Hay canciones que actúan como un resorte para despertar emociones de las que desconocías su existencia. Llegan cuando menos te lo esperas para transportarte a lugares lejanos o recorrer lo más profundo de tu ser y, en cierta forma, purificarte. Habitualmente es ese cantautor pegado a una guitarra con letras altamente melancólicas quien te saca la lágrima fácil, pero en los tiempos que corren hay artistas que dejan atrás todo lo orgánico para llegar a ti a golpe de sintetizador y bases electrónicas. Uno de ellos es PBSR.

Detrás de esas siglas se esconde Pablo Serrano, joven productor murciano que comenzó su andadura musical en una banda de rock con amigos y sin la mayor de las pretensiones. Pero un día cualquiera decidió arrancar su proyecto en solitario y publicó en 2016 “Of Flaming Souls…”, EP debut que podría considerarse como la cara A de su nuevo media duración “…and Dusky Doors”, el cual cierra una etapa que comenzó en Murcia y termina en Londres. En la capital inglesa empezó a explorar la soledad y la melancolía para acabar confeccionando en este reciente lanzamiento cinco canciones que avanzan con suavidad en un continuo y equilibrado juego de contrastes: lo real contra lo imaginario, lo digital contra lo orgánico, el ritmo clubbero contra los pasajes más progresivos y la huella de grandes veteranos del panorama (James Blake, Bon Iver, Burial y M83 entre tantos otros) enfrentada a jóvenes productores de la escena londinense (Jamie Isaac, Mura Masa, etc.).

Así, “Volcano” abre este nuevo EP con un suave piano improvisado que rompe con una bella línea de sintetizador que nos abraza y nos guía con delicadeza a lo largo de este viaje introspectivo entre ritmos de baile. La voz de Pablo se mueve con suavidad en este mar electrónico para adquirir ciertos toques digitales en “Ghost” o ser altamente modulada e irreconocible en “Blur” y la parte final de “Lumen” con su final explosivo tan M83. Al final, lo que tenemos en este pequeño registro es un collage sonoro donde nada es lo que parece y el faro que nos guía pivota sobre un piano, un ritmo analógico o una guitarra certera que podría recordarnos incluso a The xx.

Aprovechando que Pablo ha abandonado esa suerte de retiro en el que sumergió tras mudarse a Londres para pasar unos días en España, hablamos con él sobre su proceso creativo, su habilidad para mantener orden en las canciones a pesar de todo lo que ocurre en el interior y cómo juega al engaño alterando y digitalizando todos los sonidos que pasan por su interfaz de audio.

Probablemente tu nuevo EP sea de las cosas más acojonantes que vamos a escuchar este año. Leo (y se nota) que tienes influencias de James Blake y Bon Iver, pero también pienso en el sonido de la nueva escena londinense como Jamie Isaac. ¿De qué manera se forma este compendio de sonidos?

Ha sido todo de una forma muy natural. Cuando estaba en Murcia tocaba en una banda con amigos. De la relación que vas sacando con otras bandas y amigos vas descubriendo grupos e influencias. Al mudarme a Londres pasó lo mismo: conoces nuevos sonidos de amigos y gente que respetas musicalmente. Te van dando referencias. Quizá en Murcia se implantó la semilla de esa unión de influencias, pero cuando estaba allí no escuchaba tanta música como James Blake o palos más electrónicos.

El punto de inflexión para mi cambio de estilo fue cuando me encontré solo en Londres. Empecé a escribir canciones en un entorno muy lúgubre, al lado de un cementerio, todo muy oscuro.

¿Cómo nace tu interés por la música?

Mis padres me dieron una guitarra con siete años y empecé una carrera de guitarrista clásico durante ocho años, pero lo abandoné por desmotivación. Perseguí una carrera más alternativa, me fui a Madrid a estudiar producción creativa que luego me convalidaron en Londres para entrar en el segundo año del London College of Music. Ha sido una trayectoria que no ha parado nunca; siempre he intentado formarme.

¿Cómo es romper con tu banda y aparecer en solitario con un sonido propio? ¿Qué tal está siendo la aceptación en Londres comparada con España?

Mi sonido nació cuando me encontré solo en Londres, tanto en el ámbito personal como en el musical. Allí empecé a escribir de otra manera. Empecé a escribir canciones en un entorno muy lúgubre, al lado de un cementerio, todo muy oscuro. Ese fue el punto de inflexión para mi cambio de estilo.

En cuanto a aceptación, el primer EP tuvo una recepción algo escueta, pero también es cierto que como compositor estuve dando muchos tumbos. Este segundo EP sigue siendo tímido en el sentido de que la gente no creo que se haga eco de un artista que no ha sido hasta ahora estable. En el círculo de Londres es distinto porque nadie me conocía desde el principio, pero ahí es más bonito porque cada paso es más gratificante.

