Comentaban en Pitchfork hace poco que el indie-rock está sufriendo a lo largo de esta década un cambio en su reinado, llenando sus primeras filas con nombres femeninos que no hacen sino usurpar el trono de las viejas glorias de la década anterior, nombres que caen cada vez más en la irrelevancia e incluso el esperpento. La realidad es que, salvo casos excepcionales (como el último disco de los Arctic Monkeys que por aquí –al menos a algunos– sí nos ha gustado), la gran mayoría de nombres revolucionarios del ‘indie’ de la primera década del siglo XXI están de capa caída. A grupos como Franz Ferdinand, The Killers e incluso The Strokes e Interpol se les acabó el estado de gracia en el segundo disco y desde entonces han hecho lo posible por sobrevivir moviéndose entre el horror y la simple indiferencia (siempre con algún temazo, no saquéis los cuchillos), mientras que los que todavía parecía que podían dar más de sí como Arcade Fire han decidido tirarse sin paracaídas hacia el más absoluto desastre en su último trabajo (que me perdonen los amantes de todos estos grupos por este párrafo, yo también les tengo mucho cariño).

De forma paralela, en estos últimos años hemos visto surgir un montón de artistas femeninas que, quizás sin llegar a proponer ningún trabajo completamente revolucionario o novedoso, han mantenido un nivel impecable en el género. No sólo hay una calidad media más que aceptable, sino que la cantidad cada día es mayor, y encontramos nombres tan interesantes como los de Soccer Mommy, Japanese Breakfast o Julien Baker, que se unen a artistas que para mí han lanzado grandes obras a lo largo de esta década (Courtney Barnett, Daughter o Big Thief) e incluso a algunas de las más importantes actualmente como Angel Olsen y otras ya consagradas que, lejos de caer en la repetición o decadencia, se mantienen al pie del cañón (Grouper, PJ Harvey o Sleater-Kinney).

Snail Mail y “Lush”… ¿El futuro del indie-rock?

Las canciones de Snail Mail tienen un sonido y una madurez nada propios de alguien tan joven. No porque sean composiciones enrevesadas e irreconocibles, sino porque nos dejan ver a una artista con una sensibilidad que pocas veces consigue transmitirse con tanta transparencia. Lindsey Jordan es, al igual que Julien Baker, Margaret Glaspy, Anne Burch, Angel Olsen, Courtney Barnett, Adrianne Lenker, Michelle Zauner, Laura Marling, Jay Som, Mitski y otras tantas, una chica con guitarra. Pero ahí reside la magia de todos estos discos de cantautoras: en sus nulas pretensiones y su máxima sinceridad.

El futuro del indie-rock, decía Pitchfork, es femenino, y no sólo eso, sino que muy recientemente se atrevían a ponerle nombre propio: Lindsey Jordan. La artista norteamericana, más conocida como Snail Mail, es la nueva abanderada del indie-rock de nuestro siglo y de los próximos años.

Pongamos un poco de contexto. Snail Mail comenzó su andadura en 2015, cuando grabó su primer EP autoproducido y titulado “Sticki”. Al año siguiente lanzaría su segundo EP “Habit”, esta vez a través de Sister Polygon Records y el cual la llevaría a girar teloneando a grupos como Priests, Girlpool y Beach Fossils. Tras conseguir un contrato con Matador Records (hay que reconocer que esta gente tiene buen ojo) Lindsey grabaría este su primer larga duración, “Lush”, con Jake Aaron (Solange, Grizzly Bear) a los mandos de la producción.

Lo primero que llama la atención de esta artista es su edad. Apenas tiene dieciocho años pero, tal y como le pasó a artistas como Jake Bugg cuando se dieron a conocer, sus canciones tienen un sonido y una madurez nada propios de alguien tan joven. No porque sean composiciones enrevesadas e irreconocibles, sino porque nos dejan ver a una artista con una sensibilidad que pocas veces consigue transmitirse con tanta transparencia. Lindsey Jordan es, al igual que Julien Baker, Margaret Glaspy, Anne Burch, Angel Olsen, Courtney Barnett, Adrianne Lenker, Michelle Zauner, Laura Marling, Jay Som, Mitski y otras tantas, una chica con guitarra. Pero ahí reside la magia de todos estos discos de cantautoras: en sus nulas pretensiones y su máxima sinceridad.

