Paisaje de características alucinantes o, en inglés, Landscape Of Outstanding Features, es el extraño título oficial ostentado por algunos parques naturales en Serbia. Un nombre sorprendente cuyas siglas tomó prestadas el protagonista de nuestro The Cavern de hoy: LOOF. El nombre, sin embargo, no es lo único que relaciona la música de Iván Dueñas, el hombre detrás de LOOF, con la naturaleza salvaje. Su música electrónica con una profunda carga emocional y ambiental parece de hecho dibujar parajes alienígenas no tocados por el hombre, imaginando Doñanas marcianos o Yellowstones de otra galaxia.

Electrónica, sí, pero más cercana a Radiohead o Nine Inch Nails y a géneros a priori antitéticos como el post-rock o el drone que al techno o al house. Tras un concierto en acústico, una pinchada de unos temas ‘muy proto’ con buena acogida y una experiencia personal que necesitaba plasmar de alguna manera, Iván aprovechó la inercia para publicar en diciembre de 2017 un EP que hablase sobre la vida, la muerte, el alma, la reencarnación… Voces mínimas que repiten mantras, espirales sonoras que acaban donde comenzaron y en general una sensación de hipnosis demoledora son las principales características de ese “Flash the Massive”, única referencia hasta el momento de LOOF. Andrés Costureras (Pshycotic Beats) con su sello Log Lady Records le produce y ejerce de mentor, y entre los dos facturan un EP sorprendente y muy bien pulido, con un hitazo indiscutible, “Alienated”, que se coló de hecho en listas de Spotify como Selektor o Dance Máximo. Por ello y por el potencial sónico de la materia prima explotada por LOOF, hablamos con Iván Dueñas para que nos cuente todo acerca de su proyecto.

Habías estado en grupos antes, pero no tenían nada que ver con este estilo de música. Al margen de las circunstancias (disolución de bandas, etc…), ¿qué te hace decantarte por la electrónica en lugar de otras músicas?

Para mí lo moderno, donde se están haciendo las cosas nuevas, es en la electrónica. No hacer un grupo que se atenga a unas normas, basarme en grupos que considero que están haciendo cosas nuevas (como Radiohead, que cada disco es distinto).

¿Al final la decisión es más forzada por la logística, el hecho de estar tú solo y por comodidad o es una decisión consciente?

Un poco de las dos cosas. Por un lado me apetecía hacer algo yo solo por organizarme y seguir haciendo música, ya que a raíz de los conciertos me di cuenta de que esto es lo que más me gusta, a lo que me encantaría dedicarme. La idea de LOOF es generar ambientes: no hay letras, las letras que hay son frases que se repiten, mantras. A mí una de las cualidades que más me interesa de la música es que te lleve a otros sitios, sentir otras cosas; ir a un concierto y salir triste, o salir alegre, o salir súper animado… Eso es un poco lo que yo intento imitar. La música electrónica para mí es el mejor canal para eso, porque puedes crear texturas, jugar muchísimo…

Cuando me meten en (las listas de Spotify) The Selektor y en Dance Máximo es desde luego lo que me hizo pensar: “Hostia, vale, pues esto puede funcionar”. Ahora ya no estoy en las listas porque las han actualizado, pero me ha servido para darme cuenta de que, joder, esto puede funcionar.

El reto es conseguir traspasar lo que yo tengo en mi cabeza y lo que yo hago cuando ensayo o toco en mi casa y conseguir que la gente se meta, conseguir una simbiosis.

Cuéntanos un poco de tus influencias. Tanto musicales como de otro tipo.

