Una idea. Breve. Una idea breve que se repite. Se repite pero nunca es igual y en la respiración se añaden detalles. La respiración se convierte en ritmo, los sonidos indican la dirección, los músicos controlan el sentido. El discurso que comenzó con un pequeño susurro en un instante se convierte en torrente que arrastra al oído atento. El músico rescata de la biblioteca de su práctica cada pequeño tomo de resolución deseado y lo aplica con soltura quirúrgica. El oyente se agarra al asiento e intenta comprender, aunque no hay nada que comprender. Alguno mira al dedo que señala la Luna, habla de improvisación inútil y respira tranquilo. Al fin y al cabo la utilidad es lo primordial en el arte, ¿no? Por suerte, pasan los músicos, los creyentes, los maestros y los siniestros, queda la música. De vez en cuando, sin embargo, hay una visita inesperada. Ante la mala costumbre de morirse, las bobinas de grabación. Se guardan las güijas más o menos poéticas y se enfrentan los hechos.

Los fríos datos

Coltrane se encontraba en estos años en una etapa de búsqueda sonora a la que el resto de músicos se unían de forma natural. En esta dinámica, cada vez era más importante entender el instrumento como generador de diferentes expresiones sonoras y no como un artefacto con el cual ejecutar escalas y cadencias.

En marzo de 1963, John Coltrane tenía una sesión de grabación más con tres músicos que lo acompañarían en varios discos durante esa década. Estos eran McCoy Tyner al piano, Jimmy Garrison en el contrabajo y Elvin Jones a la batería. Pocos meses más tarde publicarían “A Love Supreme”, una obra de referencia en la historia de la música jazz. El líder de la banda, Coltrane, se encontraba en estos años en una etapa de búsqueda sonora a la que el resto se unían de forma natural. En esta dinámica, cada vez era más importante entender el instrumento como generador de diferentes expresiones sonoras y no como un artefacto con el cual ejecutar escalas y cadencias. La improvisación acogía un mayor número de rupturas métricas, armónicas y melódicas, preludio de la ruptura que supondría “Ascension” sólo dos años más tarde.

Las sesiones de estudio sirven en muchas ocasiones como banco de pruebas donde evolucionar ideas que pueden acabar finalmente publicadas. En algunas ocasiones, se descartan y pasan a formar parte de recopilaciones con temas inéditos y tomas alternativas de composiciones ya incluidas en otros trabajos. Este es el caso de la sesión hasta ahora pérdida datada en 1963, titulada como Both Directions at Once: The Lost Album y puesta a la venta en el presente año (2018). Poder recuperar una obra de estas características supone una alegría para muchos individuos; para el fan que puede disfrutar de nuevo material de su artista favorito, para el estudioso que puede analizar unas cuantas líneas más de grandes maestros y para la compañía discográfica que se puede embolsar unos buenos ingresos. Relacionado con este último colectivo, en ocasiones la presentación del material perdido es casi pornográfico, paseando comercialmente el mito como si de una procesión se tratase. No parece ser este el caso de “Both Directions”, que ha movido su promoción dentro de los parámetros de lo terrenal.

Fotografía: Chuck Stewart

11383-11386

Los protagonistas de “Both Directions at Once: The Lost Album” han influenciado a varias generaciones de músicos por la maestría en la práctica de su instrumento y por sus composiciones. En el momento en el que se produjo esta sesión ya habían publicado varios trabajos y tocado como formación estable en multitud de conciertos, por lo que su compenetración y el conocimiento del rol dentro del conjunto eran muy altos. Por lo tanto, el resultado no puede dejar de ser sobresaliente.

El LP tiene dos cortes inéditos, titulados como “11383” y “11386”. Ambos tienen el saxo soprano de Coltrane como protagonista. A partir de la melodía inicial, “11383” dispone de un tempo más alto de lo que podría parecer en una primera escucha. El solo de contrabajo, en primer lugar utilizando el arco, es un máster de interpretación en el estilo. La batería y el piano se van a mostrar sólidos y creativos rítmicamente, como en resto del disco. Nos encontramos ante cuatro metrónomos andantes con gran creatividad musical.

Por su parte, “11386” supera los ochos minutos y se estructura a partir de una introducción con dos ritmos distintos. Coltrane explota las posibilidades del saxo más allá de lo que puede parecer físicamente posible, aunque la melodía no es de las más inspiradas de su repertorio. Destaca el solo de McCoy Tyner, con un estilo bebop complementado por bloques de acordes que ofrecen tensión armónica y contenido melódico. La percusión de estos acordes deja entrever la influencia de pianistas como Bud Powell o Monk, a lo que se añade la velocidad del fraseo, que si bien no llega a la pulcritud de Ahmad Jamal, está muy por encima de la media. Por su parte, Garrison y  Jones vuelven a establecer un dialogo en el que ofrecen multitud de matices y ornamentos rítmicos al conjunto.

