Nuestra propia naturaleza nos provoca cierta necesidad de relacionarnos con nuestro medio. Así tenemos, de alguna manera, que expresar todas las cosas que nos recorren la cabeza de un lado para otro como un salvapantallas. La realidad no es fácil ni del todo bonita y se nos exige desde nuestro fondo utilizar la intimidad en la que contenemos nuestras ideas sobre ella, haciendo que partan de ahí lazos de unión hacia otras personas. Sin embargo, hay personas que, por desgracia, no saben con qué materiales crear esos lazos. Para ello, el arte, con sus distintos lenguajes, es uno de los mejores instrumentos que podemos utilizar y en él caben todas esas cosas que queremos transmitir, todo lo que en una conversación normal no podemos decir con palabras. La comunicación directa crea y ha creado grandes problemas a lo largo de la historia, y quizás por eso deberíamos pararnos más a elaborar nuestros mensajes a través de la música, el cine, la literatura o cualquiera de sus equivalentes y dejar de embarcarnos continuamente en acaloradas discusiones viscerales sin ningún tipo de reposo en su contenido. Así, además, podremos encontrar significados totalmente distintos a los que nos acostumbra el lenguaje coloquial en la cotidianidad. Hoy hablamos de una persona de la que parten ya miles de lazos que, pretendiéndolo o no, han conseguido calar en lo más hondo de sus respectivas miles de personas.

Nacho Vegas es un cantautor asturiano de gran recorrido en la música de nuestro país que, antes de ser el creador que hoy todos conocemos, tuvo un importante papel en la formulación del indie nacional. Vegas abrió su carrera en solitario allá por 2001 con “Actos Inexplicables”, un disco con un enorme reconocimiento en el que se comenzaron a vislumbrar las inquietudes y los caminos que más tarde desarrollaría el artista. Le siguieron trabajos entre los que se encuentra “Cajas de Música Difíciles de Parar” (2003), una de las mejores grabaciones del asturiano donde alcanza grandes cotas de inspiración tanto literaria como musical, lleno de dolor y desesperanza, y que contenía quizás al Nacho Vegas más cercano e íntimo hasta la fecha. En 2011, con el EP “Cómo Hacer Crac” Vegas comienza a anticipar un giro en su estilo que le llevaría a publicar en 2014 “Resituación”, elepé en el que sus letras apelan casi exclusivamente a lo político dejando atrás lo extremadamente personal de su discografía.

La conciencia de Nacho Vegas ha estallado

Una grabación que concentra las distintas facetas que ha mostrado a lo largo de su carrera. Encontramos gran variedad de historias muy distintas entre sí, historias que a su vez encierran una enorme cantidad de significados y posibilidades diferentes.

A finales del año pasado Nacho Vegas fue anunciando públicamente a través de sus redes sociales la preparación de un nuevo álbum de estudio, del que supimos más tarde que sería doble y que tendría gran inspiración en Violeta Parra, figura muy importante para el asturiano en los últimos tiempos. Después supimos que esta nueva obra se titularía “Violética” y descubrimos dos adelantos: “Ser árbol” e “Ideología” definen de manera perfecta la esencia de “Violética”, una grabación que concentra las distintas facetas que ha mostrado Nacho Vegas a lo largo de su carrera. Encontramos gran variedad de historias muy distintas entre sí, historias que a su vez encierran una enorme cantidad de significados y posibilidades diferentes.

La producción de “Violética” corre a cargo del legendario Paco Loco, un nombre que no requiere presentación alguna y que ha trabajado con Vegas en muchas ocasiones. Los músicos que se encargan de la parte instrumental son Edu Baos, Abraham Boba, Manu Molina, Joseba Irazoki, Luis Rodríguez y César Verdú. Además, el Coru Antifascista Al Altu La Lleva acompaña con sus férreas voces a Nacho en muchas partes del disco, ocupando un lugar especial. Por otro lado, María Rodés, Cristina Martínez y Christina Rosenvinge colaboran en “Ser árbol” y “Todo o nada”, “La última atrocidad” y “Maldigo del alto cielo”, respectivamente.

“Violética” hiela y quema nuestros corazones

Nacho Vegas es un artista complejo, con gran capacidad de observación, y sorprende la cantidad de imágenes que compone en nuestras cabezas: desde un río que se desborda por todo el país como la última gota antes de un gran cambio social hasta una ballena que encalla en una playa asturiana evidenciando la locura y el ansia exagerada del ser humano.