Musicales, primero Radiohead, de los que intento sacar esas baterías, esa percusión muy sintética de los últimos discos, el “Blackstar” de Bowie también, porque es un disco que te lleva y que tiene un encanto oscuro. Joy Division, New Order… De hecho, alguno de mis próximos temas tiene un poco el aire al “Get Ready”, con el “Crystal” y todas estas movidas entre volverse totalmente discotequeros y ser todavía medio Joy Division. De cosas más actuales Nicolas Jaar, Weval, Jamie xx…

Fuera de lo musical y de cara a proyecciones y al tema visual tengo mucho en mente al director Nicolas Winding Refn, el de Drive, Sólo Dios Perdona, Neon Demon… Creo que va muy acorde a mi música intentar hacer algo como lo que hace él porque en lo suyo y en lo que hago hay mucha abstracción. El tratamiento de las luces, muy oscuras pero hay neones, hay contras, hay strobo… Le pega mucho ese tipo de imagen visual a mi música, creo. David Lynch también, jugar mucho con el montaje y no tanto con la historia si no con cómo se presenta ésta, cambiar velocidad de cámara, meter algún fractal, seguir en esa línea.

También hay algo como de banda sonora en tu música.

De hecho ahora he compuesto la banda sonora y los ambientes para una obra de teatro, “La caída del estornino”. Es algo que también me llama mucho la atención. Al final escucho mucha música que son cosas que han sido como bandas sonoras de mi vida y que me llevan a situaciones, momentos o pensamientos que he tenido.

¿Cómo definirías lo que es LOOF? Porque no es electrónica al uso.

Todo parte de cosas que no son electrónica que luego se hacen electrónica. Cuando compongo normalmente parto de un riff o de una melodía de voz o de teclado a la que luego meto la percusión. Ahora estoy trabajando en hacer compases extraños y jugar un poco con eso… Pero es un poco mezcla, y hay muchas influencias. Yo llevo trabajando dos años en una peña flamenca como técnico de sonido y hay un toque arabesco en ciertas cosas, melodías pegadizas que se repiten, con una percusión un poco hipnótica… Costureras, que aprovecho para decir que es un genio no reconocido, lo definía como space-disco y synth-pop; hay mucho género metido y eso es lo que yo quiero. Una cosa que creo que es sello propio es que la percusión sea muy percutora, algo matemática, de repetición.

Fotografía: Promo
¿Consideras que esta ambigüedad puede ser una ventaja, por acercarte a gente fuera del nicho electrónica, o una desventaja, por no entrar en esa escena?

Juega un poco a favor y un poco en contra. A favor tiene que no está definido, en directo vamos a mezclar una sesión en concierto, con bajo, guitarra, teclado y voz, y texturas, percusión y sintes por ordenador. No es ni sesión DJ ni concierto, hay un poco de limbo ahí. A caballo entre grupos y DJs puede ser nuestro lugar, a nivel de festivales y cosas así. Lo bueno que tiene es que es una música que yo creo que llama un poco la atención, en cuanto a que no tiene una estructura típica de subida, bajada, estribillos… Hay mucha matemática y muchos patrones, de darte cuenta de sutilezas y de que te gusta, o de que no.

El reto es conseguir traspasar lo que yo tengo en mi cabeza y lo que yo hago cuando ensayo o toco en mi casa y conseguir que la gente se meta y conseguir una simbiosis. No sé si lo conseguiremos, espero que sí, porque hay trance, hay algo que pretendo que te envuelva. Próximamente tengo dos fechas en Madrid el 29 de junio en El Perro de la parte de atrás del coche, y el 5 de julio en Siroco.

La oscuridad del EP si se debe a una experiencia personal que te ocurrió, ¿es una cosa puntual o va a permanecer en tu sonido?

Va a permanecer. Hay una lucha interna que he tenido yo siempre componiendo y que después del EP ya he asumido, que es el hacer algo más alegre. Pero no me sale, ni cuando estaba en mis anteriores grupos. Así que en el futuro hablaré de otras cosas, haremos cosas distintas, pero siempre va a estar ese punto no tenebroso, pero oscuro.

Para el futuro más próximo, ¿vas a centrarte en sacar un LP o irás sacando singles sueltos?

Mi intención ahora es seguir. De manera paralela a los primeros conciertos mi idea es sacar disco. Por un lado tengo varias canciones con cierta identidad, más que el EP. Mi idea es sacar un LP que hable de algo, con un inicio, un final y que tenga una cohesión. Pero si hay alguna canción que sea potente y por lo que sea no entra en el disco, estoy abierto a sacar temas como singles. Y más en este tipo de música que eso se hace mucho.