Iceage son el claro ejemplo de banda que se forma sin mayor pretensión que hacer ruido sobre un escenario mientras unos cuantos distraídos miran en un bar, pero con el paso del tiempo sus miembros aprenden a ejecutar sus instrumentos y/o a cantar y deciden abarcar mucho más. El camino que han recorrido desde 2007 y que los llevó hasta ese punto de quiebre en “Plowing Into the Field of Love” (2014) es una perfecta evidencia de ello. A pulso, pero también armándose una imagen con cierta dosis de mística que le confiere a su repertorio un status de culto impenetrable (casi tanto como la personalidad del cantante Elias Bender Rønnenfelt), Iceage han sabido labrarse su sitio en el panorama alternativo de los tiempos que corren. Ahora asistimos a un nuevo capítulo en la trayectoria de los daneses con su cuarto larga duración.

“Beyondless”: cosechando el fruto de sus malas semillas

En esta ocasión la búsqueda de Iceage pasa por poner en común su estilo post-punk guitarrero e impredecible con la encontrada fascinación de Elias por el jazz y el soul que escuchamos en los discos de Marching Church. Probablemente vieron en esa coyuntura una oportunidad para ampliar sus posibilidades, incorporando nuevos elementos a la ecuación pero sin sacrificar la adrenalina que pueden desplegar en vivo durante el proceso.

Se ha grabado en los Kungsten Studios de Gotemburgo (Suecia) con Nis Bysted en la producción, y resulta evidente tan sólo escuchando los adelantos “Catch It”, “Pain Killer”, “The Day the Music Dies” o “Take It All” que como de costumbre en los proyectos que encara Elias, todo se mueve por su instinto y/o capricho. No parece muy alejado de la realidad verlo como una adaptación del superhombre nietzscheano aplicado a la música, ya que no tantos pueden permitirse el lujo de decir que siguen las reglas que ellos mismos escriben, ni siquiera en el ámbito independiente, y aun así lo tenemos decidiendo con mano de hierro cómo va a labrar su camino en el negocio musical.

En esta ocasión la búsqueda de la banda pasa por poner en común su estilo post-punk guitarrero e impredecible con la encontrada fascinación de Elias por el jazz y el soul que escuchamos en los discos de Marching Church, incluso bajo esa modalidad tan rasposa que propusieron en los dos discos grabados con ese nombre. Probablemente Iceage vieron en esa coyuntura una oportunidad para ampliar las posibilidades de lo que se podía hacer y lo que no con un acople tan peculiar como el suyo, incorporando nuevos elementos a la ecuación pero sin sacrificar la adrenalina que pueden desplegar en vivo durante el proceso.

Fotografía: Steve Gullick

Una trama urdida con sumo cuidado poniendo en común miedo, desolación, perdida de fe, el premio y el castigo

Los motivos para seguir creyendo en Iceage no han cambiado mucho, pero siguen ahí: letras poderosas a cargo de Elias, guitarras siempre ingeniosas y la capacidad para trascender muchas ideas preconcebidas sobre ellos incluso desde antes de “Plowing Into the Field of Love”.

Hurrah es un buen ejemplo de cómo la intención de transmitir adrenalina sigue ahí después de tantos años, pero ahora comprenden mejor su naturaleza y la manipulan a placer. En este corte claramente deudor del garage pero con su habitual suciedad en la ejecución, Elias canta de forma impredecible, sin seguir una línea melódica muy clara aparte de los coros, como si su intención fuera lograr un tema semi-hablado. Pasamos a una Pain Killer en la que el rollo con las guitarras se mantiene, pero ahora suma vientos (algo se quedó de Marching Church, evidentemente) y a Sky Ferreira como vocalista invitada. La fiereza instrumental contrasta con las voces de Elias y Sky, que se perciben frías, tal vez interpretando la anestesia a la que se refiere la canción.

Las cosas comienzan a ponerse algo turbias en Under the Sun, donde la batería ejerce el rol melódico. El trabajo de guitarras va de un lado a otro, unas veces utilizando punteos y en otras rasgueos muy sencillos para impulsar la canción, mientras de fondo se escuchan violines que van creciendo con fuerza conforme la pista avanza y le confiere un aura sublime. En apariencia es algo pasajero cuando escuchamos después esa The Day the Music Dies con instintos garage provenientes de la guitarra de Johan Surrballe Wieth, que a su vez se ve reforzado por los vientos protagonistas en la homónima “Beyondless” (casi de principio a fin), pero en “Plead the Fifth” Iceage ratifican su fascinación por lo turbio en una catarsis impulsada por golpes exóticos provenientes de la batería de Dan Kjær Nielsen. Sin embargo, se queda corta de intenciones en sus poco más de tres minutos. Más allá de ese aumento de intensidad no destaca particularmente la voz de Elias, dando como resultado una pieza que no está mal pero que sí es descartable comparado con lo que ya hemos escuchado y, sobre todo, con lo que está por venir.

