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C. Tangana busca el nuevo hit del verano. Con la producción de DVLP (Nicki Minaj, J Balvin, Jennifer López) Pucho nos entrega una especie de “Mala Mujer” 2.0 sin el factor sorpresa que tuvo su primer tema para Sony Music, con mucho menos gancho y menor efectividad. Cada vez parece más claro que el madrileño mantendrá su relevancia comercial intacta dependiendo de su capacidad para adaptarse y reproducir las tendencias que dominen el mercado.

Bueno, pues aquí estamos todos reunidos una semana más, ¿no? La estrategia de C. Tangana no es, a estas alturas, ningún secreto para quienes hayan seguido sus megalomaníacos pasos desde su fichaje por Sony Music: acumular cuantos más temas en YouTube y las diversas plataformas de streaming mejor. Sumar y sumar reproducciones y visualizaciones que se traduzcan en la máxima cantidad de pasta, porque Pucho “no mueve el culo por menos de 20k”. Independientemente de lo ético que nos parezca articular una propuesta artística a partir de esta premisa, lo cierto es que Antón Álvarez Alfaro –y su equipo– son unos auténticos genios del marketing, el ‘brand building’ y todos esos términos que al final vienen a significar dinero, dinero, dinero. Estudioso(s) del mercado que saben dar a su público objetivo lo que quiere en el momento adecuado, porque “El arte de los negocios es el paso que sigue al arte. […] Hacer dinero es un arte. […] Los buenos negocios son la mejor de las artes”.

Sin embargo, esa manera de vertebrar tu música, tu figura, tu personaje y, en definitiva, tu producto, también puede resultar tu propio talón de aquiles. Y es que las hordas de  ̶f̶a̶n̶s̶  consumidores de  ̶c̶o̶m̶i̶d̶a̶  música rápida se levantan cada mañana para revisar con los ojos aún entreabiertos la página principal de YouTube esperando encontrar un nuevo tema que consumir durante los próximos días (con suerte) y a otra cosa, mariposa. Tras el más que nefasto “Ídolo” el madrileño dio la vuelta a la tortilla pocos meses después presentando en forma de mixtape lo que nosotros mismos hemos denominado anti-“Ídolo”, que venía a recordarnos que C. Tangana todavía rapeaba y que podía ser capaz de sacar lo mejor de Crema (sí, Crema) sólo si él quería en piezas como “Llorando en la Limo”. Pero poco más. Al final, la música (que de eso va el asunto) nuevamente no dio la talla. ¿Era necesario compensarlo, que Antón se refugiara en su estudio y gastara folios y folios escribiendo canciones a la altura de su talento? Para nada. Fue suficiente con darle una vuelta de tuerca a un tema original del cuasi desconocido Cromo X, venderlo como cosecha propia y a seguir sumando cash. Y mira que ese acercamiento a ritmos de inspiración dembow y afrotrap daba de sí mucho más y prometía, pero para qué molestarse… 

Pasaron dos semanas y la gente empezó a hablar de otra cosa, pocos se acordaban de “Avida Dollars” y menos aún de “Ídolo”, así que era el momento de volver a la acción. El madrileño aprovechó –muy inteligentemente, todo sea dicho– la controvertida conferencia inaugural del Primavera Sound para sacar una nueva canción en la que se autoproclamaba rey y decía sentirse como Kanye West, pero que al final se sentía vacía en cuanto pasaba el minuto y medio, importando una vez más el contexto que la música, siempre improvisada, secundaria y con una fecha de caducidad muy, muy corta. A Yung Beef pareció fastidiarle un poco bastante (a la espera de saber si está todo pactado) que un debate entre ambos la mar de interesante para desarrollarse acabara reducido por Pucho a números, cifras y, al fin y al cabo, lo tomara como una simple oportunidad de lucrarse un poco más. Y el granadino se lo dijo bien alto y claro. ¿Pero sabéis qué? Que eso era lo que precisamente quería C. Tangana: una excusa más para sacar otro tema, esta vez respondiendo a Yung Beef. Eso sí, bastante más gracioso y con más chicha de lo habitual (¿casualidad que lo firme como Crema?).

Y os preguntaréis que para qué tantísimo contexto si aquí hemos venido a hablar de “Mala Muj…, perdón, de “Bien Duro”. Pues todo viene porque la trayectoria del madrileño durante este último año, desde que firmara por Sony Music y se estrenara con “Mala Mujer”, va a rebufo constantemente de EL HIT, lo que él mismo ha confesado que perseguía desde hace tiempo para dar su zarpazo a la industria. Temas irrelevantes, olvidables y a medio cocinar que le han permitido coger aire y ser el centro de atención hasta su siguiente oportunidad de petarlo verdaderamente. Porque pocos pueden dudar que esto se trata exclusivamente de repetir el megaéxito comercial del verano de 2017, teniendo bien claro que “Mala Mujer” en ese contexto funcionó (y de qué manera). Tenía elementos propios, distinguibles y ciertamente atractivos pero, sobre todo, era tremendamente infecciosa (elemento clave).

Para este nuevo envite Pucho ha querido “tomar los esquemas tradicionales de la música urbana latina para romper sus clichés y reinventarlos desde una perspectiva europea”. Eso dicen desde Sony y, ciertamente, la premisa no suena nada mal, pero ahí se queda. Prescindir de Alizzz (quien se ha encargado de intentar sacarle las castañas del fuego al madrileño una vez tras otra) y ponerse a merced de la producción de DVLP (Lil Wayne, Nicki Minaj, J Balvin, Jennifer López, Eminem) persigue un objetivo más o menos claro: emular hasta cierto punto “Mala Mujer” –musical y líricamente– sin ser demasiado evidente. Reminiscente, sí, pero sin que resulte muy obvio. No obstante, es incuestionable que tiene un tufillo al autor de “Vibras” pero sin la gracia y el carisma que han encumbrado recientemente al de Medellín y carente de originalidad (¿luchar con las armas de la industria para cambiarla desde dentro es simplemente sonar al artista que actualmente recibe más reproducciones en Spotify para ganar más pasta?), mientras temáticamente lo de que es “un pegajoso himno que despide noche, sudor y sexo por los cuatro costados” nos suena a refrito, a rancio. Y eso es lo peor que puede pasar con una composición cuyo objetivo primordial es simplemente –pero no por ello fácil– hacer disfrutar de la época estival.

Reconozco que hablar de ‘canción del verano’ no es algo que me traiga a la mente muy buenos recuerdos porque, pese a que en ocasiones de ahí puede salir, por supuesto, un buen producto, en la mayoría de los casos acaban siendo piezas condenadas a desaparecer de nuestras memorias en tanto que otro artista lo peta con otra nueva canción en las plataformas de streaming. El juego de marketing ‘emulando a los clásicos reyes del verano y sus legendarios cassettes de gasolinera’ resulta curioso y acertado, pero a la vez premonitorio. C. Tangana parece condenado a una relativamente temprana irrelevancia, a los estantes de gasolinera (si es que en un tiempo existen), dependiendo de su capacidad para adaptarse camaleónicamente a lo que impere en el mercado y lo bien que sepa reproducir un producto muy concreto. ¿Os acordáis de cuando se lo denominaba ‘el Drake español’ aunque él asegurara que simplemente utilizaba al canadiense en su soberbia y genial mixtape “10/15”? Antón habla de cambiar la industria desde dentro pero no tenemos claro si no es más bien al revés, si no es la industria la que ha fagocitado a velocidad de crucero cualquier resquicio que quedara de su personalidad como artista y cuando quiera darse cuenta será demasiado tarde.

Es el mercado, amigo.