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El artista valenciano ha explorado desde aquel “Lugar nuevo” diferentes posibilidades expresivas y estéticas con las que enriquecer su música. En “Capa Oscura” una vez más Tórtel apuesta por el cambio, la experimentación y el no estancamiento desde el más absoluto convencimiento y buen hacer, porque su trayectoria discográfica viene definida por una transformación constante de su sonido que en ningún momento ha comprometido su personalidad.

La trayectoria discográfica de Tórtel viene definida por una transformación constante de su sonido que en ningún momento ha comprometido su personalidad. Desde el folk hasta la electrónica, el músico valenciano ha sabido dirigir un proceso sutil que, sin pasar desapercibido, no ha supuesto ningún salto al vacío. Despacio y con buena letra, lejos de adhesiones a un género concreto o a una forma específica de hacer las cosas, desde aquel “Lugar nuevo” ha explorado diferentes posibilidades expresivas y estéticas con las que enriquecer su música. Recursos con los que no sólo ha crecido él como compositor, sino también su público en cuanto que oyentes. Seguidores fieles que, quizá, jamás se hubieran planteado antes un acercamiento tan directo a la electrónica. Y todo casi sin darse cuenta.

Y es que si en el notabilísimo “Transparente” el sintetizador ya tenía un papel destacado, todo parece indicar que en “Las Tres Tormentas”, su próximo álbum de estudio, el sonido sintético ostentará un cargo preeminente. Al menos así lo intuimos a partir de la escucha de su primer adelanto. “Capa Oscura” muestra un carácter lóbrego, subrayado por un ritmo tribalesco que resulta hipnótico y nos conduce hacia una segunda mitad donde este se intensifica y la melodía del sintetizador atrapa definitivamente. Una nueva cara del Tórtel de siempre, del que trabaja desde la sencillez, la delicadeza y el uso comedido de los recursos.

Pero Tórtel aún puede recrudecer aún más su propuesta, y para ello nos entrega la sorprendente “El Rey Podrido”. Desconcertante en una primera escucha a tenor de lo que nos tiene acostumbrados, esta pieza resulta interesantísima por los efectos derivados del marcado uso del vocoder. Serena y austera en su inicio y dados los procedimientos a los que ha sometido la voz, tenemos la sensación de estar escuchando el canto desvirtuado de un grupo de monjes de la Baja Edad Media. Quizá influido por el estilo de su amigo y colaborador Alberto Montero. Recordemos que ambos publicaron el pasado mes de abril el maravilloso EP “Tórtel y Alberto Montero Alucinados”, donde había canciones sublimes de perfil trovadoresco, algo que siempre ha caracterizado la obra de Montero, quien en su reciente “La catedral sumergida” casi deja de lado este carácter para mirar de reojo los estilos sacros.

Con ese contexto no resulta descabellado ver una conexión directa en esta pieza, cuyo final resulta inesperado y revelador cuando canta con voz robótica y un tanto despersonalizada: Alguien me habló de un rey / creo que soy ese rey que perdió su voz / por mentir”. Una afirmación que dota completamente de sentido el uso de este recurso expresivo, llevándolo más allá de la mera estética. Poniéndolo al servicio de un concepto. Porque el uso de este tipo de medios, al contrario de la opinión generalizada que ha moldeado para mal géneros como el reggaetón, no sólo sirve para ocultar las carencias vocales del intérprete de turno, sino para buscar nuevas posibilidades, para enriquecer y dar una nueva dimensión a una propuesta, como es el caso. Una vez más, Tórtel apuesta por el cambio, la experimentación y el no estancamiento desde el más absoluto convencimiento y buen hacer. No falla. Y a la vista de estos adelantos, este disco viene, de nuevo, bien apuntalado.