Lo paradójico es que incluso cuando posiblemente hemos escuchado la faceta más vulnerable de la banda en poco más de diez años de carrera, las canciones de “Beyondless” son lo más digerible que han grabado jamás.

Llegamos a “Catch It”, ciertamente la joya de la corona. Turbia, lenta, hipnótica, impredecible en los cambios de ritmo, evidente heredera del lado más crooner del post-punk… Vale decir incluso que, si la intención de Iceage es alejarse lo más posible de comparaciones con Nick Cave o gente por el estilo, ciertamente expresan como nadie esas ideas en su acople. Se siente natural, no hay imposturas o ideas forzadas y sí encontramos motivos para seguir cautivados con la banda. Motivos que realmente no han cambiado mucho (letras poderosas a cargo de Elias, guitarras siempre ingeniosas gracias a Surrballe y la capacidad para trascender muchas ideas preconcebidas sobre ellos incluso desde antes de “Plowing Into the Field of Love”.

Thieves Like Us” suena con un riff tan cabaretero de la guitarra de Johan que es como si Elias articulara puras habladurías de borracho y las hiciera canción. Probablemente el hecho de que el track se haga más intenso con el paso de los minutos sirva como un fiel reflejo de cómo se va poniendo más y más ebrio. “Take It All” en cambio es más lineal, da sensación de rigidez y disciplina en la batería incluso cuando es de lejos lo más brillantemente desolador que tiene para ofrecernos Elias a nivel lírico en “Beyondless”. Líneas como “And everyone’s a criminal, everyone’s a criminal / Every single last one of you is a criminal / ‘Cause the world is a crime” revela un hombre de poca fe pero que de manera algo irónica se regodea en esa pérdida de fe de forma casi mesiánica. Casi hasta podríamos deducir que Elias se alegra de encarnar ese particular personaje de anunciador del Apocalipsis.

Ciertamente no es algo que venga de ahora, pero es interesante que incluso sin elegir el camino fácil hayan comprendido con semejante asertividad la forma de usar las estructuras al servicio de dinámicas tan impredecibles.

Showtime” va mutando desde ese inicio típicamente post-punk con un bajo penetrante en medio de su sencillez hacia un vaudeville que narra el suicidio de una mujer sobre el escenario: “An elder lady clears her throat, then turns to her spouse / Says she’s not quite sure what all this fuss is about”. Las motivaciones de Elias pueden ser confusas, ya que podría ser una referencia a los ‘quince minutos de fama’ alterados hasta el punto de que la desgracia ajena es propensa a ser una tendencia en Internet, aunque ésta puede ser sólo una interpretación forzada cuando nos hallamos ante nada más que un relato ingenioso y macabro por parte del danés. Para el gran final nos topamos con el tema que da nombre al LP, un nuevo pico de excitación impulsado por las guitarras más distorsionadas que podemos encontrar en el disco.

Sería muy fácil decir que “Beyondless” tenía la presión de probar que su aclamado antecesor no fue cuestión del azar, pero no se siente como si las reglas típicas de la aceptación crítica se pudieran aplicar en gran medida a Iceage. Lo paradójico es que incluso cuando posiblemente hemos escuchado la faceta más vulnerable de la banda en poco más de diez años de carrera, las canciones de “Beyondless” son lo más digerible que han grabado jamás. Ciertamente no es algo que venga de ahora, pero es interesante que incluso sin elegir el camino fácil hayan comprendido con semejante asertividad la forma de usar las estructuras al servicio de dinámicas tan impredecibles.

Tal parece que “Plowing Into the Field of Love” no será el mejor trabajo de sus carreras, porque sin ser netamente superior a este “Beyondless” deja ver que el mejor álbum aún no se ha grabado.

Iceage – Beyondless

8.3

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“Beyondless” tiene pasta de clásico. Es una trama urdida con sumo cuidado donde el miedo, la desolación, la pérdida de fe, el premio y el castigo se ponen en común con casi tanta extrañeza como la que resulta al notar rastros de jazz en esa especie de garage-punk desarraigado y espinoso que facturan Iceage. Dan un nuevo paso hacia delante en materia creativa y hasta puede que estén abonando el camino para su obra cumbre.

Up

  • Es el caos y el orden hechos música.
  • Líricamente puede ser tan delirante como desolador.
  • Es justo decir que “Catch It” con cada escucha se sabe ganar un lugar en el corazón de quien escribe.
  • Las guitarras de Surrballe son excepcionales.

Down

  • “Plead the Fifth” no suma ni resta al LP.