Mesías, renovador, uno de los artistas más inconformistas de la Historia del jazz, visionario épico, mago, embajador del jazz del siglo XXI, estrella, el músico más importante en décadas, autor del “Kind of Blue” de nuestra época… No hace falta ser un amante del jazz para que te suene el nombre de Kamasi Washington. Los anteriores elogios (todos ellos reales, extraídos de diferentes medios culturales) seguramente resulten exagerados, pero manifiestan la relevancia del saxofonista de Los Ángeles en el panorama actual. De acuerdo, que el jazz haya sufrido un declive mediático e incluso creativo en las últimas décadas no significa que padezcamos una ausencia total de nombres, muchos de ellos postulantes al título de renovadores o revivificadores del jazz: Brad Mehldau, Robert Glasper, Esperanza Spalding, Matana Roberts, Avishai Cohen, Regina Carter, Joshua Redman, Cecile McLorin, Colin Stetson… La lista podría ser mejor y más amplia, pero lo cierto es que ninguno de esos nombres puede competir en carisma y popularidad con Kamasi. Mientras que la mayoría de sus coetáneos aspiran a triunfar dentro de su nicho y tocar en festivales como el Festival del Jazz de Montreux o sus homólogos en Montreal o San Sebastián, el autor de “The Epic” pisa escenarios de festivales de masas como los del Bonnaroo, Coachella o el Primavera Sound y sus giras, que atraen a un público insólitamente joven y diverso, incluyen paradas en salas y pabellones que, semana sí, semana también, acogen a estrellas del pop, indie, metal o el hip-hop.

Una estrella de jazz sin parangón en más de un cuarto de siglo

Mientras la mayoría de sus coetáneos aspiran a triunfar dentro de su nicho y tocar en festivales como el Festival del Jazz de Montreux, el autor de “The Epic” pisa escenarios de festivales de masas como Bonnaroo, Coachella o el Primavera Sound y sus giras, que atraen a un público insólitamente joven y diverso, incluyen paradas en salas y pabellones que acogen a estrellas del pop, indie, metal o hip-hop.

La historia de amor entre Kamasi Washington y el jazz comienza con un chico de once años rebuscando en la colección de vinilos de su padre: Art Blakey, Coltrane, Charlie Parker, Sonny Rollins… No fue hasta los trece años cuando confesó al dueño de todos esos discos su sueño de aprender a tocar el saxofón, y, tras una audición de lo más particular (“Me pidió que cantara un solo de Charlie Parker, para ver si había estado escuchando jazz de verdad; si lo podía cantar, lo podría tocar) en la que chapurreó un fragmento de “Blues for Alice”, obtuvo un saxofón alto y un consejo paterno: “Ve a la Iglesia. Seguir esta invitación pudo tener una importancia crucial en el desempeño de su labor como músico y en el florecimiento de una espiritualidad que todavía hoy es uno de los elementos más característicos de su música: “La Iglesia me proporcionó muy pronto la experiencia de tocar en vivo, y me dio otra perspectiva de la música. Comprendí que estaba gobernada por otra persona. Que la música no te sirve a ti, sino que tú sirves a su espíritu.

Lo que vino después es más conocido: un joven Kamasi decide unirse a la Multi-School Jazz Band de Reggie Andrews (el proyecto de un profesor de secundaria que reclutaba talento afroamericano con el objetivo de alejar a los jóvenes de los peligros y tentaciones de la calle) donde conoció a Cameron Graves, Miles Mosley, Thundercat, Ryan Porter, Terrace Martin, Ronald Bruner, Jr. y hasta una treintena de músicos que hoy forman el colectivo West Coast Get Down que está revolucionando y dando vidilla a la movida jazzera underground de Los Ángeles y diferentes ciudades de Estados Unidos. A partir de entonces combinó una educación privilegiada con incursiones y colaboraciones en el mundillo del hip-hop y trabajos con algunos de los miembros del colectivo. 2015, ya se sabe, marcó un punto de inflexión en su carrera y en la Historia del jazz reciente con la publicación de “The Epic”, producto de unas maratonianas sesiones de grabación de la West Coast Get Down al completo de lo más fructíferas (de aquellas sesiones, además del álbum de marras, salió material para completar casi un decena de discos en solitario de varios de esos músicos). “The Epic” reventó cualquier expectativa y apareció reseñado en absolutamente todos los sitios, algo verdaderamente complicado para un álbum de jazz espiritual de casi tres horas de duración. De la noche a la mañana mucha gente descubrió que amaba el jazz –incluso los puretas pusieron en valor aquello– y Kamasi se convirtió en una estrella de jazz sin parangón en más de un cuarto de siglo.

