Fotografía: Sergio Albert

En la vida, cuando ya se está más cerca de los veinte que de los quince, se sea una persona o un festival (eso da un poco igual), se comienzan a reconocer patrones en lo cotidiano, cosas que van repitiéndose. En el caso del Primavera Sound, que acaba de dejar atrás su decimoctava y, como siempre, muy popular edición, sus asistentes más fieles y asiduos ya empiezan a acostumbrarse al olor a porro en cada esquina, a que el 99,9% del público sea de cualquier parte menos de Barcelona, a las pizzas pequeñas y caras y a las copas de plástico, a pegarse el peregrinaje a Mordor, a ver a Shellac, a ver a DJ Coco… Cada vez se producen menos a menudo las primeras veces de nada, y su adictiva emoción es más difícil de reproducir: la primera vez que te haces el selfie con las letras danzarinas de ‘PRIMAVERA’ en la entrada, la primera vez que ves a gente disfrazada de cosas que no vienen a cuento, la primera vez que un guiri requetecolocado te estropea el concierto de tu grupo favorito, la primera vez que ves a Shellac, la primera vez que ves a DJ Coco… Todas esas cosas pierden casi toda su gracia original al tercer o cuarto intento. Menos la del guiri colocado. Esa no tiene ni puta gracia ni la primera vez, en realidad.

En la vida, cuando ya se está más cerca de los veinte que de los quince, se sea una persona o un festival (eso da un poco igual), se comienzan a reconocer patrones en lo cotidiano, cosas que van repitiéndose. En el caso del Primavera Sound, que acaba de dejar atrás su decimoctava y, como siempre, muy popular edición, cada vez se producen menos a menudo las primeras veces de nada, y su adictiva emoción es más difícil de reproducir.

No obstante, y paradójicamente, poco a poco se empieza a hallar el encanto precisamente en eso mismo, en los hábitos: encontrarse a los mismos cinco españoles de siempre, jalear con los mismos problemas técnicos de sonido de siempre, cabrearse con las caídas de algún cabeza de cartel a última hora de siempre (es cierto que esto no se ha producido todos los años, pero prevemos que se convertirá en otra entrañable tradición del Primavera Sound), ver a los mismos Shellac de siempre, ver al mismo DJ Coco de siempre…

Y, ¿para qué nos vamos a engañar? No volvemos al festival año tras año (dejándonos todos nuestros ahorros en el intento) por su incapacidad total de sorprendernos; siempre sucede algo inimaginable que jamás pensamos que llegaríamos a ver en el Parc de Fòrum, como ver a una concursante de Operación Triunfo en el cartel, un grupo que pierde su propio avión privado y nunca llega al festival, las maravillosas caras de estupefacción de los yankees que esperaban a Migos y se encontraron con Los Planetas, ocho tíos disfrazados de ‘¿Dónde está Wally?’, Carles Puigdemonts por todas partes, Yung Beef vendiendo latas de cerveza como un paki cualquiera…

Todavía sin todo ello, y aunque el Primavera Sound fuese verdaderamente la misma cosa repitiéndose una y otra vez sin más propósito que el de sobrevivir, ser un festival aburridísimo de esos que solo trae a artistas mitológicos y diamantes en bruto una edición tras otra no es, ni mucho menos, una mala manera de ser previsible. Ojalá todo se repitiera y repitiera y repitiera tan bien como el Primavera Sound y los treinta y pico conciertos que pudimos ver en su versión de 2018.

1. Jueves 31 de mayo

Fotografía: Sergio Albert

Lo más importante de todo lo que pasó durante la primera jornada grande del Primavera fue que actuaba Amaia de OT 2017 en el Heineken Hidden Stage, quien, en Twitter, se hace llamar @Amaia_ot2017 para que nadie se haga un lío. Precisamente porque ella era la auténtica estrella sin ni una canción propia en su haber de la edición del festival de este año, no la fuimos a ver; no queríamos quitarles espacio a sus verdaderos fans en el coqueto escenario que le había tocado a la gran promesa de las cover versions de nuestro país. Esos fans que, probablemente, llegaron justos para el concierto de Amaia y se fueron corriendo y con los ojos cerrados en cuanto acabó para que no pareciese que son fans de algo más que no sea Amaia. Y es que Amaia es una chica muy divertida y que canta muy bien, y sólo por eso (además de por haber perdido Eurovision y haber ganado Operación Triunfo 2017) ya se merece aparecer en el cartel del Primavera Sound, pasándole la mano por la cara a músicos y grupos de todo el mundo que sí tienen algún tema de cosecha propia en su catálogo, pero carecen del altavoz autopromocional que supone haber participado en un talent show. Amaia, por otro lado, también es una chica que, seguramente, no tiene culpa alguna de que la hayan invitado ha participar en algo en lo que ella no pinta nada. Sin embargo, las personas que montan el tinglado este del Primavera Sound sí que son un poquitín responsables de vender lo mejor y lo que más promete del panorama más o menos alternativo internacional como reclamo para que la gente compre sus abonos más o menos caros… Y ofrecer en su lugar conciertos de versiones de una chica muy divertida y que canta muy bien de Operación Triunfo 2017.

