Este mismo año, su disco con The Clams nos golpeó en toda la cara. Y ahora Shannon Shaw vuelve a arrearnos, esta vez en medio del pecho y un poco a la izquierda. Para ello toma la valiente decisión de dejar su banda de lado, arrimarse aún más a Dan Auerbach (quien ya produjo aquel “Onion”) y vestirse de Ronnie Spector. De esta forma debuta en solitario, con un trabajo notable de rock and roll primitivo, que calienta el corazón y en el que se termina de probar como la diva y tremenda vocalista que es.

Cuando Shannon encontró a Dan (parte II)

Shannon hace un repaso del rock ‘n’ roll más primigenio y puro, aplicándole un barniz country y su indeleble sello personal.

Como una Amy Winehouse nacida en Tennessee, Shannon hace un repaso en este “Shannon in Nashville” del rock ‘n’ roll más primigenio y puro, aplicándole por el camino un barniz country y su indeleble sello personal. 

Sobrada de clase y de talento, juntarse con un Dan Auerbach que se involucra mucho más que en su disco con los Clams (como compositor y guitarrista, además de productor) ha demostrado ser una gran elección.

Fotografía: Alysse Gafkjen

“Shannon in Nashville”: un trabajo notable de rock and roll primitivo y que calienta el corazón

El principal aporte de Auerbach consiste en añadirle al resultado una capa de ese magnetismo retro, sombrío y a ratos incluso siniestro que consiguió con su proyecto The Arcs.

El soul, el flow, la elegancia, el carisma, la voz. Todo ello se combina en Shannon Shaw, que le hace de paso un tributo a la diva británica Dusty Springfield en su portada (y añado que también en el cardado). Sin embargo no hay que engañarse, éste es un álbum publicado en 2018 y suena como tal. Quizá la principal diferencia de Shannon con las divas sesenteras como las Ronnetes o Dusty sea que, mientras ellas cantaban seduciendo, a Shannon parece importarle sólo abrirse el pecho y llorar sus heridas cantándole a un micro. Ahí está por ejemplo la joya de la corona de este disco, “Broke My Own”, autodestructiva como un mensaje del inspector Gadget (My worst enemy is my own flesh and bone”).

Por su parte, el principal aporte de Auerbach consiste en añadirle al resultado una capa de ese magnetismo retro, sombrío y a ratos incluso siniestro que consiguió con su proyecto The Arcs. El perfecto encaje de ambos talentos tiene como resultado un disco que le gustará a quien se lo pongas, sea tu abuela, tu pareja o tu agente de la condicional. Y si no, basta escuchar la seductora “Bring Her the Mirror”, la fulgurante “Lord of Alaska” o “Cryin’ My Eyes Out” para caer a los pies de la susodicha haciendo el saludo al sol.

Canciones que nos hacen sentir nostálgicos pero suenan totalmente frescas

El soul, el flow, la elegancia, el carisma, la voz. Todo ello se combina en Shannon Shaw, que le hace de paso un tributo a la diva británica Dusty Springfield en su portada. Sin embargo no hay que engañarse, éste es un álbum publicado en 2018 y suena como tal. Quizá la principal diferencia de Shannon con las divas sesenteras como las Ronnetes o Dusty sea que, mientras ellas cantaban seduciendo, a Shannon parece importarle sólo abrirse el pecho y llorar sus heridas cantándole a un micro.

Cuenta Shannon que la híper pegadiza “Freddies ‘n’ Teddies” salió de una improvisación nocturna entre el propio Auerbach y el malogrado batería Richard Swift sobre la que ella se puso a cantar, lo que da una idea de lo espontáneo de los temas de este álbum. Esta frescura, junto con todo el punk de Shannon interiorizado en su época con Hunx and his Punx, es lo que impide que “Shannon in Nashville” se pueda confundir con una mera pirueta revival o con el típico disco menor que un artista saca en paralelo a su banda principal.

Dice Dan Auerbach que en su estudio de Nashville quiere grabar canciones que le hagan sentir nostálgico pero suenen totalmente frescas. Ahí están los casos de Hanni El Khatib o La Luz como ejemplos paradigmáticos de esta dualidad. A ellos se une ahora Shannon Shaw en su deslumbrante primer disco en solitario, sólo unos meses después de hacer lo propio como Shannon and the Clams en “Onion”. Esta vez, entre músicos de sesión que han tocado para Elvis Presley, Johnny Cash y Wilson Pickett, Shannon sigue brillando con luz propia. Es lo que tienen los diamantes.

Shannon Shaw – Shannon in Nashville

7.6

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La voz ronca de Shannon Shaw vale su peso en oro de por sí, pero desnuda y convertida en crooner millennial demuestra ser más camaleónica y polivalente de lo que nos pensábamos. Debut muy interesante pese a su claro fondo nostálgico.

Up

  • Deliciosamente retro, pero sonando fresco.
  • Shannon sigue quemando registros y nosotros seguimos sin saber en cuál nos gusta más.
  • El dúo Shannon-Auerbach destila afinidad musical por los cuatro costados.

Down

  • Si uno duda entre ponerse “Onion” o este disco es probable que elija aquel otro más a menudo. Eso no quita para que “Shannon in Nashville” tenga su momento.