territorio del jazz de Nueva York sin dejar nunca de dar la mano a la psicodelia y que por eso resulta sorprendentemente más urbano y más febril. Oscuro, hilvanado con los recuerdos personales de su propia infancia en Ilford (al este de Londres) pero expuestos para el mundo en forma de conceptos universales.

“Negro Swan” es evidentemente un disco íntimo y doliente, descorazonado. Sigue para probarlo “Take Your Time”, con esas flautas encantadoras, los metales que inducen a fiebre intensa pero para nada frenética, de esas de sudar en la cama. Y algo de psicodelia para abrazar ese ánimo evocador; no por nada ha comentado a Pitchfork el propio Dev que los Air de la etapa “Talkie Walkie” han sido fundamentales para la concepción de esta canción.

Pero también es un disco lleno de esperanza. Una esperanza bastante explícita, además, que no tenemos que deducir entre líneas, que ya intuíamos en “Saint” y que en el R&B con reminiscencias lejanas a James Blake y piano impresionista “Hope”, donde Puff Daddy rapea sobre una instrumental desnuda mientras Tei Shi construye todas las armonías vocales y el propio Hynes va apuntalando el estribillo, es más que obvia.

El disco sigue ahondando en la intimidad y se acerca ahora al solipsismo del dormitorio en forma de bedroom pop jazzy, precisamente para enfocar uno de sus pasajes más confesionales, el de “Jewelry”, que trata precisamente de las preconcepciones de la sociedad en materias especialmente sexual y racial y cómo las puede enfrentar un chico gay negro a la hora de dar el salto al mundo y las compara con la joyería que lucimos cada uno, como una forma de ostentación social, de carta de presentación. “Nigga, I’m feeling myself”, canta Hynes al final, medio rapeando a lo Kendrick Lamar mientras la instrumental se retira y deja paso a una brillante y soleada guitarra psicodélica de baja fidelidad. La canción arranca con un pequeño speech de la escritora y activista transexual norteamericana Janet Mock sobre la superación de los propios límites, y es ella quien acapara con otro discurso, esta vez sobre entender la familia como un remanso de libertad absoluta para ser uno mismo, toda la atención de “Family”. Una evidente declaración de intenciones y, sobre todo, una exposición de principios por parte de Hynes.

Nadie quiere ser el cisne negro

“Negro Swan” es una nueva reflexión de dentro afuera de Devonté Hynes, esta vez más centrada en el cuerpo de prejuicios que la sociedad tiene puestos como barrera frente a la comunidad negra y no heterosexual y cómo cuesta superarlos y trascenderlos desde la adolescencia para actuar y parecer como uno mismo en el mundo y no como se supone que se debería según estereotipos.

El sonido sigue en el dormitorio, surfeando la parte más introspectiva, de la mano ahora de Porches para facturar el estupendo primer single de este “Negro Swan”, justo del que toma su nombre, “Charcoal Baby”. Un precioso dream-pop con alma soul que retoma de nuevo la idea central del disco, los estereotipos del negro arraigados en la sociedad y cómo cuesta liberarse de ellos y ser uno mismo más allá de catálogos reduccionistas. Porque cómo va a llorar un chico negro, cómo va a mostrarse débil si les presuponemos a todos atléticos… cómo vamos a fiarnos de él si resulta que los negros van pegando tiros a los blancos por las esquinas. “No one wants to be the odd one out at times / No one wants to be the negro swan / Can you break sometimes?”. Como el cisne, que empieza en patito feo y se engola cuando crece, la canción estalla en sintetizadores y vuelve a salir a la calle, a moverse entre los coletazos de vientos y saxos febriles, donde regresa el disco a los brazos del jazz suave y las atmósferas opresivas de un plain-air falsificado entre rascacielos.

En ese ámbito de nuevo urbano llega anunciándose con un 2tep hiphopero en manos de Project Pac el tema más Blood Orange de todo el trabajo, “Chewin Gum”. El que también puede ser el mejor, o el más directo. Synth-pop elegante, sexual y reposado con detalles de choque electrónicos y voces procesadas, el justo aroma a G-funk y cuerpo de R&B que se redondea con una colaboración del rapero A$AP Rocky para cerrar otro de los pequeños ciclos del disco.

El trabajo más arriesgado de Blood Orange

“Negro Swan” es el resultado de un proceso de introspección realizado desde la intimidad y en clave psicodélica, adentrándose sin renunciar a su esencia G-funk, pop y sintética en los terrenos del avant-pop, del lo-fi, del bedroom pop y del jazz neoyorquino. Así, Dev Hynes parece encontrar lo más parecido a su propia voz sin renunciar a la esencia que le ha convertido en Blood Orange.

