Cuando en 24 Hour Party People, la película que narra el ascenso y la caída de la disquera indie Factory Records, el personaje de Tony Wilson (interpretado por Steve Coogan) confronta una cita de Scott Fitzgerald (“las vidas americanas no tienen segundo acto”) con la realidad de la ciudad de Mánchester donde, según el mismo Wilson, “hacemos las cosas de forma distinta”, cuesta creer que imaginara la capacidad adquirida por muchos de sus hijos devotos para seguir adelante aun después de la gloria. Sin ir demasiado lejos los Gallagher mantienen vigencia después de la separación de Oasis y New Order fueron una reformulación del legado de Joy Division. Pero no son los únicos ejemplos.

¿Equilibrio o demasiado forzado?

Mientras en “The Messenger” fue constante el uso de arpegios para impulsar canciones sencillas y una producción ampulosa, con prominencia de teclados y la firme intención de crear muros de sonido, en “Playland” destacó el acabado más en vivo de sus composiciones, donde el instrumento predominante fue la guitarra. Su tercera referencia, “Call The Comet”, es un punto intermedio entre inmediatez y experimentación en el estudio.

Buena parte de esa reputación de ‘supervivientes’ proviene de The Smiths. Cuando la sociedad Morrissey-Johnny Marr no pudo ofrecer más de sí y llegó la separación, Mozz se puso las pilas y emprendió una trayectoria como solista que ha impactado a su manera el universo independiente (y un poquito más allá) casi tanto como ha levantado ampollas entre seguidores y detractores. Con el guitarrista fue diferente, pues en un principio se enfocó en colaborar con una serie de artistas que iban entre Talking Heads, Billy Bragg, Pet Shop Boys, Oasis y Bryan Ferry a la par que ejercía como guitarrista en proyectos propios, fuese con Electronic o participando como miembro de facto en bandas como The The, Modest Mouse o The Cribs. Le llevó un tiempo encontrar las ganas para encarar una carrera en solitario, mismas que cristalizan en 2003 cuando lanzó bajo el nombre de Johnny Marr + the Healers el álbum “Boomslang”, que pasó desapercibido en su momento por su inexperiencia en esas lides pero también por lo distintas que eran las tendencias de la época (había mucha distancia entre sus maneras y las de unos por entonces reinantes The Libertines).

Tras un tiempo tocando con Modest Mouse y The Cribs decide darse una nueva oportunidad en 2013 con “The Messenger”, placa que injustamente tuvo que enfrentar la presión de equipararse a la trayectoria de Morrissey. No obstante y a pesar de ser algo irregular (una constante en sus esfuerzos solistas) dejó claro lo que más iba a pesar en sus nuevas composiciones: el uso de arpegios para impulsar canciones sencillas (no por eso carentes de fuerza) y una producción a menudo ampulosa, con prominencia de teclados y la firme intención de crear muros de sonido. Su rollo es mucho más simple, armar coros que canten todos antes que hacerse el blanco de los tabloides por el contenido lírico. ¿Una salida fácil? Probablemente, pero el anti-establishment por excelencia es Mozz. Johhny sólo ponía su talento en las cuerdas al servicio de esa causa.

En su segundo esfuerzo como solista, “Playland” (2014), destacó el acabado más en vivo de sus composiciones, siendo un trabajo que se escribió en la carretera. De hecho, Johnny comentaba que muchas de esas canciones aparecían durante las pruebas de sonido previas a sus conciertos. Eso explicaría que a lo largo del álbum el instrumento predominante fuera la guitarra, en contraste con un debut donde había espacio para probar más cosas con los teclados. Y eso también explica que su tercera referencia, este “Call The Comet”, sea un punto intermedio entre inmediatez y experimentación en el estudio.

Fotografía: Niall Lea

“Call The Comet”: confusión y aciertos por igual

Notamos que se reafirma en Marr un patrón de rendimiento que lo muestra cada vez más disperso y confundido. A menudo Johnny exagera al aplicar reverberación en ciertos tracks donde posiblemente funcionaría mejor algo descarnado, y en otras ocasiones es como si quisiera establecer algún paralelismo con lo que ha hecho Noel Gallagher (más y más ambicioso en el estudio con el paso del tiempo) sin ser necesariamente lo que le funciona a él.

