Que Mark Oliver Everett siga sacando jugo a esa cabeza suya a estas alturas del partido debería ser motivo de celebración. Dicen que quien ha transitado por lindes fangosas suele desfilar con elegancia sobre la moqueta, y el amigo E lleva años transformando las oleadas de mierda que le envía la vida en belleza y esperanza para disfrute de su público, reducido pero fiel como ninguno.

Autor de una discografía notable tanto en solitario como con EELS desde aquel “Beautiful Freak” de 1996, su acervo musical cobra más sentido aún si cabe al complementarlo con su gran obra maestra, “Cosas que los nietos deberían saber”, libro autobiográfico donde nos dibuja un pasado con demasiadas sombras, pero donde siempre supo encontrar resquicios de luz.

Y es que la mayor característica en la música del polifacético autor no reside tanto en su sonido, sino en la forma de contar las cosas y la combinación de sentimientos que se desprenden al integrar palabras y acordes en una única narración. Es muy difícil encasillar a EELS en un género concreto debido a su eclético repertorio, pero bien podría ajustarse a su música la etiqueta de ‘americana’, influenciada por los efluvios de Neil Young que Mark absorbió durante la adolescencia y que ahora hace inevitable compararles con artistas como Micah P. Hinson o Josh Rouse.

Fin a cuatro años de silencio

“The Deconstruction” vuelve a la senda de álbumes como “Blinking Lights and Other Revelations” (2005) o “Electro-Shock Blues” (1998), abordando la reflexión vital con esa ‘triste alegría’ o ‘alegre tristeza’ que porta como blasón personal. Savia nueva que recuerda a trabajos anteriores, con una estructura pura marca de la casa: temas lentos fraguados con arpegios de guitarra y sintetizadores suaves y envolventes, equilibrados por las clásicas incursiones de Everett en sonidos pop y varios interludios instrumentales.

En esta tesitura podríamos incluir “The Deconstruction”, su duodécimo álbum de estudio; savia nueva que recuerda a trabajos anteriores, y precisamente por eso hay que aplaudirlo. Cuando una fórmula funciona no hay por qué cambiarla, es una decisión que ha hecho patinar la carrera de miles de artistas. El coqueteo con sonidos más crudos ha dado resultado con EELS siempre en pequeñas dosis, ejerciendo de oasis en discos introspectivos y no acaparando la estética general de un álbum, donde la calidad global se resiente, como pasó en “Souljacker” (2001) o “Shootenanny!” (2003).

“The Deconstruction” vuelve a la senda de álbumes como “Blinking Lights and Other Revelations” (2005) o “Electro-Shock Blues” (1998), abordando la reflexión vital con esa ‘triste alegría’ o ‘alegre tristeza’ que porta como blasón personal. La nota de prensa, redactada por el propio Mark, nos advertía de que no íbamos a encontrar nada nuevo, salvo, si acaso, un empujón para seguir buscando belleza en lugares o personas que hasta ahora habíamos pasado por alto. De eso trata principalmente este trabajo, de asumir las circunstancias de cada uno, pues la felicidad depende en gran medida de la actitud frente a los problemas y no tanto de su volumen y dimensión.

La estructura del álbum es pura marca de la casa: una selección de temas que aborda el trabajo introspectivo del autor con un cariz mayormente nostálgico y evocador, recurriendo para ello a temas lentos fraguados con arpegios de guitarra y sintetizadores suaves y envolventes, equilibrados por las clásicas incursiones de Everett en sonidos pop y varios interludios instrumentales.

Fotografía: Press

Un nuevo viaje al interior del peculiar universo de Everett

La nota de prensa, redactada por el propio Mark, nos advertía de que no íbamos a encontrar nada nuevo, salvo, si acaso, un empujón para seguir buscando belleza en lugares o personas que hasta ahora habíamos pasado por alto. De eso trata principalmente este trabajo, de asumir las circunstancias de cada uno, pues la felicidad depende en gran medida de la actitud frente a los problemas y no tanto de su volumen y dimensión.

