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Robyn crea un nuevo himno bailable de electropop mezclando melancolía y sensualidad con la ayuda de su habitual productor Klas Åhlund e incorporando a Joseph Mount (líder de Metronomy). Su voz tan particular se acompaña por un cuerpo de sintetizadores onírico y acertado en la línea de Kylie Minogue en “Aphrodite”. De hecho, es razonable tener esta sensación si prestamos atención a esas declaraciones donde Robyn detalla que este trabajo se encuentra influenciado por la cultura club de los noventa, Michael Jackson y Prince.

Ocho años. Casi una década es el tiempo que se ha tomado Robyn para volver a la escena. Un regreso más que esperado a tenor del revuelo causado por cada una de las escasas noticias que se han ido publicando acerca del estado de su sexto álbum de estudio. Bien es cierto que hemos disfrutado de algunos lanzamientos para ir abriendo el apetito, tales como aquel homenaje a la década de los noventa con La Bagatelle Magique o ese majestuoso EP con el dúo noruego Röyksopp. Pero, a pesar de todo, el público seguía preguntándose por la continuación de “Body Talk” (2010) y deseaba un nuevo “Dancing On My Own” con el que bailar llorando. Parece que Robyn, desde la distancia, nos ha escuchado y muestra de ello es “Missing U”.

Que una estrella del pop como Robyn se haya tomado tanto tiempo en volver podría haber supuesto un auténtico suicidio artístico dentro de una sociedad cada vez más acostumbrada a los productos de usar y tirar. ¿Qué podríamos esperar de la artista sueca que no tengamos en la nueva hornada de cantantes pop? Llámalo experiencia, llámalo identidad o tíldalo de savoir-faire, pero la cuestión es que apenas arranca el arpeggio principal de “Missing U” este tema se convierte en un oasis de paz electrónica lejos de la ajetreada vida del pop dominante (a ratos orgánico, a ratos influenciado por la escena del PC Music). Robyn vuelve a contar con la ayuda de su habitual productor Klas Åhlund e incorpora a Joseph Mount (líder de Metronomy) para crear un nuevo himno bailable de electropop mezclando melancolía y sensualidad. La voz tan particular de la cantante se acompaña por un cuerpo de sintetizadores onírico y bien acertado en la línea de Kylie Minogue en aquel “Aphrodite” donde encontró el equilibrio entre ensoñación, pop sintético y house. De hecho, es razonable tener esta sensación si prestamos atención a las declaraciones de Robyn donde detalla que este trabajo se encuentra influenciado por la cultura club de los noventa, Michael Jackson y Prince.

Si “Dancing On My Own” se alzaba como un himno de los corazones rotos que veían como su pareja se marchaba con otra persona en mitad de la pista de baile, “Missing U” –además de ser una explícita dedicatoria a los fans– es la noche siguiente en casa, cuando hemos perdido todas las fuerzas y la melancolía ataca de nuevo. Robyn funde el pasado con el presente cantando sobre el carácter universal de la nostalgia por alguien en versos que hablan por sí solos:

All of the plans we made that never happened
Now your scent on my pillow’s faded
At least you left me with something”

En “Body Talk” ya pudimos encontrar numerosos temas donde abandonaba la estructura tradicional (verso-puente-estribillo) con el fin de dirigir su fórmula hacia otros páramos, como en “Don’t Fucking Tell Me What To Do” o aquella colaboración con Snoop Dogg (“U Should Know Better”). No es de extrañar que Robyn haya concebido “Missing U” como una pieza que no se acomoda a los cánones del pop actual y que rompe con lo establecido partiendo de una melodía apenas inmutable con los altibajos justos para conquistar a cualquier oyente. Basta con detenerse en ese momento sobre la mitad cuando cambia la cadencia vocal y la base parece entrar en un bucle donde todo se para y desvanece; ahí sólo queda Robyn mirando los objetos que evocan recuerdos de épocas amargas y llevándonos hacia ese minuto final de reflexión onírica, en el cual se forma una nube sonora pero con una melodía altamente placentera.

A pesar de una ausencia quizás excesivamente larga, siempre estuvimos esperando a Robyn. En un panorama musical monopolizado por el trap y una escena pop que apuesta cada vez más por lo orgánico a nadie ha parecido importarle el vacío que dejó la sueca dentro del electropop. Robyn vuelve al lugar que le pertenece por derecho propio gracias a una canción que nos recuerda por qué nos gustó tanto la propuesta de la sueca desde un primer momento.