Fotografía: Promo

El pasado viernes 29 de junio el servicio de música en streaming Spotify amaneció con Drake por todas partes. Aquel día llegaba al mercado “Scorpion”, su quinto álbum de estudio, y la maniobra publicitaria para el que era uno de los discos más esperados del año resultó ser inapropiadamente invasiva. Pocas playlists de las recomendadas en la portada de dicha plataforma se salvaban de incluir alguna de las composiciones del artista canadiense, apareciendo su imagen incluso en lugares donde no había rastro alguno de sus canciones. Spotify se encontraba colonizada por el rapero, figurando en listas que iban desde ‘Temazos Chill’, ‘Ambient Chill’, ‘Beast Mode’ y ‘Massive Dance Hits’ hasta las de ‘Bachata Lovers’ y ‘Best of British’, lo que despertó la indignación y el recelo de muchos usuarios.

En no pocas ocasiones la empresa sueca nos ha vendido aquello de: Líbrate de los anuncios pasándote a premium”. Sin embargo, ni ser suscriptor ha bastado en esta ocasión para permanecer ajenos a ellos. Ni siquiera el famoso algoritmo cumplió debidamente la función de recomendar música afín a los gustos de cada cual, llevando a Drake a las pantallas de todos los usuarios independientemente de sus reproducciones habituales, lo que denunciaron por publicidad encubierta. Las quejas en Twitter y Reddit no se hicieron esperar, y algunos usuarios premium afirman haber conseguido el reembolso de un mes como compensación. Otros, aquellos cuyas reclamaciones fueron desestimadas, han optado por la resignación o por desechar los servicios de la plataforma. Aunque Spotify no ha hecho aún comentarios al respecto, sí han declarado a la revista estadounidense Billboard que las quejas han sido relativamente mínimas y no se ha implementado ninguna política de reembolso”.

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“Scorpion” ha sido todo un acontecimiento musical. Según publicaba Spotify en su cuenta de Twitter el mismo viernes por la tarde, este doble álbum se estaba reproduciendo 10 millones de veces por hora, superando a lo largo del día las 130 millones de escuchas, batiendo el récord de la plataforma. La pregunta es: ¿Cuántos oyentes se acercaron de forma natural al disco y cuántos influidos por la omnipresencia de este? Asimismo, se situaría en el número uno de Apple Music, siendo certificado esa misma jornada como disco de platino por la RIAA (Recording Industry Association of America).

Numerosos medios han comparado ya este caso con el escándalo que Apple protagonizó en 2014, cuando iTunes introdujo sin permiso, de forma gratuita y obligada, el álbum “Songs of Innocence” de U2 en el iPod de cientos de millones de personas. Una maniobra de marketing extremadamente agresiva por la que Bono y Apple tuvieron que pedir disculpas poco después. En relación al caso que hoy nos ocupa, el músico Damon Krukowski reflexiona en Pitchfork que probablemente esta acción de Spotify nos obligue a negociar el concepto de ‘recomendar’. Quizá no estemos expuestos a sugerencias musicales basadas en nuestras escuchas, sino que vienen dadas por motivos extramusicales.

Tal vez ha llegado el momento de negarse a dejar que un supuesto algoritmo supeditado a los intereses inherentes al negocio de la música nos recomiende qué escuchar, y recuperar el placer de descubrir nuevos grupos, artistas, álbumes y canciones por nosotros mismos, por recomendaciones directas y bajo nuestro criterio particular. Librándonos, a la vez, de las listas de géneros que integran canciones ajenas a lo dispuesto. Unas veces por encasillar al intérprete de turno en un estilo concreto e inamovible que no se ajusta a la realidad, y otras, al parecer, por puro azar. “You Really Got Me” de los Kinks, “The Little Old Lady (from Pasadena)” de Jan & Dean o “If You Want Me to Stay” de Sly and the Family Stone en la playlist “The Sounds of Folk Rock” no hacen sino darme lo que específicamente no he buscado y confundir al neófito.

Estaremos atentos a las explicaciones o posibles repercusiones que puedan derivar de este nuevo caso.