Los críticos solemos quejarnos cuando un grupo se mantiene demasiado fiel a su sonido (‘falta originalidad’, ‘no arriesgan’, ‘no salen de su zona de confort’, ‘no evolucionan’), pero también criticamos cuando se salen por la tangente (‘no encuentran su identidad’, ‘no saben a qué juegan’, ‘han perdido su esencia’ y un largo etcétera que podríamos extraer de críticas publicadas mismamente en EQB). ¿Qué está bien y qué está mal? Nos podemos poner relativistas y afirmar que, según qué situación, la jugada de un artista es acertada. Pero esto nos abre la posibilidad de también decir lo contrario, y es en esa tesitura donde se encuentra la cantautora de Los Ángeles Kadhja Bonet, quien vuelve a escena con “Childqueen” (sucesor de aquel fantástico “The Visitor con el cual nos sorprendió hace dos años). Por desgracia, Bonet no logra superar ni igualar el listón y nos entrega un trabajo que abarca mucho y aprieta muy poco, dejando por el camino un compendio de canciones que no saben cómo seducirte y apenas se mantienen en pie. Esto, amigos, es un claro ejemplo donde las decisiones no han sido del todo acertadas.

Voy a apoyarme en un ejemplo claro para que sepáis de qué estoy hablando. “The Visitor” nos pilló a todos desprevenidos gracias al halo de misterio que envolvía a una Kadhja Bonet que jugaba con melodías elegantes caracterizadas por el equilibrio entre R&B, soul y blues añejo. Aquel debut fue como acostarnos con Brigitte Bardot. Ahora despertamos y a quien vemos a nuestro lado, si bien guarda ciertas similitudes con la musa de Serge Gainsbourg, es a la madame marciana de Mars Attacks! encarnada por Lisa Marie; o lo que es lo mismo: “Childqueen”. ¿Se entiende ahora? ¿No? A lo largo de esta crítica intentaré justificarme, tened paciencia.

“Childqueen”: banda sonora para un filme de ciencia ficción serie B

El debut de Kadhja Bonet fue como acostarnos con Brigitte Bardot. Ahora despertamos y a quien vemos a nuestro lado, si bien guarda ciertas similitudes con la musa de Serge Gainsbourg, es a la madame marciana de Mars Attacks! encarnada por Lisa Marie.

“Childqueen” mantiene en esencia los ingredientes que hicieron de “The Visitor” uno de nuestros debuts favoritos de 2016 pero, sin embargo, no logra el mismo efecto que su predecesor. En este nuevo trabajo no encontramos apenas canciones delicadas con las que flotar gracias a ese poso atemporal y sensual, algo que sí ocurría fácilmente con temas como “Honeycomb” o “Fairweather Friend”. El primer punto débil de “Childqueen” es, por lo tanto, el poco encanto que tiene, y encima éste se presenta diseminado y perdido entre dos clases de canciones: los desarrollos instrumentales que no llevan a ninguna parte y las melodías sintéticas sacadas de un filme de ciencia ficción serie B.

Fotografía: Sinziana Velicescu

Desarrollos instrumentales que no llevan a ninguna parte vs. sintetizadores espaciales

En este nuevo trabajo no encontramos apenas canciones delicadas con las que flotar gracias a ese poso atemporal y sensual, algo que sí ocurría fácilmente con temas como “Honeycomb” o “Fairweather Friend”. El escaso encanto de “Childqueen” se presenta diseminado y perdido entre desarrollos instrumentales que no llevan a ninguna parte y melodías sintéticas sacadas de un filme de ciencia ficción de serie B.

Vamos a empezar hablando de estas últimas canciones, las mejores del álbum y las que cogen el testigo del camino menos explorado en “The Visitor” (tocaría remitirse a “Intro: Earth Birth”). Con Processionse abren lentamente las puertas de la nave espacial en la que emprendemos nuestro viaje mientras aparece Kadhja Bonet dirigiendo un ejército de androides de cartón piedra con el que buscará conquistar el espacio. Es fácil imaginarse esta escena gracias a la sencilla y efectiva línea de sintetizador arropada por un ritmo militar de batería. El interludio de flauta añade cierta profundidad a la historia y nos recuerda que, detrás de todo este poderío instrumental, tenemos a esa Kadhja sensible rememorando aquellos salones de baile que evocaba en su debut. De hecho, la melancolía que se desprende a lo largo de todo este disco podría hacernos pensar en la producción de Bonet como una historia interconectada, siendo “The Visitor” un primer capítulo sito en la Tierra y “Childqueen” su secuela en el espacio exterior y con nuestra protagonista echando de menos su vida anterior.