Eso de grabar al lado de un cementerio en Londres suena muy a cuando Bon Iver se fue a su cabaña para grabar “For Emma, Forever Ago”…

¡Sí! Tenemos muchas cosas en común. [Risas] Lo mío quizás no fue una mudanza con esa finalidad, pero sí inició el proceso.

Tienes partes de la grabación con sintetizador, batería, guitarra… ¿Cómo ha sido grabar todo eso en soledad? ¿Cómo tienes montado tu estudio?

El proceso es muy complejo, pero no en el sentido de difícil, sino por el espectro de años que cubre. Si bien comenzó en septiembre de 2014 y acabó hace dos meses, el interés de experimentar y manejarlo todo (producción, mezcla…) viene de mucho más atrás. Es el proceso de venir del garaje de casa con un ordenador de mierda y lo más rudimentario hasta pasar por la universidad, querer aprender la gran mayoría de técnicas de producción y poder aplicarlas a mi música. Hacerlo todo en casa es muy chulo pero muy peligroso también. Llega un momento en el que las canciones dejan de emocionarte. Empiezas a centrarte en aspectos más técnicos en lugar de delegar en alguien externo. Ves los temas como números, un conjunto de pistas que tienen que ligarse con compresores, limitadores… Pierde la magia en cierto modo. Hubo un momento de bajón porque pensé que los temas no iban a ningún lado. Tuve un par de sesiones con un productor de Londres, pero ahí me di cuenta de que realmente era yo quien debía acabar lo que había empezado. Y así fue. Dejé mi trabajo de azafato en el Royal Albert Hall durante dos meses, invertí en equipo para acabar el EP y terminé el trabajo.

Mi equipo es bastante básico: una interfaz de audio RME Fireface UCX y unos monitores ADAM A7X. A nivel de instrumentos coqueteé con un Korg MS2000 y un Dave Smith Mopho X4.

Uno se puede fijar en muchos detalles a lo largo de “…and Dusky Doors”. Por ejemplo, que abre y cierra de la misma forma, con un piano en solitario. ¿Esto fue intencionado?

Es una buena apreciación. Creo que no fue intencionado, no me senté proponiéndome hacer un círculo vicioso con el que la gente lo flipara. Me gustan los trabajos conceptuales, pero no creo que éste lo sea. El piano que aparece en “Volcano” es improvisado y grabado con el iPhone. Luego lo sampleo en el mismo tema. Me gustó mucho porque refleja la esencia de este EP: hay muchas cosas improvisadas y otras muy pensadas, hasta el punto de quemarlas. La última canción es curiosa porque acaba con el primer piano que compuse; sirve para cerrar una etapa.

Había leído que tienes muchas pistas grabadas con el iPhone y ya veo que ahí mismo tenemos una. No obstante, en “Holding”, por ejemplo, escuchamos unos pájaros al final.

En ese tema es posible que se cuelen unos pájaros, ya que hay una grabación de ambiente del Tate Modern de Londres. Es un sitio que me ha inspirado mucho, es mi museo favorito. Más grabaciones del móvil no hay (que recuerde), pero sí he conservado pistas que formaban parte de las demos y en un principio no se hubieran quedado. Me di cuenta de que muchas cosas que iba a grabar de nuevo no tenían la esencia original, aunque la primera grabación tuviera una técnica errónea si nos ceñimos a los manuales. Para mí sonaba mejor, y es algo que he aprendido con los años: si algo suena bien, ¿por qué habría que grabarlo con otro micrófono?

Fotografía: Germán Pardo
Fotografía: Alfonso Riera
Fotografía: Alfonso Riera
Otro hilo del que quería tirar es que, aunque no lo puedas considerar un álbum conceptual, sí se puede ver como una segunda parte de tu EP anterior “Of Flaming Souls…”.

Se podría considerar perfectamente una cara B, sí.

Una cosa que me ha sorprendido del EP es que las voces están muy bien integradas, hay cohesión entre la música y el apartado vocal.

Nunca he considerado la voz un elemento principal, sino que es un instrumento más. A la hora de componer los temas empiezo con una melodía para la voz sin letra ni nada, y surge al mismo tiempo que el resto de la música. Yo soy quien canta y en “Ghost” aparece mi novia. Al final, la voz es un elemento más y por eso está tan cohesionada. También, a la hora de mezclar y colocar en su rango de frecuencias, me parece que tiene que adoptar ese rol de no destacar.

Por hablar un poco más de “Ghost”, una cosa que me encanta es el vocoder de la línea vocal y el juego de percusiones aceleradas. Veo esta pieza como un ejercicio algo más pop.

