Que esto no pare. Se está dando prisa Fito Robles en consolidar su carrera musical a base de fabricar canciones como si de una factoría mágica se tratase, y logrando además que la calidad no se resienta por culpa de la celeridad productiva. A finales del pasado año finalizaba la gira de “La Verdad”, y ya en enero teníamos anuncio oficial de un nuevo trabajo, “La Luz”, que desde el 25 de mayo ha devuelto al músico vallisoletano y su inseparable Xavi Road a los escenarios.

Sin lugar a dudas, Siloé ha supuesto un soplo de aire fresco en la escena alternativa española, transmitiendo unos valores muy personales mediante un reconfortante sonido propio. Un discurso que gira en torno a Dios, el amor y la familia no podía encontrar mejor conducto que el folk-pop sin demasiadas pretensiones que ofrece el dúo, arropando el mensaje y no disolviéndolo entre la música.

Muchos son los que le compararon con Bob Dylan tras su primera aparición. Se apreció claramente en su single de presentación, “La Verdad”, donde sólo se armó con una guitarra acústica y una armónica para darle forma y, pese a no hacerse tan evidente conforme íbamos conociendo el resto del primer álbum, sí que se percibe la influencia del señor Robert Allen, no tanto en el fraseo canalla del que a menudo se valen compañeros de profesión como Ángel Stanich, como en la pureza musical del folk y el pop. Y coros, muchos coros. El rasgo clave de Siloé radica en esa presencia divina constante en forma de acompañamiento coral, que nos hace fluir en las canciones junto a una voz que parece venir de más arriba.

Un nuevo disco que aporta continuidad y mayor solidez al proyecto

“La Luz” supone un nuevo paso hacia una consolidación cada vez más patente, una segunda estación donde un concepto muy claro define el álbum, marcando así una línea conceptual con el primer disco.

“La Luz” supone un nuevo paso hacia una consolidación cada vez más patente, una segunda estación donde un concepto muy claro define el álbum, marcando así una línea conceptual con el primer disco. Lo primero que llamó la atención de la nueva mercancía (además de esa canción titánica que es “Tal Como Sucedió”, que desgranaremos después) es el chocante cambio visual. Se pasa del blanco diáfano que acompañaba a “La Verdad” a un amarillo apagado (en el disco físico el color pasa a ser dorado) al que se pone en contraste con negro, generando un inevitable resplandor. Si la portada del primer disco nos mostraba a Fito sentado en el banco de una iglesia mirando hacia arriba y transmitiendo serenidad, “La Luz” viene presidida por la imagen bicolor del protagonista, corriendo hacia nosotros por una carretera y semicircundado en la mitad superior por una aureola que obligatoriamente recuerda a la que identifica a los santos en las pinturas e ilustraciones religiosas. De esta forma el oyente obtiene en esta primera toma de contacto visual una idea de lo que va a encontrar en el aspecto sonoro, algo así como un destello intimista.

“La Luz”: música intimista para purificar el alma

La portada viene presidida por la imagen bicolor del protagonista, corriendo hacia nosotros por una carretera y semicircundado en la mitad superior por una aureola que recuerda a la que identifica a los santos en pinturas e ilustraciones religiosas. Esta primera toma de contacto visual ofrece una idea de lo que vamos a encontrar en el aspecto sonoro, algo así como un destello intimista.

El disco abre con “Cerezos”, segundo single de presentación. La canción nos recibe con los habituales coros marca de la casa, que no por ser un recurso habitual sobran o resultan molestos. Produciendo un efecto más bien contrario a la aversión, en este caso se adueñan del tema y penetran en nuestra cabeza, siendo desde ese momento el hilo del que tirar para recordarlo después de su escucha. Como bien dice la canción, no tiene nada que no puedas tararear.

Tras la apertura, debemos detenernos y remarcar en fosforito este párrafo. En la pista dos espera agazapada “Tal Como Sucedió”. Es real que cuando escuché esta canción por primera vez me vi desbordado. No esperaba tanta belleza y, totalmente anonadado, volví a darle al play. Para cuando salió el álbum completo ya me la sabía de memoria, acordes incluidos, y aún a día de hoy el bucle continúa.  

Una canción redonda, manufacturada con los principales elementos que definen a Siloé, y que ya se erige en los conciertos como bandera absoluta de la misma forma que le ocurre a Vetusta Morla con “Los Días Raros” o a Izal con “La Mujer de Verde”. Todo buen grupo debe encontrar un fraseo coral que cale hondo y represente, y los vallisoletanos han dado con la tecla adecuada. Asimismo, las palabras discurren en consonancia con ese sonido clarividente y amplio, en una dosis de realidad que se resume en esa certeza (tan difícil de asumir, muchas veces) que abre y cierra la canción de forma contundente: “Tal como sucedió, así lo cuento ahora, para que el olvido no se haga con la historia. Todos somos entes fruto de nuestras experiencias, y no está de más que se nos recuerde de vez en cuando lo importante que es recordar y asumir nuestro pasado, sin edulcorarlo con autoengaños y conformismos.

