Cada día resulta más complicado encontrar algún momento para nosotros. Quiero decir, poder sentarnos durante una hora –más o menos– sin tener que hacer otra cosa que ponernos nuestros auriculares y reflexionar sobre el nuevo trabajo de nuestro artista preferido. Nada más que preocuparnos por sentir y disfrutar durante la primera escucha. Parece mentira, pero esa sensación se antoja a veces como un sueño de una vida pasada.

Esto viene a cuento por el lanzamiento de, “Vortex”, el nuevo disco de los madrileños Toundra. Un LP que funciona como una odisea narrativa donde cada pista cuenta con su propio valor individual, pero la magia está en el conjunto. Por lo tanto, para disfrutar de este viaje interdimensional con todos sus matices necesitamos unos buenos auriculares y la intención de escuchar la obra de principio a fin.

“Vortex”: Toundra a la conquista del espacio

“Vortex” funciona como una odisea narrativa donde cada pista cuenta con su propio valor individual, pero la magia está en el conjunto.

Así pues, como aventureros que somos, un paso adelante y rumbo a lo desconocido. Aunque “Vortex” requiere centrar todas nuestras energías para sumergirnos en su abstracto imaginario, al final no es más que otra nueva cima que conquista el cuarteto madrileño, dando rienda suelta a un ejercicio musical de lo más intenso y cautivador. De todas formas, cabe mencionar que este registro pide unas cuantas escuchas para alcanzar todo su potencial, o más bien para que nuestro cerebro asimile todo. Eso sí, una vez dentro es toda una delicia.

Fotografía: https://www.facebook.com/toundra/

La narrativa del rock instrumental

Santi García de No More Lies –ha grabado con grupos como Nothink, Standstill y Delorean, entre otros– ha conseguido que cada nota de todas y cada una de las ocho pistas de “Vortex” vaya un paso más allá, logrando que cada instrumento se luzca sin comerse el espacio del resto.

Por lo que nos da a entender la propia carátula del álbum, parece que todo comienza en este gran desierto, con los ojos puestos en el infinito. Es aquí donde el álbum inicia su marcha, a través de esa breve y cálida introducción que es “Intro Vortex” y que nos deja degustar los primeros matices de lo que aún está por llegar. Los juegos de guitarras corretean bajo la aridez del terreno y a lo lejos se cierne el inefable umbral. Aquí he de destacar que, para mí, la portada ha supuesto una guía sinestésica, permitiéndome relacionar la grandiosidad de las composiciones con el espectáculo visual y conectando fragmentos sonoros y colores. Así las cosas y lejos de esa sugestión visual, creo que en cuanto a sonido el álbum cumple con fidelidad lo que quiere transmitir la portada. Seguidamente “Cobra” arremete con dureza a partir de un baile de riffs que centellean en lo recóndito. Tras ese potente arranque llega una misteriosa tranquilidad que parece un homenaje al “Subterranean Homesick Alien” de los Radiohead del “OK Computer” (1997), y envueltos en un círculo sinérgico ascendemos nuevamente sobre sus enredaderas hasta el riff con el que abría la pieza. En el transcurso viajamos por diversas escenas con sus respectivas sensaciones y enfoques, desde algunas más pausadas a otras más abiertas y épicas. Post-rock bien realizado.

Tuareg” desciende con elegancia shoegaze, pero pronto estalla de forma colosal. Al contrario que “Cobra”, “Tuareg” se siente algo más reflexiva y comedida, dirigiéndonos a espacios que forman meandros. Gracias a su duración también podemos apreciar bastante heterogeneidad. En la segunda mitad tenemos una especie de breakdown sonoro, que por momentos desgarra tanto como las guitarras de Mastodon. Muchas de las melodías escogidas, como las de este fragmento, cuentan con un enfoque oriental y exótico que nos evoca la propia carátula, retroalimentando el mensaje. Ahora sí, con “Cartavio” nos da tiempo a respirar con calma una nueva atmósfera. Y es que al final todo es saber cómo manejar estas dinámicas entre fuerzas; un proceso bastante arduo (y más en música puramente instrumental), pero que aquí está ejecutado de maravilla.

A más de una banda de renombre internacional le gustaría alcanzar esta calidad de sonido que sitúa a Toundra como uno de los grandes pilares del rock estatal actual. En este sentido, cada arreglo está justo donde debe estar y suena como debe sonar.  Por eso, desde su vertiente más metalera hasta la más ‘indie’ o folk funciona en conjunto como un bloque sólido y sin fracturas.

