Gorillaz está en mí. Es una forma de vida. Un sentimiento, una rebelión tal vez, de que jamás seremos controlados ni haremos lo que se espera. No sé si lo disfruto, pero no puedo escapar de ello. […] Gorillaz siempre será una parte de mí, allá donde vaya. Pero, ahora mismo, parece que mucha gente está fracturándose y partiendo sola. El mundo se despedaza como un iceberg que se deshace. ¿Quizás sea la hora de permanecer juntos?” — Noodle, 2018.

Siempre que vuelvo a escuchar sus discos, aun cuando lo hago por puro placer, mi cabeza no para de trabajar y de analizar cada tema, intentando dar respuesta a una pregunta que me planteo con regularidad: ¿qué es exactamente Gorillaz? No me refiero a qué clase de proyecto es, ni en qué género podemos encasillarlo de forma falsaria para hacernos más fácil el trabajo a los críticos, no; lo que quiero saber es qué hace que un sonido, una canción, un disco entero sea, efectivamente, algo 100% Gorillaz y no otro de los muchos experimentos de la hiperactiva mente de Damon Albarn. A día de hoy, después de casi nueve años escuchándolos hasta la saciedad, sigo sin tenerlo claro.

Me hice una pregunta similar cuando me encontré ante la tesitura de analizar “Humanz”, quinto trabajo de estudio de Gorillaz, que llevaba generando hype durante meses y años a intervalos e intensidades irregulares, y tampoco llegué a responderla. Quizás estaba demasiado ocupado intentando amar ese disco tanto como los anteriores, algo que también fue una tarea infructuosa porque el quinto álbum de estudio de la banda animada fue, en cierto aspecto, decepcionante. No es en absoluto un mal disco, pero no es (otra vez vuelvo a lo mismo) lo bastante Gorillaz. Su estructura caótica, motivada por un número absurdamente alto de canciones con una duración demasiado breve, un exceso de colaboraciones que no siempre imprimían carácter a sus respectivos temas y una producción exagerada que unificaba el extenso tracklist a costa de restarle personalidad al sonido fueron las causas por las que este elepé carecía del gancho de sus predecesores.

En líneas generales, parecía que habían dado demasiadas vueltas a todo, que cada pequeño elemento estaba perfectamente ubicado y pulido, pero en todo ese maremágnum de ideas (muchas de ellas brillantes, eso no puede negarse) quedó en segundo plano una pieza fundamental: el propio Damon Albarn. “Humanz” es, junto con “Plastic Beach”, el disco en el que resulta más adecuado tratar a Gorillaz de proyecto y no de banda, porque se ve la mano del músico de Colchester detrás de todo, y también la dirección artística de Jamie Hewlett (que elaboró una campaña publicitaria espectacular), pero no estaban ahí como sí lo estuvieron en ese tercer trabajo. El propio Albarn lo declaraba de esta manera cuando fue recientemente entrevistado en Beats 1:

En el último disco me olvidé un poco de incluirme a mí mismo. No fue intencional. Creo que nos estábamos dejando llevar por las colaboraciones… pero supongo que este [nuevo trabajo] es alguna clase de ‘disco de reajuste’.

El carácter de fiesta apocalíptica y extraña de “Humanz”, ese maremágnum de tinieblas electrónicas e histrionismos house, podría justificar la excesiva primacía de los colaboradores sobre la del dúo que, a fin de cuentas, es el núcleo de Gorillaz, pero sigue sin ser excusa. El disco se sentía como una sucesión inconexa de esfuerzos desmedidos, apenas relacionado con el resto de su discografía, por lo que, desprovisto del carácter que la banda imprimía en todos sus trabajos pronto fue considerado como el peor álbum del grupo. Por todos estos motivos, Albarn y Hewlett, aun cuando no se han mostrado descontentos con los resultados de “Humanz” (que, al fin y al cabo, ha vuelto a colocar con éxito en el mapa a una banda que llevaba más de un lustro desaparecida), decidieron cambiar de nuevo el enfoque que tenían sobre el sonido, sobre el arte, sobre todo lo que este proyecto ha significado desde hace dieciocho años. Y hacerlo rapidito, porque, como dijo el vocalista de Blur, Si vamos a hacer algo más con Gorillaz no queremos tener que esperar otros siete años porque, bueno, nos hacemos un poco mayores”. Esto significa que ambas mentes han vuelto a mirar hacia sí mismas; Hewlett ha replanteado el estilo visual de la banda, haciendo evolucionar palpablemente su técnica y su papel en la dirección artística, y Albarn ha decidido mirar el mundo con los ojos huecos de 2D pero volcando su personalidad, con sus caprichos y sus neuras, en el proceso. “The Now Now” es muy hijo de su tiempo, pero ante todo es hijo de Gorillaz.