Todos somos entes fruto de nuestras experiencias, y no está de más que se nos recuerde de vez en cuando lo importante que es recordar y asumir nuestro pasado, sin edulcorarlo con autoengaños y conformismos. Por eso “Tal Como Sucedió” se ha configurado en muy poco tiempo como la canción bandera de Siloé (hasta la fecha).

La Niebla” se presentó como tercer adelanto del álbum, y tercera nos la encontramos en el tracklist, dejando el resto del disco intacto y virgen para descubrirlo en la primera escucha. Como ocurría en el primer disco, esta canción destaca entre el resto de canciones como un tema con un matiz mucho más rockero, con una gran línea de bajo y bien vestida con la batería y la guitarra. Como indicó el propio Fito, el tema versa sobre una chica de Valladolid que se recompone tras un largo trance.

Dando el primer paso en terreno desconocido aparece “Jamás”, que recupera la guitarra acústica para el papel principal, aunque la música va evolucionando con el paso de las estrofas hacia un sonido que, llegando al final, recuerda a los primeros discos de Radiohead. Reflexión introspectiva del autor sobre la dificultad de tomar decisiones y una exploración en su propio sonido, donde encaja sin problemas elementos diferentes en una sola canción.

En cuanto empezó a sonar “Atlas” automáticamente me trasladé a “Canción para Nadie” de Mikel Izal, pero basta con dejar pasar unos pocos segundos para darse cuenta de que la similitud no va más allá del punteo inicial. Pureza máxima, valiéndose únicamente de la voz levemente reverberada y acariciada con la acústica y unos coros finales fruto de la simbiosis entre persona y canción (era inevitable). Paradójicamente, “La Calma” hace despertar del agradable estado de embriaguez. Xavi Road se pone al volante de la eléctrica para clavar un precioso solo en el que desemboca este río que fluye al ritmo constante que marca la batería.

Contorneando aún más el perfil de una de las bandas nacionales más prometedoras

Más que una evolución, lo que “La Luz” aporta a sus autores es otra punta más de velocidad en el viaje que han iniciado. Amplían así el repertorio, exploran sus posibilidades de cara al futuro y consiguen además un himno (“Tal Como Sucedió”) que, con toda probabilidad, será su principal baza representativa y un futuro clásico del indie patrio.

En séptimo lugar nos topamos con la canción homónima del disco. “La Luz” es uno de los mejores temas del álbum, con un buen juego de contrastes tanto en tempo como en melodía. Es especialmente bonito el desarrollo musical de preparación del estribillo, anticipando una desembocadura brillante. Así adivinamos también que el título responde al inevitable momento de ver la luz en las relaciones personales, descubriendo la verdadera profundidad de las mismas cuando se pone distancia de por medio.

Sueños Ligeros”, como bien indica el título, parece sumergirnos en un estado onírico donde las reflexiones emanan con más facilidad, pero se presentan difusas. El final de la canción es para degustarlo a oscuras y con el volumen alto. Como si fuese una prolongación de la anterior, “Para Mis Hermanos” nos introduce con un dulce rasgueo de guitarra sobre un eco de iglesia. Importante tema el que aborda la canción, recurrente en las conciencias atormentadas a menudo por el contacto con el resto de la sociedad y sus convenciones. Espero que seamos muchos los que, como Fito, tampoco sepamos lo que pensar del resto, sea cual sea el motivo que nos ha dejado así. Gracias.

Siloé despide “La Luz” con “Guerra y Caridad”, un alegato final a favor del entendimiento mutuo en pareja, zanjando así el dilema y las dudas planteadas en el discurso principal. Una canción que sorprende en su introducción con un ‘nuevo’ sonido (¿“Contemos Aullidos”?). Pese al choque que supone este epílogo dentro de la hoja de ruta musical del disco, el tema se sostiene perfectamente gracias a su calidad y añade otro punto extra al currículo compositivo de la banda, ofreciendo así una perspectiva de las futuras posibilidades que nos aguardan a sus seguidores.

Siloé – La Luz

7.0

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Siloé se confirma como un proyecto serio dispuesto a hacerse un hueco en el panorama musical nacional. No sólo se aprecia en la producción y calidad compositiva de las canciones, sino en la continuidad y estrategia concienzuda que han mantenido desde su presentación a las masas. Más que una evolución, lo que “La Luz” aporta a sus autores es otra punta más de velocidad en el viaje que han iniciado.

Up

  • Un segundo álbum que contornea aún más el perfil de una de las bandas nacionales más prometedoras.
  • Ha llegado en el momento justo, prolongando así el ritmo de conciertos de la anterior gira y renovando el repertorio.
  • “Tal Como Sucedió” es, sin duda, una de las canciones del año. Indispensable.

Down

  • Las sorpresas dentro del propio disco repiten recursos ya utilizados en “La Verdad”.
  • La circunstancia de no flaquear puede aumentar la presión y repercutir negativamente en el futuro.