El siguiente se abre de nuevo en clave de evocador y relajado pop de guitarras psicodélico con “Holy Will”, pero esta vez la intimidad a la que se acoge es la de la iglesia, abrazándose a un cálido góspel soul, y no la del dormitorio, con lo que Devonté se da el lujo de tener más espacio que ocupar, convirtiendo la canción en una especie de mini suite que mezcla géneros y guiños instrumentales con la inclemencia de un Kanye.

Tanto que la que le sigue, “Dagenham Dream”, se echa ya descaradamente en brazos del dream-pop psicodélico para ensoñar un episodio traumático de la infancia de Hynes en Essex, mientras “Nappy Wonder” regresa con un contenido ritmo sexual a los lugares más liberales del disco y a la vez al mismo lugar de una manera mucho más madura y distante. Lanzándose en el intento a un funk lúbrico con sabor al Prince de “Sign O’ the Times” pero con una producción más en la línea de James Blake que termina con una guitarra acidísima y un hiperactivo piano de jazz peleándose por llenar el espacio. La mucho más notable presencia de las guitarras (de esas Fender limpísimas y procesadas con decenas de efectos) en el cuarto disco de Blood Orange no tiene más explicación según Hynes que el hecho de que la mítica firma le regalara recientemente una guitarra cuando no tenía una desde que era niño.

Da igual lo feo que sea el patito, da igual lo negro que sea el cisne. La belleza emerge

Un elepé grande y sin complejos, tan diametralmente opuesto a “Freetown Sound” que sus extremos se tocan, construido sobre una colisión de géneros vanguardista y brutal, llevados todos ellos y según las necesidades a la mínima expresión.

Tras el quizá excesivo interludio (no lo es pero lo parece) de cuatro minutos de duración “Running”, Steve Lacy de The Internet acude para la sutil referencia a los Metronomy más psicochicle que es “Out Of Your League”, y el tono se mantiene en la que parece casi su continuación natural, la más jazzy “Minetta Creek”, una canción en principio pensada para Solange.

Smoke” pone en la línea de Moses Sumney el broche de oro con ese coro reprise final que deja el disco huérfano y desnudo barrunta la idea de que “The sun comes in my heart though the fears within”, apuntando a que siempre hay esperanza. Da igual lo feo que sea el patito, da igual lo negro que sea el cisne. La belleza emerge, se cuela siempre.

“Negro Swan” es una nueva reflexión de dentro afuera de Devonté Hynes, esta vez más centrada en el cuerpo de prejuicios que la sociedad tiene puestos como barrera frente a la comunidad negra y no heterosexual y cómo cuesta superarlos y trascenderlos desde la adolescencia para actuar y parecer como uno mismo en el mundo y no como se supone que se debería según estereotipos. El resultado de un proceso de introspección realizado desde la intimidad y en clave psicodélica, adentrándose sin renunciar a su esencia G-funk, pop y sintética en los terrenos del avant-pop, del lo-fi, del bedroom pop y del jazz neoyorquino. Un disco grande y sin complejos, tan diametralmente opuesto a “Freetown Sound” que sus extremos se tocan, construido sobre una colisión de géneros vanguardista y brutal, llevados todos ellos y según las necesidades a la mínima expresión. El trabajo más arriesgado de Blood Orange.

Blood Orange – Negro Swan

8.5

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115

Blood Orange se adentra en clave de baja fidelidad en los terrenos del jazz, del pop de dormitorio y del dream-pop para indagar con su voz más honesta en las condiciones de crecimiento a las que se enfrentó siendo gay y negro, convirtiéndolas en temas universales y abrazando la vanguardia sin renunciar a la melodía.

Up

  • El riesgo. Adentrarse en el terreno del jazz sin perder de vista la pátina synth-pop que define el corpus de Blood Orange, relajar la ampulosidad de “Freetown Sound” y deslizarse hasta la intimidad del pop de dormitorio, renunciar a singles clarísimos en beneficio de un discurso coherente y magníficamente hilado.
  • La bruma psicodélica que recorre todo el trabajo.
  • La capacidad para saltar de una reflexión introspectiva más depresiva y derrotista a una esperanza evidente a la que vale la pena agarrarse.
  • “Charcoal Baby”, “Chewin Gum”, “Jewelery”, “Nappy Wonder”, “Smoke”.

Down

  • Que no es un disco de canciones al uso ni lo pretende, como sí podía ser “Freetown Sound”.
  • Algunas ideas se quedan a medio desarrollar.