Puedo decir sin ninguna duda que Stephen Malkmus fue para el rock indie/alternativo de los noventa lo que Lou Reed fue para el art-rock que se empezó a desarrollar con la Velvet allá por finales de los sesenta. Y al igual que Lou hiciera con la Velvet, Malkmus abandonaría Pavement después de cuatro excelentes discos (obras maestras a mi parecer) y una no tan afortunada secuela, y, del mismo modo que Lou, comenzaría su carrera en solitario con el pertinente cambio de estilo a algo más enfocado hacia lo cantautor y con los mismos altibajos que caracterizan a casi todas las carreras de esta índole. La historia de la música está llena de coincidencias pero aquí si me lo permitís veo un gran filón, los hechos están ahí y sólo hay que echar un vistazo a sus carreras para encontrar estas similitudes. Obviamente Lou siempre será Lou, que en paz descanse, y siempre será recordado como ese gran pionero e innovador de lo cool y una gran influencia para Malkmus que, además, brilla más que nunca en este Sparkle Hard.

Un LP lleno de arreglos, detalles y sobre todo mucho cariño en cada corte

Y es que el comienzo de este disco ya nos recuerda intrínsecamente a esas inolvidables notas de piano que dan apertura al majestuoso “Berlin” (quizá la obra cumbre de Lou Reed en toda su carrera). Y de eso va la cuestión, porque Malkmus, después de seis discos con The Jicks rozando desde el indie rock más genérico a las jams más locas, llenos de momentos buenos aunque más olvidables de lo que nos habría gustado a la mayoría de seguidores de Pavement, vuelve a la carga con un proyecto más serio y medido de lo que nos tenía acostumbrados, en la vena precisamente de ese rock más artístico que Lou ya profetizaba desde sus inicios. Sin abandonar su toque de dejadez personal, “Sparkle Hard” es un LP lleno de arreglos, detalles y sobre todo mucho cariño en cada corte, es un disco de momentos en los que refugiarte, en los que sentirte como en casa, lleno de esa nostalgia noventera (y setentera) que recae sobre los hombros de un Malkmus que parece incombustible, como si los años no hubieran pasado sobre él, el ‘Jordi Hurtado’ del indie-rock como algunos dirían jocosamente.

Fotografía: Giovanni Duca

Malkmus repasa momentos de su carrera creando un ‘mix’ a medida para los fans

Malkmus, después de seis discos con The Jicks rozando desde el indie rock más genérico a las jams más locas, llenos de momentos buenos aunque más olvidables de lo que nos habría gustado a la mayoría de seguidores de Pavement, vuelve a la carga con un proyecto más serio y medido de lo que nos tenía acostumbrados, en la vena del rock más artístico que Lou Reed profetizaba desde sus inicios.

Comenzando con esa Cast Off en la que, como he dicho anteriormente, la languidez vocal de Malkmus se mezcla con la épica loureediana alzándose como un comienzo más que sorprendente aunque demasiado corto, una pastilla dulce de la que se podría haber sacado mucho más sabor pero que nos hace una bonita floritura introductoria hacia los demás cortes del disco. Future Suiteya nos suena a los Pavement de sus últimos discos, a ese sonido lejano del lo-fi de sus comienzos y que nos contagia de su buen rollo lleno de melodías limpias y frescas. En cuanto a las letras, Malkmus sigue en su línea tan personal y abstracta dejándonos constantemente a nuestra libre interpretación, un ‘hablo de todo pero de nada’ marca de la casa. En este punto Malkmus sabe perfectamente que a estas alturas los mensajes cerrados y directos ya no son su mayor fuerte, su discurso es la continuación a otros tantos que forman su constelación de canciones y que sus más fieles seguidores (entre los que me incluyo) apreciamos desde la madurez de quien ha aprendido a fijarse en los pequeños detalles del día a día más que en las pretenciosas intenciones de quien aún lo tiene todo por delante.

Solid Silk es el tema, a mi parecer, más destacado de todo el disco. Tiene toda esa melancolía, ese mellow yellow folkrockero que echábamos de menos de los Pavement más relajados y melódicos, que además con ese arreglo de cuerdas mezclado con los punteos jangleros de Malkmus nos mece en su particular velero por las aguas mansas de una vida sin preocupaciones. Y ahora viene a mi mente esa “Range Life” que tanto nos promulgaba y que parece por fin haber conseguido hacer realidad; Malkmus ya no habla sobre él y sus pretensiones, sino que nos cuenta anécdotas, nos aconseja con su siempre característico humor negro de por medio. ‘Para los chavales, para que aprendan’ de todo lo que ya ha pasado por los cincuenta y dos años de una estrella del rock que siempre ha querido evadir ese estatus para lanzarse al mar de las rutinas más simples y satisfactorias que todos, en el fondo, llegaremos un día a apreciar si no lo hacemos ya en nuestras vidas.

Love and poverty, wealth and hate
How you gonna beat it out if you don’t know?
You don’t have to forget”

En un alarde de diversidad, Malkmus se siente libre para experimentar con el autotune, mezclando guitarras poderosas y fuzzeras con sintetizadores zumbantes. Nunca ha sido un artista dado a confeccionar tracklists coherentes, y ya desde “Wowee Zowee” nos acostumbró a estos experimentos y ‘salidas’ sonoras donde se desquita de sus clichés musicales.

