Beach House siempre han sido uno de esos grupos que se han caracterizado por tener mayor conexión con la crítica que con el público mayoritario dentro de la música alternativa. No obstante, su sobresaliente “Teen Dream” (2010) y su mezcla de sobriedad e intensidad en los directos les colocó en una posición de popularidad a la que pocos grupos de dream-pop han accedido en la última década. En 2015 sorprendieron con dos lanzamientos en apenas dos meses: “Depression Cherry” y “Thank Your Lucky Stars”. En ambos se encontraban algunas de las mejores melodías compuestas por los de Baltimore, tales como “Sparks”, “PPP”, “Majorette” o “She’s So Lovely”. Sin embargo, la falta de espacio temporal entre ambos lanzamientos y la nula evolución de su sonido otorgó en el público la falsa sensación de que “Thank Your Lucky Stars” era un álbum de descartes publicado al calor del hype de la gira. Esto provocó que dicho álbum generase de manera injusta mucho menos interés, pero puede ser valorado tres años después como el álbum de las joyas ocultas de Beach House.

“7”: la ansiada reinvención de Beach House

Tal vez ese cierto estancamiento ha llevado al dúo a la reinvención. Beach House siguen sonando a Beach House, pero el componente electrónico presente en “7” es mucho más acentuado que el que aparecía en álbumes anteriores.

Quizá también ese cierto estancamiento ha llevado al dúo a la reinvención. Beach House siguen sonando a Beach House, pero el componente electrónico presente en “7” es mucho más acentuado que el que aparecía en álbumes anteriores. Este matiz electrónico se traduce en ambientes místicos que apuntan a formaciones como Ladytron o a artistas como Purity Ring o Zola Jesus. También hay lugar para la psicodelia –que tan de moda han vuelto a poner en los últimos años Tame Impala o MGMT– o para los sonidos más ecléticos y oscuros de la electrónica minimalista contemporánea de Floating Points o Four Tet. Con todos esos componentes Beach House han logrado un álbum que abre una nueva etapa en su carrera, pues simultáneamente suena a lo de siempre y a algo nuevo que Legrand y Scally aún no nos habían ofrecido.

Fotografía: Shawn Brackbill

Melodías preciosistas y una producción más cuidada que nunca

El matiz electrónico se traduce en ambientes místicos que apuntan a formaciones como Ladytron o a artistas como Purity Ring o Zola Jesus. También hay lugar para la psicodelia –que tan de moda han vuelto a poner en los últimos años Tame Impala o MGMT– o para los sonidos más ecléticos y oscuros de la electrónica minimalista contemporánea de Floating Points o Four Tet.

La envoltura mística creada a base de reverbs en las voces y coros llevan la voz de Legrand a nuevos universos en “Dark Spring”, un tema que resulta a partes iguales oscuro y luminoso. Estos ingredientes se suman a la habitual luminosidad melódica e instrumental del dúo, y logran enfrascarnos en un synth-pop muy espiritual que recuerda a piezas como “White Elephant” de Ladytron o a clásicos como “Just Like Honey” de The Jesus and Mary Chain.

A pesar de que la lírica de amor en “Pay No Mind” resulta demasiado convencional (“Baby at night when I look at you / Nothing in this world keeps me confused / All it takes, look in your eyes), la melodía es tan bonita que oculta una letra que bien podría venir firmada por cualquier boyband. Vestida de medio tiempo, y de nuevo a base de coros y con una producción delicada y cuidada al máximo detalle, la pieza nos introduce definitivamente en un álbum que acaba por explotar en “Lemon Glow”, uno de los platos fuertes de “7”. El inicio, que se repetirá en forma de loop a lo largo del tema, es psicodelia pura, y lleva al terreno de Beach House esos matices coloristas y cíclicos que han hecho de las propuestas de Tame Impala, Temples o Rufus T. Firefly algunas de las más interesantes de los últimos años. Combinado con las guitarras distorsionadas que caracterizan al shoegaze quizá estemos hablando, aunque sea muy aventurado, del mejor single de la trayectoria de los de Baltimore.

“7” es un álbum que, a pesar de no destacar por sus letras, es soberbio en su conjunto, reúne una gran cantidad de melodías adictivas y está muy bien configurado en cuanto al orden de las pistas y la coherencia del disco como un todo.

