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El nuevo estilo de Taburete se sirve de referencias pop dosmileras escogidas sin ton ni son, y “Madame Ayahuasca” es la prueba fehaciente de dicha tendencia. Cuatro minutos de letras mediocres y sonidos desfasados, con una producción pegajosa y orientada directamente al rollo festivalero, sin la menor intención de aportar algo propio o interesante.

Podrá gustar más o menos, pero si el insufrible a casa de Dron” ha sido reproducido la friolera de treinta y dos millones de veces en YouTube (y coreado otras tantas), por algo será. Taburete se han buscado un nicho de mercado más que respetable, ya que ahora las nuevas generaciones de gente de bien pueden decir que escuchan un grupo indie con la tranquilidad de saber que sus integrantes son buenos chicos y van muy arreglados. Estereotipos aparte, cierto es que, sin ser nada innovador ni interesante, la banda de Willy Bárcenas no empezó mal en un sentido estricto, pero su segundo trabajo, “Dr. Charas”, es la merecida causa de todos los sambenitos plenamente justificados de un grupo catapultado a la fama precisamente por este álbum. Ya conocemos de qué detalles hablamos: la cargante influencia ranchera adaptada a un pop desganado, las letras fáciles plagadas de referencias alcohólicas rayanas en lo patológico, la consabida casa de Dron…

Esta parodia involuntaria de sus primeros temas se ha convertido en sello inconfundible del estilo de Taburete, pero es posible que para su próximo disco, titulado como el tema que nos atañe, los madrileños hayan decidido dar un giro a su… ¿identidad? Si ya empezamos a olernos la tostada con “Belerofón”, esta nueva “Madame Ayahuasca” parece confirmar que el viento que mueve la veleta de Willy Bárcenas ahora apunta al pop-rock dosmilero, pero tomando referencias aleatorias sin mucho criterio y mezclándolas en un cóctel difícil de tragar sin poner caras raras.

De entrada, ya cantábamos victoria adelantada al pensar que Taburete por fin habían dejado atrás las referencias etílicas, pero nos hemos ido de Guatemala a Guatepeor: la ayahuasca es una bebida alucinógena preparada por pueblos indígenas sudamericanos. Igual entraban mejor los tres tequilas, pero ojalá los problemas se quedaran en un título poco interesante. Como se ha dicho, para su nuevo estilo, “Madame Ayahuasca” busca referentes en el pop español de radiofórmula de los años 2000 sin filtro alguno: lo mismo cae una intro reminiscente de Café Quijano que una guitarra principal a lo Fito & Fitipaldis, aderezada con una sección orquestal estilo Los Rodríguez mal y unos crescendos en los que Bárcenas se arrima al pop aflamencado durante unos segundos, mientras imitas a Maldita Nerea en líneas generales. Aunque sí hay una lanza que ha de romperse a favor de estos nuevos temas, porque Taburete han dado un pelín más el callo a la hora de grabar y ya no suenan con la insultante flojera de sus dos primeros trabajos, pero siguen sin tener la menor contundencia.

La letra sigue siendo uno de los puntos flacos de una banda que debería plantearse mejorar un poco en este apartado. Tal y como pasaba con “Belerofón”, Taburete han descubierto la fórmula de los versos coreables pseudo-intensos herederos de Leiva y demás familia, y pretenden mezclar eso con los susodichos dejes de Maldita Nerea, obteniendo resultados un poco lamentables. Hay dos o tres frases más o menos memorables en medio de una vaguedad general: desde un irritante ni a mis ídolos voy a mitificar” que sale de ninguna parte hasta un Hay demasiado / demasiado de tanto / y magia en su portal” de cuya profundidad lírica me niego a hablar, hay una densa niebla de ‘meh’ en la que uno acaba por chocarse con algo que pretende ser una figura propia del pop andaluz (Que no se acaben las canciones / ni las pasiones / cajón, vino y flores y risas en grandes porciones”) que sin duda alguna Bárcenas escribió en un arrebato creativo y coló con calzador. Pero oye, por corear, que no quede.

Taburete se encuentran caminando una fina línea entre no querer ser uno de esos grupos que sólo salen en los programas de Telecinco los domingos por la tarde pero sin llegar a ser una banda indie que no les reportaría ni los beneficios ni la orientación de mercado a la que apuntan con éxito asegurado. La cayetanada resultante yace bajo capas de medias tintas mal traídas de aquí y allá y que, si bien carecen de la abundante caspa de ciertos referentes, están unidas por medio de una producción que o se queda en lo funcional o roza la vergüenza ajena. Puede que “Madame Ayahuasca” sea verdaderamente un trabajo de transición, que a su fiel y extenso público le guste igual lo nuevo que lo viejo (tampoco hay diferencias sustanciales) y la banda trasvase su esfuerzo de la intención comercial a la creativa, pero todo apunta a que este álbum triunfará en ventas sin la más mínima trascendencia. Tampoco esperábamos mucho más.