Es algo más que evidente: hay un claro resurgir del punk más visceral en el mundo anglosajón, tanto en calidad como en cantidad. Lo atestiguan diversas bandas actuales de diferentes matices entre sí pero con ese mismo fondo común que todo el mundo engloba bajo el término ‘punk’: los jovencitos pero locuaces Shame, los densos y profundos Iceage (de origen danés), los glamizados Starcrawler, los rotundos y agresivos IDLES, los opresivos Protomartyr… La lista sería larga y extendida. Pero lo que está claro es que desde hace muy poco estamos viviendo una explosión de canciones rápidas y sucias, sonidos de trastero, acordes rápidos y enraizados, letras ásperas, críticas, contundentes, así como muecas de enfado y repulsión en imágenes promocionales.

Tal vez los tiempos han vuelto a convulsionar: el desempleo, el recorte de libertades y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el mundo occidental son un asunto generalizado entre una población que ha tenido que aprender a base de hostias todo lo que no la enseñaron en casa ni en el colegio. Porque, a fin de cuentas, el jarabe de palo siempre ha sido la forma más eficaz de aprendizaje y, el jaleo de la calle, la mejor escuela.

A nadie le gusta el repollo pero sin embargo hay que comérselo

Autodenominados ‘mojigatos’, Cabbage son una de las mejores propuestas para disfrutar de una reconfortante sesión de punk efervescente e inconsciente.

‘Repollo’. Seguramente si aquí en España hubiera una banda con ese nombre no pasaría de ser el típico grupo de punk patatero con letras absurdas o sarcásticas. Pero no en el siempre decadente Mánchester, cuna de tantos nombres propios que hicieron historia. Cabbage, el quinteto formado por Lee Broadbent (voz), Joe Martin (guitarra y coros), Eoghan Clifford (más guitarras), Asa Morley (batería) y Stephen Evans (bajo), autodenominados ‘mojigatos’, es una de las mejores propuestas para disfrutar de una reconfortante sesión de punk efervescente e inconsciente.

Su primer trabajo discográfico, lanzado en 2016 y titulado “Le Chou”, reveló su particular estilo, asentado en la densidad musical y una lírica espesa de regusto existencial. Al año siguiente presentaron “Young, Dumb and Full Of…”, un primer disco de título inconcluso que sirvió para recopilar las canciones contenidas en los epés que sacaron previamente en maquetas y grabaciones de estudio. Su crecimiento como banda fue paulatino pero rápido, con la impaciencia que caracteriza a los que de algún modo están destinados a hacer grandes cosas. Y en ese contexto llegó en marzo de este año “Nihilistic Glamour Shots”, encaminado a consolidar a los mancuinanos como una de las más divertidas e interesantes propuestas del género en el país británico.

Fotografía: Andrew Whitton

El ácido despertar de la destrucción

El desempleo, el recorte de libertades y la ausencia de oportunidades para los jóvenes en el mundo occidental son un asunto generalizado entre una población que ha tenido que aprender a base de hostias todo lo que no la enseñaron en casa ni en el colegio. Porque, a fin de cuentas, el jarabe de palo siempre ha sido la forma más eficaz de aprendizaje y, el jaleo de la calle, la mejor escuela.

I’m the protocols for unity in the wake of destruction. Así se proclaman en el que es el single del disco, la fantástica y contundente “Arms of Plexoria”, la cual figura en el número dos. Ácida y crítica contra el mercado de armas, trasciende por su estribillo ágil y dinámico, su bajo cargado de dinamita fuzz a lo The Jesus and Mary Chain y su perfecta cohesión entre todos los instrumentos, cargada de frescura y originalidad. Su predecesora, “Preach to the Converted”, habla de la sempiterna función opiácea de la religión y de la también eterna lucha de clases. Es inevitable acordarse de los Dead Kennedys y su “Holiday in Cambodia”.

Las voces demoníacas de Broadbent emergen en “Molotov Alcopop, un tema muy próximo a los Cramps más clásicos cuyo bajo dirige y preside esta fantasmagórica orquesta. La cosa se pone seria con Desinfect Us, perfecta para una película de cine apocalíptico en la que los zombies toman el gobierno y extienden prácticas caníbales. Un sencillo juego de acordes sucios se escurren hasta un estribillo épico con una melodía más que notable, a lo Misfits. En una de las más largas del disco, Cabbage demuestran que no son una banda joven que viven de su espontaneidad y desparpajo, sino que también saben construir desarrollos largos sin resultar plomizos ni aburridos.

Un funeral de estado de monos castrados

Estamos viviendo una explosión de canciones rápidas y sucias, sonidos de trastero, acordes rápidos y enraizados, letras ásperas, críticas, contundentes, así como muecas de enfado y repulsión en imágenes promocionales.

