Como pasa con todo gran artista o grupo de extensa trayectoria, la discografía de Aretha Franklin se encuentra repleta de grandísimos éxitos de los que es difícil escoger sólo uno. Pero aunque resulte tópico y recurrente, no me puedo resistir a elegir otra canción que no sea la sempiterna “Respect” por lo que simboliza. Por las connotaciones que social, cultural y políticamente han significado esta irresistible composición. Aunque en primer término se trata de una protesta personal y una interpretación genuina. El ímpetu, la emoción y la potencia de Aretha no tenían rival. Hacía suya cualquier canción que escogiera y establecía su versión perfecta e implacable. Así lo hizo con “I Say a Little Prayer” de Dionne Warwick, “Bridge Over Troubled Water” de Simon & Garfunkel o “Spanish Harlem” de Ben E. King. Y lo mismo hizo con “Respect”, de Otis Redding.

El famoso cantante había lanzado la original en 1965. En ella pedía un poco de respeto al llegar a casa después de estar todo el día trabajando y tras largas y agotadoras giras. Él era el sustento de la familia, llevaba el dinero a casa y demandaba alguna consideración por parte de su esposa. Aretha Franklin versionó la canción en 1967 para dar la otra cara de la moneda. Hubo algunos cambios en la letra, estructura y arreglos. La efusiva interpretación no sólo vino por su actitud y fuerza vocal natural, sino también por la rabia personal que le provocaba la violencia con la que su marido llevaba el matrimonio. Así fue como la artista convirtió la canción en una proclama de empoderamiento personal y, por extensión y sin pretenderlo, en un himno feminista inmediato y crudo.

Todo suena excelente. Desde las guitarras introductorias, el piano sobre el que se sustenta la composición, los arreglos de viento y la voz. Pero nada hubiera sido lo mismo sin los coros superadhesivos que interpretaron las hermanas de Aretha, Erma y Carolyn. Y es que nadie puede resistirse a corear los Just a little bit”, los Re, re, re, respect” y los Sock it to me” que se entrelazan magistralmente con la melodía principal. Un éxito instantáneo. “Respect” llegó al número uno de las listas de R&B y de pop. Lo que es significativo porque, en aquella época, las listas diferenciaban entre las canciones hechas por y para negros y las que estaban hechas por y/o para blancos. Por supuesto, esta no había sido la única hecha por afroamericanos en llegar a estos charts ni a coparlos, pero que este tema ocupara el primer puesto de la clasificación del pop situaba al soul propiamente dicho en el centro del panorama musical.

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Digo ‘propiamente dicho’ porque Motown Records con su pop de influencias góspel estilizado para que fuera del gusto blanco estaba constantemente en el podio de ambas listas, pero no era tan habitual que las interpretaciones más salvajes y ‘puras’ que se hacían desde Stax o Atlantic tuvieran tal presencia. Los grupos de chichas como The Supremes o The Marvelettes y cantantes como Mary Wells era todo lo que se esperaba de grupos y artistas de este tipo tanto en lo artístico como en lo estético. Buenas canciones que pecaban de inocuas. Eran amables y despolitizadas. Aptas para el consumo familiar blanco. Las cantantes hacían gala de una imagen y unos valores que mostraban todo lo que la recatada sociedad blanca y biempensante esperaba de una señorita. Como todos los artistas de la compañía de Berry Gordy, estaban sometidas al modelo que imponía la industria, pensando más en el público caucásico por tener un mayor poder adquisitivo que en los propios artistas y el arte mismo. Siempre con perspectivas de maximizar los beneficios.

Por supuesto, no podemos coger la parte por el todo. Había más artistas cantando soul que no se sometían a este patrón como Irma Thomas, Fontella Bass, Lorraine Ellison o Etta James, pero no podían competir en relevancia ni llegar a las grandes masas de la manera en la que lo hacían los talentos de Motown, de manera que se hallaban en la mayoría de ocasiones circunscritos a la liga del R&B. Fue la personalidad arrolladora de Aretha Franklin la que vino a cuestionar todo aquello, a romper moldes y a convertirse en símbolo de la lucha feminista.

Así se reflejó en la película Granujas a todo ritmo que protagonizaron Los Blues Brothers en 1980 con la intención de rendir homenaje a la música negra. Allí, entre otras estrellas invitadas como James Brown, Ray Charles, Cab Calloway y John Lee Hooker aparecía Aretha Franklin encarnando el papel de la señora Murphy. Una mujer de carácter que planta cara a su marido cantando “Think” cuando este pretende dejar en manos de Aretha el restaurante en el que se ganan la vida para unirse de nuevo a la banda de Jake y Elwood Blues. Una de las escenas más recordadas de la película. Y lo mismo volvería a ocurrir en Blues Brothers 2000 (El ritmo continúa), la secuela de la anterior. 18 años después y tras vender el bar, la pareja es propietaria de un concesionario de Mercedes. La proposición de reunir nuevamente a la banda se repite y, oponiéndose, Aretha Franklin interpreta “Respect”.

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Pero en el turbulento contexto estadounidense, la canción fue más allá. En la segunda mitad de los sesenta el país era una olla a presión a punto de estallar. El clima de tensión que derivaba del racismo era enorme. Especialmente en el sur, dónde urgía acabar con los asesinatos y los linchamientos. El Movimiento por los Derechos Civiles se hacía cada vez más fuerte, más activo y más violento a la vista de que las actitudes pacíficas eran infructuosas. Poco a poco los afroamericanos fueron adquiriendo más conciencia de comunidad y el movimiento Black Power iba contando con mayor presencia social y política. En 1966 se constituye el partido Pantera Negra, que surge por y para la defensa del colectivo y proponía soluciones tan radicales como la de crear un estado negro en el sur de Estados Unidos.

El soul se convierte entonces en símbolo y altavoz de esta comunidad. En denuncia de la opresión a la que estaban sometidos. Los lamentos del blues quedaban atrás. El soul fue un medio para la acción y se convirtió en la banda sonora de una nueva sociedad que pregonaba el orgullo negro y se manifestaba para luchar por sus derechos. Canciones como “Freedom Highway” de The Staple Singers, “A Change Is Gonna Come” de Sam Cooke o “Say It Loud, I’m Black and I’m Proud” de James Brown fueron algunos de los temas que enaltecieron a la comunidad. Así como muchas creaciones de Nina Simone, militante en la organización de las Panteras Negras.

Pero ninguna alcanzaría el éxito y la repercusión de la que gozó “Respect” en la extraordinaria voz de Aretha Franklin, llevando el mensaje no sólo por Estados Unidos, sino por todo el mundo. Así fue como la canción y la artista se erigieron también como símbolo por la lucha de los derechos civiles. Consiguiendo, asimismo, el Premio Grammy a la mejor Interpretación R&B y el de Mejor Interpretación Vocal de R&B Femenina. Ambos en 1968. Por supuesto, este éxito no fue flor de un día, dándole continuidad con otros éxitos de calibre similar con la que se ha ganado la consideración de la artista más importante del género. La reina del Soul.