Tropical. Fuck. Storm. Léase varias veces por separado y detenidamente para la correcta asimilación del nombre elegido para este ‘supergrupo’ liderado por los dos miembros principales de The Drones, Gareth Liddiard y Fiona Kitschin, quienes amplían el espectro de ese punk-blues post-apocalíptico con el que ya nos deleitaron en el intenso y maníaco “Feelin Kinda Free” (no esperábamos menos). Debido a problemas internos surgidos entre sus miembros (demasiados proyectos paralelos, dificultades para volver a reunirse por asuntos personales de sus otros integrantes, etc.) Gareth y Fiona decidieron pasar página y dar nueva vida a su torrente creativo a través de este gigante Frankenstein musical llamado A Laughing Death in Meatspace”. Desesperación, rabia, ansiedad, crítica a la corruptela política y social de la Australia profunda (y no tan profunda) y crípticos mensajes antisistema –no precisamente alentadores– salen de la afilada lengua de un Gareth que maúlla su particular y tóxico blues desde la Apocalipsis existencial de alguien que ya no tiene nada que perder. Sin censuras y sin límites en lo metamusical, Gareth Liddiard retoma toda esa rabia nickcaviana de su etapa más cruda y violenta (sí, ‘violencia verbal’ sería una buena descripción para el relato desgarrador que sostiene sin trabas durante todo el LP). Fiona, a su vez, genera ese contrapunto vocal que ayuda a consolidar una armonía siempre acertada perfilando un paisaje de devastación, maldad y caos que tan bien sugiere su extravagante portada.

Ampliando el espectro del punk-blues post-apocalíptico de The Drones

Desesperación, rabia, ansiedad, crítica a la corruptela política y social de la Australia profunda (y no tan profunda) y crípticos mensajes antisistema –no precisamente alentadores– salen de la afilada lengua de un Gareth que maúlla su particular y tóxico blues desde la Apocalipsis existencial de alguien que ya no tiene nada que perder.

A la batería, guitarra y teclados tenemos a Lauren Hammel (High Tension) y Erica Dunn (Palm Springs), que dan la sensación de haber pasado un tedioso proceso artístico para adentrarse en el caótico sonido presentado por la banda. A mi mente vienen interminables sesiones de grabación, sudor sobre las guitarras, intensidad emocional al borde de la locura, una espiral sonora que rompe las ataduras de los géneros para crear un sonido único y meditado: un lisérgico punk progresivo que avanza implacable canción tras canción en estructuras abiertas e improvisadas que dan la sensación de total libertad a la vez que nos sumergen en la agorafobia más corrosiva. Arreglos de guitarra al más puro estilo de Marc Ribot dan la puntilla a cada riff haciéndolos tan únicos y ricos en matices como delirantes y desquiciados, así que preparaos para la inmersión en esta redefinición de todo lo que el punk y el blues representan. Decir denso quizás sería quedarse cortos ante este tour de force instrumental que a su vez sabe cuando bajar el pistón, cuando darnos esa falsa tranquilidad que vuelve a romper cual tormenta tropical (nunca mejor dicho). Y es que ‘convencional’ no es una palabra que parezca estar en el diccionario de estos diestros músicos dispuestos a romper con todo.

Fotografía: Bleddyn Butcher

“A Laughing Death in Meatspace”: un viaje extenuante y mórbido tanto en sonido como en letras

Sin censuras y sin límites en lo metamusical, Gareth Liddiard retoma toda esa rabia nickcaviana de su etapa más cruda y violenta (sí, ‘violencia verbal’ sería una buena descripción para el relato desgarrador que sostiene sin trabas durante todo el LP). Fiona, a su vez, genera ese contrapunto vocal que ayuda a consolidar una armonía siempre acertada perfilando un paisaje de devastación, maldad y caos que tan bien sugiere su extravagante portada.

