Noel Gallagher dijo en una entrevista hace tiempo algo así como que la gente no valora lo que cuesta hacer canciones positivas y felices. Así, aseguró que cualquiera puede poner las noticias y componer una canción triste porque el mundo está lleno de desgracias, pero tener la fuerza de voluntad suficiente para crear algo esperanzador es mucho más complicado. No voy a opinar sobre el trabajo de Noel Gallagher (al menos en esta ocasión porque no toca), pero sí sobre eso que dijo en su momento, ya que creo que tiene parte de razón. A estas alturas existen estudios confirmando que la música pop se ha vuelto más triste con el paso del tiempo. Esto evidentemente no es simple casualidad y las causas pueden ser muy diversas, pero probablemente se podrían resumir en el avance del capitalismo y el crecimiento en el acceso a la información.

Actualmente tenemos mayor conciencia y sobreexposición, ya sea de manera consciente o inconsciente. Y eso influye en el arte. No hay más que observar la cantidad de discos anti-Trump que han salido en estos dos últimos años. En un contexto así las variables que se me ocurren para ser capaz de crear contenido alegre y esperanzador son tres: ser un completo ignorante (ya sea de forma voluntaria o involuntaria), tener la suerte de no haber vivido grandes penurias (lo cual está relacionado en cierto modo con lo anterior) o tener la fuerza de voluntad suficiente como para anteponernos a nuestros demonios internos y dejarlos a un lado (al menos durante un tiempo). Creo que es en esta última variable donde mejor encaja “High as Hope”, el último trabajo de Florence + The Machine.

El derecho a darse un descanso y celebrar la vida

“High as Hope” es un disco que, sin dejar atrás el dolor, trata de aferrarse a la esperanza. Un trabajo que no busca tanto lamentarse, sino que está compuesto únicamente con la intención de disfrutar de la música.

Florence Welch siempre ha sido una de esas personas que ha lidiado con el dolor a través de su música. Es interesante ver cómo ésta ha ido evolucionando a la vez que su visión de la vida y entender cómo las cosas han ido cambiando. Tras aquel debut “Lungs” (2009) que sirvió como carta de presentación, la londinense se adentró en un álbum mucho más oscuro como lo fue “Ceremonials” (2011), el cual hablaba sobre la muerte y escapar bien lejos para no tener que vérselas cara a cara con el mundo real. Cuatro años después y tras una crisis provocada por el estrés de la gira y el trabajo llegó un disco que rompió con esa visión para ofrecer una cara totalmente nueva. “How Big, How Blue, How Beautiful” (2015) es un disco más personal y directo que significó dejar de huir, afrontando la vida y todo lo que estuviera por llegar. Desde esa perspectiva, “High as Hope” parece la cumbre de su carrera, un disco que, sin dejar atrás el dolor, trata de aferrarse a la esperanza. Es un trabajo que no busca tanto lamentarse, sino que está compuesto únicamente con la intención de disfrutar de la música. Tal y como ha dicho la propia Florence: “High as Hope” es como “Lungs” pero con diez años más de experiencia.

Pero eso no es lo único que ha cambiado a lo largo de la carrera de la artista británica. Su sonido también ha ido evolucionando, alejándose del barroquismo de sus primeros trabajos para abrazar una vertiente mucho menos recargada, menos celestial, y más espiritual y cercana. Esta senda ya se abrió en su anterior LP, el cual exploró otras vertientes como el folk y el góspel con una instrumentación que también incluyó una mayor presencia de guitarras eléctricas, acercándose a veces a grupos y artistas como Fleetwood Mac o Patti Smith. En ese sentido, “High as Hope” parece una evolución natural, una continuación lógica de lo que Florence ha ido ofreciendo a lo largo de su carrera.

“High as Hope” está producido por Emile Haynie (“Recovery” de Eminem, “Born To Die” de Lana Del Rey) junto a –por primera vez– la propia Florence Welch, buscando nuevamente ese carácter más personal e intimista con una instrumentación mucho más minimalista que la que ofreció en “Ceremonials” a pesar de seguir contando con una infinidad de músicos y colaboraciones.

Fotografía: Vincent Haycock

“Lungs” pero con diez años más de experiencia

Su sonido también ha ido evolucionando, alejándose del barroquismo de sus primeros trabajos para abrazar una vertiente mucho menos recargada, menos celestial, y más espiritual y cercana. Mientras, las letras exploran la soledad que Florence siente al ser una artista sin tiempo para formar una familia, el deseo de tener a alguien que la mantenga con los pies en el suelo y a la vez no querer atarse y seguir teniendo esa sensación de elevarse por encima de todo al cantar.