Amaia es una chica muy divertida y que canta muy bien, y sólo por eso (además de por haber perdido Eurovision y haber ganado Operación Triunfo 2017) ya se merece aparecer en el cartel del Primavera Sound, pasándole la mano por la cara a músicos y grupos de todo el mundo que sí tienen algún tema de cosecha propia en su catálogo, pero carecen del altavoz autopromocional que supone haber participado en un talent show. ¿Qué sentido tiene entonces vender lo mejor y lo que más promete del panorama más o menos alternativo internacional como reclamo para que la gente compre sus abonos?

Pero bueno, que mientras pudiésemos ver a The War on Drugs, a Björk, a Nick Cave & The Bad Seeds y a Vince Staples, no íbamos a dejar que la falta de coherencia para con sus principios del Primavera Sound nos aguara la fiesta. ¡A por el día uno!

Forces Elèctriques d’Andorra

F/E/A abrieron la jornada desde bien pronto. Una propuesta no demasiado rompedora (el suyo es un post-rock acerado de manual, con ecos a God is an Astronaut o Toundra), pero engrasadísima y potente. Con su muy breve set, Forces Elèctriques d’Andorra se confirmaron como uno de los grupos del género con más potencial (y vello facial) de todo el país. Acuérdense de ellos si les gustan las progresiones instrumentales y el guitarreo desatado: darán que hablar.

Hinds

Que a estas alturas de la película haga falta seguir defendiendo el éxito de Hinds, guste más o menos su música, es mala señal. La aversión injustificada que generan en buena parte del público español (los guiris las adoran más unánimemente) se explica sólo desde la pura envidia insana. Más allá de un buen segundo disco que continúa la senda del jangle pop suelto y veraniego de las ciervas, lo cierto es que el directo de estas ha ido ganando un lógico empaque que ya no las hace ver fuera de lugar ni siquiera sobre un escenario tan imponente como el Seat del Primavera. Han llegado para quedarse, y si siguen evolucionando en su sonido y en su carisma, tenemos Hinds para rato. Le pique a quien le pique.

Fotografía: Eric Pàmies

(Sandy) Alex G

A (Sandy) Alex G se le esperaba con expectación entre un sector no pequeño del público del festival. Sin embargo, el suyo, más que un concierto fue una batalla contra las circunstancias adversas que lo rodearon. Un sol y un calor de justicia, una hora demasiado temprana para una propuesta relativamente frágil como la suya, unos problemas de sonido en la mitad de altavoces y un escenario (el principal) demasiado grande para su banda. En resumen: el pobre Alex hizo lo que pudo. Y esto es deleitarnos con sus maravillosos temas folk, pese a no quedar en la memoria de nadie como uno de los bolos de esta edición.

Warpaint

Uno que se recordará como de los mejores conciertos de este Primavera Sound es el que dieron Warpaint bien entrada la tarde en el escenario de enfrente; lo suyo fue un bombazo en toda regla. Si bien en sus cuatro discos Kokal y compañía han ido gestando un sonido psicodélico muy particular, que podría calificarse de dream-rock, su directo fue mucho más contundente y compacto. Además de derrochar clase y presencia, Warpaint se sobrepusieron perfectamente a otro petardazo de los altavoces que casi deja sordos a la mitad de los allí presentes. Como unas hermanas mayores cool de las Hinds, Warpaint deberían sonar más a menudo y más fuerte en los círculos del rock actual, pues su propuesta bien lo merece.

The War on Drugs

La sección guitarrera del festival atronó bien fuerte la tarde del jueves, y es que a las de L.A. les siguió, esta vez en el Mango, uno de los nombres más sonados del rock americano en los últimos años. The War on Drugs se marcaron un concierto de notable alto, pese a la etiqueta de sosos que ha acompañado a su directo en alguna ocasión (como su anterior presencia en el Primavera). Esta vez el setlist estuvo dominado totalmente por sus dos últimos discos, donde personalmente se echó de menos “Holding On”, pero que en términos generales fluyó de manera tan natural y bien hilada que, por momentos, pareció que todo fuese parte de la misma épica y somnolienta balada. Americana de este milenio como la mejor banda sonora posible al anochecer en el Parc del Fòrum.

Björk

Se dicen muchas chorradas sobre cosas que hay que ver y hacer en la vida antes de que aparezca El Coco (refiriéndose aquí al monstruo de la canción de cuna, no al DJ; ese en el Primavera Sound aparece para cerrarlo pase lo que pase) y te coma: plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo… Todas gilipolleces si se comparan con el verdadero hito vital que es compartir espacio y tiempo simultáneamente con Björk. No hace falta ser el más fan de esta pequeña gran islandesa que asegura estar en una orgía inacabable con la naturaleza para emocionarse en mayor o menor medida, y se hace hasta difícil valorar, en este caso, una actuación en vivo suya sin sentirse insuficiente; el respeto que su figura transmite va mucho más allá de la brillantez de su incomparable prestigio o de su larga trayectoria. El objetivo principal era presentar Utopia, y con la rompecorazones “The Gate”, con sus gritos al amor humano perdido mirando en la dirección del universo, la homónima y fantasiosa “Utopia”, el detallista y cautivador montaje del escenario, los uniformes inspirados en la dimensión femenina de la naturaleza, los entrañables bailecitos maternales de la artista… Todo apuntaba a ese mismo lugar que describe el último álbum. Hubo también tiempo, por supuesto, para dejarse caer en el placer de la nostalgia reciente que es la cascada a cámara lenta de “Wanderlust”, por ejemplo, pero por si nada de eso es suficiente para merecer ser catalogado como hito en la vida de cualquiera, la Björk que se vio en la Barcelona de 2018 es una experiencia tan panteísta como plantar un árbol, escribir un libro y, sobre todo, tener un hijo a la vez.

