La formación británica The Temperance Movement parece escoger con delicadeza cada detalle que da sobre su nuevo trabajo. En su tercer disco de estudio, “A Deeper Cut”, la banda demuestra que conceptualiza cada canción desde el principio.

Como indica su nombre, esta vez han llegado al fondo, a lo más profundo a nivel vocal y lírico. Sus canciones, más pausadas que en “White Bear” (2016) o en su primer lanzamiento, el homónimo “The Temperance Movement” (2013), no hacen sino sumar en calidad cuanto más relajados son sus temas.

Hablamos con Phil Campbell, cantante y fundador del grupo, unos días antes de su única fecha en España, en el Garage Sound Festival de Madrid. El escocés se abre en canal sin instrumentación de fondo para contarnos cómo se ha creado un disco a partir de la soledad, el desencanto y la esperanza.

En febrero presentasteis vuestro último trabajo hasta la fecha, “A Deeper Cut”. ¿Qué diferencias encuentras, por ejemplo, con el anterior “White Bear” (2016)?

La principal diferencia entre este tercer disco y los anteriores es que dos de los miembros que grabaron los primeros dejaron la banda. Luke Potashnick, el guitarrista, dejó el grupo a finales del año 2015 y Damon Wilson, el batería, salió un año después, en diciembre de 2016.

Entonces, volvemos a empezar desde el principio. ¿Cómo fue grabar el tercer álbum sin dos de vuestros miembros originales?

Cuando Luke y Damon se fueron se unieron dos tipos nuevos: Matt White en la guitarra y Simon Lea en la batería. El proceso fue escalonado e incómodo. La dinámica cambió y todos tuvimos que adaptarnos a una nueva situación que realmente no se resolvió hasta que se acabamos “A Deeper Cut”.

Tanto Paul Sayer como Matt White han dicho que este álbum es el más entusiasta y el que mejor define la esencia del grupo. ¿Por qué pensáis que es el mejor?

El álbum se encaja bien entre los dos primeros. Tiene un elemento de ambos y, a la vez, algo único. Sus canciones son más emotivas que las del primer álbum, pero en ellas hay menos producción que en las del segundo. No obstante, creo que Paul piensa que es nuestro mejor álbum de los tres porque es el que tiene mayor significado para nosotros. Si no hacíamos un gran disco podríamos haber acabado como banda.

“A Deeper Cut” encaja bien entre los dos primeros discos. Tiene un elemento de ambos y, a la vez, algo único. Sus canciones son más emotivas que las del primer álbum, pero en ellas hay menos producción que en las del segundo.

La carátula del disco recuerda a la de “Unknown Pleasures” de Joy Division. ¿Ha sido intencionada esta similitud?

Hace una clara referencia al grupo de Ian Curtis, sí. Es una forma de demostrar cómo la perfección se puede joder en un momento, cómo puede aparecer una grieta que no esperabas ver ahí.

Las portadas de los otros discos parecen evocar más la naturaleza por sus colores azules y verdes, aunque no está muy definido qué es lo que se ve en ellas. En cambio, encontrarse con la de “A Deeper Cut” refuerza la agresividad de su título.

¿Cómo? [Risas] No, hombre, es sólo una portada divertida. No le sacamos mucho más significado a eso. De hecho, la del primer álbum es una foto hecha con un iPhone a una ventana helada. ¡Eso no tiene nada de artístico!

Las guitarras que introducís en vuestros temas parecen estar metidas a capas. También ocurre con las percusiones y el resto de instrumentos, aunque siempre se mantiene la voz por encima de todo lo demás.

Es una fórmula de ensayo y error. Sólo queremos sonar tan bien como Led Zeppelin o Faces aunque, en realidad, no me había puesto a pensar en eso nunca ni tampoco sé a qué sonamos.

Fotografía: Rob Blackham
En este disco hay canciones muy aceleradas y otras mucho más pausadas. ¿Cómo te sientes mejor: componiéndolas o tocándolas?

Siempre tocándolas. Cuando las compongo no siempre estoy feliz. De hecho, muchas de ellas tienen algo solemne. Cuando las tocas sobre el escenario y suenan en directo las puedes reinventar a tu manera.

¿Qué tipo de sonido crees que define mejor a The Temperance Movement?

El rock ‘n’ roll.

¿Ya está? Suena muy contundente y simple. Es como definir el mundo de la música con un lema anticuado como ‘sexo, drogas y rock ‘n’ roll’…

Es la forma más clara de decirlo. Esa misma frase es muy superficial y apenas detalla la esencia de lo que quiere definir por muy completa que parezca. Los músicos son a menudo débiles, tienen una moralidad libertaria, se drogan para esconder sus propias inseguridades. O, simplemente, consumen para olvidarse de algo pasado que les ha jodido mucho.

El negocio de la música está dirigido por serpientes que glorifican el dolor del artista como parte de sus fines comerciales.

Una frase inventada por el negocio que, además de mitificar una profesión, mueve mucho dinero…

El negocio de la música está dirigido por serpientes que glorifican el dolor del artista como parte de sus fines comerciales. El artista paga ese precio por hacer su propia música y puede perder parte de su alma o, incluso, su vida por eso. De ahí precisamente viene el nombre de la banda. The Temperance Movement supone una visión alternativa de toda esta mierda.

¿Te parece relevante hablar de tus propias experiencias en tus canciones?

Todo lo que tengo es mi propia experiencia. ¿De qué podría hablar sin ella? Si intentara escribir sobre política fracasaría en el intento. Por eso las letras hablan sobre adicciones, aislamiento, arrepentimiento, miedo… Aunque también hay espacio para la esperanza y el amor.