The Epic” fue un trabajo inmenso, lleno de espíritu y músculo, de veneración y respeto por los grandes que compendiaba parte de la Historia de un género; todo ello con más de treinta músicos dejándose el alma el cada compás. Casi tres años después, tras el fichaje de Washington por Young Turks (FKA twigs, The xx, Sampha) y la publicación de un EP más que resultón titulado “Harmony of Difference”, Kamasi se enfrentaba al difícil reto de refrendar todo aquello que se dijo de él y comprobar qué tal funciona su música sin el factor sorpresa.

Fotografía: Promo (Sacks & Co.)

El Quentin Tarantino de la música negra

“Heaven and Earth” es un disco maravilloso con el que Kamasi vuelve a sorprendernos a través de un jazz capaz de sacarte a bailar, elevarte a una dimensión desconocida, ponerte de los nervios o sumirte en un estado de profunda meditación. Un ambicioso golpe de autoridad con el que el californiano se reivindica como uno de los artistas fundamentales de nuestro tiempo.

¿Que si lo ha logrado? Llevo ya consumidas bastantes líneas así que voy a ahorrarme la palabrería: Ya lo creo. “Heaven and Earth” es un disco maravilloso con el que Kamasi vuelve a sorprendernos a través de un jazz capaz de sacarte a bailar, elevarte a una dimensión desconocida, ponerte de los nervios o sumirte en un estado de profunda meditación. Un ambicioso golpe de autoridad con el que el californiano se reivindica como uno de los artistas fundamentales de nuestro tiempo. Pero la ambición que “Heaven and Earth” revela no se concreta en una actitud especialmente experimental o vanguardista. A grandes rasgos, este disco va a moverse por las mismas aguas que su sonado debut: la indagación espiritual y libertad compositiva de los Coltrane (John y Alice), la fusión a fuego lento propia del Miles Davis de los años setenta, la vehemencia e ímpetu de Pharoah Sanders, la alucinación cósmica de Sun Ra Arkestra, el nervio funk de James Brown, el free jazz colectivo y carnal de la Art Ensemble of Chicago o la acidez de Herbie Hancock. Suma y sigue para un artista que ha sabido hacer del reciclado de diferentes tradiciones y las líneas en común que traza entre cada una de ellas, su verdadera fuerza y valor creativo.

El reciclado de diferentes tradiciones y las líneas en común entre cada una de ellas como verdadera fuerza y valor creativo

La ambición que “Heaven and Earth” revela no se concreta en una actitud especialmente experimental o vanguardista. A grandes rasgos, este disco va a moverse por las mismas aguas que su sonado debut: la indagación espiritual y libertad compositiva de los Coltrane (John y Alice), la fusión a fuego lento propia del Miles Davis de los años setenta, la vehemencia e ímpetu de Pharoah Sanders, la alucinación cósmica de Sun Ra Arkestra, el nervio funk de James Brown, el free jazz colectivo y carnal de la Art Ensemble of Chicago o la acidez de Herbie Hancock.

¿En qué difiere “Heaven and Earth” de “The Epic”? Bien, aunque los mimbres sean muy parecidos, no puede decirse que Kamasi Washington haya calcado el movimiento que ejecutó en 2015. En el apartado musical, podemos adelantar que este LP va a re-enamorar a todos sus fans y a los curiosos que se acerquen a sus casi dos horas y media de duración. Kamasi ha dado un paso hacia delante, a su habitual jazz espiritual y multidisciplinar se añaden ramalazos de space jazz y una fusión aún más acentuada con múltiples elementos que enriquecen y abren todavía más su fórmula: psicodelia, funk, ritmos latinos, afrobeat, soul, hip-hop… En definitiva, puede que Kamasi no haya descubierto nada nuevo, pero, desde luego, sabe reinventar con buen criterio y personalidad diferentes sonidos para dar lugar a algo que, sin ser tremendamente original, resulta una obra totalmente nueva y viva. Al final, cuando la música acaba a uno le sobrecoge la emoción de haber estado escuchando algo elevado, hipnótico, pasional y verdadero; con eso debería ser más que suficiente. En lo conceptual, “Heaven and Earth”, como su nombre hace sospechar, está dividido en dos partes repartidas en cuatro vinilos en los que el saxofonista examina la dualidad entre el mundo terrenal y el espiritual. Esta división entre lo sacro y lo profano parece más bien encaminada a un análisis introspectivo:

El lado del álbum de ‘Earth’ representa el mundo como lo veo externamente, el mundo del que formo parte. El lado del álbum de ‘Heaven’ representa el mundo como lo veo introspectivamente, el mundo que es parte de mí. Quién soy y las elecciones que hago están en algún lugar intermedio.

Por su puesto, para la grabación del álbum Washington se ha visto rodeado de su banda The Next Step y de varios miembros del WCGD. A los habituales Thundercat, Terrace Martin, Ronald Bruner Jr, Cameron Graves, Brandon Coleman, Miles Mosley, Ryan Porter, Patrice Quinn y Tony Austin se unen aún más nombres e instrumentos (sobre todo teclados) que en las sesiones de “The Epic” dando como resultado un álbum todavía más épico y rico en sonoridades y texturas.

Fotografía: Durimel

Earth

¿En qué difiere “Heaven and Earth” de “The Epic”? Aunque los mimbres sean muy parecidos, no puede decirse que Kamasi Washington haya calcado el movimiento que ejecutó en 2015. Ha dado un paso hacia delante, a su habitual jazz espiritual y multidisciplinar se añaden ramalazos de space jazz y una fusión aún más acentuada con múltiples elementos que enriquecen y abren todavía más su fórmula: psicodelia, funk, ritmos latinos, afrobeat, soul, hip-hop… Puede que Kamasi no haya descubierto nada nuevo, pero, desde luego, sabe reinventar con buen criterio y personalidad diferentes sonidos para dar lugar a algo que, sin ser tremendamente original, resulta una obra totalmente nueva y viva.

“Earth” se abre con la majestuosidad y ritmo de “Fists of Fury”, un jazz-funk de estética gánster que es una revisita del tema de Joseph Koo & Ku Chia Hui para la homónima película de Bruce Lee de 1972. Además de la actuación coral y el carácter latino que le imprimen los bongos, destacan las voces de Dwight Trible y Patrice Quinn –el primero en modo pastor evangélico– para firmar una suerte de manifiesto del movimiento #BlackLivesMatter: “Our time as victims is over / We will no longer ask for justice / Instead, we will take our retribution. No obstante, las voces, si bien son un ingrediente fundamental y un estupendo recurso expresivo de la espiritualidad del jazz de Kamasi, la mayor parte del metraje del disco ocuparán un papel secundario, especialmente ante la actuación, a menudo desquiciada, de los instrumentos. Un buen ejemplo lo encontramos en “Can You Hear Him”, con ese enajenado solo en los teclados de Brandon Coleman y un coro al fondo manteniendo la tensión escatológica del tema.

Esto no quiere decir que los instrumentos discurran de manera poco cohesionada y sin rumbo alguno. Ya desde el primero de los discos Kamasi deja claro que su banda funciona como un todo y es capaz de conquistarnos tanto en aguas mansas como en medio del temporal. Ahí está la muy funkie “Hub-Tones” para demostrarlo. Se trata de un cover del famoso trompetista de hard-bop Freddie Hubbard que arranca de manera ligera y vaporosa para acabar perdiéndose en la furia de una percusión explosiva y un saxo maníaco y zigzagueante. Esto será jazz espiritual, pero Kamasi demuestra que, cuando quiere, también sabe hacer que pierdas el control. Al fin y al cabo, si en algún sitio tienen que hacer acto de presencia el desenfreno y los vicios de la carne, debe ser en la Tierra.

En lo conceptual, “Heaven and Earth”, como su nombre hace sospechar, está dividido en dos partes repartidas en cuatro vinilos en los que el saxofonista examina la dualidad entre el mundo terrenal y el espiritual. Esta división entre lo sacro y lo profano parece más bien encaminada a un análisis introspectivo

Connections” cambia de tercio premiándonos con una suave brisa de smooth jazz que nos recuerda al George Duke de los setenta, especialmente gracias al keytar de Brandon Coleman. También particularmente mansas se presentarán la elegante “Tiffakonkae y el soul-jazz de “Testify”, de nuevo con Patrice Quinn de protagonista, como una auténtica diosa, mandando un mensaje de amor al mundo: “Because of love, just love, all that we need is within”.

