Desglosando los recovecos del recorrido flamenco, Niño de Elche recibe el entallado de Raül Refree con la mirada fija en la cruz que habrá de portar, en su decisión de desbrazarla y soportar una avalancha de réplicas. Su cuerpo pide, se rasca el pecho velludo, recita, estudia y experimenta con todo lo que cae entre sus manos. Sabe que el espíritu del flamenco es la deconstrucción, la adaptación, la parodia… y en especial la amalgama del pasado y el presente; pero por las mismas es consciente de que una ruptura, mucho mayor que la que indujeron Camarón, Amador, Tomatito y Pachón con “La Leyenda del Tiempo”, va a posicionar en su contra a gran parte de la comunidad flamenca. ¡Mayor osadía!: Aunque Molina, Niño de Elche no es andaluz. Con estas misivas en su contra y el apoyo de una compañía de intelectuales en busca del nuevo sonido, los experimentos a quemarropa se sucederán en este cajón de sastre con fortuna en la mayoría de los casos.

Nuevas fronteras se abren para la música folclórica de nuestro país

El trabajo de Niño de Elche es, en el mejor y el peor de los sentidos, una barca repatriada que visita un océano hostil. En sus arcones hay tesoros de puntos muy diversos de la península y sus alrededores, multitud de géneros flamencos e incluso alguna gema de allende los mares, aunque con la marejadilla los recuerdos han sufrido una mezcla.

El trabajo de Niño de Elche es, en el mejor y el peor de los sentidos, una barca repatriada que visita un océano hostil. En sus arcones hay tesoros de puntos muy diversos de la península y sus alrededores, multitud de géneros flamencos e incluso alguna gema de allende los mares, aunque con la marejadilla los recuerdos han sufrido una mezcla, justificada paso a paso en el libreto (herramienta excepcional que regresa con timidez al formato CD) y se hace imprescindible un guía para atravesar las casi dos horas de intromisión y rapado. Los apuntes y referencias a otras músicas se hacen patentes y el rescate de estilos clásicos y contemporáneos se vuelve ley. Dadaísmo, música concreta y una adoración incuestionable hacia compositores de música electroacústica como Luciano Berio o Luigi Nono constituyen el aceite en el que se calentarán las palabras sabiamente elegidas de olvidados, repudiados y coronados de España. A todas ellas les acompaña un texto aclaratorio.

Sin embargo, la claridad no es una de las virtudes de la recopilación. Aunque la brillantez y el ingenio de Francisco Contreras Molina se dejan ver en un sinfín de momentos a lo largo del doble CD, el elemento cohesivo musical se encuentra ausente, y la redacción resulta insuficiente para parchear este hueco. Por esto mismo, un maledicente indicio de pretensión puede echar para atrás al oyente, cuando estaría perdiéndose una de las Biblias del sonido futuro, quizá el campo de cultivo y experimentación más extensivo hasta la fecha. Una indicación prudente podría ser la de iniciar la prueba con el segundo CD, en el que probablemente la mezcla entre experimentación y accesibilidad esté mejor llevada. No obstante, para facilitar la escucha es necesario un sondeo previo, y por ello puede resultar conveniente agrupar las canciones en grupos desde lo más experimental a lo más clásico.

Raíces intactas

Los apuntes y referencias a otras músicas se hacen patentes y el rescate de estilos clásicos y contemporáneos se vuelve ley. Dadaísmo, música concreta y una adoración incuestionable hacia compositores de música electroacústica como Luciano Berio o Luigi Nono constituyen el aceite en el que se calentarán las palabras sabiamente elegidas de olvidados, repudiados y coronados de España.

Algunos de los cortes del disco se presentan fácilmente a la aceptación por parte de cualquier oyente. Véase el caso de “El Tango de la Menegilda”, en el que se rescata una versión muy similar a la original del clásico de zarzuela La Gran Vía. Otra de las ofrendas que incluiría este grupo podría centrarse en el homenaje “Polo de Manuel de Falla” de sus “Siete Canciones Populares Españolas”.

