God’s Favourite Customer” es una obra de arte única. El mejor trabajo de Father John Misty y probablemente una de las grabaciones más destacadas del año. Estas dos frases eran las que deseaba escribir para empezar este artículo, antes siquiera de escuchar un segundo de cualquiera de las canciones. La parte mala es que, tras escuchar el disco, ese inicio se ha convertido en un recurso literario irónico alejado de lo que pienso. El lado bueno es que mis prejuicios sobre el talento de Joshua Tillman se mantienen intactos. Creo que es un músico que incluso en sus momentos menos inspirados se encuentra muy por encima de la media presente en el negocio.

“Fear Fun” y “I Love You, Honeybear”, sus dos primeros álbumes, publicados como el resto de su obra en el mítico sello Sub Pop, son dos maravillas plagadas de himnos, humor negro y una sencillez innata para entretener sin caer en la repetición banal. “Pure Comedy”, LP anterior al actual, tenía momentos de brillantez pero era más irregular y ya mostraba algunos de los principales defectos que habitan en “God’s Favourite Customer”. El más grande de ellos, el aburrimiento.

Una cuestión de identidad

Father John Misty no es un alter ego al uso, en teoría se encuentra en la frontera entre la parodia del cantautor que imparte sermones y su verdadera identidad. Al pasar los años, la pose ha perdido en comedia y ha ganado en realismo.

Father John Misty es un proyecto del músico norteamericano Joshua Tillman. No es un alter ego al uso, en teoría se encuentra en la frontera entre la parodia del cantautor que imparte sermones y su verdadera identidad. Al pasar los años, la pose ha perdido en comedia y ha ganado en realismo. La táctica de parodiar una identidad exagerando algunas de sus características no es nueva. Es un recurso sobreexplotado tanto en el terreno artístico como en los medios de comunicación, donde proyectos supuestamente críticos hacia el sistema o lo políticamente correcto abordan desde un punto de vista cómico la imitación y la variación de ‘lo común’. Cuando la fórmula se desgasta, el receptor de la obra ya no sabe distinguir el original de la réplica cómica. En el caso de Father John Misty, la autorreferencia y la pose torturada de trovador postmoderno bordean peligrosamente con el meme, como en la portada de su último disco. Por sus apariciones en los medios y sus actuaciones es difícil saber si la broma se ha ido de las manos, si es un genio del marketing o si nunca hubo parodia. ¿Y por su música?

Fotografía: Emma Elizabeth Tillman

Un inicio prometedor

La autorreferencia y la pose torturada de trovador postmoderno bordean peligrosamente con el meme, como en la portada de su último disco. Por sus apariciones en los medios y sus actuaciones es difícil saber si la broma se ha ido de las manos, si es un genio del marketing o si nunca hubo parodia. ¿Y por su música?

Hangout at the Gallows” supone un sólido inicio y al igual que “Pure Comedy”, que abría el anterior LP, parte de la sobriedad hacia lo solemne gracias a los arreglos de cuerda, el falsete y los coros como contrapeso. El piano hace su primera aparición como martillo métrico, sugiriendo unos apuntes de blues que abren una esperanzadora comparación con las primeras grabaciones de Tom Waits, especialmente en algunas baladas de “Blue Valentine”.

Desgraciadamente, las semejanzas se cierran aquí y el piano se mantiene el resto del álbum en el acorde machacón y el arpegio sencillo, como en el siguiente corte, “Mr. Tillman”. Esta es la primera visita explícita al hotel (real o no) donde el cantante pasa algunos de sus días y la letra refleja una conversación entre un empleado y el propio Tillman. Es el tema que tiene un humor más efectivo en su letra y el silbido que lo cierra refleja esta ironía. Se describen los primeros rasgos del protagonista del disco, desorientado pero consciente de su cómica situación. En el vídeo que promociona este single, el cantante norteamericano se ríe de sí mismo y del cliché prefabricado de artista torturado enclaustrado en su hotel, aunque la frontera entre la realidad y la ficción queda a gusto del consumidor. “God’s Favourite Customer” promete hasta este punto un viaje divertido y musicalmente interesante.

Hotel Resaca

La sensación es que estamos en una jam session de baladas a medianoche en el hotel de gira de Josh Tillman. Puede que esa posibilidad no se aleje demasiado de la realidad o simplemente sea un pretexto para crear un relato determinado. En cualquier caso, lo que podría suponer una catástrofe en otro artista con menos talento se traduce en un disco olvidable que atesora un par de buenos temas y algunos detalles de calidad.