El disco no comienza nada mal. Esa instrumentación más sencilla acrecienta el toque espiritual y evita saturar al oyente como podía pasar a veces con sus primeros trabajos. “June” encaja perfectamente como introducción, con ese “Hold on to each other que hace referencia a permanecer juntos en tiempos difíciles, estableciendo la tónica del álbum. A continuación llega el que para mí es el mejor tramo del disco: “Hunger”, “South London Forever”, “Big God” y “Sky Full of Song”. Estas cuatro piezas tienen un desarrollo similar, marcando el ritmo más con las cuerdas que con la percusión y añadiendo instrumentación progresivamente, en esta ocasión más vientos y piano que guitarras y con estribillos tan potentes como acostumbra Florence (pero sin llegar a explotar tanto como solía hacer). Todo resulta más comedido y tiene cierto toque más íntimo y espiritual, con muchos coros que del mismo modo sacan a relucir ese pop-góspel que tan bien maneja, creando a veces tensiones muy interesantes y en otras ocasiones dejándose llevar por el júbilo. Las letras exploran la soledad que Florence siente al ser una artista sin tiempo para formar una familia, el deseo de tener a alguien que la mantenga con los pies en el suelo y a la vez no querer atarse y seguir teniendo esa sensación de elevarse por encima de todo al cantar, pero con un carácter menos melancólico que otras veces, como si mencionándolas expresase que no importan y que ya las ha aceptado.

¿Hemos llegado ya al clímax?

La segunda mitad está un poco descompensada en comparación con la primera y, a veces, centrarse en no sobrecargar los temas acaba perjudicando el resultado. A pesar de todo, “High as Hope” es un álbum disfrutable, más ligero que los anteriores y que muestra a una artista que sigue madurando y tratando de reflejar en su música aquello que vive.

En la segunda mitad es donde creo que empiezan a notarse los defectos de este álbum. “Grace” es un tema protagonizado por el piano y dedicado a la hermana pequeña de Florence, erigiéndose como uno de los momentos más íntimos de “High as Hope”. El problema es que a veces da la sensación, tanto aquí como en otras canciones (“Patricia”), de que Florence intenta esconder su voz para mantener ese carácter más personal, apartando un poco su cara más épica y excesiva y dejando la sensación de que las piezas no terminan de explotar. Es por eso que en más de una ocasión nos quedamos esperando un clímax que nunca llega o que no parece serlo. Incluso en las canciones más disfrutables se echa un poco en falta esa fuerza desmesurada de sus discos anteriores. Quizás si el tracklist hubiese estado más equilibrado no parecería que “High as Hope” va perdiendo fuelle, puesto que “100 Years”, “The End of Love” y “No Choir” también son temas más pausados. A pesar de ello quiero destacar el crescendo de “100 Years”, en el que el efecto que produce introducir más tarde la percusión funciona muy bien, mientras que los coros y ritmos tan world music le aportan un carácter desconocido hasta ahora que combina muy bien con la tónica más mística del disco, como si afrontara “Ceremonials” desde una perspectiva distinta.

No quiero menospreciar el trabajo de Florence ni su valentía para escribir letras más personales y transparentes. “High as Hope” tiene momentos delicados muy bonitos y la instrumentación es increíble a lo largo de todo el trabajo (además cuenta con un montón de colaboraciones como Kamasi Washington o Tobias Jesso Jr.), pero creo que la segunda mitad está un poco descompensada en comparación con la primera y que, a veces, centrarse en no sobrecargar los temas acaba perjudicando el resultado. A pesar de todo, “High as Hope” es un álbum disfrutable, más ligero que los anteriores y que muestra a una artista que sigue madurando y tratando de reflejar en su música aquello que vive, lo cual la hace muy cercana. Y eso es algo que tampoco abunda.

Florence + The Machine – High as Hope

6.6

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Florence + The Machine quiere dejar a un lado los excesos de su ya lejano “Ceremonials” y confeccionar un disco en el que lo importante sea disfrutar de la música, con canciones más íntimas, sobrias e incluso místicas a veces pero sin perder la sensibilidad y la belleza a las que nos tiene acostumbrados.

Up

  • La primera mitad del disco y “100 Years” tienen grandes momentos.
  • La instrumentación, que el disco suene tan humano y cercano.
  • Más ligero y en cierto modo accesible que los anteriores.

Down

  • Se echa en falta algo más de épica…
  • … y de variedad. A veces suena a algo que ya has escuchado.
  • Algunos estribillos, como el de “Patricia”, no son tan redondos como lo que solíamos escuchar.