Empezando fuerte y sin titubeos con You Let My Tyres Down (que por cierto me recuerda en esencia a la excelente “To Think That I Once Loved You” de su último disco con The Drones) nos ponemos en situación: una Australia sin normas, una anarquía sistemática que corrompe todo lo que toca sin ningún tipo de escrúpulos, un montón de perdedores dejados llevar por el alcohol y la locura. Gareth nos habla desde la pena, desde la impotencia de no poder hacer nada al respecto, transmitiéndonos este sentimiento en un infeccioso coro que además consigue ser bastante pegadizo. Con Antimatter Animals” —una de las joyitas más destacables de este completo disco– el sonido esquizofrénico de un punk progresivo lleno de quiebros ya augura esta ruptura con el sonido de The Drones, confirmándonos que Tropical Fuck Storm no es sólo una mera continuación sino una expansión sonora llena de creatividad y vanguardia. Chameleon Paint sigue el relato antisistema a partir de una tercera persona global desde la alienación y hacia la alienación, una trampa que no puede ser evitada, inherente a la sociedad, a la publicidad, a la enseñanza; no hay forma de escape y eso lo sabe muy bien Gareth, cuyo grito desesperado toma eco entre toda la saturación instrumental que se va revelando detalle tras detalle sin descanso.

Precisamente eso, saturación, es la sensación que consiguen transmitir y que bien diseñada sonoramente se esconde tras los inesperados cambios instrumentales que conducen todas las canciones del disco. Siguiendo esta fórmula dirigida a la creación única y original vamos con The Future of History”, intencionadamente vil y exagerada metáfora de cómo las máquinas están dirigiendo nuestras vida desde la famosa partida en la que el ordenador Deep Blue ganó a Kasparov, un hito en el desarrollo informático que Gareth presenta como la profecía desoladora que acabará con la humanidad tal y como la conocemos:

Kasparov saw our fate and cried out in despair
We are commanded by the monsters we have brought to bear!
And nobody does the dishes, the turkeys vote for Christmas
Gaslighted by the telephone that put Steve Jobs in business
And no one in the future plays chess, or cares!”

Sudor sobre las guitarras, intensidad emocional al borde de la locura, una espiral sonora que rompe las ataduras de los géneros para crear un sonido único y meditado: un lisérgico punk progresivo que avanza implacable canción tras canción en estructuras abiertas e improvisadas que dan la sensación de total libertad a la vez que nos sumergen en la agorafobia más corrosiva.

En el hemiciclo del disco Two Afternoonsse levanta como un muro de ruido que va tomando forma poco a poco a través de las metáforas surrealistas de Gareth (para variar). Asombra la capacidad que tienen estos artistas de fusionar el noise-rock más duro con pasajes blueseros sin desentonar en ningún momento, quizás el logro más destacado de este supergrupo que parece tener trayectoria por delante para rato. O quizás no, tal vez Gareth nunca querrá ser recordado por un grupo en particular y llevará su estrambótica filosofía a la práctica dentro de su propia carrera. Seguidamente, con Soft Power” Gareth decide mirar esta vez directamente hacia los Estados Unidos de América, presentando su particular Apocalipsis como si de una profecía aterradora se tratase. Quizás conquistemos Marte o quizás entremos en guerra nuclear, son tantas las promesas y tantas las desgracias que el escepticismo se torna como única creencia ante todo. Además tiene una de las letras más directas del disco, que ataca a todo el mainstream norteamericano (desde Tom Cruise a los BeeGees), bala tras bala las vocales disparan dejando los casquillos de esos coros tan épicos como perturbadores para acabar finalmente en una tranquilidad que no deja de ser la farsa representada como ‘seguridad’ que los grandes países quieren hacernos creer a través de su poder entre ellos. La nostalgia del mundo fantástico de Oz (que representa a su vez los típicos granjeros americanos) nubla el desaliento de un Gareth derrotado por el peso de la lacra gubernamental omnipresente.