Pero como aquí abajo la mayoría de las veces lo que prima es el caos, Washington no va a cerrar “Earth” sin aportar unas pocas muestras del mismo. Por ejemplo, en la intro free-jazz de la magnífica “The Invincible Youth” un poco a lo Coltrane en “Ascension” (1966), aunque finalmente del caos brotará una cautivadora melodía de trompa y piano que Thundercat propulsa desde su bajo. Sin embargo, la contundencia expresiva y la energía a raudales no tienen por qué traer consigo el desorden, y así lo demuestra Kamasi cuando se adentra con su banda en compases de mayor complejidad técnica en la potente “One of One”.

Heaven

“Heaven” va a brindarnos el lado celestial del jazz de Kamasi. Quizá se trate del disco más arriesgado de los dos donde, además del jazz espiritual, jazz-fusion y las influencias post-bop que el de Los Ángeles siempre arrastra consigo, resaltan elementos del space jazz de Sun Ra y el Third Stream a los que el compositor recurre para evocar ese mundo interior.

Es fácil aventurar que “Heaven” va a brindarnos el lado celestial del jazz de Kamasi. Quizá se trate del disco más arriesgado de los dos donde, además del jazz espiritual, jazz-fusion y las influencias post-bop que el de Los Ángeles siempre arrastra consigo, resaltan elementos del space jazz de Sun Ra y el Third Stream a los que el compositor recurre para evocar ese mundo interior espiritual al que él mismo hace referencia. Desde la temprana y cósmica “The Space Travellers Lullaby” destacan las dotes de Kamasi Washington como compositor y arreglista, algo que no es en absoluto una sorpresa (¿os suena un disco llamado “To Pimp a Butterfly”?). Se trata, en palabras de su autor, de un homenaje a todos aquellos que sueñan despiertos, un triunfo colectivo que progresa por compases ensoñadores para acabar muriendo en un desnudo solo de saxo reverberando en el más allá.

Con “Vi Lua Vi Sol” recupera la fusión de sabor latino, a lo Chick Corea, sin perder el enfoque celestial sobre todo gracias a un vocoder que consigue elevar la belleza de la canción y dotar a la voz de Quinn de un aspecto galáctico y futurista, aunque seductor después de todo. Tampoco podemos pasar por alto el solo de trombón de Ryan Porter (quien, por cierto, acaba de debutar en solitario este mismo año) en plena batalla con el saxofón de Kamasi.

El resultado es un álbum que llega, incluso, a mejorar por momentos a su predecesor, pues resulta algo menos denso que aquel pudiendo recorrerse las casi dos horas y media de “Heaven and Earth” con inusitada facilidad. En cualquier caso, debemos celebrar que, paso a paso, Kamasi está confeccionando una discografía de lo más convincente a base de discos con los que echar toda una tarde.

Street Fighter Mas” supone uno de los momentos más destacados y refrescantes de todo el álbum. Una buena inyección de hip-hop y G-funk en la que el sexy saxofón de Kamasi resulta estupendamente acompañado por el grasiento bajo de Thundercat, los sintes de Cameron Graves, unos cuantos beats electrónicos y la percusión de la sociedad Austin-Bruner, ya sea en modo funk o polirrítmico. El dúo baterista vuelve a cuajar una fantástica actuación en “Song for the Fallen”, acaso el tema más brillante de todo el trabajo. Otra pieza de jazz-fusion que, además de exhibir la opulencia a de siempre, se tiñe de una laberíntica complejidad. Desde sus asientos, Austin y Bruner, junto a sus compañeros de percusión Peete y Cummings, encienden un fuego que irán avivando o sofocando a placer, llevando tras de sí al coro y el resto de instrumentos. La canción irá consumiendo minutos de manera absolutamente sublime y deliciosa, estirándose hasta el infinito, como si realmente ninguno de los allí presentes tuviera ninguna prisa por extinguir el mencionado fuego.