Postmodernist Caligula” es una de las mejores canciones del álbum. Caracterizada por sus cambios repentinos de intensidad, devuelven el punk-rock a su mejor época a lomos del fuzz. A nivel estilístico recuerda muchísimo a artistas de la talla de Ty Segall, Oh Sees o Soviet Soviet. También dominan las disonancias, con acordes que resuenan a ciertos temas perdidos de Sonic Youth. Mientras, “Exhibit A” es, sin duda, la mejor composición del disco, quizás por ser la que más se aparta del estilo tan marcado en esta primera parte. Servida como cierre de la cara A, se trata de un country tocado con madurez, estilo y distorsión. La interpretación de Broadbent vuelve a su máximo estado de gracia, regalándonos un oportuno spoken word a modo de manifiesto hacia la mitad del tema. Realmente suena como si un Hank Williams ebrio interpretara una de sus canciones acompañado por Joe Strummer.

La segunda parte de estos ‘chupitos nihilistas’ amanece con, de nuevo, esa densidad guitarrera que transfiere un tono lúgubre a las composiciones. Por algo la portada está compuesta por una imagen en blanco y negro con las sombras de los músicos a la izquierda de una cruz invertida. La canción parece hablar del estado de emergencia sociosanitario en el cual vivimos. Por la mente emergen bandas como Psychic TV del punk más tétrico. Las aficiones ocultistas de Cabbage toman forma en “Perdurabo”, una canción gótica que sería la banda sonora perfecta de cualquier película de terror de serie B. Una ópera rock siniestra basada en un folk espeso, sucio, desangelado y chirriante. También destaca la creación de pasajes espaciales con el sintetizador, pues no solo de rapidez vive el punk.

Un álbum inspirado y exigente, en el que conviven todo tipo de registros unidos en una siniestra comunión de bajos y guitarras borrachas de fuzz, voces histriónicas y ritmos rápidos, a la par que densos.

Quizás un poco más floja se presenta Gibraltar Ape, cuyo curioso título (“Mono gibraltareño”) parece admitir una provocación a sus queridos vecinos, nosotros, los españoles. La verdad es que hay algo en la canción que, de no ser por el bajo, recuerda a ciertos discos de los Rolling Stones. Los mancunianos admiten la idea de involución como algo factible o necesario en el mundo de la revalorización profesional y del desarrollo económico. Los ecos de Jello Biafra (Dead Kennedys) y el bajo borracho de fuzz vuelven en Obligatory Castration, otra pieza musical dirigida a la provocación: un futuro distópico en el que ante una sobrepoblación desmesurada se castre por imperiosa obligación a todos los hombres una vez alcancen la pubertad.

El giro industrial lo da Reptiles State Funeral, con una increíble y notable producción desmesurada de noise infeccioso que avanza como una marcha a ritmo de bombo y efectos de sintetizador. Sin duda, otro de los mejores tracks del disco, perfecta para cerrar este álbum que ya llega a su final con Subhuman 2.0”, la balada. La guitarra acústica entra por primera y última vez en escena en un rasgueo de acordes que nos llevan paradójicamente de nuevo a los Rolling Stones. Incluso en las voces podemos encontrar alguno de esos aromas a Mick Jagger. La melodía, muy cercana al psych-rock con desarrollo progresivo, a medida que avanza nos retrotrae a ciertas baladas largas de Pink Floyd o, en menor medida y debido a su tono solemne y apocalíptico, King Crimson. Hacia la mitad se rompe en un abismal recreo de guitarra y sintetizador que sirve de colofón a este recorrido por cementerios, fantasmas y países en demolición.

Cabbage – Nihilistic Glamour Shots

8.1

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Cabbage logran sacar un álbum inspirado y exigente, en el que conviven todo tipo de registros unidos en una siniestra comunión de bajos y guitarras borrachas de fuzz, voces histriónicas y ritmos rápidos a la par que densos. Una ópera prima para encumbrar a una banda joven, y por el momento desconocida, dentro de una nueva escena punk de altas proyecciones. Cabbage adelantan a sus coetáneos por la izquierda y llegan sin previo aviso para destruir todo a su paso.

Up

  • La madura y artificiosa producción en temas como “Desinfect Us”, “Perdurabo” y, sobre todo, “Reptiles State Funeral”.
  • La fusión de géneros, como sucede en el country de “Exhibit A”. La canción más redonda del disco.
  • Melodías infecciosas, potencial instrumental y voces extraordinarias. Una banda en pleno estado de forma y de gracia.
  • Letras ácidas, divertidas y críticas con la situación actual. Un imaginario rico y original.

Down

  • Puede parecer que ya lo hemos oído antes por su vasto conglomerado de influencias.