Al pepinazo de “Lemon Glow” le sigue la enigmática “L’Inconnue”, que regresa a un sonido más espiritual con muchas influencias de la new age de Enya, Era o Clannad. Si bien la oclusiva letra vuelve a quedar a remolque de la melodía, esta tiene tantos ingredientes (la perfección de los sintetizadores, la distorsión de la guitarra en el momento adecuado, la entrada de una base más rítmica que hace crecer la canción tras el estribillo, los desdoblamientos de las voces, lo bien que le sienta el francés como idioma a estos nuevos sonidos que están explorando…) que de nuevo vuelve a carecer de importancia la intrascendencia lírica.

La cantidad de sentimientos y la catarsis que despliega “L’Inconnue” resta algo de valor a las primeras escuchas de “Drunk In L.A.” al aparecer seguidas. Sin embargo, después de varias vueltas a “7” vemos que con ella estamos ante una pieza minimalista similar a las que encontrábamos en álbumes como “Teen Dream”. Un canto melancólico de esa persona que gracias al alcohol podría “escalar la Torre Eiffel y escribir en el cielo cuántos giros cuesta alcanzarte o “recordar que estoy amando la vida perdida” y con un solo de guitarra final que crea un contraste perfecto, rompiendo la fragilidad inicial.

Beach House abren una nueva etapa en su carrera sonando a lo de siempre y, simultáneamente, a algo nuevo

Con todos estos ingredientes estamos hablando del que probablemente sea, junto con “Teen Dream”, el mejor álbum en la carrera de Beach House hasta la fecha. Y eso es mucho decir.

Con “Dive” el dúo regresa a sus orígenes a través de un tema claramente estructurado en dos partes, una que remite a un dream-pop de manual con influencias del trip-hop y otra más inspirada en el noise noventero, resultando la misma amalgama que ha inspirado propuestas más recientes como las de los canadienses Alvvays o Japanese Breakfast. “Black Car”, sin embargo, se desarrolla sobre una base de electrónica experimental como las que dan linealidad a las composiciones de Four Tet o Floating Points. Sobre ella van incorporándose y desapareciendo de manera magistral la melodía, los coros y las partes instrumentales en forma de loops (lo mismo que decía Ed Sheeran haber hecho con “Shape of You”, sólo que yendo más allá de la primera lección del tutorial). A continuación, “Lose Your Smile” (con un inicio muy Radiohead) se convierte gracias a un estribillo simple pero efectivo en una de las pistas más hipnóticas del disco. El aroma a britpop y esos coros doblados recuerdan a algunas de las canciones de los primeros Coldplay, Keane o Travis. Pero nada que ver con “Woo”, pieza en la que sobre una base psicodélica hecha a base de loops Legrand repite una y otra vez que lo quiere todo.

Siguiendo la vía electrónica abierta por “Woo” aparece la ochentera “Girl Of The Year” con una producción soberbia y potente, especialmente en las percusiones, algo que han mimado en el compacto entero pero que brilla con luz propia en este tema que hubiera sido perfecto para concluir el álbum. Sin embargo, aún lo es más la que en verdad lo hace. “Last Ride” construye una pieza de ambient pop amable sobre las variaciones de una célula al piano y acaba por romper en una segunda parte en la que la guitarra eléctrica y la percusión (de nuevo muy mimada) le quitan protagonismo al piano, dando forma a una de las composiciones más soberbias del LP. “7” es un álbum que, a pesar de no destacar por sus letras (algo que nunca ha sido el punto fuerte del dúo de Baltimore), es soberbio en su conjunto, reúne una gran cantidad de melodías adictivas y está muy bien configurado en cuanto al orden de las pistas y la coherencia del disco como un todo. Con todos estos ingredientes estamos hablando del que probablemente sea, junto con “Teen Dream”, el mejor álbum en la carrera de Beach House hasta la fecha. Y eso es mucho decir.

Beach House – 7

8.8

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Beach House han dado lugar a su mejor disco junto a “Teen Dream” a partir de melodías más pulidas que nunca, una producción muy mimada y conseguir unir su sonido característico con elementos de la electrónica más experimental, la psicodelia o la mística coral de la new age.

Up

  • Los tintes psicodélicos sientan como un guante a su ambiente dream pop.
  • La influencia de la new age, que aporta mayor mística a varias de sus composiciones.
  • La utilización del francés en la maravillosa “L’Inconnue”.
  • La producción, concretamente las percusiones y bajos.

Down

  • Disco tras disco con Beach House se podría repetir lo mismo: las letras.
  • Que no hayan explotado aún más la  vertiente psicodélica.