Que los conceptos Oceanía y pop forman uno de los matrimonios mejor avenidos de la música de los últimos cincuenta años ya lo sabíamos cuando charlamos con Rolling Blackouts Coastal Fever con motivo de la publicación de aquel maravilloso “The French Press”. En dicha entrevista los australianos amagaron con desmontar otra asociación, la que une el jangle pop que practican y el verano, al señalar que  buena parte de la mejor música pop soleada ha venido de lugares fríos y grises. Pero, ¿qué queréis que os diga? Será la palabra ‘Coastal’ en su nombre, que proceden de una ciudad costera o que me ha vuelto a tocar ponerme a escribir sobre ellos en verano, pero cada vez que escucho sus melodías jangle de envoltorio lofi no puedo evitar pensar en el sol, la arena, la brisa de una siesta algo tonta después de atiborrarme a sandía o en el tímido chisporroteo de las brasas de una barbacoa contemplado con una cerveza en la mano. En resumen: Para un servidor, Rolling Blackouts Coastal Fever son el mismísimo verano.

“Hope Downs”: pop de cabeza fría y corazón caliente

Cada vez que escucho sus melodías jangle de envoltorio lo-fi no puedo evitar pensar en el sol, la arena, la brisa de una siesta algo tonta después de atiborrarme a sandía o en el tímido chisporroteo de las brasas de una barbacoa contemplado con una cerveza en la mano. En resumen: Para un servidor, Rolling Blackouts Coastal Fever son el mismísimo verano.

Para una presentación más amplia, por si todavía queda algún despistado, tenéis la mencionada entrevista que les hicimos en nuestra particular caverna en su día. Ya entonces advertíamos que Rolling Blackouts Coastal Fever, con dos EPs en su haber, no habían inventado nada, pero readaptaban y ejecutaban con precisión poco forzada, desparpajo y cierta ingenuidad encantadora una fórmula de guitarras cristalinas y ritmos nerviosos que sus padres de Australia y Nueva Zelanda ya habían practicado y readaptado treinta años antes partiendo de melodías pop aún más pretéritas. Son precisamente esa reformulación inmediata y el homenaje sin aires de importancia lo que convierten al pop en algo eterno y donde reside buena parte del atractivo de esta banda, que parece ser plenamente consciente de ello en “Hope Downs”. Éste, su primer álbum de estudio tras dos EPs que llamaron la atención de Sub Pop y parte de la prensa especializada, tenía la misión de despejar cualquier duda acerca de si Rolling Blackouts Coastal Fever podrían seguir enamorando superada la espontaneidad del debut en breve formato. Creo que, pese a no encontrarnos frente a un disco largo (porque los discos de pop nunca deberían superar los cuarenta minutos), esas dudas han quedado del todo disueltas. “Hope Downs” ofrece diez cortes de bella factura que terminan de dar forma a su resuelto ‘tough pop’ y reafirmar el carácter de la banda al tiempo que funcionan como una colección de instantáneas sobre diferentes momentos, pensamientos y estados de ánimo de Fran Keaney, Tom Russo y Joe White.

Fotografía: Warwick Baker

Guitarras, guitarras, guitarras…

Readaptan y ejecutan con precisión poco forzada, desparpajo y cierta ingenuidad encantadora una fórmula de guitarras cristalinas y ritmos nerviosos que sus padres de Australia y Nueva Zelanda ya habían practicado y readaptado treinta años antes partiendo de melodías pop aún más pretéritas.

An Air Conditioned Man” marca la apertura del álbum. Desde el primer minuto RBCF hacen gala de sus mejores virtudes encendiendo la mecha con un marcado ritmo y un amistoso duelo de guitarras cuyos vibrantes sonidos irán estirándose y entremezclándose a lo Television a medida que avanzan los minutos. En medio del delicioso batiburrillo tenemos a un Fran Keaney cantando con cierta desgana sobre estar atrapado en el tráfico. “Talking Straight” enfatiza aún más el ritmo post-punk de su jangle pop en unas estrofas especialmente deudoras de The Clean. Un auténtico pildorazo de ansiedad y excitación cohibida que explota en un centelleante y melódico estribillo tan  pegadizo como perfecto. Sin dejarnos tiempo para respirar llega “Mainland”, completando un soberbio primer trío de canciones. Se trata de un track algo más meláncolico, siempre bien propulsado desde la sección rítmica y con uno de los estribillos más fácilmente coreables de los australianos. La pieza, inspirada tras un viaje de Russo a Italia para conocer los orígenes de su familia contextualizado en medio de la crisis migratoria del Mediterráneo, toca temas como el amor, los anhelos personales, los privilegios y la frustración. Y es que, ya sea tratando conflictos existenciales o sociales, es en esta tensión entre la frustración que normalmente comunican sus letras y la vitalidad que transmiten sus instrumentos donde se halla una de las características fundamentales de RBCF y el motor principal de su personalidad musical.