Llega el primer golpe de sopor. “Just Dumb Enough to Try” es una canción de amor que por letra y música se puede comparar a grupos como Snow Patrol. La tensión se disuelve en un estribillo en el que la batería incide en el golpeo innecesario, convirtiendo el estribillo en una procesión a cámara lenta. Por su parte, Date Night” es algo más animada, sobre todo en cuanto a actitud, no tanto por la estructura musical ni los recursos utilizados. Puede recordar a una versión casta del Josh Homme de “Make It wit Chu”, incluyendo su piano agudo perenne, los suspiros en la voz y la silabación alargada y sensual de las palabras. La siguiente pieza, “Please Don’t Die”, parece rezar en su título una plegaria al oyente ante la avalancha de baladas habidas y por haber. Tillman vuelve a expresar sus problemas sentimentales de una forma directa en la letra. Por momentos, la repetición del estribillo parece el lema de una convención de música country que se ha ido de las manos. Musicalmente, el disco en este punto se encuentra lejos de la calidad de su inicio.

Así, “The Palace” redunda en la siesta, la batería se despide y el piano se convierte en eje central del discurso. Estamos de nuevo en la habitación de hotel junto al protagonista, en esta ocasión disfrutando de una crisis existencial. Por momentos parece que Celine Dion va a cantar el siguiente verso, pero Tillman despierta para ofrecer un estribillo sobresaliente, que utiliza la modulación inesperada para alegría de aquellos que buscan algo más que una balada en un casete perdido de los noventa. El ritmo se recupera momentáneamente en “Disappointing Diamonds Are the Rarest of Them All”, gracias a la ayuda de un bajo con más presencia y una guitarra eléctrica que sirve para subrayar el incremento de tensión. La canción no supera los dos minutos y medio, pero sirve como efectivo reanimador, especialmente por el grupo de vientos que anima los últimos segundos. Esta composición, que podría pasar desapercibida en sus primeros discos, sirve aquí como salvavidas donde coger aire para lo que queda por delante.

Pues no, no era una broma

Para los fans más acérrimos, “God’s Favourite Customer” será música con espíritu downtempo a paladear pacientemente y que dispone algunos destellos de brillantez. Para el resto de oyentes, un producto sin mucha elaboración en arreglos y letras, cuyo efecto final podría ser el que ilustra la portada del disco.

Poco dura la alegría. El corte que da nombre al álbum, “God’s Favourite Customer”, es otra balada guiada por piano machacón y el punto en el que puede empezar a pensarse que esto no es una broma. Hace mucho tiempo que el humor no hace acto de presencia y los macillos del piano echan humo sobre las mismas cuerdas. Los versos se repiten una y otra vez y los coros emparentan por momentos con el Leonard Cohen más rancio. El tono se mantiene en “The Songwriter”, canción plana que redunda a lo largo de su letra en el autor y su creación como asunto principal, sin que el resultado final traspase los límites de un pequeño poema musical. El tema que cierra el trabajo, “We’re Only People (And There’s Not Much Anyone Can Do, Really Do About That)”,  se erige en la práctica en el ‘la vida es así, no la he inventado yo’ conceptual de este proyecto. Otra pieza a cámara lenta, más piano y más letras superficiales llenas de lugares comunes.

Para los fans más acérrimos, “God’s Favourite Customer” será música con espíritu downtempo a paladear pacientemente y que dispone algunos destellos de brillantez. Para el resto de oyentes, un producto sin mucha elaboración en arreglos y letras, cuyo efecto final podría ser el que ilustra la portada del disco. La duda de si Tillman fuerza el personaje deja de tener importancia para enfocar los problemas en lo que realmente debería importar, la música.

Father John Misty – God’s Favorite Customer

6.5

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La sensación es que estamos en una jam session de baladas a medianoche en el hotel de gira de Josh Tillman. Puede que esa posibilidad no se aleje demasiado de la realidad o simplemente sea un pretexto para crear un relato determinado. En cualquier caso, lo que podría suponer una catástrofe en otro artista que tuviese menos talento se traduce en un disco olvidable que atesora un par de buenos temas y algunos detalles de calidad en Father John Misty.

Up

  • Detalles de calidad en las melodías y en algunos arreglos.
  • Los temas que intentan algo distinto a la combinación reiterada de piano y voz.
  • El humor punzante de “Mr. Tillman”, escaso en el resto del LP.

Down

  • Por momentos, comprobar si la función de repetición automática está activada en el reproductor de audio.
  • La sensación de linealidad en las letras. La reflexión se representa en frases explícitas y carentes de más significado que el inmediato y previsible. El humor mordaz de FJM no tiene mucha presencia y esto afecta al contenido final.
  • El piano incide demasiado en las mismas articulaciones. Dado el uso masivo que se hace de este instrumento, sería agradable escuchar arreglos más ricos o que vistan los acordes de una forma más novedosa al oído.