Nick Cave & The Bad Seeds

El peso de la responsabilidad atenaza nuestros dedos cuando vamos a escribir acerca del mejor concierto del Primavera Sound 2018. ¿Cómo traducir en palabras la apoteosis oscura que un señor australiano llamado Nick Cave llevó a cabo en el escenario principal a la hora punta del jueves? ¿Cómo describir la hipnosis en la que nos sumió a todos los presentes dicho sujeto junto a sus Bad Seeds y con tan sólo unos movimientos teatrales y una voz de ultratumba? Imposible hacer comprender la potencia de esa jam demencial en la que degeneró “Jubilee Street”, la multitudinaria invasión de escenario en “Stagger Lee”, la emoción de “Push the Sky Away” o la locura cuerda del socio Warren Ellis que, si no fuera porque al lado tiene al crooner definitivo, le robaría el protagonismo merecidamente. Nick Cave va tan sobrado que puede permitirse no tocar “Into My Arms” y aquí paz y después gloria; total, para himno archiconocido ya está “Red Right Hand”, aunque sólo sea por la cortina musical de los Peaky fuckin’ Blinders.

Y como una imagen vale más que mil palabras, nos quedamos con la señora a la que alzó Cave para darle un abrazo mientras la pobre se deshacía en lágrimas de devoción. Una mujer y unas lágrimas que nos representaron a todos. Larga vida al bardo Cave.

Vince Staples

Cuando el presidente del club de pesaos de C. Tangana despejó el escenario Ray-Ban y se barrieron un poco los miles de billetes de dólar con su cara de perjudicado (la misma que adorna la portada de su última mixtape que lanzó por los aires (nos llevamos uno a casa, para recordar cuando seamos mayores aquellos tiempos en los que Antón se creía que nos íbamos a tragar este farol que se está tirando indefinidamente), comenzamos a tomar posiciones para esperar a Vince Staples y a la presentación en tierras íberas de su muy muy muy notable Big Fish Theory. El iconoclasta de Vince llegó puntual y empezó con la frialdad y la mala leche a tope en “Get The Fuck Off My Dick”, aquel single que lanzó en marzo para animar a la gente a donar dinero para retirarlo si tan disgustados estaban con sus últimas decisiones creativas (gracias a Dios, no se alcanzó la cifra marcada para que tuviera que cumplir con su promesa). La brutalidad y la rabia no desaparecieron ya hasta la última canción, y se notaba que Staples lo había planeado todo de esa manera: llevaba puesto un chaleco antibalas por si sus fans se tomaban demasiado en serio las duras letras de sus temas. Predominó en el setlist “Big Fish Theory” con algún toque de su EP “Prima Donna” y del anterior “Summertime ‘06”, y cuando intentó versionar el “Ascension” de Gorillaz… El sonido se fue a la mierda. El disgusto se nos pasó rápido porque, a continuación, se marcó la tríada “Blue Suede”, “Norf Norf” y “Yeah Right”, y junto a la memoria visual de unas pantallitas por las que aparecieron, detrás de Vince, culos, condones, Kurt Cobain, Muddy Waters y Mick Jagger, lo recordaremos toda la vida como uno de los bolos más intensos y emocionantes del PS 2018.

Zeal & Ardor

Zeal & Ardor destacaron en cuanto a su imponente puesta en escena, con dos coristas, el guitarra, el bajo y el hombre detrás del proyecto, perfectamente alineados como para un rito satánico. Aunque lo verdaderamente sorprendente del proyecto es la loca y, contra todo pronóstico, ganadora combinación de blues y black metal que llevan por bandera. Un show que, en lo musical, fue de lo más rompedor y con menos precedentes sonoros de todo el festival. Lo cual, teniendo en cuenta que hablamos del Primavera Sound, ya es decir.

Four Tet

A las tres de la mañana, cuando ya se comienza a rozar el estado de reventamiento, solo le pedimos al festival más famoso de España que un DJ londinense de la talla de Four Tet nos devuelva a la vida. Pero, macho, Four Tet, estabas tú también un poco desganado, ¿no? Sin visuales ni milongas, venías con un muy buen último álbum en la maleta (“New Energy”), y pinchaste algunos de los palos que más ganas teníamos de oír (“Two Thousand and Seventeen”, “LA Trance”). No queremos decir que estuviera mal, pero… ¿Tampoco fue genial? Igual no era culpa tuya, igual estábamos nosotros mismos ya demasiado pesados para flotar, pero da la sensación de que, si no nos molaras tanto de entrada, no habríamos aguantado la hora entera.

Here Lies Man

En el mismo escenario Adidas y un rato después de otros hicieron lo suyo Here Lies Man, que suenan a Fela Kuti tocando con una banda del desierto de la Baja California. A destacar la compenetración del cuarteto, el brillo del bajo y la manera de olvidarse de las estructuras tradicionales de canción, mezclando y reciclando melodías y ritmos sin parar un segundo. Un concierto algo menos llamativo que el de Zeal and Ardor, pero de tremenda carga psicodélica y perfecto para dar por finalizada la jornada.