La Farruca de Juli Vallmitjana” es una inteligentísima referencia y una apuesta por el difuminado fronterizo, mientras que “Fandangos de Helios Gómez” propone una conocida forma andaluza. Aunque estas apuestas son la base de una creación posterior, a nivel lírico proponen ya novedades que se alejan del formato tradicional. En el segundo disco encontramos menos representantes estrictamente clásicos, como la “Caña por Pasodoble de Rafael Romero El Gallina”.

Raíces mordisqueadas

Un maledicente indicio de pretensión puede echar para atrás al oyente, cuando estaría perdiéndose una de las Biblias del sonido futuro, quizá el campo de cultivo y experimentación más extensivo hasta la fecha.

La mayoría de las nuevas concepciones pasa por adaptar a un estilo contemporáneo los textos seleccionados y amalgamarlos con el cante jondo, dejando muchas peculiaridades atrás. Así, por ejemplo, en “Saetas de San Juan de la Cruz” una oda submarina y el empleo de la reverberación terminan por fraguar un encanto indiscutible. El género amplificado del “Disparate” figura en “El Prefacio a la Malagueña de El Mellizo” durante nueve minutos de ademanes eclesiásticos, en paralelismos con la genial “A Saucerful of Secrets” de Pink Floyd o el neo-folk a lo Current 93. Algo de este estilo, más con el aire de Neutral Milk Hotel, aparece el “Fandango Cubista de Pepe Marchena” con unos pacíficos arreglos de las trompetas. También existen pasajes muy transitorios en los que una siniestra experimentación va a acoplándose con los tradicional. La “Saeta del Mochuelo con la Mariana Seguido de Plazoleta de Sevilla en la Noche del Jueves Santo” es un claro ejemplo de esto.

El segundo CD ofrece una mejor combinación de visión tradicionalista y vanguardia, y por eso la mayoría de su contenido se podría englobar en este campo. La severa “Seguiriyas del Silogismo” abre con sus versos invertidos la propuesta, hasta que la distorsión destruye y envilece el camino a una límpida “Fandangos y Canciones del Exilio”, de inteligentísimas polifonías, con la intención crítica acostumbrada de Niño de Elche. La delirante parodia de “Pasodoble con rumba original de Guy Debord” expone una soflama con aires de tema tradicional al que se suma un discurso del autor espolvoreado sobre unas melodías de clarinete. Sigue uno de los cortes más polémicos del álbum, pues en “Rumba y Bomba de Dolores Flores” un sintetizador y unas melodías de hit del verano acompañan a una letra que pretende ser crítica pero que a veces, especialmente en el contexto del trabajo, puede caer en el ridículo.

La “Saeta por Seguiriyas de Manolo Caracol y Arturo Pavón” propone por su parte una interesante atmósfera sonora de claro corte experimental sobre una saeta clásica. En cortes como éste es donde mejor se ha realizado la cocción de los ingredientes, los cuales, por separado, como se verá más adelante, no terminan de cuajar. La ofrenda desnaturalizada a Buckley “Deep Song de Tim Buckley (Lorca)” es otra apuesta prometedora, en la que el oscuro folk norteamericano calza perfectamente con la dialéctica gitana. Más fragmentario resulta la última exposición estrictamente musical del álbum: “Lekeitio Nº 5 (En Directo)”, que alterna las tranquilas melodías folk con los alaridos de los que Niño había hecho gala en segmentos más experimentales del discurso.

Raíces decrépitas

La singularidad del trabajo complica su escucha. Algunos cortes persiguen unidad mientras que otros quedan recogidos como pequeñas anécdotas y chascarillos. Sin embargo, Niño de Elche demuestra el inicio de una prometedora carrera, acercándose a la creación de un estilo personal y mestizo, que podría llegar a dar obras maestras si encontrara la unidad que piden sus brillantes y estrafalarias ideas.