Accedemos a la puerta principal de este cancionero con la marcha lisérgica de “El corazón helado”, cuya letra es un poema de los hermanos Manolo y Aurelio Caxigal (dos guerrilleros asturianos que lucharon fervientemente contra los fascistas pero que fueron asesinados durante la posguerra). En el texto encontramos la expresión de aquella lucha –para algunos eterna– y sus sufrimientos, con versos que asientan la atmósfera rabiosa de “Violética”: “Si es que al nacer y al morir somos todos iguales, ¿para qué dejar vivir a fascistas criminales?”. “Ser árbol” supone un pequeño respiro tras la dura embestida de la introducción y en ella escuchamos a un Nacho Vegas cercano, que nos confunde con versos directos y claros pero cuyo significado resulta ambiguo, pues no sabemos si nos cuenta una historia de amor o nos habla de cómo el pueblo al unirse puede llegar a ser ese precioso árbol lleno de ramificaciones y hojas, dándonos una lección de complejidad y profundidad.

Si de entrada ya escuchamos la cruda queja antifascista y reivindicativa de la memoria para a continuación ver crecer un perfecto árbol que nos remite al amor en general, ahora continuamos el recorrido señalado con tiza blanca. La puerta se cierra tras nosotros debido al viento que entra por una ventana a través de la cual asistimos a “Bajo el puente de L’Ará”, una murder ballad que nos lleva de la mano hacia universos próximos a Edgar Allan Poe en lo literario y a Nick Cave en lo musical.

Recapitulemos: llevamos tres canciones totalmente distintas entre sí en todos los aspectos posibles. Deberíamos pensar que ahora habrá reiteraciones y desarrollo de los materiales, ¿no? ¿Qué viene ahora si no es así? Una cumbia. ¿Una cumbia? Tal vez a partir de esta “Todos contra el cielo” se ponga de moda la peculiar costumbre de que todo cantautor deba firmar en algún punto de su carrera una cumbia, aunque pocos podrán hacerlo tan bien como el asturiano. En este tema Nacho Vegas dibuja un futuro distópico no muy lejano donde expone una de sus más desesperanzadoras preocupaciones (más bien propia del presente): “Va ganando el mal”. Suicidios por desahucios, índices de pobreza de récord mientras los ricos cada vez lo son más, decenas de mujeres asesinadas todos los años a manos de hombres o grandes vallas en las que la sangre hace ríos son sólo algunos de los motivos para creer que sí, que va ganando el mal, “pero hay una cumbia sonando a lo lejos. Es un trozo de firmamento resistiendo.

Nacho Vegas ha perdido la esperanza y el optimismo por las luchas sociales que conseguirían arreglar los problemas de nuestro país. Ahora está cansado de que todo ese trabajo y esas canciones no hayan dado sus frutos y la rabia se manifiesta claramente. Así, la música de “Violética” tiene nuevamente una gran carga de pesimismo y desánimo, elementos propios de un presente agitado y desconcertante.

Llegamos al punto medio de la primera parte con “Desborde”, uno de los momentos más emocionantes del viaje donde Nacho Vegas imagina una España que va inundándose poco a poco hasta llegar al centro, Madrid, convirtiéndose entonces en un océano. El río simboliza un pueblo que lleva años sufriendo la explotación y la opresión de un sistema y un gobierno corruptos, pero pronto llegará a la capital para establecer un “nuevo acuático orden social” en el que esas personas que componen el gran río invertirán los papeles y serán ellos quienes ahoguen a los barones. Seguidamente y con la misma calma volvemos a acercarnos al lado más romántico del artista con “Las palabras mágicas”. Aquí, en un ejercicio de metatextualidad, Vegas construye una canción sobre la búsqueda de la propia canción, aludiendo a ese fondo de la imaginación donde todo puede volver a aparecer y los amantes reencontrarse, donde puede que estén las palabras que el asturiano busca.

La mansión en la que nos encontramos es oscura y fuera sólo hay horrores a los que no queremos prestar atención. Uno de ellos son el terror de los Centros de Internamiento para Extranjeros que protagonizan “Crímenes cantados”, octavo corte de “Violética” que relata de una forma muy periodística y a través de una producción que recuerda a grupos como The Jesus and Mary Chain o Slowdive los casos de Samba Martine y Mohamed Bouderbala, dos víctimas de esos terroríficos centros en los que aquellos emigrantes que huyen de las guerras y la pobreza son encerrados y agrupados, encadenándolos a una burocracia institucional que los desprovee de su propio nombre y les obliga a adoptar una nomenclatura numérica. Samba Martine falleció en uno de estos CIE fruto de una neumonía y hoy en día todavía no hay responsables, mientras que Mohamed Bouderbala se ahorcó tras diecinueve horas de estancia en un agujero negro llamado celda.

