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Decepción tras decepción, C. Tangana vuelve a aburrir con otro tema cuyo contexto importa más que la música, una vez más secundaria e improvisada. Pero de eso va la historia, ¿no?, de tener siempre un filón publicitario al que engancharse, dándole impulso a una carrera que avanza a trompicones recuperando el aliento justo cuando empieza a reducir marchas.

Alguien hace una pregunta, la de rigor en estos días de locura jurídica: ¿Qué pasa con Valtonyc? Se enfadan todos, pero sólo a uno se le ilumina la cara con la luz de la oportunidad. Coge el micro, muy gallito, muy majestuoso él. Carraspea, mira al frente con aplomo y, a decir verdad, empieza algo flojo: “La monarquía es un robo, es una cosa que se hacía en el siglo no sé cuándo, cuando la Edad Media y cuando los dragones”. Aunque podría, no voy a entrar en lo poco que dice de nuestro sistema universitario el que alguien licenciado en filosofía diga una simpleza así, ya que no es lo que nos interesa. El caso es que, tras este rebuzno, C. Tangana sigue haciendo gala de su sutileza intelectual para soltar la bomba cuyo eco ha rebotado ya en todos y cada uno de los rincones del reino de España: “El Rey soy yo. El Rey es un gilipollas, la madre del Rey me come los cojones”.

No sabemos si tendrá que irse o no a Bélgica después de esto, pero tengo la sospecha de que, de ser así, Pucho estaría encantado. De eso va la historia, ¿no?, de tener siempre un filón publicitario al que engancharse, dándole impulso a una carrera que avanza a trompicones recuperando el aliento justo cuando empieza a reducir marchas. Aquí lo hemos dicho muchas veces y no será en esta ocasión cuando lo neguemos: C. Tangana tiene un olfato muy agudo para todo lo que significa promoción. Fue así como resucitó su carrera hace ya casi cuatro años para convertirse en un ídolo dorado pero de dudosa credibilidad artística y así ha sido hasta hace unos días, cuando aprovechaba el ruido generado por su comentario ramplón en contra del Rey para lanzar un tema que se une a la ristra de salchichas insípidas, acumuladas en la despensa de YouTube con una fecha de caducidad muy, muy corta (¿os acordáis de “Traicionero” o ya la habéis olvidado?). El título lo dice todo: “El Rey Soy Yo / I Feel Like Kanye”.

Digo que el título lo dice todo y no me refiero a que esconda algún tipo de mensaje transcendental, sino más bien a que estas dos frases resumen, literalmente, la canción entera, pues C. Tangana se limita durante tres minutos a repetir estas dos máximas sin parar, salpicando de vez en cuando la letra con un par de nimiedades como “Si yo hablo se convierte el agua en vino” o Si yo hablo Sony ficha a Fernandito” (nos da que él tiene poco interés en este rollo de las multinacionales, pero quién sabe si no es un anticipo de algo…). ¿Hay un sentido detrás de este tema salido de la nada? Pues si nos ponemos, claro que lo hay. En primer lugar, C. Tangana insiste en actuar de profeta anarco-individualista con su religión de letras grandes y párrafos pequeños, diciéndonos que todos somos el Rey y que el mercado y que tal y que cual y que ya si eso hablamos de esto en otro sitio. En segundo lugar, se compara con Kanye, supongo que por eso de decir algo súper controvertido y que todo el mundo empiece a echar sudores fríos y a llorar por una frase que bien podría haber soltado cualquier pajillero de Twitter todos los días de nuestras monárquicas semanas.

El problema aquí es que sólo Kanye es Kanye, y que mientras que al americano le salen las cosas medio bien aunque saque un disco de canciones sin terminar y haga la portada con una app barata, al madrileño no parece entrarle en la cabeza que no basta con que Alizzz (esta vez junto a Royce Rolo) le saque las castañas del fuego una y otra vez, y que si quiere seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro va a tener que pasar un par de horas más gastando tinta en el escritorio. En definitiva, esto es, como todo lo que ha venido sacando hasta ahora, otro tema crudo que sangra deficiencias por los cuatro costados. Bien es cierto que hace poco nos quejábamos de que sus temas no pasaban la línea de los dos minutos, pero si llegar a los tres minutos y medio significa tener que sentarnos para escuchar la misma frase repetida en bucle, casi que prefiero volver a lo escueto y directo de su última mixtape (que sí escondía alguna joya como “Llorando en la Limo”). Decepción tras decepción, C. Tangana vuelve a aburrir con otro tema cuyo contexto importa más que la música, siempre secundaria e improvisada. Dice Pucho que quiere un país de reyes, pero si los reyes son como él, yo prefiero quedarme siervo.