Los tratamientos más vanguardistas pueden, o bien servir de base a futuros proyectos, o bien encajar en la forma del disco como apuestas con principio y fin. En muchas ocasiones se ha dado lo primero, y los cortes funcionan como unidades claramente independientes, tal es el caso de las máquinas que enturbian el inicio (apuesta experimental quizá excesiva) de “Soledades de la Pereza” que encuentra un hermano más distorsionado y capaz en “Martinete y Debla de Vicente Escudero (con el Baile al Sonido de Dos Motores)” con claras huellas del llamado Glitch o género de la interrupción informatizada. Algo similar ocurre con la, en un contexto aparte brillante y actual, descodificación de las palabras de Antonio Machado en “Coplas Mecánicas de Juan de Mairena”, en las que el collage hace su primera aparición. Cruda y poética lectura acompañada únicamente del paso percusivo la de “Recitando de Eugenio Noel”, quien renegara de la tradición andaluza que tanto amó; extraña y distorsionada declamación en la pronunciación de “Pregones y Aleluyas Futuristas” al albur de una feria.

En el segundo volumen la experimentación resulta más acorde al contexto, y así destacan “Mensaje Diafónico de Val del Omar”, “Pregón, Lema y Consigna de Nono”, “Petenera de Shostakóvich (De Profundis)” o “Canción de Cuna de Crumb (El Niño Busca su Voz)” que podrían erguirse (si no fuera por los títulos que hacen las concesiones evidentes) como las apuestas más convincentes por una vereda experimental. En ellas se configuran atmósferas únicas en las que el flamenco ha quedado casi por completo escanciado, y el decantado informático de la programación de voces, la mezcolanza de pregones y ruidos de fondo establecen un universo sonoro único, cavernario, sin etiquetas. Mientras que la primera bebe directamente de la música concreta de Edgar Varèse (esto es, collage de sonidos), el pregón se embarca en una de esas singladuras sonoras formadas por voz e instrumento que de Nono a Ligeti establece un sinnúmero de deudas musicales. Brillante la entrega con el “No pasarán”. También contemporánea y extraña es la obra dedicada a Shostakóvich, aunque poco recuerda al compositor. La narración dadaísta entre niño y adulto que ensalza a Crumb remata en un experimento de colores sumamente variado. “Tanguillos de Cádiz” juega nuevamente con la pronunciación en un estilo beepbox y “Caracoles y Malagueñas, Granaína y Cartagenera de Valcárcel Medina” finaliza el recorrido con una bagatela en la pluralidad lingüística de un aeropuerto.

La singularidad del trabajo complica su escucha. Algunos cortes persiguen unidad mientras que otros quedan recogidos como pequeñas anécdotas y chascarillos. Sin embargo, Niño de Elche demuestra el inicio de una prometedora carrera, acercándose a la creación de un estilo personal y mestizo, que podría llegar a dar obras maestras si encontrara la unidad que piden sus brillantes y estrafalarias ideas.

Niño de Elche – Antología del Cante Flamenco Heterodoxo

8.8

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Un álbum doble es siempre una difícil apuesta, más cuando podríamos hablar de un recopilatorio de carácter prioritariamente experimental. Acceder al segundo CD parece una recomendación interesante, ya que mientras el primero balbucea algo más en las mixturas de género éste logra frecuentes momentos y atmósferas nuevas, resultando ameno e intrigante. La cultura de Niño y compañía se desborda en este campo de cultivo imprescindible para las futuras piezas que nos dejará el artista.

Up

  • Búsqueda de nuevos sonidos.
  • El abrazo en muchos casos de accesibilidad y creatividad.
  • La puesta en práctica de un vastísimo conocimiento del mundo flamenco.

Down

  • Se echa de menos un elemento ordenador puramente musical.
  • Algunos temas resultan en mera experimentación.