Fotografía: Paco Amate

2. Viernes 1 de junio

Fotografía: Eric Pàmies

El viernes, y para el descrédito de todo el mundo (sobre todo, de los alemanes), Amaia no volvió (qué triste, bajona total). Tampoco la sustituyó su novio Alfred, aunque cueste asimilarlo, porque parecía el único ingrediente que faltaba para conmemorar la edición más inclusiva con las chicas y los chicos muy divertidos y que cantan muy bien y que han ido a Eurovision pero no tienen ni una canción propia de toda la historia del Primavera Sound (tristeza extrema, bajona del siglo). Afortunadamente, pronto pudimos superar la inmensa decepción con algo mucho mejor: de los creadores de “Frank Ocean no viene porque su Espíritu Santo no está listo para cantar” llega “Migos no pueden venir porque han perdido su avión privado”. Primero los iba a sustituir Skepta, quien ya se había estrenado gloriosamente en el festival el año pasado pero que, como parche, estaba más que megabien. Después resulta que no, que venían Los Planetas, lo cual como trueque por los reyes del trap, estaba megamal. Por suerte, todos los demás supieron cómo coger sus propios aviones y llegaron sin problemas al aeropuerto de El Prat, así que Father John Misty, The National, Mogwai, Charlotte Gainsbourg, Ty Segall y Tyler, the Creator, entre otros, nos ofrecieron un hombro sobre el que maldecir a los Migos.

De los creadores de “Frank Ocean no viene porque su Espíritu Santo no está listo para cantar” llega “Migos no pueden venir porque han perdido su avión privado”. Por suerte, todos los demás supieron cómo coger sus propios aviones y llegaron sin problemas al aeropuerto de El Prat, así que Father John Misty, The National, Mogwai, Charlotte Gainsbourg, Ty Segall y Tyler, the Creator, entre otros, nos ofrecieron un hombro sobre el que maldecir a los Migos.

Waxahatchee

La chica con el nombre más complicado del rock actual estrenó el viernes el escenario Primavera de manera inmejorable, llenándolo con su lo-fi carismático y, a ratos, cabreado, con ese aroma tan evocador de Built to Spill. Waxahatchee, que en mohicano significa ‘guitarra de fuego’, a ratos pareció una versión energética y femenina de Kurt Vile (momento acústico en solitario incluido, en “La Loose”) y otras veces la penúltima esperanza del indie-rock en su sentido más original (ese inicio apoteósico con “Recite Remorse” para terminar agitando al personal con “Under a Rock” y “Peace and Quiet”). Que nadie se olvide de Katie Crutchfield al repasar las mujeres más destacadas de esta edición.

The Breeders

Otra de la que no nos podemos olvidar es de una de las personalidades más destacadas del rock en los noventa: Kim Deal, que tocó con sus Breeders. Cuando le contábamos a una acompañante que Kim Deal, entre otras cosas, fue la bajista original de Pixies, nos llevamos una mirada de desprecio de una fan de la susodicha. Aunque estuvo feo, es comprensible y necesario reivindicar la carrera de Kim más allá de su vida en Pixies. Desde luego, lo de The Breeders fue un despliegue de buen rollo y compenetración perfecta entre las hermanas Deal, que además reavivó la llama del grunge con más energía que nostalgia.

Father John Misty

Mr. Tillman estaba en modo desganado en la tarde/noche del viernes. Se le notaba que tal vez le hubiese apetecido más estar cenándose unas tapitas que actuando en el Seat. Se hallaba tan en su propio y maravilloso mundo que ni se había enterado de que Migos habían cancelado y quería utilizar sus fuegos artificiales, el pobre. Pero el mero mortal que sobre los escenarios se convierte en un tocado por la mano de Dios llamado Father John Misty no iba a dejar que un estado de ánimo alicaído suyo se interpusiera entre el público y una orgásmica misa de las que él suele dar. Father John Misty, de hecho, es de esos artistas que son buenos hasta cuando son malos, hasta cuando no lo intentan, y mientras se ponía el sol sobre Mordor una breve orquesta le acompañó en el cumplimiento de su deber eclesiástico. Del disco que había publicado ese mismo día, “God’s Favourite Customer”, cayeron –entre otras– la ya bastante coreada “Mr. Tillman” y “Disappointing Diamonds Are The Rarest of Them All”, sazonadas ambas con su adorable y raruno sentido del humor e intercalando momentos del “Pure Comedy” y una mayoría de “I Love You, Honeybear” y “Fear Fun”. No fue un gran día para Father John Misty, en resumidas cuentas, pero sí que lo fue para todos los que lo vimos.

Mogwai

Mientras el sol se ponía de verdad en el escenario Primavera with Apple Music, Mogwai ofrecían un recital que iba a satisfacer a fans y a curiosos por igual. Consistentes y consecuentes en su capacidad enérgica a lo largo de los setenta minutos que les dejaron tocar, el cuarteto fundado en Glasgow no defraudó ni en sentimiento ni en personalidad a la hora de aprovechar la ocasión de presentar ante un público diverso su “Every Country’s Sun” del año pasado. Entre viejas (“I’m Jim Morrison, I’m Dead”, “Auto Rock”) y muy nuevas (“Party in the Dark”, “Coolverine”), Mogwai se comportaron como una auténtica reunión de magos absolutamente concentrados en sus pociones sónicas. Para concierto que dio sobradamente la talla este año en el Primavera Sound, el del grupo liderado por Stuart Braithwaite.