Con Bike Lane recuperamos sonidos garajeros con Stephen Malkmus en un estado de gracia que no percibíamos desde hace tiempo sus seguidores. El disco comienza a percibirse como un mix de sonidos de toda la carrera de Pavement, como si Malkmus nos estuviera haciendo un ‘remix’ a medida para los fans. Malkmus, en calidad de narrador contemplativo como siempre, nos repasa momentos a ritmo de cadera retro-70s que nos suena a un revival lleno de frescor. Por su parte, Middle America fue el primer adelanto del disco, el cual ya nos anunciaba que Malkmus estaba buscando las raíces de Pavement desde el comienzo aunque sin dejar de lado su faceta de cantautor. Esta balada es de los momentos más memorables y por los que merece la pena el LP. Juegos de palabras y expresiones hechas hacen las letras de Malkmus elocuentes y extremadamente pegadizas al oído durante esta folksong que añade un hit más al catálogo de Malkmus y sus distintos proyectos: Do you think you got the nerve? / It doesn’t take much nerve / Just kiss yourself metaphorically / And open the door and piss if you need to.

En Rattlernos vuelven a dar otro giro. En un alarde de diversidad, Malkmus se siente libre para experimentar con sus autotunes, mezclando guitarras poderosas y fuzzeras con sintetizadores zumbantes. Malkmus nunca ha sido un artista dado a confeccionar tracklists coherentes, y ya desde “Wowee Zowee” nos acostumbró a estos experimentos y ‘salidas’ sonoras donde se desquita de sus clichés musicales, como si buscara un respiro de cutrez entre todo lo guay que puede ser uno. Seguidamente aparece Shiggy”, otro de los cortes a destacar donde el fuzz vuelve pesado (Dinosaur Jr.) y las cantinelas de Malkmus retoman el camino que dejó en Pavement. Y los punteos… Cómo echábamos de menos esos punteos armónicos y delirantes de nuestro Malkmus, quizá tan hiperdiversificado en este disco que olvida crear un concepto general que hile todas estas canciones.

Come from the underground
Throw me right back where I belong
I got no time for this
Sir! Whenever forever”

Malkmus se encuentra en su punto álgido creativamente, pero su obra cumbre está por llegar

“Sparkle Hard” es un LP lleno de arreglos, detalles y sobre todo mucho cariño en cada corte, es un disco de momentos en los que refugiarte, en los que sentirte como en casa, lleno de esa nostalgia noventera (y setentera) que recae sobre los hombros de un Malkmus que parece incombustible, como si los años no hubieran pasado sobre él.

En Kite volvemos a esas jams locas propias de las b-sides y canciones de cierre de Pavement. Quizá por eso, por el nivel al que llegaron, nada de esto nos suena realmente nuevo y genera cierta sensación de que, aparte de los hits, el resto de canciones se quedarán en el olvido junto a, precisamente, todos esos b-sides y canciones secundarias de su anterior formación. Excesivamente larga, pierde el interés con el tiempo y quizá aquí estamos en la peor parte del disco (no todo podía ser tan bueno). Brethren vuelve con la sensibilidad guitarrística indie-pop tan de “Crooked Rain, Crooked Rain”, esta vez escoltada por la vuelta de los arreglos de cuerda. La cosa queda en una canción que nos suena a muchas otras excepto por los arreglos, que se perciben como lo mejor de una pieza que logra crear otro rinconcito más donde cogerles cariño. Así es Malkmus, lo tiene fácil para tocar la vena sensible de sus fans y lo sabe, volviendo al country con Refute junto a las vocales de Joanna Bolme y Jake Morris para crear una excelente canción cowboy con una facilidad impresionante en la que además se ríe del matrimonio y las historias de amor convencionales de manera bastante original.

“Marry on, children
But be aware, the world doesn’t want you anymore

Para terminar, en Difficulties / Let Them Eat Vowels Malkmus intenta sorprendernos con una de sus canciones de estructura una/otra, comenzando con melodías barrocas y un piano a modo de balada final para pasar a sonidos funk-rock, punteos de guitarra y sintetizadores hacia el final. Un buen broche a mi parecer para el disco, que deja un gran sabor de boca sin ser perfecto y que genera momentos reconocibles en la carrera de este grande del indie-rock. Malkmus, sabemos que quieres más, que quieres experimentación pero no te dejan. Sabemos que puedes hacer más y mejor. Todos estamos esperando a que nos sorprendas mucho más, porque la cumbre de tu carrera en solitario todavía puede llegar. Mientras tanto, nadie le hará ascos a discos como este “Sparkle Hard”, que nos da esperanza y añade más clásicos al catálogo de un Malkmus a quien notamos en su punto álgido creativamente desde que empezó su andadura en solitario con el homónimo “Stephen Malkmus” allá por el 2001.

Stephen Malkmus & the Jicks – Sparkle Hard

7.4

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Malkmus y los suyos vuelven al panorama musical con un buen mix de canciones que despertarán una grata nostalgia a todos los fans de Pavement, cerrando un LP lleno de emociones y sobre todo en el que se nota un cariño especial en la producción. Una colección de canciones imprescindible y un punto álgido dentro de su carrera en solitario que aún parece tener cuerda para rato.

Up

  • La nostalgia que siempre consigue despertarnos Malkmus con sus canciones no ha perdido el toque.
  • La diversidad de géneros y arreglos. El disco no se hace pesado y nos mece los oídos de un corte a otro.
  • Más riffs, melodías e himnos al catálogo de un artista con gran pasado y quizá mejor presente.

Down

  • La dirección del álbum, que parece saltar de canciones a otras muy distintas, irregular en calidad compositiva.
  • Canciones menores bajan el nivel de otras. O quizá las hace destacar, no está muy claro.
  • Se siente como una colección de temas sueltos más que un disco completo y consistente.