Primera vez que hablamos de King Tuff en esta casa y nos toca justo con “The Other”, su disco más rompedor hasta la fecha. Para quien no lo conozca, Kyle Thomas es otro de esos artistas estadounidenses amantes del garage e hijo de sellos como Burger Records o, actualmente, Sub Pop. Además, comparte generación con algunos de nuestros artistas guitarreros favoritos, tales como Ty Segall (con quien participó en la gira de “Emotional Mugger”) o John Dwyer.

Kyle lleva desde la adolescencia dedicándose a la música, lanzando hasta la fecha de hoy un total de cuatro discos. “Black Moon Spell” (2014) –su anterior trabajo– se adentró por terrenos más grandilocuentes y se rindió definitivamente al glam, sin abandonar sus raíces garajeras de discos como el homónimo “King Tuff” (2012). Sin embargo, tras todos estos años, King Tuff sentía que su figura ya no se ajustaba al perfil con el que la gente lo asociaba, el de adolescente fiestero y alocado rodeado de drogas y alcohol. Los años pasan y el norteamericano ha ido dejando todo eso atrás a la vez que atravesaba periodos de depresión y grandes altibajos en su vida, lo que entre unas cosas y otras le produjo un bloqueo creativo que por fin ha concluido con la publicación de “The Other”.

Una nueva perspectiva

Las canciones suenan más limpias y espaciadas que antes, los teclados ganan presencia y se suman otros instrumentos como el saxofón o la armónica. El groove y los ritmos bailables dominan por encima de las guitarras, dejando a King Tuff en una posición de rockstar con la que hasta ahora había mantenido cierta distancia de seguridad.

Para poder realizar este álbum, King Tuff cuenta que tuvo que aceptar que ya no era la misma persona y que los fans también deberían aceptarlo; necesitaba mostrarse tal y como es ahora y dejarse llevar por la música en lugar de intentar guiar él las canciones hacia un lugar concreto. Así es como ha nacido este nuevo trabajo que lleva al músico a afrontar el rock desde una perspectiva diferente a como lo había hecho anteriormente. Las canciones de este disco suenan más limpias y espaciadas que antes, los teclados ganan presencia y se suman otros instrumentos como el saxofón o la armónica. El groove y los ritmos bailables dominan por encima de las guitarras, dejando a King Tuff en una posición de rockstar con la que hasta ahora había mantenido cierta distancia de seguridad bajo la coraza del garage y el lo-fi.

Fotografía: Olivia Bee

“The Other”: el nuevo yo

“The Other” es una búsqueda del yo actual, dejarse llevar para poder encontrarse a uno mismo y saber cómo continuar. La jugada le sale bien porque ni es un disco forzadamente experimental ni repetitivo, sino que Kyle Thomas llega a una evolución totalmente natural de su sonido, más maduro y menos acelerado, pero con la misma garra y energía de siempre. En definitiva, un trabajo muy variado, entretenido y lleno de grandes canciones.

El glam y el pop se apoderan de temas como “Raindrop Blue”, “Birds of Paradise” o la enorme “Psycho Star”, uno de los singles más claros del disco donde King Tuff busca la melodía y el estribillo fácil y efectivo sin perjudicar a las letras, que cuentan con un componente más introspectivo esta vez para hablarnos del paso del tiempo, de la inocencia y la ilusión de la infancia, el papel del ser humano en relación con la naturaleza y, por supuesto, de romances marca de la casa. En estos temas destacan también el saxofón de Mikal Cronin, quien hace un trabajo tan exquisito como en el último disco de Ty Segall, y la batería del propio Ty en “Raindrop Blue” con un registro que nada tiene que ver con lo que le habíamos visto hacer en Fuzz.

Pero eso no es todo: “The Other” también tiene momentos para el folk-pop de tintes psicodélicos (“Thru the Cracks”), el blues rock de Nashville (“Infinite Mile”) o el rock en clave crooner (“Circuits in the Sand”), pasando por el blues psicodélico de los primeros The Black Keys (“Ultraviolet”) y la psicodelia más árida (“Neverending Sunshine”).

Una evolución natural

Las letras cuentan con un componente más introspectivo para hablarnos del paso del tiempo, de la inocencia y la ilusión de la infancia, el papel del ser humano en relación con la naturaleza y, por supuesto, de romances marca de la casa.

Todas las composiciones mantienen un nivel muy notable, pero aún no hemos hablado de “The Other” y “No Man’s Land”, las pistas que abren y cierran el disco respectivamente como dos medios tempos que se van a los seis minutos. La primera es una balada intimista sobre alguien que ha perdido todo el interés, curiosidad y ganas de vivir hasta una estrofa final (“And I thought it was the end / But then I thought again / And that was when I took the hand of the other) en la que decide intentarlo una vez más y adentrarse así en el resto de este LP, al que pone fin con esa “No Man’s Land”, otro baladón neo-psicodélico a lo Pond cuya letra puede sugerir estar hablando del más allá, de un resurgir y un nuevo comienzo o quizás del alcance de un estado de paz mental con uno mismo, cerrando así la trama que el disco deja intuir de forma más o menos clara.

Al final, “The Other” es una búsqueda del yo actual, dejarse llevar para poder encontrarse a uno mismo y saber cómo continuar. La jugada le sale bien porque ni es un disco forzadamente experimental ni repetitivo, sino que Kyle Thomas llega a una evolución totalmente natural de su sonido, más maduro y menos acelerado, pero con la misma garra y energía de siempre.

King Tuff – The Other

7.5

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Kyle Thomas, más conocido como King Tuff, presenta en “The Other” una faceta más madura e introspectiva de lo que nos había mostrado hasta ahora, dejándose llevar hacia terrenos más pop sin abandonar su carácter glam, sus grandes estribillos y su tradición rockera. Nos entrega así un trabajo muy variado, entretenido y lleno de grandes canciones.

Up

  • El disco no tiene ninguna canción mala ni atraviesa un solo momento aburrido.
  • Atreverse con baladas y buscar nuevos sonidos.
  • Gran instrumentación y grandes temas como “Psycho Star”.
  • Ni se ha estancado ni ha forzado nada, es una evolución muy natural.

Down

  • Algunas ideas se quedan un poco a medias.
  • A veces se echa un pelín de menos su lado más garajero.