Con “A Laughing Death in Meatspace” Tropical Fuck Storm se posicionan precisamente como quieren: en ninguna parte. Ninguna concesión al mainstream, ningún respiro a los que intentan hacer de la música no un objeto de culto sino un mero capto de fans y enriquecimiento. Este disco se quedará en nuestra memoria como una extravagante pintura sonora de un museo en ruinas

Con Shellfish Toxin llegamos a un interludio bastante prog rockero, un pasaje meditativo que contrarresta la explosión sonora desarrollada en un desolador paisaje baldío. A mis oídos los restos de la civilización al extinguirse a sí misma, pero cualquier interpretación se quedaría corta ante la flamante imaginación desarrollada por nuestro Gareth… Continuando con la nostalgia desgarradora, la homónima del disco (A Laughing Death in Meatspace”) cambia a un tono mucho más desganado y atmosférico, y ahora es cuando entendemos que toda esta añoranza viene de una gran comedia negra: ‘reír por no llorar’. En el fin del mundo, lejos de los días brillantes y de las escapadas de la juventud, tenemos una oda a los tiempos pasados dentro de todo este caos alienante en el que la sociedad se ve sumergida actualmente. Incluso entre toda la saturación sonora este grupo es capaz de sacar canciones lentas, profundas y con una sensibilidad difícil de encontrar en muchos grupos de rock moderno. He aquí la madurez, el saber hacer y la diversificación de unos músicos con trayectoria y en su momento más álgido para revelarla al mundo. Por último, la bluesera y más estándar dentro de su estilo Rubber Bullies cierra el disco dejando un poso tan amargo e incierto como las visiones de un futuro no tan lejano:

He couldn’t hold on
He couldn’t fly
Wrong place wrong time is something of an understatement
The world went passed him by”

Con “A Laughing Death in Meatspace” Tropical Fuck Storm se posicionan precisamente como quieren: en ninguna parte. Ninguna concesión al mainstream, ningún respiro a los que intentan hacer de la música no un objeto de culto sino un mero capto de fans y enriquecimiento. TFS son mi grupo preferido de este 2018 y merecidamente. Proponen un toque de atención a la industria, demostrando que aún se puede innovar en la música si se pierde el miedo a la experimentación (claro está siempre coherentemente) y a la ruptura de los estereotipos y convencionalismos que tanto daño hacen estructuralmente a la libertad de expresión artística que debería ser, al menos para mí, nuestro único fin en esto del arte. Este disco se quedará en nuestra memoria como una extravagante pintura sonora de un museo en ruinas, aunque esperamos que no sea el último. Se llamen como se llamen les seguiremos allá dónde vayan, ya que han demostrado ser una apuesta más que segura en el mundo del punk alternativo, del blues experimental y del rock en general.

Tropical Fuck Storm – A Laughing Death in Meatspace

8.6

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Tropical Fuck Storm es un nuevo supergrupo, nacido de los integrantes de The Drones Gareth Liddiard y Fiona Kitschin, que reinventa el punk-blues desde y por el underground musical de las últimas décadas. Un viaje extenuante y mórbido que tanto en sonido como en letras se presenta en un disco tan original como inadaptado para los nuevos oyentes del género.

Up

  • La experimentación, el sonido punk-blues psicodélico que engloba toda la atmósfera tan personal de este grupo.
  • Las letras, las entonaciones de Gareth, el espíritu antisistema representado como un destino fatídico al que todos estamos relegados.
  • Lo original y underground que representa este disco en su totalidad.
  • El concepto desarrollado a lo largo de las canciones que avanzan implacables para el oyente.

Down

  • No destinado al oyente medio de blues-rock. La saturación instrumental hace de este disco una escucha difícil y necesariamente activa que los no introducidos al mundo de The Drones y del rock experimental en general puede que no sepan apreciar.
  • Quizás, el mayor pecado del disco sea caer en un estilo denso y sin concesiones a cambios que al final puede ser un poco repetitivo y cargante.