En “Call The Comet” notamos que se reafirma en Marr un patrón de rendimiento que lo muestra cada vez más disperso y confundido. Da la impresión de que ha querido poner en común el estilo más directo de “Playland” con esa sensación medio lúdica de probar cosas en su primer esfuerzo formalmente solista (suponiendo que así obviamos sus discos con The Healers años atrás), pero por mucho que algunos riffs sean sólidos y llamen la atención resultan insuficientes para hacer de este un LP redondo. A menudo Johnny exagera al aplicar reverberación en ciertos tracks donde posiblemente funcionaría mejor algo descarnado, y en otras ocasiones es como si quisiera establecer algún paralelismo con lo que ha hecho Noel Gallagher (más y más ambicioso en el estudio con el paso del tiempo) sin ser necesariamente lo que le funciona a él.

Es normal entonces que, así como podemos encontrar momentos notables como “Rise” o “The Tracers” donde los teclados equilibran maravillosamente esa dicotomía ‘experimentación de estudio-sonido directo’ bien elija centrase en las melodías o inyectar adrenalina, en otras como “Hey Angel” o “Hi Hello” sucumbe ante los propios clichés de un estilo tan personal e influyente. Intenta darle musculo a composiciones que probablemente no lo exijan y tal vez podrían defenderse mejor en un formato más íntimo o delicado. En ese sentido hizo bien al sostener con guitarra acústica “Day In Day Out”, en toda la línea de The Smiths, pero varias más como “Actor Attractor” y “Spiral Cities” caen en la trampa de querer decirnos a gritos que estamos escuchando al guitarrista de The Smiths en solitario y que él es responsable de ese sonido. Querer reafirmar algo que ya saben tus oyentes regulares no suele ser una decisión muy apropiada.

Da la impresión de que se ha esforzado más de la cuenta y por eso “Call The Comet” no tiene toda la naturalidad que, con todo y sus fallos, sí tuvieron sus anteriores elepés. Mantiene su cuota de buenas canciones, pero no es la sensación más fuerte que nos produce. Es bastante inconsistente y cae en algunos clichés producto de crear un estilo tan replicado en la línea del tiempo de la música rock de los últimos treinta años.

Dentro de las novedades brilla con luz propia “New Dominions” gracias a esa percusión parcialmente sintetizada en plan post-punk que sostiene la pista y aporta toda una nueva dimensión a lo que puede ofrecer Marr por su cuenta. En “My Eternal” también prueba esa dirección, pero el resultado va más en la línea del ‘post-punk de estadio’ que propició el estándar de Joy Division y por eso no resulta tan atractivo. Otra pista donde decide probar nuevas direcciones es “Walk Into the Sea”, una pieza de seis minutos inusual para Marr donde los arpegios nos conducen a las profundidades del océano.

A estas alturas estamos acostumbrados, supongo, a que Johnny Marr nos produzca tantas satisfacciones como la necesidad de rascarnos la cabeza preguntándonos “¿pero por qué busca forzar tanto la cosa?”. Da la impresión de que se ha esforzado más de la cuenta y por eso “Call The Comet” no tiene toda la naturalidad que, con todo y sus fallos, sí tuvieron sus anteriores elepés. Mantiene su cuota de buenas canciones, pero no es la sensación más fuerte que nos produce.

Johnny Marr – Call The Comet

6.3

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“Call The Comet” se las ingenia para ser, con todos sus fallos e inconsistencia, un trabajo llamativo que explora algunas nuevas inquietudes a la par que nos deja buenos momentos. El asunto es que de los tres discos que lleva lanzados Johnny Marr en esta década “Call The Comet” es el primero donde la confusión tiene más peso que dejarnos tres o cuatro pepinazos inapelables.

Up

  • Notables interpretaciones vocales en la mayoría de canciones. Definitivamente ha encontrado su estilo.
  • Sigue echando mano de buenos riffs y arpegios, ya sea para dejarnos momentos marca de la casa como “The Tracers” o piezas tan inquietantes como “Walk Into the Sea”.

Down

  • Sigue siendo tan inconsistente como en sus esfuerzos previos. O quizás más.
  • Cuando quiere ser pretencioso nos pone muy difícil seguir el juego. Varias canciones son más largas de lo necesario.
  • No siempre elige correctamente cuando darle al resultado final un acabado más natural o cuando reforzarlo con muros de sonido.