The National

The National tocando a la misma hora que Mogwai fue uno de los solapes más dolorosos de la noche, y estarán de acuerdo en ello la mayoría de los amantes de las guitarras que acudieron al festival. En principio, ambas propuestas eran garantía de calidad y, sin embargo, no podrán evitar preguntarse los que se decantaron por ir a ver a los americanos qué hubiera pasado si hubieran escogido a los escoceses, ya que la cruda verdad es que The National resultaron algo decepcionantes. Un comienzo plagado de canciones del nuevo disco, demasiado alicaídas para el directo (faltó en cambio la fibrosa “Turtleneck”) destemplaron a un público que se movía entre la emoción y la expectación constante de un punto más de intensidad. Pocas pegas que ponerle al show de un frontman como Matt Berninger (qué porte, Jesús), pero la sensación al terminar la postrera “About Today”, dedicada a Scott Hutchinson, fue que la elección de los temas no había sido la más acertada.

Charlotte Gainsbourg

Tras un estelar (pero por desgracia visto solo a medias) concierto del bajista del momento, Thundercat, Charlotte Gainsbourg irrumpió en el escenario Primavera by Apple Music para defender su “Rest” del año pasado y, de paso, poner a bailar en plan elegante a medio festival. Una exhibición de pop electrónico y electrizante basada fundamentalmente en su último disco, en la que también hubo sitio para algunos momentos emocionantes, como en esa “Kate” dedicada a su hermana. La puesta en escena, sobria pero impactante, con unos marcos de luces encuadrando a la protagonista y su escuadra de músicos, ayudó a generar un ambiente hechizante, que los susurros de Charlotte terminaron de redondear.

Los Planetas

La sorpresita que dieron Los Planetas, banda insignia del Primavera, con su aparición salvaje en lugar de Migos sobre el escenario Seat fue recibida con entusiasmo por la mayoría de autóctonos, y también con mucha confusión por algunos guiris despistados, que no estaban seguros de si se habían pasado con la ración de drogas ilegales o si los Migos estaban envejeciendo fatal. Confundir a Jota con Quavo ya sería grave, pero ver a todos esos hispanohablantes felices cantando las letras sin fallo alguno y no enternecerse lo es aún más. Nuestro tesoro nacional indie se sentía generoso en lo que a dar sorpresas se refiere, y hacia la mitad del set no sólo se trajo al otro gran divo granadino, Yung Beef, para acompañarlo en Islamabad, sino que, en cuanto se bajó, se subió La Bien Querida para entonar un “No sé cómo te atreves” que no fue poco conmovedor. Al despedirse, y tras haberse pasado mucho de la hora en la que habían pactado acabar, invitaron al público a ir a verlos a un concierto de verdad, de los que hacen cuando no hacen conciertos de mentira de festival. El público, simplemente, estaba encantado de haber visto a Los Planetas de una forma tan deliciosamente inesperada.

Fotografía: Alba Ruperez

Ty Segall and The Freedom Band

El californiano es otro de los que vino hace dos ediciones, pero con un planteamiento tan distinto que, como dijimos en la previa, podría venir cada año sin que pasara nada. Mientras que su última visita la hizo acompañado de los Muggers, dando espectáculo y basado en aquel disco que era ruido y locura, esta vez venía presentando este nuevo “Freedom’s Goblin” que es pura golosina musical. Sin embargo, Ty es Ty, y Ty tiene tantos discos y tantos temazos que la ensalada que sonó en el escenario Primavera y animó pogos y stagediving constantes incluyó su versión más bruta (arrancó con “Wave Goodbye”), más Grateful Dead (ese momento “Warm Hands”…) y más desquiciada (“Despoiler of Cadaver”). En cualquier caso, Segall no se entretuvo más que en dar las gracias al público y se dedicó a lo suyo: seguir rockeando para seguir consagrándose como nuestro ídolo absoluto. Sobresaliente para Ty, Cronin, Moothart y demás.

Ty tiene tantos discos y tantos temazos que la ensalada que sonó en el escenario Primavera y animó pogos y stagediving constantes incluyó su versión más bruta (arrancó con “Wave Goodbye”), más Grateful Dead (ese momento “Warm Hands”…) y más desquiciada (“Despoiler of Cadaver”).

Tyler, the Creator

Tyler, the Creator ha madurado, y el Primavera Sound ha sido testigo de su crecimiento. La última vez que se dejó ver por el Parc del Fòrum, en el decimoquinto cumpleaños del festival, le ofrecieron no más que el humilde escenario Pitchfork, del que se apropió haciendo el cafre con sus amigos Taco y Jasper y robándonos el lado más punk de nuestros corazones. Este año se había ganado lo más alto y ancho de todo el recinto, el Seat, y a juzgar por la planificación del montaje parecía que se iba a dar menos lugar a la improvisación. Finalmente así fue y, joder, qué bien fue; si alguien tenía miedo de que la supresión de la rabia insolente de la adolescencia le restase encanto, que pare de temblar, porque nunca nadie ha estado tan pletórico y lleno de energías chachis a la una de la madrugada como Tyler en el viernes del PS 2018. ¿Quién iba a decir que aquel chaval con cabeza de huevo engorilado contra el mundo se transformaría en el buenrollero sentimental y profesional que es hoy?

Si alguien tenía miedo de que la supresión de la rabia insolente de la adolescencia le restase encanto, que pare de temblar, porque nunca nadie ha estado tan pletórico y lleno de energías chachis a la una de la madrugada como Tyler en el viernes del PS 2018. ¿Quién iba a decir que aquel chaval con cabeza de huevo engorilado contra el mundo se transformaría en el buenrollero sentimental y profesional que es hoy?