El disco abre con dos de los cuatro singles, “The Deconstruction” y “Bone Dry”, que precisamente son los que más recuerdan en su sonido a canciones de los primeros trabajos como “Your Lucky Day in Hell” o “Flyswatter, respectivamente. Buscando ganarse al oyente con melodías pegadizas, este binomio sirve para introducirnos en la problemática: estoy jodido, las reminiscencias del pasado me siguen atormentando y me han dejado seco pero saldré adelante, le daré la vuelta a esto. Tras el plato inicial, la primera transición instrumental, “The Quandary”, da paso a “Premonition”, “Rusty Pipes” y “The Epiphany”, temas que reflejan mejor el discurso actual de Everett y que suenan en clave onírica. En “Premonition” se condensa el sentir principal, la certeza de que el mundo seguirá girando a pesar de nuestros males, y que está en nuestra mano aprovechar la circunstancia de estar vivos y poder transitar por él. “Rusty Pipes” es una marcha militar edulcorada mediante ecos y coros celestiales, que fluye con un riff de bajo e invita a rebelarse ante las inercias sociales, a menudo tan poco apetecibles como encandiladoras.

Seguimos avanzando, y tras la carta leída que es “The Epiphany” nos vemos sacudidos por “Today is the Day”, una auténtica inyección de adrenalina que parece emular al himno “Hey Man (Now You’re Really Living)” y que realmente da luz a todo el álbum. Tras cargar las pilas nos encontramos con “Sweet Scorched Earth”, que nos recibe con una inquietante y enigmática introducción con desembocadura en una balada romántica, y que a su vez se enlaza con “Coming Back”, segundo interludio del disco. “Be Hurt” amplía la lista de canciones de auto ayuda, en este caso refiriéndose a un tercero y en forma de blues. Y justo cuando pensábamos que se habían acabado las sorpresas aparece “You Are The Shinning Light”, agitando de nuevo nuestras cabezas aunando la potencia de “Bone Dry” con el positivismo de “Today is the Day” y logrando que olvidemos cualquier mal pensamiento.

Reflexiones vestidas con acordes

Pese a no ser un disco que innove demasiado ni aporte mucha variedad en su repertorio, “The Deconstruction” tiene un tracklist bien distribuido y una duración que lo hace ameno en su escucha completa, aportando a su vez varios temas que añadir a la lista de grandes éxitos de la banda.

El disco se acerca a su fin de forma ceremonial y ascética. “There I Said It” es, probablemente el tema más bello y personal del álbum. En su brevedad y simpleza radica precisamente la calidad de esta delicada y, digamos poco ortodoxa, declaración de amor. El disco se despide con “Archie Goodnight”, una nana prácticamente a capela de unos segundos de duración y con la instrumental  “The Unanswerable”, penúltimo corte del disco que conecta directamente con “The Quandary”, formando un leitmotiv, tan del gusto de Everett, y dando así más empaque si cabe al álbum. El broche a “The Deconstruction” lo pone “In Our Cathedral”, canción destacada por el propio Everett en el comunicado de presentación, que versa sobre la necesidad de enclaustrarnos y ahondar en nuestro interior cuando las cosas se tuercen, y que sirve y servirá desde ahora como refugio al que acudir en los peores momentos.

Pese a no ser un disco que innove demasiado ni aporte mucha variedad en su repertorio, que un artista reconocido saque material nuevo tras cuatro años de silencio siempre es una buena noticia. “The Deconstruction” es un álbum marca de la casa, con un tracklist bien distribuido y una duración que lo hace ameno en su escucha completa, aportando a su vez varios temas que añadir a la lista de grandes éxitos de la banda. En mi opinión no llega al nivel de obras maestras como “Blinking Lights and Other Revelations”, “Hombre Lobo” (2009) o “Beautiful Freak”, pero sí rescata sonidos de todos esos trabajos pasados y contribuye a que EELS sigan en la brecha, y nosotros disfrutemos con ellos.

EELS – The Deconstruction

6.8

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Exceptuando algún patinazo ocasional, los discos firmados por Everett acostumbran a llevarnos de la mano a través de un conducto de sentimientos que calan hasta los huesos e inevitablemente hacen ahondar en los de quien los escucha. Este nuevo trabajo ha vuelto a abrir una puerta hacia un viaje de rencuentro con ese espejo al que a menudo nos cuesta mirar, pero al que conviene echar un vistazo de vez en cuando.

Up

  • Puro sonido EELS. La gente encontrará lo que busca de ellos.
  • Duración adecuada para un disco introspectivo, no sobra ni falta nada.
  • Equilibrio perfecto entre temas sosegados y de ritmo alto.

Down

  • La sucesión de algunas canciones demasiado lentas puede hacer que el oyente desconecte.
  • El leitmotiv instrumental del disco se antoja un poco escueto, pues sólo aparece en dos temas, y bastante separados entre sí.