Lo primero que me gustaría decir al comenzar esta crítica es que he tratado por todos los medios de poner una mirada objetiva sobre el álbum del que vamos a hablar. Nunca he soportado ni soportaré a los dinosaurios del rock o de la música anglosajona que miran por encima del hombro todo aquello que no se hace con una formación de rock más o menos clásica y que han encontrado en el reggaetón y la música urbana algo así como su demonio particular al que calificar de hereje, sustituyendo al ya agonizante en las radiofórmulas EDM. Dicho esto y siendo el primero que, como la gran mayoría de personas de este país, ha bailado “Criminal”, “Despacito”, “Mi Gente” o “Mayores” tomando unas copas, no acabo de ver en el género algo que pueda sobrevivir más allá de la pista de baile durante mucho tiempo.

Un género que tiene difícil sobrevivir más allá de la pista de baile durante mucho tiempo

El problema con el reggaetón es que, al igual que el ska, es un género que más allá de modernizar un poquito la producción y suavizar la estética para poder llegar al público generalista y un tanto mojigato está ligado a un ritmo muy concreto que encasilla a sus artistas y dificulta la posibilidad de poder hacer algo que el oyente no se espere y que verdaderamente rompa.

Si nos acogemos a géneros enfocados al clubbing, el gran referente histórico, la música electrónica mainstream se manifiesta de diferentes maneras, ritmos contrapuestos, y ha creado modas desde el acid house hasta el tropical pasando por el dance o el techno, que no tienen mucho que ver entre sí y que exploran diferentes sonidos y timbres (aunque a rebufo de una moda siempre surgen infinitos productos prefabricados). Esto permite que dicha música tenga una secuencia lineal y que un sonido o unas canciones determinados hagan referencia a una época concreta de nuestra vida. El problema con el reggaetón es que, al igual que el ska, es un género que más allá de modernizar un poquito la producción y suavizar la estética para poder llegar al público generalista y un tanto mojigato está ligado a un ritmo muy concreto que encasilla a sus artistas y dificulta la posibilidad de poder hacer algo que el oyente no se espere y que verdaderamente rompa. Es una base muy bailable y hasta Dave Grohl de los Foo Fighters creyó haber descubierto la gallina de los huevos de oro cuando la aplicó a su reciente “Run”, pero alguien acabó explicándole que era la base rítmica que hoy día utilizan en gran parte del universo pop. Es segura y de momento funciona, logra su objetivo traducido en millones de visitas en YouTube, mucha gente en las pistas de baile y un sorpasso de la música latina a la industria mainstream anglosajona poco predecible hace cuatro años y que vive una crisis de hits visible en las plataformas de streaming inédita hasta ahora.

¿Por qué J Balvin?

Cualquiera puede adivinar qué base rítmica tendrán los próximos éxitos de Daddy Yankee, Nicky Jam, Becky G, Karol G o J Balvin. Y esta es la razón fundamental por la que no entiendo qué ha llevado a colocar a J Balvin por encima de otros exponentes del género. De cara al mundo anglosajón (menos acostumbrados al género) puede sonar igual de fresco que para nosotros un pop con influencias de la música tradicional árabe, pero pero para quienes llevamos conviviendo con el reggaetón desde que hace ya casi quince años apareciese “Gasolina” la frescura brilla por su ausencia.

Sin embargo, cualquier persona puede jugar a ser pitonisa y adivinar qué base rítmica tendrán los próximos éxitos de Daddy Yankee, Nicky Jam, Becky G, Karol G o J Balvin. Y esta es la razón fundamental por la que no entiendo qué ha llevado a colocar por parte de cierto sector de la crítica a J Balvin por encima de otros exponentes del género. Es cierto que de cara a medios anglosajones (menos acostumbrados al género) puede sonar igual de fresco que para nosotros un pop con influencias de la música tradicional árabe, que probablemente en Turquía no suene nada rompedor, pero para quienes llevamos conviviendo con el reggaetón desde que hace ya casi quince años apareciese “Gasolina” la frescura brilla por su ausencia. J Balvin puede resultar más sofisticado que Wisin & Yandel o Daddy Yankee, tal vez por rodearse de nombres dispares como Carla Morrison o Rosalía o quizá por haber emergido en otra época que le ha permitido fabricar un discurso y una pose al gusto de la sociedad occidental actual, favoreciendo su éxito masivo y despojándose del estigma machista que suele salpicar el género. No obstante, al final parece más una obra de marketing debido al empeño de otros artistas del género como Maluma o Bad Bunny por reivindicarse como machos dominantes, lo que permite a J Balvin ser una excepción que llama la atención. Sea como sea, es cierto que si uno se limpia de prejuicios “Vibras” puede ser un álbum disfrutable (especialmente en estas fechas), pero siempre teniendo en cuenta que es predecible, que las letras son facilonas y que la utilidad del formato LP en un género que vive del hit inmediato es discutible.