“Hope Downs” ofrece diez cortes de bella factura que terminan de dar forma a su resuelto ‘tough pop’ y reafirmar el carácter de la banda al tiempo que funcionan como una colección de instantáneas sobre diferentes momentos, pensamientos y estados de ánimo de Fran Keaney, Tom Russo y Joe White.

El disco irá agotando pistas con un protagonismo poco disimulado de lasguitarras. La actividad en este apartado es realmente apasionada y variada, haciendo que los de Melbourne se erijan como una auténtica fuente de riffs y punteos rica e inagotable. Unas veces las cuerdas se fundirán y entrelazarán estirándose hasta el infinito a lo Real Estate (“How Long?”) manteniendo en otras un vigor que acercará su sonido a una especie de garage pop de la Commonwealth (“Time in Common”). A pesar de haber advertido que “Hope Downs” no trae consigo ninguna revolución, lo cierto es que RBCF no se han quedado precisamente estancados y han sabido redondear su producto trasteando con la producción, el tratamiendo del sonido de las guitarras y jugueteando con la aceleración y los cambios de ritmo dentro de una misma canción como antes hicieron The Wedding Present, Beat Happening o The Feelies.

Sister’s Jeans” y “Bellarine” continuarán encapsulando con tino definidas y certeras melodías mostrando dos caras casi contrapuestas de la banda, aunque exitosamente compatibles. “Cappuccino City” nos devuelve a compases más relajados manifestando la faceta más delicada y acústica del grupo, eso sí, con la batería a rebufo y bien marcada (como siempre) insinuando que aquí nadie puede dormirse. En cualquier caso, lo dicho anteriormente sobre la dinámica de sus canciones y la riqueza de sus guitarras no debe llevarnos a creer que RBCF son un grupo demasiado pensado; sirva como ejemplo el descuidado rock de “Exclusive Grave” donde las guitarras casi terminan de desbocarse por completo enrabietándose de manera progresiva. Si bien estos australianos hacen las cosas con mimo y destreza, es innegable la espontaneidad y desenfado que desprenden todas y cada una de sus composiciones. “The Hammer” pondrá un excelente punto final al LP con una nueva joya pop de temática descreída con momentos de auténtica apatía preadulta y estrofas tan brillantes como su conciso estribillo.

El Dunedin Sound vive, la lucha sigue

RBCF no se han quedado precisamente estancados y han sabido redondear su producto trasteando con la producción, el tratamiendo del sonido de las guitarras y jugueteando con la aceleración y los cambios de ritmo dentro de una misma canción como antes hicieron The Wedding Present, Beat Happening o The Feelies.

Rolling Blackouts Coastal Fever han superado con nota el examen de su esperado debut en formato largo con un disco de pop de guitarras al que no se le pide más que lo que ofrece, y eso es muchísimo: ser un muy buen disco de pop de guitarras. El quinteto australiano demuestra estar en perfecta forma soltando del tirón un decena de canciones elegantes y redondas para acompañarte este verano y unos cuantos meses más. Ya habrá momentos de acudir a sonidos más experimentales o arriesgados, pero ya sabes que si el cuerpo te pide un indie pop ágil, fresco y que reclame y obsequie tu atención de principio a fin, aquí tienes uno de los pocos álbumes que ofrecen eso este año. “Hope Downs”, en definitiva, propugna un vitalismo que pide celebrar sus temas sin necesidad de envolverse en la nostalgia y eso debería ser motivo más que suficiente para escuchar un disco de jangle pop en 2018.

Rolling Blackouts Coastal Fever – Hope Downs

8.1

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Rolling Blackouts Coastal Fever demuestran con su LP debut los motivos por los que han destacado por encima de toda la clase media actual del indie pop a través de diez canciones ricas, simples, embriagadoras y fácilmente disfrutables.

Up

  • Siguen progresando.
  • Las guitarras efervescentes, cristalinas, retorcidas o balsámicas, pero qué bien suenan esas guitarras.
  • El pulso ágil del disco apenas se apaga durante toda la reproducción, sobreviviendo gracias a la acumulación de buenas ideas ejecutadas con desparpajo.

Down

  • La duda de cuánto les durará la inspiración para seguir publicando discos tan redondos desde el revival.