Si bien ambos temas son de un nivel increíble, el cuidado en la grabación y en ciertos momentos de la interpretación puede explicar que no fueran incluidos en otros discos del cuarteto, aunque ofrecen momentos de gran inspiración musical.

Temas propios y extraños

“Both Directions at Once: The Lost Album” es un documento imprescindible para los seguidores de la música jazz, pero no permanecerá en el tiempo como una de las mejores obras de sus intérpretes.

“Both Directions” contiene tres composiciones originales de Coltrane que se pueden encontrar en otros discos. Este el caso de “Impressions”, “One Up, One Down” y “Slow Blues”. Cada una de ellas tiene una intención distinta a nivel musical. “Impressions” desarrolla un espíritu modal, donde el protagonista principal es el saxo de Coltrane, que escala en volumen y profusión de pequeños motivos melódicos. El tema no dispone la energía ni la duración que presenta la versión en directo. Como, por ejemplo, la registrada dos años antes en el histórico Village Vanguard de Nueva York. O la emitida por televisión a través de la NET (National Educational Television), con Garrison ofreciendo un solo extenso y rico en recursos melódicos y rítmicos.

En “One Up, One Down” tiene una mayor importancia el resto del conjunto como contrapunto rítmico y armónico al discurso musical de Coltrane. Como ejemplo, el dialogo entre batería y saxo antes y después del solo del resto de instrumentos. Elvin Jones hace un estupendo trabajo de apoyo al cuarteto pero también de creación de un lenguaje propio. Este tipo de interpretaciones ejercieron una destacada influencia en baterías de otros géneros musicales como Mitch Mitchell (The Jimmy Hendrix Experience) o John Bonham (Led Zeppelin). Este trasvase entre distintas formas de concebir el ritmo tuvo un divertido episodio años más tarde, con Jones compartiendo escenario (o batiéndose en duelo) con Ginger Baker, batería de Cream.

Por último, “Slow Blues” ofrece una estructura sencilla, donde el principal valor es el lugar del acento en la frase y las pequeñas variaciones de las ideas musicales. Hay pequeños instantes en el cuidado del sonido que explican el por qué esta toma no adquirió la categoría de definitiva. Coltrane opta por aumentar gradualmente la experimentación en su solo, mientras que McCoy Tyner se ajusta a un sonido más reconocible dentro de los patrones típicos del blues. La duración del tema, que supera los once minutos, así como el tempo, más accesible (humano) en muchas de sus secciones, anima a la transcripción y al análisis por parte de los interesados en profundizar en el género.

Pequeños matices que lo separan de ser una obra maestra

Hay pequeños matices que separan esta grabación de una obra maestra. Por un lado, la interpretación, sin dejar de ser de un nivel alto, guarda pequeñas imperfecciones que no se encuentran en otros discos del cuarteto de la misma época. Por otro lado, la producción tiene un sonido mejorable, lo que resalta la importancia del pulido y la repetición para conseguir un resultado perfecto.

El disco se completa con “Nature Boy” y “Vilia”. La primera de ellas, popularizada por Nat King Cole a finales de los años cuarenta, dura poco más de tres minutos, siendo absoluto el protagonismo de Coltrane, con un acompañamiento sutil de batería y contrabajo. “Vilia”, por su parte, tiene su origen melódico en la opereta La Viuda Alegre, de Franz Lehár. Es un tema más extenso, con mayor presencia del resto de la banda, en especial de Tyner, que elabora un solo donde la melodía principal se mezcla una y otra vez con diferentes motivos improvisatorios.

Los protagonistas de “Both Directions at Once: The Lost Album” han influenciado a varias generaciones de músicos por la maestría en la práctica de su instrumento y por sus composiciones. En el momento en el que se produjo esta sesión ya habían publicado varios trabajos y tocado como formación estable en multitud de conciertos, por lo que su compenetración y el conocimiento del rol dentro del conjunto eran muy altos. Por lo tanto, el resultado no puede dejar de ser sobresaliente. Sin embargo, hay pequeños matices que separan esta grabación de una obra maestra. Por un lado, la interpretación, sin dejar de ser de un nivel alto, guarda pequeñas imperfecciones que no se encuentran en otros discos del cuarteto de la misma época. Por otro lado, la producción tiene un sonido mejorable, lo que resalta la importancia del pulido y la repetición para conseguir un resultado perfecto.

John Coltrane – Both Directions at Once: The Lost Album

9.1

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“Both Directions at Once: The Lost Album” de John Coltrane es un documento imprescindible para los seguidores de la música jazz, pero no permanecerá en el tiempo como una de las mejores obras de la formación dados algunos detalles en la interpretación y en la grabación.

Up

  • John Coltrane, McCoy Tyner, Jimmy Garrison y Elvin Jones.
  • Entender el momento creativo en el que se sitúa el cuarteto, testigo de la evolución de la música jazz.

Down

  • No ponerle un 10 a John Coltrane debería estar penado con cárcel, pero algunos detalles en la interpretación y en la grabación son superados por la misma formación en otras grabaciones de la época.