El setlist también reflejó la recién encontrada madurez del californiano, decantándose casi totalmente por los temas de su último “Flower Boy” y reservando algún momento sentido, sentidísimo, jodidamente sentidísimo a viejas glorias de su colección de favoritos (“IFHY”, que aseguró haber sido en su día la mejor canción que creyó ser capaz de escribir jamás). Este nuevo Tyler está tan encantado con la vida que hasta pone las letras de sus temas en las pantallas gigantes con el objetivo de que los neófitos no se sientan mal y puedan canturrear. También se tumba sobre los altavoces e incluso deja salir a A$AP Rocky para un momento de despiporre en pareja al son de “Who Dat Boy”. No sabe cuándo volverá a Barcelona, nos dijo rascándose su cabeza con estampado de leopardo, pero se despidió (cómo no), con “See You Again”, así que volverá, tarde o temprano, sin saber si alguna vez en su vida podrá superar este bolarraco magistral.

The Black Madonna

Para irse a dormir contentos había que pegarse unos bailoteos primero en el anfiteatro del Ray-Ban con The Black Madonna, lo mejor y más blanco del tecno chicagüense de los tiempos recientes, sin duda alguna. Dicen que esta madonna negra gana en espacios cerrados y pequeños, como toda buena rata de club, pero durante esa madrugada le dio por crecerse y retar a un público con ganas de buenos bajos y poco más. Atrincherada tras su mesa de mezclas y un setlist que equilibraba con bastante habilidad la experimentación con la complacencia, algunos nos fuimos a dormir con la sensación de haber cumplido con nuestro deber festivalero al cien por cien.

3. Sábado 2 de junio

Fotografía: Garbiñe Irizar

El sábado y último día gordo del Primavera Sound tampoco volvió Amaia. Sniff (lloramos). Ni Alfred. Sniff sniff (lloramos mucho). Migos no programaron ningún concierto de disculpa por ser unos cretinos y unos negados inventando excusas. Venía Skepta, eso sí, pero según el programa, detallado y actualizado a tiempo real en la app oficial del festival, actuaba de 2:45 a 2:45, es decir, que iba a salir a despedirse junto a su amigo A$AP Rocky y a volverse para su Londres natal. Qué raro. Es cierto que Mordor cierra a las tres de la mañana, por norma general, pero le podrían haber hecho una concesión al chaval, ¿no? Ya que viene de Inglaterra corriendo y con poquísima antelación sólo para esto…

La sensación de que el Primavera Sound se parece cada año más al Coachella pero sin famosos y a unos precios un poco más asequibles (por ahora) es difícil de sacudir. Sin embargo, la música sigue acompañando, y mientras tanto todo (o casi todo) estará bien.

A estas alturas, la masificación empieza a cargar, los modelitos van decayendo en gracia y la sensación de que el Primavera Sound se parece cada año más al Coachella pero sin famosos y a unos precios un poco más asequibles (por ahora) es difícil de sacudir. Quedaban algunos de los platos más fuertes del menú por degustar, como los de Car Seat Headrest, los de Jane Birkin, los de Slowdive, los de Lorde, los de los Arctic Monkeys y los de los ya mencionados A$AP Rocky y Skepta, por lo que habría que dejar dentro lo bueno (los potencialmente mitológicos conciertos de nuestros ídolos de la canción) y echar fuera lo malo (la impresión incómoda de que el festival de origen catalán de nuestros amores se está poco a poco convirtiendo en un burdo parque de atracciones para saquear adultos). Centrémonos en la música, pues.

Car Seat Headrest

Lo veníamos avisando: el señor Will Toledo a.k.a. Car Seat Headrest era de las cosas más interesantes de ver durante este festival (y de la vida, en general). Y no defraudó. Al contrario, con una banda de una solvencia pasmosa para su edad y dejando de lado la guitarra (se dedicó exclusivamente al micro, marcándose un Frank Ocean de libro), Toledo se ganó de calle a un público ya predispuesto y que coreó todas sus canciones con una devoción como no se vio en todo el festival. Como un nerd de instituto que se hubiese juntado con otros nerds y hubiera aprendido a molar más y mejor que nadie, Car Seat Headrest cuenta con lo más importante en un personaje como el suyo: que es creíble e identificable hasta lo doloroso. La gran pega: unos incomprensiblemente escasos cuarenta minutos de concierto, que dieron para escuchar apenas cuatro temas de “Teens of Denial”, un par de “Twin Fantasy” y una cover de Talking Heads. Suficiente para marcarse uno de los mejores conciertos del día.

Rolling Blackouts Coastal Fever

Los Rolling Blackouts C.F. no son un equipo de fútbol (como mucho, podrían ser de sala) aunque tengan la juventud, la energía y un punto de hooliganismo agradecido. Tres guitarras (una, acústica), bajo y batería para dar forma a un sonido jangle-pop sin ninguna pretensión más allá de la de entrar mejor que una cerveza fría y tratar de parecerse a The Verlaines, The Bats y todas esas bandas de nuestras antípodas. Cosa que consiguen, o casi, en temazos como “Talking Straight”, “Sick Bug” o “An Air Conditioned Man”. Arriba con estos aussies, porque no todo en la vida tiene que ser grave y relevante.