Componer deprisa

Albarn y Hewlett decidieron cambiar de nuevo el enfoque que tenían sobre el sonido, sobre el arte, sobre todo lo que este proyecto ha significado desde hace dieciocho años. Hewlett ha replanteado el estilo visual de la banda, haciendo evolucionar palpablemente su técnica y su papel en la dirección artística, y Albarn ha decidido mirar el mundo con los ojos huecos de 2D pero volcando su personalidad, con sus caprichos y sus neuras, en el proceso.

Por extraño que resulte, si hay un disco al que “The Now Now” se parece, ese es “The Fall”. No por su sonido, sus temas o su estructura, sino por el hecho de que es un álbum compuesto y producido en la carretera. Es famosa la anécdota de que el cuarto elepé de Gorillaz fue creado durante la gira estadounidense de “Plastic Beach” en apenas un mes y producido íntegramente en el amado iPad de Damon Albarn, y aunque “The Now Now” no llega a esos extremos sí es cierto que Albarn había manifestado su intención de que su nuevo trabajo reprodujese la espontaneidad y la naturalidad de aquel proceso de creación. También ha tenido mucha influencia, de nuevo, su paso por los EEUU, un país que, para bien o para mal, siempre ha inspirado al músico para encontrar temas que tratar y colores que brindar a sus canciones. Cómo ha afectado esto al carácter personal, reivindicativo y ciertamente optimista del disco en general es algo que trataremos más adelante; antes es importante saber a qué suena este trabajo.

“The Now Now” tiene su propio sonido, pero al mismo tiempo mira hacia toda la discografía previa de Gorillaz (“Humanz” incluido) para edificar su estilo particular. Puede parecer banal hacer hincapié en este hecho, pero es algo que tiene mucho significado pensando en lo que cada álbum de la banda había significado como símbolo. Recordemos que cada uno de los cuatro primeros elepés representaba el carácter de uno de los miembros de la banda virtual, estaba impregnado de su personalidad, y enlazaba con todo el lore que había detrás del trabajo de Hewlett. Por eso también costaba entrar en el juego de “Humanz”: porque su sonido no parecía pertenecer al trabajo de esa ‘banda’ ni a la suma de visiones singulares, sino a una voz creativa indeterminada con menos empaque.

Ahora, sin embargo, Albarn y Hewlett han recuperado el espíritu de lo que Gorillaz ha sido a lo largo de todos sus trabajos: no sólo es que vuelvan a hablar de (o con, o a través de) sus personajes en las entrevistas, hablando de la evolución de esas personas en dos dimensiones que han cobrado vida y personalidad y también tienen sus propias ambiciones, sino que prestarles más atención les ha devuelto a esos orígenes gamberros, desenfadados y ciertamente adorables de parodia de las celebrities. Y, de nuevo, no es una simple coña publicitaria como lo de fichar a un villano de Las Supernenas como nuevo bajista porque Murdoc está en el talego otra vez; esto significa algo a nivel temático. La propia Noodle lo declaraba así en una entrevista a Noisey:

Siempre hemos estado entre sitios, nunca nos quedamos quietos. Por ahora, Murdoc está en un lugar con muchos barrotes y cerraduras. Russel está tratando de volver a juntar el mundo, como si fuera una tetera rota. 2D está… bueno, en un nuevo lugar. Menos frágil, de algún modo, más fuerte. Es raro.

