Desde los años sesenta, con la eclosión del universo hippie y del movimiento pacifista, una parte significativa del pop ha estado ligada a la representación y a la difusión de ideales o al retrato de los flecos de una sociedad que se ajusta al tópico de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Este tipo de canción vinculada a la política puede adquirir un matiz transgeneracional (qué mejor ejemplo que “Imagine” de Lennon) o mostrar un momento espacio-temporal concreto. Se me viene a la mente, por ejemplo, la figura de Javier Krahe, con aquel “Cuervo Ingenuo” dedicado al gobierno socialista de los ochenta (personificado en la figura de Felipe González) para reivindicar el incumplimiento de algunas de sus propuestas estrella (la salida de España de la OTAN). La crisis económica de los últimos años ha dado lugar a una renovación del discurso político en la música española, más allá de géneros tradicionalmente más reivindicativos como el hip-hop. Amaral (“Ratonera”), Lori Meyers (“Huracán”), Love of Lesbian (“Mal Español”), Vetusta Morla (“Golpe Maestro”), Nacho Vegas (“Polvorado”) o León Benavente (“El Rey Ricardo”) son algunos ejemplos de cómo conectar con el público a través de un pop político. Sin embargo, casi todas las críticas hasta ahora se habían centrado en la agonía y los agujeros del sistema, o en los partidos tradicionales. Por ello, “La Actitud Correcta” de Bunbury difiere de todas ellas, pues desde la retina de un artista que alcanzó la madurez hace lustros desnuda de intenciones a aquellos que se presentan como la única alternativa sensata.

Hablaba antes de Javier Krahe como fotógrafo musical de momentos sociopolíticos concretos. La misma idea se ajusta como un guante a “La Actitud Correcta” dado el crecimiento aparente que están teniendo Ciudadanos y el ego de Albert Rivera en los últimos meses, aupados por la crisis catalana. Haciendo caso a lo que dicen las encuestas de diferentes centros de investigación sociológica, lo cierto es que a la formación naranja se le está poniendo el sol muy de cara para futuros comicios. Con este panorama, y a pesar de los delirios un tanto quijotescos de su líder (el hidalgo de La Mancha veía gigantes donde había molinos, mientras que Albert mira árboles y ve españoles, mira postes de la luz y ve españoles, así que digo yo que alguien podría haberle preguntado qué ve cuando mira la valla de Melilla), es lógico que Rivera se esté viniendo muy arriba y su discurso se esté alzando cada vez más. A fin de cuentas, como dice Bunbury, tiene “la actitud correcta, las palabras bien escogidas y una sensatez abrumadora.

Sin embargo, como también retrata el aragonés, “no es cuestión de credibilidad ni tampoco de autenticidad, es el resultado final el que me resulta insuficiente. Podría adquirir diferentes matices con el paso de los meses desde que se publicó la canción ese “recuerda a otra época que insistes en reproducir, pero el caso es que a pesar de presentarse como el cambio sensato a muchos, incluido a Bunbury, nos “suena a la misma canción. Si la España Ciudadana es sólo una burbuja que no se hará realidad en las urnas o si el efecto Macron de Francia se desplazará hacia el sur es algo que está por ver, pero lo cierto es que sin ser una de las mejores canciones de Bunbury ateniéndonos a criterios musicales, sí que es, de toda su extensa discografía, la que más ha afinado, desgranado y retratado un momento tan concreto. Por todo ello, y pase lo que pase en los próximos tiempos, esta canción, como la de Krahe, quedará para los fans de Bunbury como un cuadro costumbrista que reproducirá un 2017-2018 muy específico.