Hace quince años que sabía que iba a hacer este disco, y que sería una historia de una hora con canciones encajando juntas como escenas de una película. Que tuvieran sentido en sí mismas pero que funcionasen mejor en secuencia.  No fue hasta hace dos años que sentí que podía empezarlo”. Con este tweet el productor británico Jon Hopkins abría las puertas de su nuevo mundo llamado “Singularity”, un disco de nueve temas donde consigue realizar esta voluntad cinematográfica y secuenciada que Hopkins quería explorar tras su espectacular “Immunity” (2013).

El cinematográfico viaje al universo de Jon Hopkins

Kodwo Eshun se refería a la música electrónica como aquello que consigue hacer bailar a la mente y pensar al cuerpo. Precisamente, tras una escucha de “Singularity” uno puede sentirse más cerca de esa abstracción y estimulación mental.

Kodwo Eshun se refería a la música electrónica como aquello que consigue hacer bailar a la mente y pensar al cuerpo. Precisamente, tras una escucha de “Singularity” uno puede sentirse más cerca de esa abstracción y estimulación mental. Resulta casi imposible no imaginarse un firmamento nocturno, un paisaje o un vacío mientras suenan temas como “Recovery”, “Feel First Life” o “Emerald Rush”. El recorrido que plantea Hopkins en su cinematográfico viaje al universo es una construcción de imágenes a partir de una fusión magistral de auténticos torbellinos de ritmo con momentos livianos y melódicos. Con todo, “Singularity” es uno de esos discos que hay que escuchar del tirón, con buenos auriculares y poca luz.

Fotografía: Steve Gullick

“Singularity” u otra definición de kinestesia

Jon Hopkins demuestra en todo “Singularity” su sensibilidad y buen gusto para jugar no sólo con la electrónica sino también con las capas sentimentales del oyente, que se pierde irremediablemente en el firmamento nocturno.

Singularity se despliega boreal, ambicioso y consolida la elegante y perfecta fusión de ambient y techno que Hopkins ya había plantado en “Immunity”. No obstante, el proceso mediante el cual Jon Hopkins nos va adentrando en este mundo es mucho más orgánico y progresivo que como lo fue en aquella monumental “We Disappear” del mencionado “Immunity”. El resultado, a pesar de todo, es el mismo: “Singularity” es un tema que va ahondando cada beat poco a poco en nuestro interior, que juega con las repeticiones, que busca el auge y allana el espacio para una “Emerald Rush” explosiva. Aquí es imposible no caer rendidos ante la facilidad del británico para conseguir que el sonido tenga luz propia y a su vez lo rompa todo con una energía desbordante y un techno cargado de nitroglicerina. El disco empieza fuerte, nos atrapa desde su inicio y planta sus raíces en nuestro interior. El viaje ha empezado.

“Emerald Rush” supone una elevación, una meditación más profunda del sonido que conocíamos de Jon Hopkins, quien, lejos de buscar un manierismo y ligarnos rápidamente a la contundencia de sus ritmos, primero ofrece estos espacios de control, de preparación. En definitiva, busca cortejarnos en los primeros minutos del tema mientras prepara cautelosamente el torrente con el que quiere arrollarnos. Ese es el estado natural de Hopkins, ávido de experimentar con lo magnético. Aquí utiliza melodías vocales al revés para transmitir una idea de no-cuerpo, de no-materia pero, al mismo tiempo, lo solidifica todo con una base capaz de quebrar cualquier muro de contención.

Resulta casi imposible no imaginarse un firmamento nocturno, un paisaje o el vacío. El recorrido que plantea Hopkins en su cinematográfico viaje al universo es una construcción de imágenes a partir de una fusión magistral de auténticos torbellinos de ritmo con momentos livianos y melódicos.

Y si en “Emerald Rush” rompe sus muros, en “Neon Pattern Drum” podemos notar como la fuerza se va extendiendo de forma líquida. Con un desconcertante juego de volúmenes y cambios de frecuencia, parece que Hopkins busca los extremos del sonido para luego fusionarlos y dejarlos jugar libremente en la parte central del tema. La idea es buscar la correlación de cada ritmo progresivamente, que entendamos poco a poco el por qué de cada capa, y es entonces cuando encara el último tercio de la canción; un estallido brillante y esperanzador en el que todo encaja a la perfección.