Todas estas pequeñas tonterías que no son tal están ahí, en el alma de “The Now Now”, es decir, en su sonido: desde los detalles de BSO de peli de terror de serie B que tanto emulaban en sus primeros trabajos hasta los sintes juguetones y carnavalescos propios de “Plastic Beach”, pasando por la folktronica de “The Fall” y las referencias house de “Humanz”, todo tiene un espacio en “The Now Now” de forma natural, sin darle tantas vueltas a cada pequeño detalle, como si cada miembro de la banda hubiera puesto de acuerdo con los demás sus mejores talentos para crear algo nuevo y propio sin perder su lugar. Una sensación de diversidad al servicio de una unidad mayor.

Un sonido propio heredero de toda la discografía de Gorillaz

Si hay un disco al que “The Now Now” se parece, ese es “The Fall”. No por su sonido, sus temas o su estructura, sino por el hecho de que es un álbum compuesto y producido en la carretera.

Para esta nueva aventura, Albarn cuenta con la misma banda que en “Humanz” (que lleva ampliándose y mutando desde su disco en solitario “Everyday Robots”, pero que mantiene a miembros originales como Mike Smith y bajas sorprendentes como el batería Cass Browne), pero para la producción decidió unir fuerzas con alguien muy especial. Esa persona es James Ford, famoso por haber producido casi todos los trabajos de Arctic Monkeys, entre ellos el reciente y exitoso “Tranquility Base Hotel & Casino”. Albarn calificó su labor de ‘brillante’, y destacó su capacidad para hacer que todas las piezas encajasen, algo que él no siempre se siente capaz de hacer con Gorillaz.Si este disco tiene más sentido es enteramente gracias a él y no a mí”, aseguraba.

Fotografía: Jamie Hewlett

Cómo “The Now Now” nos pide unirnos de nuevo y no decaer ante la adversidad

“The Now Now” tiene su propio sonido, pero al mismo tiempo mira hacia toda la discografía previa de Gorillaz para edificar su estilo particular. Albarn y Hewlett han recuperado el espíritu de lo que Gorillaz ha sido a lo largo de todos sus trabajos: no sólo es que vuelvan a hablar de (o con, o a través de) sus personajes en las entrevistas, sino que prestarles más atención les ha devuelto a esos orígenes gamberros, desenfadados y ciertamente adorables de sus orígenes.

Mantener la coherencia con la identidad de Gorillaz y hacerlo refrescante ha debido ser todo un reto, pero temas como “Humility” arrojan resultados más que convincentes. Este primer adelanto, que vino acompañado de un videoclip que nos hacía la boca agua pensando en el verano, nos mete en un ambiente cálido, cargado de color y buenas vibraciones. Es impresionante la mezcla entre la electrónica heredera de “Plastic Beach” y un apartado analógico cortesía del guitarrista de jazz George Benson, que aporta un toque más que distintivo al tema. Sus letras, por otro lado, empiezan a poner la luz sobre los temas personales y políticos que Albarn quería tratar en este disco, principalmente el Brexit. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea es algo que siempre ha preocupado al inglés, y líneas como como I don’t want this isolation / See the state I’m in now?” son prueba fehaciente de esta actitud. Con todo, el sentimiento predominante es optimista, más de lo que Albarn esperaba que fuese a ser, y el mensaje positivo de “The Now Now” empieza a calar en nosotros. Le sigue “Tranz”, un tema breve pero poderoso, dirigido por bajos oscuros que evocan los ambientes sórdidos y terroríficos de aquel primer “Gorillaz”; incluso esa breve línea de teclado del estribillo recuerda a los primeros trabajos de la banda. Es una canción enérgica, tenebrosa y sugerente: pocas cosas hay más Gorillaz que esto.

Llega entonces “Hollywood”, la segunda y última canción del elepé con colaboraciones de artistas (algo que recuerda al bajo censo de featurings de “The Fall”). 2D y Jamie Principle cruzan frases poderosas sobre una ciudad con encantos extraños y sensaciones decadentes, de celos y vicios, que puede cautivarte con su encanto o hundirte consigo. Snoop Dogg se cuela en la pieza con un rollo gangsta que no desentona con esa misma idea de soberbia y criminalidad, y el conjunto es más que sólido. Puede parecer que la colaboración estrella del disco no es suficientemente llamativa y que los últimos compases de canción se alargan demasiado, pero este tema ocupa un buen lugar en el tracklist para captar nuestra atención. En otro sentido muy distinto funciona “Kansas”, más pausada, cargada de melancolía e introspección y movida por una electrónica a caballo entre “Plastic Beach” y “The Fall”. Damon Albarn vuelve a encontrarse cómodo siendo 2D y hablando con franqueza sobre sentimientos, quitándose la máscara de dibujo animado y hablando de forma transparente.