Fotografía: Apple Music

“Vibras”: un álbum disfrutable (si se escucha libre de prejuicios)

Si uno se limpia de prejuicios “Vibras” puede ser un álbum disfrutable (especialmente en fechas veraniegas), pero siempre teniendo en cuenta que es predecible, que las letras son facilonas y que la utilidad del formato LP en un género que vive del hit inmediato es discutible.

La primera invitada en aparecer es Carla Morrison en la pista que da título al álbum, “Vibras”, que funciona como introducción con una base de trap-pop que recuerda a la de “Royals” de Lorde”. Su final da paso al gran hit del álbum: “Mi Gente”, una pista que todos conocemos, que tuvo su fallido remix con Beyoncé catalogándose a sí misma como “la reina de los nenes”. La versión del álbum prescinde de la autora de “Lemonade” y simplemente aparece como colaborador el francés Willy William. La intención de la letra es clara: señalar que su música es para todo el mundo, que no discrimina y que cualquiera es bienvenido. Un mensaje muy Manu Chao, muy Macaco, que por supuesto cae en los clichés de siempre en el género al rellenar estrofas de la canción con ‘créditos’: “Francia, Colombia, me gusta; J Balvin, Willy William, me gusta”. Y ya está, ya tienes una estrofa menos con la que romperte la cabeza. El tema es un éxito mundial, eso no se puede discutir, pero está muy lejos de ser lo mejor de “Vibras”.

Ambiente” sirve exactamente para lo que parece vaticinar el título: para otorgar ambiente a una fiesta. Es una de las canciones más genéricas del álbum, su letra es más o menos lo de siempre destacando ese “instinto animal que me pone malo con una mirada. Si a eso le ponemos el ritmo que todos conocemos ya podemos hacernos una idea de cómo es el tema sin necesidad de escucharlo. Quizá eso hayan pensado también las radiofórmulas, pues siendo el single promocional de “Vibras” ha pasado bastante desapercibido en comparación con otros hits del colombiano como “Mi Gente”, “Safari”, “Sigo Extrañándote” o colaboraciones más recientes como “X” o “Downtown”. Bastante mejor suena “Cuando Tú Quieras”, en la que la base típica no es tan dominante y deja una parte importante del hilo de la canción a otra hecha a partir de xilófonos. Nada extremadamente novedoso en tiempos de tropical house, pero sí suena bastante mejor que los dos cortes anteriores.

J Balvin puede resultar más sofisticado que Wisin & Yandel o Daddy Yankee, tal vez por rodearse de nombres dispares como Carla Morrison o Rosalía o quizá por haber emergido en otra época que le ha permitido fabricar un discurso y una pose al gusto de la sociedad occidental actual, favoreciendo su éxito masivo y despojándose del estigma machista que suele salpicar el género. No obstante, al final parece más una obra de marketing debido al empeño de otros artistas del género como Maluma o Bad Bunny por reivindicarse como machos dominantes, lo que permite a J Balvin ser una excepción que llama la atención.

La combinación de guitarra acústica con la voz filtrada con vocoder y autotune proporciona un inicio adictivo a “No Es Justo”, que rompe en el estribillo con una precisión de manual. Una pena que aparezcan en escena Zion & Lennox, que deben contar con dos de las voces más desagradables de la escena latina (con permiso de C. Tangana) para restarle galones a una canción que podía haber sido de las mejores de “Vibras”. Pero si “No Es Justo” se queda a medio gas, “Ahora” no lo hace y se erige como una de las piezas más a tener en cuenta. Tiene madera para ser un pelotazo con el mismo truco que la pista anterior: un inicio centrado en la voz con base instrumental que converge en un estribillo con una base la cual se parece sospechosamente a la de “Criminal”, a la de “Lo Malo”, a la de “Chantaje”… Más allá de este cliché que podría repetir en once de las catorce composiciones del álbum, la melodía y el fraseo dan una sensualidad a la canción que la sitúa bastante por encima de la media del género. La trayectoria ascendente de “Vibras” culmina con “Brillo”, que pretende reivindicar esa distancia del artista con el machismo gracias a versos como “pido a Dios que te cuide pero tú te cuidas sola” y en la que Rosalía destaca muy por encima del colombiano. Con una base de guitarra rasgada se convierte en la canción más singular del todo el elepé. Y melódicamente “Brillo” es excelente. Quizá la pega sería una letra en la que chirría eso de “Estoy brillando con highlighter” y “He subi’o quince Stories”. Rosalía sigue poniendo la voz en el interludio “En Mí”, el cual no tiene ninguna trascendencia pero es bonito. La pista como tal asienta la mejoría en este sector de “Vibras” con respecto a la primera parte, plagada de intentos de hits inmediatos (consiguiéndolo en el caso de “Mi Gente”). Se agradece dejar la base de reggaetón por unos minutos y encontrarnos con un tema de trap oscuro, como los que han popularizado XXXTentacion o Post Malone.