Precisamente, la idea de organización es clave en este disco. Hopkins cuenta que la conceptualización de “Singularity” llegó gracias a distendidas prácticas de meditación trascendental, a través de lo cual pudo desbloquear partes de su subconsciente para que fluyeran más libremente en el disco. Esto lo podemos señalar en “Everything Connected”, que parece la carrera de fondo para la cual nos ha estado preparando en los tres cortes anteriores. Todo está conectado, nos dice. Cada elemento, cada cambio de ritmo, cada beat tiene sentido. Lo tiene porque se encuentra en el lugar ideal para que lo podamos descifrar, para que podamos viajar con él; este tema sin dicha construcción no tendría sentido. Es en este punto donde ya podemos afirmar que Hopkins ha conseguido su objetivo: crear algo coherente en su conjunto a partir de canciones que funcionan por sí mismas pero que dan lugar a una secuencia maravillosa al agruparse.

Una mezcla entre beats descontrolados y melodías ambient para conseguir esa ansiada singularidad

La idea de organización es clave en este disco. Hopkins cuenta que la conceptualización de “Singularity” llegó gracias a distendidas prácticas de meditación trascendental, a través de lo cual pudo desbloquear partes de su subconsciente para que fluyeran más libremente en el disco. El británico crea algo coherente en su conjunto a partir de canciones que funcionan por sí mismas pero que dan lugar a una secuencia maravillosa al agruparse.

¿Os acordáis de “Abandon Window” del anterior trabajo de Hopkins? Pues en “Singularity” vuelve a aprovechar el quinto track para tomar aire y hacernos sentir diminutos. Esta vez la pieza se llama “Feel First Life” y uno puede, literalmente, imaginarse un cosmos entero a partir de ella. Sin beats y jugando mucho con las progresiones, Jon Hopkins funde teclados, sintetizadores y un coro que emerge por encima de todo, casi como una raíz que llega a la superficie y ve la luz por primera vez. Realmente, un punto medio precioso que da cierta sensación de recorrido al contemplarlo junto a los demás temas. Si Hopkins quería llevarnos a algún lugar, sin duda hemos llegado a él.

Y seguimos en ese universo boreal con “C O S M”, que prosigue el viaje de “Feel First Life” y, cómo no, de “Everything Connected”. Hemos dejado atrás la Tierra, estamos flotando y Hopkins lo reafirma con cierto carácter de vacío espacial en el tramo inicial del tema, que se va encadenando con pulsaciones sintéticas pero de una manera mucho más sutil que la ejercida en “Emerald Rush”; aquí el golpe no pasa casi nunca por encima de la placidez de la base, incorruptible desde el inicio de la canción. Está claro que Jon no quería perder esa liviandad sónica y continúa con un track ambiental híper sensible como “Echo Dissolve”, el cual merece la pena escuchar en buenas condiciones para notar esos leves crujidos repartidos a lo largo de la pieza. ¿Será esto lo que escuchan los astronautas en medio de la nada?

“Echo Dissolve” sigue la dulce y apacible estela onírica que Hopkins usa como puente entre “C O S M” y “Luminous Beings”, el track más extenso del disco y probablemente uno de los más juguetones (hacía ya demasiado que Jon nos mecía en una cuna). Aquí nos vuelve a demostrar que es un experto en manipular los tempos, generar avalanchas de beats y llevarnos de la mano a un vórtice techno de toques minimalistas que respira, nos absorbe e hipnotiza. Cortos se hacen estos once minutos en los que el piano va ganando un protagonismo escultural hasta convertirse en el último componente vivo del tema dentro de esta singular noche que el británico ha estado construyendo para culminar en “Recovery”. Y he aquí otro pasaje preciosista con el que devolvernos a la realidad sin rasguños. De nuevo vuelve a flotar esa idea de que todo está conectado y, a pesar de que lejos quede esa casi apocalíptica tríada de apertura, Jon Hopkins demuestra en todo “Singularity” su sensibilidad y buen gusto para jugar no sólo con la electrónica sino también con las capas sentimentales del oyente, que se pierde irremediablemente en el firmamento nocturno.

Jon Hopkins – Singularity

8.3

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Jon Hopkins consigue con este recorrido otro hito, y es que lejos del cierto descontrol que emanaba de su ya clásico “Immunity” aquí regresa con un disco en el que cada elemento responde a su anterior, creando temas en los que todo está conectado y donde cada transición fluye de una manera sorprendentemente natural. Una mezcla entre beats descontrolados y melodías ambient para conseguir esa ansiada singularidad.

Up

  • La fusión de ambient y techno presentada como una elevación o un viaje nocturno al más allá. Del vacío emergen los beats, y de los beats emerge el vacío.
  • La eficacia con la que el disco puede trasladarnos a estados de euforia, calma o volatilidad en cuestión de segundos.

Down

  • Pese a esa idea rotunda de que todo está conectado, queda un poco raro volver a reproducir el álbum después de una escucha por la disparidad de sus dos mitades. Igual Hopkins ha creado un “Singularity” demasiado lineal y unidireccional.