Todo sonido previo tiene un espacio en “The Now Now” de forma natural, sin darle tantas vueltas a cada pequeño detalle, como si cada miembro de la banda hubiera puesto de acuerdo con los demás sus mejores talentos para crear algo nuevo y propio sin perder su lugar. Albarn calificó la labor del productor James Ford de “brillante”, y destacó su capacidad para hacer que todas esas piezas encajasen.

Una electrónica diferente, con toques ambientales y house, con una base y un bajo extremadamente expresivos es la que nos trae “Sorcererz”. Esta vez la letra es más críptica, y aunque pueden verse referencias a la alienación, el individualismo o la pérdida de voluntad, el tema no se hace plomizo ni oscuro. Albarn vuelve a dotar a 2D de sus clásicos falsettos, que se elevan en las estrofas y marcan el pulso durante unos estribillos atrayentes. Sin embargo, volvemos a la folktronica de “The Parish of Space Dust” y otros temas del cuarto álbum de Gorillaz, porque llega “Idaho”, una oda apacible a los paisajes estadounidenses y cómo calman su espíritu mientras los atraviesa: And everyday I look out of the bus / Silver linings getting lost”. Su pasaje final, ambiental y emotivo, se apaga rápidamente para ceder paso a “Lake Zurich”, una suerte de jam cuasi-instrumental de electrónica volátil y ritmos vagamente funk, que recuerda en estructura y detalles a viejos temas como “Faust”. Mide sus etapas con gran habilidad a través de pequeñas modificaciones del riff principal y se permite un pasaje de spoken word en la que 2D reflexiona sobre el anterior trabajo de la banda (I find it hard to share it with anyone / Because even to me it sounded ridiculous”), y cómo se decidió a compartir esa visión con el mundo pese a todo, declarando finalmente que “todo lo que siga” no es su responsabilidad.

Aparece entonces “Magic City”, un tema que condensa con habilidad la melancolía con el ritmo upbeat para dar lugar a uno de los temas más introspectivos de 2D, cuestionándose su importancia en el gran esquema del mundo y poniendo en tela de juicio su propio ego. La producción realiza una labor increíble al introducir elementos analógicos como los slides de Jeff Wootton o las secciones de piano sin quitar espacio a unos teclados que se lucen justo después del segundo estribillo. Con un cierre abrupto entramos en la tríada final, en la que se incluyen algunas de las mejores canciones de todo el disco, como la inquietante pero espectacular “Fire Flies”. Esta canción de tempo arrítmico y bajos siniestros nos sumerge en una mente rota y llena de miedos inexplicables, guiada hacia el abismo por luciérnagas. Es muy posible que muchas líneas se refieran a la consabida adicción a la heroína que Albarn sufrió a finales de los años noventa, o quizás se trate de otra relación tóxica y destructiva de 2D que no conocíamos, pero la sensación fluctuante de una belleza aterradora está plasmada en cada segundo de una canción impresionante, quizá una de las mejores de la banda en años.

Un final esperanzador

“The Now Now” es el disco que tenía que ser en el aquí y el ahora. Gorillaz demuestran mejor que en su anterior álbum que siguen en forma por más que pasen los años, que es una banda con grandes ideas. Lejos de exponer de nuevo lo alienante de un mundo cada vez más hostil, Damon Albarn ha decidido lanzar un mensaje de unidad que trasciende su música y su país. Si el futuro pinta jodido, habrá que hacer fuerza frente a la adversidad y no desesperar, apoyarnos mutuamente y no quedarnos aislados.