Fotografía: Michael Lavine

Un ejercicio de introspección, reflexión y superación

En canciones como “Pristine” las virtudes de Lindsey brillan: estructuras clásicas pero bien construidas, instrumentación sobria pero consistente a base de guitarras, estribillos que aciertan por completo en su resolución y letras centradas en la soledad y las relaciones amorosas.

“Lush” comienza con la típica canción introductoria (de hecho se titula “Intro”) de este tipo de álbumes y nos prepara para lo que está por llegar, aunque es justo después cuando comenzamos a encontrar los puntos fuertes del disco. En canciones como “Pristine” las virtudes de Lindsey brillan: estructuras clásicas pero bien construidas, instrumentación sobria pero consistente a base de guitarras, estribillos que aciertan por completo en su resolución y letras centradas en la soledad y las relaciones amorosas. En este caso se habla de una relación de amistad entre dos chicas, pero una de ellas está enamorada de la otra sin verse correspondida, mostrando así ese sentimiento de amor ciego que hace pensar a la cantante que nunca volverá a querer a nadie así: “I won’t love anyone else, I’ll never love anyone else. En esa misma línea se mueven piezas como “Golden Dream”, “Full Control” o “Heat Wave”, el hit con mayúsculas del disco: un corte de indie-rock puro que comienza hablando de amores fugaces, noches de fin de semana apáticas y ese sentimiento de necesitar un amor recíproco al que Lindsay se  enfrenta durante toda la canción para acabar aceptándolo en última instancia:

I’m feeling low
I’m no into sometimes

Probablemente tildar a Snail Mail y “Lush” como el indie-rock del futuro es algo bastante precipitado y erróneo, al menos en lo técnico. No hay nada en este trabajo que muestre una evolución del género, ni ningún elemento propiamente original o innovador. Pero si nos fijamos en la artista y en la propia obra en sí podemos ver a una joven promesa con un gran margen para desarrollar sus capacidades y mantener el pop de guitarras vivo y en buena forma.

Pero no todo son guitarrazos. En los temas acústicos y lentos Lindsey tampoco se desenvuelve nada mal: “Speaking Terms” se acerca a los Wilco de los últimos discos, “Let’s Find an Out” es más similar a Kurt Vile con esos arpegios y ese alargamiento de las sílabas y “Deep Sea” exhibe cierto aire a aquellos temas en los que Courtney Barnett se deja llevar por la deriva como en “Kim’s Caravan”, aunque aquí con un toque más melancólico.

Creo que, excepto “Stick”, canción original del EP de 2016 que ni me termina de encajar ni me parece que esté a la altura del resto del elepé, hay pocas cosas que achacar a este trabajo, menos todavía teniendo en cuenta que es un álbum debut. Incluso se puede extraer cierta conexión y unidad a lo largo del álbum. Así, “Anytime” funciona a modo de resolución final poniendo cierre a los conflictos tratados en “Lush”, como si todo el trabajo fuese un ejercicio de introspección, reflexión y superación, repitiendo aquí algunos versos de la introducción y de otras canciones para acabar con un outro en el que culmina ese conflicto amoroso con el que Lindsey nos confunde sin dejar claro si canta “And still forgive anytime o “And still for you anytime. De esta manera aclara que lo pasado, pasado está, pero que si su amor decide volver ella estará ahí.

Probablemente tildar a Snail Mail y “Lush” como el indie-rock del futuro es algo bastante precipitado y erróneo, al menos en lo técnico. No hay nada en este trabajo que muestre una evolución del género, ni ningún elemento propiamente original o innovador. Pero si nos fijamos en la artista y en la propia obra en sí podemos ver a una joven promesa con un gran margen para desarrollar sus capacidades y mantener el pop de guitarras vivo y en buena forma. No tiene sentido conjeturar sobre el futuro del indie-rock ni vaticinar hacia dónde se va a mover ni de qué manera. Snail Mail es el aquí y el ahora, y sería una pena dejar pasar momentos tan disfrutables para acabar arrepintiéndonos cuando el presente ya sea pasado.

Snail Mail – Lush

8.0

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Snail Mail firma uno de los debuts del año con “Lush”, un disco sencillo en su confección pero que nos atrapa con canciones melancólicas pero muy vivas, muy bien trabajadas, con fantásticos estribillos (elemento clave en un género como el indie-rock) y momentos calmados de gran belleza.

Up

  • Grandes melodías de voz y de guitarra.
  • La energía que transmite a pesar de su melancolía adolescente.
  • Debut muy sólido.

Down

  • “Stick” no está a la altura del resto del álbum.
  • Que busques algo más que un disco de indie-rock.