Jane Birkin

La noche antes le había tocado a la hija, y la tarde del sábado era el turno de la madre. Jane Birkin, la veterana del Primavera Sound 2018 a sus setenta años, eterna guapafea, musa, amor y apéndice de Serge Gainsbourg para siempre, nombre de bolso de Hermès, presentaba su tercer y más reciente álbum de estudio, “Birkin/Gainsbourg : le symphonique”, un palpitante y delicado reentendimiento sinfónico de muchas de las canciones que su lejano y difunto amante francés había compuesto para ella y para él. Apoyada en una orquesta mucho más completa que la que había acompañado el día antes y en el mismo escenario a Father John Misty, repasó con su acento francés confiado (aunque ligeramente roto), un traje sobrio y un aire algo perdido una parte del catálogo de uno de los más grandes intérpretes y escritores en la lengua gala.

Slowdive

El que fue el regreso más rutilante y bienvenido del año pasado no era un nombre que poder perderse. Slowdive, reyes (y reina) absolutistas del shoegaze, tocaron a la hora perfecta (con la noche recién caída), en un escenario ideal (no en Mordor), y ante un público entregado de antemano. Con todo a su favor, Nick Chaplin, Rachel Goswell y compañía dieron un recital apabullante, con un sonido perfecto y una potencia que dejan entrever en el estudio, pero que se desata del todo en directo. Por momentos parecían un grupo de post-rock, con esas progresiones tormentosas tan Mogwai y otros ratos de calma que sobrecogían el alma, ayudados por un espectacular juego de luces. Una hora exacta y diez canciones después (cuatro de ellas joyas del disco del pasado año), todos los allí presentes éramos un poco más felices y estábamos un poco más llenos por dentro que antes.

Lorde

Nada más empezar, la jovencísima Lorde ya envía el mensaje subliminal de que, independientemente de lo que nos guste su composición, viene a conquistarnos a todos por igual con su directo. Protagonizó la actuación más plagada de menores de edad del festival, claramente, pero que eso no engañe a nadie: su madurez performática es bastante impresionante. Intentó focalizar la acción sobre “Melodrama”, combinándola con lo más querido de “Pure Heroin” y alguna salpicadura de Frank Ocean en “The Louvre”. Ella Marija Lani Yelich-O’Connor (para que todo el mundo entienda por qué tuvo que optar por “Lorde” como nombre artístico) estaba radiante, su capacidad vocal, enorme, y sus ganas de dar consejitos, en alza; la neozelandesa tenía muchas ganas de darle a la sin hueso, y repartió lemas de amor propio para todo el que los necesitara.

Lorde protagonizó la actuación más plagada de menores de edad del festival, claramente, pero que eso no engañe a nadie: su madurez performática es bastante impresionante. Intentó focalizar la acción sobre “Melodrama”, combinándola con lo más querido de “Pure Heroin” y alguna salpicadura de Frank Ocean en “The Louvre”.

Enfundada en una suerte de camisón de bodas de la Barbie y calzando deportivas se atrevió a liderar a sus bailarines en algunas coreografías interesantes. Nos abandonó repartiendo estrellas en las que podía leerse ‘Melodrama Forever’, dejando en todo el que la vio un regustillo pop, serio y amable.

Arctic Monkeys

El nombre más conocido de esta edición es el de una banda regresando de un descanso que parece hubiera durado diez años, pese a que no ha durado más que un par de ellos. Los Arctic Monkeys siguen siendo, ante todo, LA BANDA DE ROCK de nuestros días, le pese a quien le pese, y los únicos capaces de mirar de tú a tú a todas las estrellas mainstream contemporáneas, vengan del rap, del pop, del R&B o del trap. Con esto por delante, se han leído duras críticas contra la actuación de la banda: sosa, apática, demasiado centrada en Alex Turner, tirando excesivamente de clásicos (absurdo), lastrada por sus trabajos recientes…

Alex Turner es el seductor más perfectamente diseñado del rock desde Elvis Presley, así que, ¿cómo no va a acaparar casi toda la atención? En definitiva, los Arctic Monkeys siguen siendo, ante todo, LA BANDA DE ROCK de nuestros días, le pese a quien le pese, y los únicos capaces de mirar de tú a tú a todas las estrellas mainstream contemporáneas.

En la opinión del que escribe, aunque hay algo de verdad en todo eso, tales críticas son injustificadas. Los Arctic hace mucho tiempo que no son una banda especialmente intensa en directo, a excepción, precisamente, de su frontman, lo que puede dar la impresión de que acapara atención excesiva. Pero, ¿cómo no lo va a hacer? Alex Turner es el seductor más perfectamente diseñado del rock desde Elvis Presley; ¡como para no aprovecharlo! En cuanto al setlist, fue muy equilibrado, alternando clásicos (“505”, “I Bet You Look Good…”) con novedades del último disco (hasta cinco) y alguna que otra rareza (“Do Me a Favour”, “Pretty Visitors”). Si a esa presencia escénica descomunal de Turner y a esa correcta selección de temas le sumamos una banda más numerosa y brillante que nunca (Cameron Avery incluido), junto con un decorado efectivo y orgulloso (en letras iluminadas gigantes: M O N K E Y S), tenemos todos los ingredientes para un concierto de notable alto. Se cae del sobresaliente sólo por el aparente bajo volumen de la banda si no se estaba cerca del escenario, y por los diez minutos de menos que decidieron tocar los monos. Porque ellos pueden permitírselo.