Posicionándonos en la segunda mitad del tracklist me siento en la obligación de destacar lo bien que suena el disco en general. Santi García de No More Lies –ha grabado con grupos como Nothink, Standstill y Delorean, entre otros– ha conseguido que cada nota de todas y cada una de las ocho pistas de “Vortex” vaya un paso más allá, logrando que cada instrumento se luzca sin comerse el espacio del resto. A más de una banda de renombre internacional le gustaría alcanzar esta calidad de sonido que sitúa a Toundra como uno de los grandes pilares del rock estatal actual. En este sentido, cada arreglo está justo donde debe estar y suena como debe sonar. En definitiva, es una auténtica gozada perderse entre la inmensa cantidad de detalles. Por eso, desde su vertiente más metalera hasta la más ‘indie’ o folk funciona en conjunto como un bloque sólido y sin fracturas. Tampoco nos olvidemos de su épica característica, esa capacidad que tienen los madrileños para hacernos sentir como si estuviéramos sumergidos en una experiencia trascendental y casi espiritual. No toda la música logra hacerte sentir así.

Kingston Falls” es otro de los cortes más breves del conjunto. La guía aquí es un arpegio acompañado por otra guitarra que va dibujando una de las melodías más pegadizas del esfuerzo global. Su cierre, donde toda la banda comparte protagonismo, es otro de esos instantes con estampas de oriente medio, ladrones y lámparas mágicas. Una constante que de primeras puede pasar desapercibida, pero que engrandece toda la simbología y la naturaleza del cedé. No obstante, también va más allá, con un aura de fantasía casi extraterrenal. Y en ese profundo sueño de visiones esotéricas aparece la majestuosa “Mojave”, la canción más extensa, intrincada y atractiva de “Vortex”. Cada propia estructura nos transporta más allá del tiempo y el espacio, sin perder su brisa desértica ni olvidar el abismo al que vamos cayendo. Un punto de inflexión que se aferra fuertemente a nuestros nervios y nos deja flotando durante sus once minutos. Otra muestra de la calidad de los madrileños. El final es puro “headbanging”, cuidado con el cuello.

Sensaciones de otros mundos

Un producto de gran calidad en contenido y forma, capaz de desplazarnos más allá del cosmos gracias a su sobrecogedora producción. Las ocho piezas de “Vortex” trazan un mapa estelar que es conveniente seguir e investigar con paciencia, pero que acaba ofreciendo resultados imponentes.

Tenemos que agradecer que con la cantidad de música con voz y letras que recibimos a diario desde casi todos los frentes y géneros exista un grupo de rock instrumental como Toundra, capaces de transmitir más con su combo de dos guitarras, bajo y batería. Perderse en uno de sus conglomerados musicales, donde las guitarras llevan la ‘voz’ cantante y dirigen el cotarro a su antojo, es un verdadero lujo para los oídos. No obstante, por poner algunos peros, también hemos de reconocer que se necesita algo de tiempo para asimilar toda la grandeza de una obra de estas características. Hay que cambiar el chip de forma drástica al escuchar habitualmente grupos, artistas, cantantes o incluso raperos donde existe el elemento de la propia voz, y por eso al principio puede resultar una experiencia cuesta arriba. Pero una vez superamos ese hándicap todo (o casi todo) son aspectos positivos.

Casi al final aparece una “Roy Neary” donde con elegancia se diluyen percusión y electrónica para mecernos suavemente hasta el apoteósico final. “Cruce Oeste” es la pieza encargada de la despedida, un resumen perfecto de lo que supone “Vortex” como esfuerzo global que atesora gran variedad estilística. Las melodías y tonalidades utilizadas dejan una especie de vacío que se siente desolador e inerte; el mismo vacío que podría haber dejado tras de sí ese negro, bello y a la vez destructivo vórtice.

De esta forma cierra un producto de gran calidad en contenido y forma, capaz de desplazarnos más allá del cosmos gracias a su sobrecogedora producción. Las ocho piezas de “Vortex” trazan un mapa estelar que es conveniente seguir e investigar con paciencia, pero que acaba ofreciendo resultados imponentes. Otro escalón más dentro de la imprescindible discografía de los madrileños.

Toundra – Vortex

7.9

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Los madrileños Toundra no paran de crecer disco tras disco, ofreciéndonos en su quinto álbum de estudio paisajes de una nueva dimensión. Post-rock elocuentemente elaborado que no necesita echar mano de los recursos habituales de la zona de confort del género. Imprescindible.

Up

  • Es un viaje a través del espacio-tiempo. Un trabajo exquisito para perdernos en él.
  • La producción de Santi García. Todo suena a la perfección y en su sitio.
  • Una narrativa coherente dada por música instrumental.
  • Su épica.

Down

  • Puede costar varias escuchas hacerse a él. Tal vez es excesivamente denso de primeras.
  • Todas las canciones están muy bien, pero ninguna alcanza la grandiosidad de “Mojave”.