Pero tal vez yo mismo esté aportando al trabajo una profundidad inexistente simplemente basándome en una leve innovación estilística. Es cierto que tenemos melodías con mayor presencia de sintetizadores que suponen un cambio en el sonido de Bonet, y basta escuchar el mejor tema del álbum, Thoughts Around Tea” (su combo teclado-batería analógica nos hace pensar levemente en los mismísimos Ratatat), o la destacada pieza atemporal que es Mother Maybe” (coquetea con el funk mezclando metales sintetizados y el ritmo yeyé de Françoise Hardy), pero la transgresión acaba ahí. Por su parte, Childqueentransforma los sintetizadores en violines sacados de otra época y volvemos a la zona de confort. Después de haber tocado con la punta de los dedos una experiencia nueva, onírica, sideral y esplendorosa el resto del álbum nos parece un conjunto de ideas ya recicladas que al final provocan desinterés e indiferencia. Pasar de ritmos sintetizados y bailables a pasajes densos con desarrollos lentísimos (como los seis minutos imperturbables de Delphine”) duele. En su primer larga duración un corte así podría haber funcionado ya que demostraría cierta ambición artística, pero aquí no deja de ser un intento de llamar nuestra atención con nulo resultado.

Kadhja Bonet se mantiene anclada en un pasado que parece no querer abandonar

La mayoría de desarrollos, que muestran a una Kadhja Bonet más alejada del soul y el R&B para centrarse en su faceta de arreglista, deberían funcionar y compensar a la perfección los defectos de “The Visitor”, pero al final acentúan aún más el problema. Y ahí encontramos el origen de todos los males: Bonet ha compuesto un trabajo con la vista puesta en los errores de su debut y ha perdido por el camino todo rastro de frescura.

¿Qué queda, pues, en “Childqueen”? Intentos a la desesperada de atrapar al oyente con giros melódicos que se tornan incómodos, como el final de violines modulados en Another Time Lover. Por si acaso eso no funcionaba el otro as que se guardaba bajo la manga Bonet para conquistar al público eran remansos de paz que, si bien sobre el papel podrían funcionar, en la práctica resultan del todo soporíferos. Salvo “Joy” (con una línea de violín ligeramente violenta) y “Wings, el apartado melódico de la recta final es tan tranquilo y homogéneo que acaba siendo difícil destacar algo. Lejos de elevar el registro a nuevas cotas, “Second Windy terminan por hundirlo y sumen al oyente en una niebla espesa donde apenas se distinguen unas melodías de las otras.

Sinceramente, resulta incomprensible escuchar canciones que tienen todos los ingredientes para seducir pero no lo consiguen casi nunca. La mayoría de estos desarrollos, que muestran a una Kadhja Bonet más alejada del soul y el R&B para centrarse en su faceta de arreglista, deberían funcionar y compensar a la perfección los defectos de “The Visitor”, pero al final acentúan aún más el problema. Y diría que ahí encontramos el origen de todos los males: Bonet ha compuesto un trabajo con la vista puesta en los errores de su debut y ha perdido por el camino todo rastro de frescura. Cuando se atreva a experimentar sin ataduras con el fin de lograr una verdadera evolución estilística podremos hablar de un trabajo que mire de tú a tú a su debut. De momento, escuchando “Childqueen” sólo podemos desear que llegue un sucesor más digno cuanto antes.

Kadhja Bonet – Childqueen

4.6

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Kadhja Bonet mira excesivamente a su álbum debut para componer “Childqueen”, y al final obtenemos una nueva colección de canciones que, si bien muestran en ocasiones algún destello interesante, conforman un trabajo que avanza torpe y no seduce tanto como su obra anterior.

Up

  • “Thoughts Around Tea” por lo inesperado de su fondo pop y los sintetizadores.
  • “Mother Maybe” por el toque funky y el desarrollo vocal final.
  • Una mayor ambición de Kadhja Bonet en el apartado de composición y arreglos.

Down

  • La sensación general de que nos encontramos con un producto que antes funcionaba y ahora apenas hace cosquillas.
  • La falta de transgresión.
  • Demasiado relleno con piezas que pasan sin pena ni gloria.