Dosis de sofisticación y algunas colaboraciones inteligentes para alejarse del modelo de reggaetonero tradicional

“Vibras” es un álbum que sorprende en algunas de sus partes y que puede sonar fresco en aquellos lugares dominados por la música anglosajona donde lo latino es algo extremadamente exótico. Sin embargo, visto desde la perspectiva de un país como España, donde las listas de éxitos están prácticamente monopolizadas por estos sonidos, comete muchos de los vicios del reggaetón, especialmente respecto a lo predecible de sus bases y producciones (con alguna excepción que se agradece) y lo intrascendente de unas letras hedonistas que no parecen conocer vida más allá de la discoteca y el perreo.

Los peores vicios del género resucitan en “Peligrosa” junto a Wisin & Yandel, donde parecemos viajar de repente a 2007. Machista, desfasada y casposa. Siguiente. Bastante más actual suena “Noches Pasadas”, cuya letra no dice nada del otro mundo pero utiliza una base de voces pregrabadas y tratadas a través de filtros que le da un color especial.

Tu Verdad” es probablemente el mejor tema de “Vibras”. Es difícil que llegue a funcionar como single, pues resulta excesivamente intrincado para lo que se suele promocionar del género, pero cuenta con una complejidad en la producción que consigue que uno entienda de una vez por qué Balvin ha adquirido ese estatus de reggaetonero diferente a los demás. Eso sí, enseguida llega “Dónde Estarás” para borrar esa idea. De nuevo nos encontramos una pista genérica de relleno que convierte en discutible el formato LP para una estilo de música que junto al trap y al EDM vive más a gusto en lanzamientos esporádicos, en singles sueltos editados con cierta periodicidad y, si acaso, en EP o mixtapes. Todo lo contrario que “Dónde Estarás” es “Machika”, pieza que sin ser una joya musical sí es bastante resultona. Tiene fuerza, un aura futurista y es un buen final para un álbum que sorprende en algunas de sus partes y que puede sonar fresco en aquellos lugares dominados por la música anglosajona donde lo latino es algo extremadamente exótico. Sin embargo, visto desde la perspectiva de un país como España, donde las listas de éxitos están prácticamente monopolizadas por estos sonidos, comete muchos de los vicios del reggaetón, especialmente respecto a lo predecible de sus bases y producciones (con alguna excepción que se agradece) y lo intrascendente de unas letras hedonistas que no parecen conocer vida más allá de la discoteca y el perreo.

J Balvin – Vibras

5.5

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J Balvin ha sido encumbrado recientemente por gran parte de la prensa anglosajona al sonar exótico a su modo de ver. Pero aquí que no lo es (llevamos conviviendo con el género desde 2004 y “Gasolina”) suena a lo de siempre, aunque con unas dosis de sofisticación y algunas colaboraciones inteligentes para alejarse del modelo de reggaetonero tradicional.

Up

  • Las colaboraciones de Carla Morrison y Rosalía aportan algo de sentido a un concepto de álbum que por lo demás no tiene.
  • “Tu Verdad”, “Cuando Tú Quieras” y “Machika” tienen una producción excelente, que se aleja de la mediocridad del grueso del álbum.
  • “Mi Gente” es un éxito global y eso es indiscutible.

Down

  • Jugar a ser pitoniso con tres meses de retraso es oportunista, pero que “Ambiente” parece más un tema de relleno que un single promocional se ha visto en su escasa aceptación comercial en comparación con otros temas del artista o del género.
  • Intentar marcar la diferencia pero invitar a colaborar a Wisin & Yandel y Zion & Lennox es como si Christina Rosenvinge grabara un álbum con Bisbal, Malú, Melendi y Gemeliers.
  • Es discutible la utilización del formato álbum más allá de las intenciones comerciales de acaparar más puntos de streaming por inercia y alcanzar mejores posiciones en listas como el Billboard americano.