Fotografía: Download Festival Madrid

Lo de organizar nuestros veranos en base a qué festivales queremos ir ya se ha convertido en un tópico para muchos de nosotros. Desde que salen las primeras confirmaciones con seis o siete meses de antelación buscamos desesperadamente cuadrar fechas y ahorros. Esto nos lleva a hacer bastantes sacrificios, porque, sinceramente, la calidad de los carteles de estos últimos años está siendo espectacular y, por desgracia, son pocos los que pueden permitirse ir a todos los que quieren. Pero al final tomamos la decisión de acudir a una de nuestras opciones y, con las típicas dudas de saber si habremos escogido bien, nos dejamos llevar por la intensa experiencia que suponen estos acontecimientos.

En este caso nuestro destino fue la Caja Mágica en Madrid, donde disfrutamos de la segunda edición del Download Festival en España, evento con la oferta idónea para los adeptos de géneros algo más cañeros. Un movimiento interesante, que sirve de alternativa –o acompañamiento– al Resurrection Fest y que se ha convertido en otro templo para el metal y el rock duro. Este año la propuesta ha sido algo más clásica respecto a cabezas en comparación con la de 2017, apostando por sensaciones añejas en la cúspide pero dejando espacio para una variada ramificación de grupos con un nivel musical altísimo tanto del panorama nacional como internacional. Es por eso que, aunque haya habido algunos problemas de organización, los directos de los diferentes artistas y bandas se han grabado en nuestra retina y oídos, haciendo que nos lo pasáramos como auténticos niños durante las tres jornadas del festival.

La propuesta ha sido algo más clásica respecto a cabezas en comparación con la de 2017, apostando por sensaciones añejas en la cúspide pero dejando espacio para una variada ramificación de grupos con un nivel musical altísimo tanto del panorama nacional como internacional.

Esto sirve –un poco– como reivindicación. Necesitamos y pedimos que haya espacios en los que estos géneros musicales tengan cabida. Porque queda claro que es una oportunidad casi única para traer bandas que de otro modo sería muy difícil ver por aquí. En ese sentido, sólo podemos alabar la labor que ha hecho la organización de conformar una mirada heterogénea y para todos los gustos, con pequeñas gemas que no veíamos en nuestro país desde hace mucho y otras que nunca se habían pasado por aquí.

Pero no todo fue para tirar cohetes. Como siempre, hubo cosas buenas y otras no tan buenas, como hemos mencionado a nivel organizativo, sobre todo en lo que respecta a las entradas al recinto (con los correspondientes retrasos que hicieron que nos perdiéramos algunas actuaciones), los nauseabundos olores que contaminaban el ambiente de cuando en cuando, el sonido de los escenarios más pequeños –bastante mejorable– y el concierto de alguna que otra banda (Guns, ejem). Pero bien, dispongámonos a comentar nuestros momentos favoritos:

Sacados de un libro sobre magia pagana: Myrkur

Empezamos con uno de los grupos más ambiciosos del line-up de este año. Con su black metal que se sumerge en el folk danés, el cuarteto demostró con profesionalidad que hay hueco más que de sobra para la diversidad. Aunque coincidían con Rise Against, nosotros optamos por acudir a toda prisa al escenario 3 con el fin de presenciar una demostración sobrenatural. Nada más lejos de la realidad: su puesta en escena y su música del más allá nos transportaron a otro tiempo y lugar, donde las hadas y las brujas todavía corrían por lo más profundo del bosque. El contraste entre la violencia del metal extremo con la delicadeza del timbre de la vocalista Amalie Bruun se manifestaba también sobre el escenario: ella aparecía toda de blanco y con una corona de flores, las mismas que también brotaban de su micrófono, mientras el resto de miembros iban ataviados de un negro profundo que los hacía parecer sombras demoníacas.

El juego de elementos opuestos es uno de los mayores alicientes para escucharlos, pero si encima lo ofrecen con disciplina en los directos te dejan una sensación mágica. El extraño sueño gótico fluyó con potencia durante los cuarenta y cinco minutos que duró el set, entre los que hubo agradecimientos sinceros al público por parte de la banda. Es cierto que el sonido no fue del todo claro (más si encima llevas muchos efectos de eco en la voz y las guitarras, un inconveniente que se repitió en casi todas las actuaciones de los escenarios 3 y 4), pero al final se nos fue olvidando por el cuidado que estaban teniendo durante su show. La noche se cernió sobre nosotros y con ella también la ‘versión’ del tema folklórico “Villemann og Magnhild” interpretada únicamente por Bruun y su tambor de guerra. En ese momento supimos que no íbamos a volver de aquellas lejanas tierras.