SUMAC

Aaron Turner, primo de Alex (no), tocaba en el extremo contrario del festival, tanto geográfico como sonoro, y a continuación de este. Y es que, pese a que el sludge abrumador de SUMAC congregó a pocos fieles para su liturgia, el suyo fue, en opinión de quienes teclean, uno de los mejores conciertos del festival incluso con la ausencia de Brian Cook, que debía andar de gira con sus Russian Circles. Su sustituto, de quien cabe destacar un tremendo bigote, cumplió con creces en su papel de imprimir una base rítmica gravísima sobre la que Turner se pudo lucir a gusto, clavando riffs complejísimos sin dejar de hacer headbanging. En resumen: una muestra más de que la selección metalera del festival, aunque escasa, contiene la flor y la nata del heavy metal actual. Tres días nos duró el dolor de cervicales, así que suponemos que Aaron Turner tiene el cuello de un rinoceronte adulto.

A$AP Rocky

A$AP Rocky… Ay, A$AP Rocky, qué mal… Tus fans te esperaban con carteles, temblando por verte, literalmente, y no hacía frío. Ahí estaba, en medio del escenario Seat, la cabeza de tu dummy de accidentes de coche, porque ibas a presentar el “TESTING” que acababas de sacar, un discazo, un claro progreso en tu carrera… Encima, eres más bonito que un San Luis, como dicen las abuelas, eres guapo con ganas, tienes una cara tan perfecta que duele, duele mucho, y tus outfits siempre molan hasta decir basta. Pero tu recital del Primavera Sound, Rocky… Fue un poco mierda. Cuesta mucho ser así de negativamente categóricos con un concierto que las tenía todas para ser un trallazo, pero Rocky, tío… Ya hemos admitido públicamente que tu cara es una maravilla, sí… Dicho eso, no mola que te pases un cuarto del tiempo programado escondido detrás de la iluminaria y con la cabeza metida en la cámara para que nadie te pueda ver salvo por las pantallas gigantes… Que no hemos peleado por un puesto en la primera fila para esto, Rocky, que me hubiera quedado en casa viéndote en vídeos del YouTube… Y, Rocky, lo de quedarte, en serio, esperando a que una cantidad conveniente de tías se subieran a los hombros de sus novios para enseñarte las tetas… Ostras, Rocky, que hemos venido a que el espectáculo nos lo des tú a nosotros, no al revés, no te equivoques… Y si, al menos, cuando te callabas, estuvieras por lo que hay que estar… Chato, ¿no se suponía que odiabas “Wild For The Night”? Nosotros también. Entonces, ¿para qué la pinchas? Y lo tuyo no es cantar, ¿sabes? En el estudio, aún te salvas, pero en directo, ¿hacía falta cargarte “Kids Turned Out Fine” o “L$D” de esa manera? “A$AP Forever”, “Tony Tone” y “Yamborghini High” estuvieron bien, pero… Ay, Rocky, qué decepción.

Fotografía: Eric Pàmies

Skepta

No se presentó a las 2:45 clavadas porque había que desalojar todos los fuegos artificiales que había utilizado A$AP Rocky para compensar su falta de saber hacer sobre el escenario, pero, aproximadamente un cuarto de hora más tarde, volvió sobre el mismo escenario en el que se estrenó dentro de la península ibérica justo un año antes. Skepta, enfundado en un chándal blanco, como un ángel de los barrios bajos, e intercalando gafas de sol, también es un ser de la especie humana muy agradable de ver. Aparte de él mismo, su propuesta visual estaba mucho más simplificada si se comparaba con la del amiguito neoyorquino, pero en eficacia le ganaba por mil; nadie se saltó una palabra del “That’s Not Me” ni de “Shutdown”. Para la muy adictiva “Praise the Lord (Da Shine)”, su particular contribución en el “TESTING” de A$AP Rocky, se trajo al susodicho de vuelta al escenario (era la segunda vez que la cantaban juntos en directo, dijo el inglés) y puede afirmarse que, tras su dueto con Tyler, the Creator, fue lo segundo mejor que el líder de la A$AP Mob hizo en todo el Primavera Sound. Antes y después de eso, se pudo gozar sin control de algún tema del EP “Vicious”, de su ultimísima “Pure Water” y de la intervención espontánea de varios colegas londinenses, como Novelist, Young Lord (a quién vimos igualmente el año pasado) y Jesse, entre algunos más. Así sí que da gusto chapar Mordor con los pies bien reventados de tanto saltar y la garganta muy cascada de gritar demasiado. ¿A quién le importa saber si el grime está vivo o no, mientras mole de estas formas?

Mujeres

Para ir cerrando el festival, al menos en su apartado rock, ¿qué mejor que despedirse cantando canciones en castellano y a voz en grito? Pues que esas canciones sean las de Mujeres. Dicho y hecho: Pol, Yago y Arnau reventaron el Adidas Stage a base de sus pildorazos pop de alma punk, o punk de alma pop. Para los que no les habíamos podido ver tras la publicación de “Un Sentimiento Importante” fue una alegría comprobar que abundan los temazos de este disco en su set, aderezados con algún guiño a su reciente pasado anglófono (“I Wonder”). En fin, qué os vamos a contar de Mujeres a estas alturas: distorsión a tope hasta casi hacer irreconocibles algunas letras, bien de fiesta y un no parar en el centro de la pista de ese que te castiga los hombros a base de bien al día siguiente. Para qué queremos más.

Fotografía: Eric Pàmies