Es difícil llegar a este punto sin lágrimas en los ojos. Nacho Vegas se sienta ahora en el sofá y nos canta muy de cerca “La voz tomada”, un pequeño blues en el que firma un resumen de su recorrido y de su por qué en la música. Nos ha quedado claro que la soledad y el sufrimiento son dos de sus grandes compañías en la vida, y su manera de sobrellevarlo sin caer en el pozo es a través de las canciones, uniéndose así a la gran cantidad de voces rotas que han sido, son y serán capaces de convertir sus dolores en música, aislados de un mundo maldito. Tras finalizar esta declaración no tenemos sensación de descanso, ya que “La voz tomada” deja en nosotros una marca, y cuando queremos darnos cuenta escuchamos un clarinete anunciando el leitmotiv de “Todo o nada”. En un momento cálido Vegas vuelve a extirparse sus demonios internos de una forma ciertamente enigmática, pues no deja claro de qué o quién habla esta pieza, aunque podría ser de él mismo. Nacho se siente como un árbol marchito, está hasta el cuello de lodo, siempre se queda sin nada y, sin embargo, se mueve. La intrigante y desafinada voz de Nacho se entremezcla con la angelical María Rodés en unos suaves aullidos que van desvaneciéndose en dirección a la nada.

Nacho Vegas maldice el cielo por los oprimidos

Ahora la preocupación por un mundo maldito se combina con el dolor que parecen haber provocado a Nacho Vegas las estocadas emocionales y la pérdida de algunas personas. No tiene ningún reparo en mostrar otra vez esa apatía que nos come cuando el camino sólo es cuesta hacia arriba y no hay barandillas para sujetarnos.

La inmensa fuerza de Violeta Parra aparece de manera directa en “Maldigo del alto cielo”, una canción original de la chilena versionada aquí por Nacho Vegas junto a la gran Christina Rosenvinge. Juntos elaboran un correcto homenaje que de cierto modo encaja con el resto de canciones del álbum. Sin embargo, como tema aislado quizás es el menos interesante de la colección debido a que el inconfundible estilo de Nacho Vegas queda desdibujado. Continuamos con “Un ejemplo de discreción”, la pista más enigmática del álbum en la que escuchamos una voz al límite del llanto, totalmente desesperanzada y dolida, cantándole a un amor clandestino del pasado. Pero poco le dura al asturiano el dolor del amor y vuelve a reflexionar sobre la situación social actual arremetiendo, esta vez, contra la ignorancia y la falta de posiciones en la política con “Ideología”. Sobre una instrumentación casi industrial Nacho nos habla de algo tal vez evidente pero de lo que no todo el mundo parece darse cuenta (o no queremos hacerlo). Tanto en nuestras manos como en los escaparates o en los autobuses de línea hay implícita ideología; una ideología que nos introducen con calzador los vencedores de hoy en día, esos trajeados que rigen los poderes económicos y políticos. En definitiva, si no somos conscientes de toda esa ideología subyacente y nos posicionamos en contra estamos perpetuándola. Si no nos enfrentamos a las injusticias del día a día (el machismo, la explotación laboral, el racismo o el auge de las posverdades) estamos perpetuándolas y posicionándonos –consciente o inconscientemente– a favor de que continúen.

Tenemos que agachar la cabeza debido a la tensión en la habitación. Ha comenzado una discusión entre Nacho Vegas y Cristina Martínez. En “La última atrocidad” asistimos a un diálogo donde el asturiano suplica a un amor recientemente acabado que vuelva a sus brazos, pero ella sólo ríe y lo humilla más. Tal vez “Los sabios idiotas” sea una carta acerca del pasado de esas mismas dos personas, con un Nacho Vegas que recuerda todo lo que les unía pero que no fue suficiente y también otras cosas que no llegaron a realizar y se quedaron en meros pensamientos. Aquí, en la voz del asturiano recordamos a Leonard Cohen, quien también lloró porque esa no era manera de decir adiós, pero las cosas cambian muchas veces sin que nos demos cuenta. Al igual que el mar con la orilla, “el tiempo tiende a corroer todo lo que toca”.