Fotografía: Download Festival Madrid

Los más profesionales: Judas Priest

Si de algo pueden presumir los Judas Priest es de ser unos de los progenitores del heavy metal, y más concretamente de la estética de cuero y tachas que ya nos resulta tan natural como el aire que respiramos. Pero, ¿quién iba a decir que tras casi cincuenta años de carrera seguirían electrizándonos igual de bien con sus formidables shows? Porque al César lo que es del César. Los de Birmingham estuvieron en su salsa aunque el cansancio del último día era notable y todavía hacía bastante calor cuando empezaron. El quinteto fue capaz de excitar y mantener a un público enorme que coreaba con fiereza cada palabra que brotaba de la boca del vocalista Rob Halford. Porque el espectáculo fue demencial, el sonido contundente y la acogida que tuvieron estos veteranos del género dio más cuerda a su ya de por sí adrenalínica función.

Los mejores mosh-pits los vivimos en Underoath

Recién reunidos, Underoath pisaron por primera vez nuestras tierras. La música tan cañera y cargada de florituras de los de Florida se sentía algo turbia en el escenario 3, pero no por ello dejamos de disfrutar. Con su nuevo trabajo de estudio “Erase Me” recién salido del horno, el sexteto eligió la misma paleta de colores del disco (verde fluorescente y negro) para dar la cara. De esta forma, los instrumentos –desde las guitarras hasta los teclados y los pads de Timothy McTague– resplandecieron con verde intenso, mientras que ellos mismos fueron uniformados totalmente de negro. Un set bastante breve quiso satisfacer a todo tipo de fans, con el foco puesto en el último disco pero también con espacio para sus temas más conocidos (una parada obvia que ellos recalcaron al ser la primera vez que tocaban aquí).

Underoath supieron ofrecer un concierto extenuante en el que los pogos fueron constantes, sin un momento de descanso ni para el grupo ni para los que estuvimos allí presentes. El vocalista, Spencer Chamberlain, se encargó en todo momento de que el show funcionara y consiguió contagiarnos el ánimo y la energía del grupo.

El post-hardcore nacional de Catorce

La toma de contacto con el festival el jueves 29 de junio se produjo con este trío sevillano a las 18:30, hora a la que por fin pudimos entrar tras la desmedida falta de organización en la apertura de puertas y las colas. Catorce recogieron el testigo de Altair, a quienes lamentablemente no llegamos a ver, en el escenario 4. El power trio fue sin tapujos a darnos una buena ración de hardcore con tintes de emo noventero. El bajo y la batería sonaron algo altos comiéndose un poco a la voz y las guitarras, pero con las ganas que derrocharon el directo funcionó perfectamente para que nos fuéramos preparando para toda la buena música que disfrutaríamos después. Casi perdemos la voz en “Einstein-Rosen” y eso es buena señal.

Fotografía: Download Festival Madrid

También hay espacio para el progresivo: Baroness

Después del jarro de agua fría que supuso el retraso y consecuente recorte en el concierto de A Perfect Circle el primer día, nuestra esperanza de ver y escuchar a Baroness aumentaron exponencialmente. Es verdad que podemos hablar de ambas como si se sirvieran del mismo metal progresivo, pero Baroness tienen un acercamiento mucho más desértico y sludge que nos lleva por derroteros donde mover el cuello es una prioridad. El cuarteto se defendió con elegancia en el escenario principal a unas horas que jugaban bastante en contra. Sonriendo sin parar y disfrutando del calor humano que recibieron, realizaron buenos alardes rítmicos y sonoros durante las nueve composiciones que llegaron a tocar. La rica complejidad que recorre su música brindó prismas para todo tipo de gente, desde los más metaleros hasta los que sentimos predilección por la contención y el desarrollo de largas partes instrumentales. ¡Ah! Un aplauso para la guitarrista Gina Gleason, que sobresalió tanto en técnica como en talante.

Nadie puede con Parkway Drive

La madrugada del viernes se transformó rápidamente en el explosivo cóctel que necesitábamos tras las tres largas horas en las que Guns N’ Roses se apropiaron del evento. Parkway Drive llegaron para poner todo patas arriba con su ‘hardcore hollywoodense’ en el que hay un claro componente de rock de estadio, pero enraizado en un atronador molotov de riffs y breakdowns que supuso un drástico giro para bien en comparación con Axl y compañía. Absolutamente desatados y con Winston McCall proclamándose como uno de los mejores frontman (si no el mejor) de toda esta edición, los australianos dieron exactamente lo que el público más joven estaba pidiendo.

Parkway Drive llegaron para poner todo patas arriba con su ‘hardcore hollywoodense’ en el que hay un claro componente de rock de estadio, pero enraizado en un atronador molotov de riffs y breakdowns que supuso un drástico giro para bien en comparación con Axl y compañía.