Y, aunque es Kamasi quien merece llevarse los aplausos por su manera de componer, arreglar e interpretar, el de Los Ángeles es un tipo listo y sabe cuándo dar un paso a un lado y dejar la principal responsabilidad a grandes músicos. Lo ha hecho varias veces a lo largo del LP, pero es especialmente destacable cuando decide quedarse un poco entre las sombras para dejar que Patrice Quinn dé rienda suelta a su voz de diva del soul, como vuelve a suceder en “Journey”, con ese “hallelujah que vuelve a remitirnos a la espiritualidad cristiana. Y, si tienes tanto talento entre tus amigos, ¿por qué no pedirles prestadas una de sus composiciones? Esto sucede en ese híbrido entre el funk y el free-jazz que es “The Psalmnist”, compuesto por el ya mentado Ryan Porter.

Viniendo de un género a menudo tan elitista como el jazz, Kamasi Washington está consiguiendo el éxito comercial y el respeto unánime de crítica y público –tanto de nuevos aficionados como de viejos amantes del jazz– con una música que resulta mucho más entretenida que sesuda. Porque al final se trata de eso, Kamasi pasa de etiquetas y simplemente hace lo que siente.

El capítulo más espiritual del álbum va tocando a su fin recurriendo a la estética y sonoridad de un góspel libérrimo y de lo más majestuoso en “Show Us The Way”: “Oh Lord, oh Lord / Dear Lord, show us the way”Recuperado del éxtasis al que le condujo su plegaria al Señor, Kamasi, cual predicador afroamericano, vuelve la cara y se dirige al pueblo con “Will You Sing” reuniendo a toda la banda y su coro celestial para terminar por todo lo alto y dar por concluida esta experiencia religiosa.

¿Es el jazz espiritual música pop? Ahora sí. Con esta sentenciosa declaración empezaba The Guardian su crítica sobre este disco. Lo cierto es que a mí me importa poco que la particular situación de Kamasi responda a un golpe de suerte mediático o a una moda pasajera. Si así es, ¡bendita moda! En “Heaven and Earth” el músico jazz más relevante de los últimos años deja claro que lo que vimos en “The Epic” no fue flor de un día entregándonos un disco doble excepcional, consolidando ese estilo propio y ecléctico que inauguró en “The Epic” con pequeñas dosis de ambición añadidas. El resultado es un álbum que llega, incluso, a mejorar por momentos a su predecesor, pues resulta algo menos denso que aquel pudiendo recorrerse las casi dos horas y media de “Heaven and Earth” con inusitada facilidad. En cualquier caso, debemos celebrar que, paso a paso, Kamasi está confeccionando una discografía de lo más convincente a base de discos con los que echar toda una tarde. Y lo mejor es que, viniendo de un género a menudo tan elitista como el jazz, Kamasi Washington está consiguiendo el éxito comercial y el respeto unánime de crítica y público –tanto de nuevos aficionados como de viejos amantes del jazz– con una música que resulta mucho más entretenida que sesuda. Porque al final se trata de eso, Kamasi pasa de etiquetas y estoy seguro de que no le podría importar menos todo esto que acabo de escribir, él simplemente hace lo que siente:

La música es una sola cosa, hay géneros, palabras que la describen, pero las palabras deben servir a la música, no al revés. No me interesan las consideraciones sobre si el jazz tiene que tener esto o esto otro. Si encuentras una palabra que la defina, bien; si no, también. Yo sólo hago la música que siento.

Kamasi Washington – Heaven and Earth

9.2

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“Heaven and Earth” es el título del segundo LP de Kamasi Washington. Tres años después de su aclamado “The Epic”, el californiano vuelve a rodearse de sus colaboradores de siempre y demuestra estar a la altura de su leyenda con más de dos horas de un jazz espiritual, apacible, orgiástico, subyugante y embriagador.

Up

  • La ambición sigue intacta.
  • El concepto funciona, no hace falta que nadie te diga qué disco es la Tierra y cuál es el Cielo.
  • ¡Esta vivo! Kamasi revitaliza el jazz dejando su impronta en multitud de registros.
  • Sin acometer ninguna revolución en el género, Kamasi sigue utilizando su saxo, su cerebro y su corazón como una Thermomix que pica, corta bate, calienta, mezcla y funde diversidad de tradiciones y sonidos.

Down

  • Te lo vas a pensar dos veces antes de pulsar el replay.