Hay revuelo en el sótano, así que vamos rápido a ver qué está pasando. La gente se reúne alrededor de un centro enfocado por una luz que se proyecta hacia el suelo directamente. Todas las personas comienzan a cantar al unísono “Tengo algo que decirle”. Si nos acercamos y podemos hacernos hueco observamos que hay alguien sentado bajo la luz. Es un delegado del Gobierno, quizás Gabino de Lorenzo, quien se enorgullecía de la ‘absolutamente proporcionada’ actuación policial en Cataluña durante el 1-O. Este tema se construye sobre una calidez instrumental total, estableciendo un contraste precioso con esa letra que bien podría ser acusada de enaltecer el terrorismo por la más que absolutamente proporcionada Justicia española, dado que en ella se bromea con alguna que otra bomba. Nacho Vegas quiere obligar a este personaje a escuchar nuestra canción, porque tenemos un par de cosas que decirle.

Con “Violética” asistimos a un ejercicio de madurez propio de un artista que no deja de crecer y trabajar día a día, disco a disco. Nacho Vegas es una de las figuras más complejas de la música española y hoy en día, después de más de dos décadas en activo, demuestra que su capacidad para sorprendernos sigue intacta. Hace tiempo que merece estar a la altura de los grandes compositores en castellano como Sabina, Silvio Rodríguez o Serrat. Es el momento.

Con “(Pasamos) El Negrón” volvemos a acercarnos por última vez al Nacho Vegas más personal que, de nuevo, recuerda algún amor del pasado, utilizando como metáfora el túnel de El Negrón que comunica León con Asturias. A punto de llegar al final asistimos a un último canto político, el más directo de todo el álbum. “Aida” es una breve pieza basada en una canción popular asturiana de la Guerra Civil que habla de Aída de la Fuente, una joven guerrillera asesinada por soldados fascistas durante la Revolución de Asturias de 1934. Parece que ese último “puxa la revolución” de la canción pone la guinda a “Violética”, pero todavía queda una última página.

Tenemos que salir de la mansión y acercarnos a la playa para escuchar “A ver la ballena”, una atroz historia sobre aquella ballena varada en la playa de San Lorenzo, Gijón, en 1984, que habla de la ambición capitalista, del ansia exacerbado, de la irracionalidad humana y de lo fácil que es a veces olvidar y dejar pasar grandes desastres como si de mínimas tonterías se tratasen.

El viaje ha sido intenso. Nacho Vegas, pese a lo alto que estaba el listón, logra con este doble álbum uno de los mejores trabajos de toda su carrera. Con “Violética” asistimos a un ejercicio de madurez propio de un artista que no deja de crecer y trabajar día a día, disco a disco, pues su genialidad y profundidad literarias han evolucionado notablemente respecto a sus primerizas canciones cuando nuestro siglo XXI acababa de nacer. Si a eso le sumamos la producción de Paco Loco y el acompañamiento de los grandes músicos mencionados al principio nos encontramos ante una obra con mucho significado y distintas capas que ir desgranando escucha tras escucha. Nacho Vegas es una de las figuras más complejas de la música española. Hoy en día, después de más de dos décadas en activo, demuestra que su capacidad para sorprendernos sigue intacta. El asturiano es un maestro al igual que lo fue Leonard Cohen o lo sigue siendo Joan Manuel Serrat. Su capacidad para extraer sus dolores de dentro y hacernos sentir identificados y emocionarnos con ellos es insólita. Con todos mis respetos, señor Vegas.

Nacho Vegas – Violética

8.8

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“Violética” es un doble álbum complejo y profundo en el que Nacho Vegas aborda temáticas tanto sociales como personales para lograr una síntesis de distintos momentos de su carrera. Una obra que nos habla en gran medida acerca de nuestro presente desde una perspectiva de rabia e ira tras el desengaño y la desilusión. Hace tiempo que Nacho Vegas merece estar a la altura de los grandes compositores y cantautores en castellano como Sabina, Silvio Rodríguez o Joan Manuel Serrat. Es el momento.

Up

  • La variedad del disco, tanto en el apartado musical como en el lírico.
  • La maestría de sus letras.
  • La producción de Paco Loco es impecable.
  • Nacho Vegas sabe perfectamente cómo conectar con todo aquel que decide escuchar sus canciones.

Down

  • El orden del tracklist puede resultar caótico por momentos al pasar rápidamente de unas temáticas a otras.
  • Una canción como “Aida” debería haber cerrado “Violética” debido a su naturaleza breve y directa, dejando así claras las intenciones del disco.
  • “Maldigo del alto cielo” suena más plana que el resto de piezas y, en definitiva, resulta menos interesante.