Mucho más relajada y optimista se muestra “One Percent”, que con esos arpegios y el piano evoca los manierismos de “Everyday Robots”. Pese a su brevedad, el corte pasa con fluidez por varias fases, como el sucinto pero emotivo y grandioso puente que precede a los versos finales y a su luminoso mensaje: I’ll be there with you […] / On the training ground / Of the new world”. 2D sabe que el camino es largo y duro, pero puede haber un futuro mejor, uno en el que estemos más unidos. Y él estará esperando, aunque seamos pocos, aunque solo seamos ese 1% quedará esperanza. Y así, con el corazón en un puño pero con una sonrisa extraña, llegamos al final, y “Souk Eye” es el punto de destino. En esta canción, con un punto vagamente latino y muy dirigida por sus guitarras, la electrónica pasa a un segundo plano muy detallista. 2D, por su parte, vuelve a confundirnos con el “you” de la canción, que podría ser desde una carta de amor a Los Ángeles hasta la despedida agridulce de dos amantes. La mezcla de ambos sentimientos aparece en pequeños detalles, en ese xilófono saltarín entrecruzado por unos segundos con el piano y un violín de regusto arabesco hasta perderse en la distancia, los pulsos electrónicos encontrándose con los punteos agudos de las guitarras. Todo encaja en un adiós que no comprendemos bien pero nos deja con una satisfacción y una alegría sutiles y difíciles de explicar.

Así las cosas, ¿qué ha sido “The Now Now”? ¿Es ciertamente el trabajo más político de Albarn con Gorillaz? ¿El más personal? ¿Realmente ha sido capaz de abrirse más aquí que en su propio álbum en solitario? ¿Ha servido para redimir a “Humanz”? Creo que la respuesta es mucho más simple: “The Now Now” es el disco que tenía que ser en el aquí y el ahora. Gorillaz demuestran mejor que en su anterior álbum que siguen en forma por más que pasen los años, que es una banda con grandes ideas y a la que la incertidumbre del futuro no parece preocupar mucho. Lejos de exponer de nuevo lo alienante de un mundo cada vez más hostil, Damon Albarn ha decidido lanzar un mensaje de unidad que trasciende su música y su país. Si el futuro pinta jodido, habrá que hacer fuerza frente a la adversidad y no desesperar, apoyarnos mutuamente y no quedarnos aislados. Creo que esa es la mejor declaración que Gorillaz podían hacer en este momento, y quién sabe qué harán a continuación. Lo cierto es que siempre se quedan cosas en el tintero, pero para eso están los regresos inesperados. Al fin y al cabo, ¿no son los más satisfactorios?

Gorillaz – The Now Now

7.9

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“The Now Now” no es el álbum más espectacular de Gorillaz ni lo pretende, pero es un hijo de su tiempo. Nacido de la espontaneidad y la honestidad creativas, es un trabajo sólido y refrescante, con letras llamativas en lo personal y lo político y con canciones sorprendentes en el apartado sonoro. Su censo de colaboraciones limitado ha devuelto a Albarn y Hewlett al frente de un proyecto que vuelve con más alma que nunca, trayéndose consigo elementos de toda su trayectoria pero con un estilo único.

Up

  • Gorillaz vuelven a hacer gala de una envidiable paleta de texturas y estilos cargada de personalidad pero manteniendo la homogeneidad del álbum. James Ford demuestra ser un productor de primera al armonizar todo este abanico de elementos con genial resultado.
  • La estructura de las canciones se permite mucha más libertad y resulta infinitamente menos predecible que en “Humanz”. Asimismo, su número es mucho más razonable y el tiempo deja de ser un enemigo.
  • Las letras vuelven a sentirse más sueltas, experimentales, raras o transparentes según lo necesiten tanto Albarn como el propio tema. Tanto la reivindicación por la unidad como la introspección se hacen palpables, y en general todo el apartado lírico se ha hecho menos hermético.
  • El single “Humility”, “Tranz” o la tríada final de “Fire Flies”, “One Percent” y “Souk Eye” se encuentran entre las mejores canciones de la historia de Gorillaz.
  • Gorillaz como idea y como conjunto de personajes ha sufrido una evolución merecida, y vuelven a contar con la atención y el cariño de sus creadores.

Down

  • No hay tantísima luminosidad como a priori cabría esperar, y aunque sí es fácil ver ‘buen rollo’ en los temas puede ser un poco arduo encontrarlo.
  • Aun cuando el disco es muy accesible y tiene buen ritmo, puede parecer que pierde fuerza a medida que llega al final.
  • Que haya pocas colaboraciones no es necesariamente algo malo, pero al estar concentradas al inicio puede decirse que terminan de forma abrupta.