Parece que los engranajes empiezan a moverse y se intuye un halo de esperanza con la entrada de bandas jóvenes como cabezas de los festivales. A decir verdad y aunque su género no es de mi agrado, la potencia y profesionalidad con la que abordan el espectáculo confirma que serán considerados un clásico del rock de aquí a unos años. Probablemente los grandes triunfadores de la jornada del viernes. De verdad, cómo sonó “Crushed”…

La diversión hecha punk-rock: Pennywise

La actuación de estos gigantes del sonido ‘patineta’ se consolidó como uno de los mejores momentos del jueves. La oscuridad y la lluvia refrescaron la experiencia tras un día sofocante pateándonos el recinto, pero los californianos no se andaron con chiquilladas y en cuanto salieron se apoderaron con decisión del ambiente (y nosotros los seguimos hasta la última nota que tocaron). A pesar de que su concierto tuvo lugar también en el escenario 3 el sonido fue claro y vibrante, destacando los juegos de armonías que hacía el guitarrista Fletcher Dragge (los que mejor sonaron en ese escenario de todos los que vimos). Las canciones vibraron fuertemente en nuestro cerebro y consiguieron que moviésemos el esqueleto involuntariamente. El cuarteto también nos dejó escoger entre una versión de los Ramones o de los Beastie Boys, además de la del “Stand By Me” de Ben E. King. Al final “(You Gotta) Fight for Your Right (To Party)” ganó por goleada y sonó a doble tiempo bajo la luz de la Luna. Pero aunque su actitud fue jovial y alegre, también hubo tiempo para recordar al recientemente fallecido Steve Soto, bajista de los míticos Adolescents a quien dedicaron varios temas, incluido su hit masivo “Bro Hymn”. Un momento muy emotivo que se va a quedar con nosotros para siempre y otra confirmación de por qué son de los grupos más respetados y queridos dentro de su escena.

Fotografía: Download Festival Madrid

La belleza de la música: Thrice

Como no podía ser de otra forma, Thrice reventaron todo en el poco tiempo que tuvieron en la la segunda jornada. Ya de por sí su música se aleja un poco de la vertiente principal que llevaba este año el Download, a excepción de dos o tres grupos, pero era más que necesario ofrecer estos desvíos para enriquecer el producto final. Pese a que la luz del Sol les dio de lleno en la cara  (la verdad es que la hora fue un incordio para el nivel que se gastan) y del lógico agotamiento al ser la última fecha de su gira, los californianos nos regalaron una de esas experiencias que se incrustan en los vasos sanguíneos y nos hacen flotar.

Thrice tienen uno de los directos más claros, pulidos y controlados que vimos en todo el festival. Todos los instrumentos sonaron donde tenían que sonar y contraatacaron de forma desgarradora pero a la vez liviana, una característica que serpentea por todas sus canciones.

Con una discografía extensa y de calidad como la suya la tarea de confeccionar el setlist tuvo que ser un auténtico quebradero de cabeza, pero ellos no defraudan y desde su salto al mainstream con “The Artist in the Ambulance” (2003) hasta su aclamado disco de reunión, “To Be Everywhere Is to Be Nowhere” (2016), fueron dándonos pequeños esbozos de su apasionante carrera. Hubo tiempo hasta para presentar su nuevo single, “The Grey”, del disco que lanzarán a finales de este año con Epitaph. En cuanto a las sensaciones sonoras sólo podemos dejar claro que Thrice tienen uno de los directos más claros, pulidos y controlados que vimos en todo el festival. Todos los instrumentos sonaron donde tenían que sonar y contraatacaron de forma desgarradora pero a la vez liviana, una característica que serpentea por todas sus canciones.

La leyenda de Ozzy Osbourne

A decir verdad veníamos con algo de miedo por ver lo que nos encontrábamos el sábado con el padrino del heavy metal. Pero seamos sinceros: el concierto de Ozzy fue brutal. No exageramos cuando decimos que todos los elementos estuvieron en sincronía, con un Ozzy espontáneo y muy correcto vocalmente, unos decorados y vídeos muy trabajados que ahondaban en la vida del músico británico desde su juventud hasta toda la parafernalia del ‘príncipe de las tinieblas’ y una banda de músicos para chuparse los dedos. Hasta el propio Zakk Wylde cogió un poco de protagonismo en alguno de sus míticos solos. Osbourne y su banda dedicó espacio a temas de toda su discografía, incluyendo alguno de Black Sabbath, un detalle que nos llevó a la locura. Esperamos que vuelva por aquí (aunque ya ha dicho que esta era su última gira mundial) y podamos verlo con las pilas bien cargadas. Un perfecto cierre para estos tres días apasionantes del  Download Festival Madrid 2018.

Fotografía: Download Festival Madrid