Si preguntas a mis amigos te dirán que soy un pesado con el reverb, nunca hay suficiente. [Risas] La voz tiene que difuminarse, así que me puse a experimentar con todos los efectos y llegué al vocoder. Todavía no se había publicado “22, A Million” pero sí había ido escuchando lo que hacía Justin Vernon en Volcano Choir y usaba bastante autotune, como James Blake. Fue una cuestión de probar efectos distintos, me parecía coherente por todo el peso electrónico de mi música: cambié las guitarras por sintetizadores, las baterías por cajas de ritmos…

 Al final, la voz es un elemento más y por eso está tan cohesionada. También, a la hora de mezclar y colocar en su rango de frecuencias, me parece que tiene que adoptar ese rol de no destacar.

Si seguimos hablando de voces y juegos, “Lumen” tiene un sample vocal con el tono bajado que me hace pensar en Burial y también una segunda parte con insertos de voz modulada muy curiosos. Hablamos de transformar las cosas, ¿no?

Justo, todo esto partiendo de que no me considero buen cantante ni nada. Sé entonar y he estudiado canto, pero no soy famoso por mi voz; soy más conocido por la guitarra o la composición. Digo esto porque, a pesar de no ser buen vocalista, me considero creativo y me gusta transformar la voz para que se convierta en cualquier cosa.

Incluso en “44” escuchamos una línea vocal un poco reverberada cantando desde lejos. Son detalles muy interesantes.

En “44” pasa lo mismo. Hay mucho reverb y filtros. De hecho, este tema empieza y casi acaba con un sintetizador que creé con mi propia voz a partir de un software que me permitió samplear y crear un instrumento virtual.

De “Blur” me gusta la crecida final, hay un altibajo muy curioso. Ahí me sorprende que hay muchas líneas melódicas y todo se mantiene en orden. ¿Cuál ha sido la canción más complicada de crear?

Diría que “Blur” ha sido la más complicada a nivel técnico. El concepto lo tenía desde hace muchos meses, pero para llevarlo al terreno técnico no había por dónde cogerlo. El más fácil ha sido “Holding”, fue la última canción que hice. El EP estaba prácticamente cerrado pero en una mañana salió ese tema y en dos días se grabó.

Hablando de mezclas, algo que se puede apreciar es el equilibrio entre la parte más electrónica y la orgánica. Creo que, de hecho, los hi-hats de la batería suenan muy bien. ¿Son digitales? ¿Cuánto tiempo te ha llevado la mezcla?

La mayoría de baterías son digitales, pero en “Blur” hay una línea de batería real, muy floja porque está mezclada con la digital, pero aporta un toque interesante. El resto son digitales, y voy más allá: las del primer EP también. Creo que la mezcla ha durado esos dos meses en los que me fui del trabajo. El proceso creativo se ha alargado durante tres años, pero de forma muy intermitente.

Ahora que mencionas tu primer EP… “Of Flaming Souls…” no se encuentra en ninguna plataforma. ¿La decisión de haber borrado tu rastro a qué se debe?

Fue una decisión de mi sello, ocultarlo más que eliminarlo de mi discografía. Fueron razones de industria más que otra cosa. Era una cuestión de empezar de cero, sobre todo en Reino Unido.

¿A qué crees que se puede deber el interés que estás despertando actualmente?

Imagino que si eres un artista que escribe canciones y vas sacando nuevo material la gente se irá interesando más progresivamente y tendrás más aceptación. Por mi parte me lo estoy tomando más en serio, le dedico más tiempo a todo esto. Si tiene efecto lo que haces es buena señal.

He leído que has trabajado con miembros de Sigur Rós. ¿Cómo fue la experiencia?

Fue una oportunidad que tuve durante el verano de 2016. Era una exhibición artística que había en el Barbican Center de Londres sobre Ragnar Kjartansson y juntaba muchas ramas del arte en las que él aportó algo: música, pintura… La exhibición consistía en diez músicos tocando una pieza compuesta por él y el ex-teclista de Sigur Rós. Necesitaban artistas para tocar durante ocho horas diarias la misma canción. Por si fuera poco, había que hacerlo en pijama y bebiendo cerveza. Fue una experiencia increíble, conocí a mucha gente y acabé haciendo amigos. También me acababa de graduar y fue mi primer trabajo profesional.

¿Qué podemos esperar ahora, después de “…and Dusky Doors”? ¿Tienes pensado el próximo paso?

Aún no tengo nada claro lo siguiente. Es curioso porque llevo unos cuantos meses dándole vueltas, no sé qué es lo que me apetece hacer ni qué tendría sentido, no lo tengo nada claro. Lo que más me apetece es un largo, pero no quiero forzarme ni ponerme plazos.