Parece que en nuestro país asistimos a una bella época de esplendor creativo y en los últimos años han aparecido grandes proyectos que han hecho que mantengamos una fe casi ciega en ciertos artistas que están revitalizando el panorama de la música nacional, que además tienen en común un lenguaje propio que es cercano a las raíces de sus tierras, las mismas que las nuestras. Así es como nos encontramos con creadores de sobra conocidos como el heterodoxo y a la vez ortodoxo Niño de Elche, uno de los grandes nombres de la música de nuestros tiempos que con apenas 33 años ha concebido clásicos instantáneos. Pero no todo queda ahí, las propuestas son infinitas.

Así, hace prácticamente un año encontramos dos nuevos nombres en este gran océano: Maria Arnal y Marcel Bagés. En su primer trabajo componen un relato del presente construido a base de retazos del pasado, creando un precioso y largo hilo en el que se entremezclan la tradición popular y la mayor contemporaneidad tanto en música como en textos. Desde luego, pocos halagos puedo proferir ya que no hubiera expresado en la crítica que hice del disco. Fue un descubrimiento increíble y no puedo más que recomendar a todas las personas que estén siguiendo con sus ojos estas palabras que, antes de continuar tras el próximo punto y seguido, minimicen el navegador y se dirijan a su servicio de streaming de música favorito para buscar “45 Cerebros y 1 Corazón”. Por último, antes de dar paso a la entrevista con Maria quiero también avisar de que si conoce noticia de que estos dos artistas se dirigen a su ciudad para mostrar en directo la música que con tanto cariño han creado, se preocupe también por conocer dónde adquirir las entradas para el espectáculo y no dude en gastar sus ahorros en ellas. No hace falta que me lo agradezcan, agradézcanselo a ellos.

Voy a dar comienzo a la entrevista con mi primera pregunta obligada desde y para siempre: ¿qué te hace empezar a cantar?

Pues, a ver… Mi madre me contó que antes de que yo empezara a hablar descubrieron que cantaba. Ella estaba un día limpiando y de repente oyó algo así como una melodía y resulta que era yo cantando una canción, aunque en ese momento ni siquiera podía decir ‘papá’ ni ‘mamá’. Tengo también recuerdos bastante psicodélicos de mi infancia en los que me marginaba en el patio de la escuela estirándome en el suelo al calorcito con los brazos como si fueran una almohada, y recuerdo comenzar a cantar, investigar sonidos y demás, sólo por el simple placer de escuchar mi voz.

Maria, si sigues así va a quedar una entrevista preciosa.

Sí, ¿verdad? [Risas] Bueno, luego un poco más adelante estuve en un coro, y además en casa mi padre escuchaba mucha música aunque no se dedicaba a ello ni pensó que yo lo haría. Después hice mi vida, estudié una carrera de literatura y traducción y un máster de dramaturgia y traducción teatral, que a priori no tenían nada que ver con la música aunque sí es cierto que en mi proyecto actual todo eso está muy presente. Más tarde, durante la crisis, estudié un año de antropología cuando se creía que la salvación en ese contexto era seguir estudiando. Y el momento clave fue romperme la pierna en un accidente catastrófico trabajando de acomodadora en un teatro; ahí sí que empecé a pensar que tenía ganas de hacer algo que me gustase y busqué un profesor de canto, encontré los archivos digitalizados, encontré a Marcel… Con todo esto quiero decir que lo que me hace cantar no es una sola cosa, que realmente tiene muchos niveles y también ha tenido diferentes capas y significados dependiendo del momento. Siempre he sabido que era algo que me gustaba hacer y que formaba parte de mi cotidianidad más íntima, pero nunca pensé que se traduciría a un nivel profesional hasta que decidí que mi trabajo podía dejar de ser un espacio en el que sufrir y que podía darme el permiso para darlo todo y comenzar un proyecto honesto, sincero y original. Digamos que la voz es muy importante pero en mi proyecto no todo se vehicula a través de mí como cantante, sino que hay muchos aspectos que no tienen que ver con la voz. Hay un concepto, una propuesta, un estilo crítico…

La voz es muy importante pero en mi proyecto no todo se vehicula a través de mí como cantante, sino que hay muchos aspectos que no tienen que ver con la voz. Hay un concepto, una propuesta, un estilo crítico…

Has mencionado a Marcel. ¿Cómo es aquello de conocerle?

Pues la verdad es que fue bastante flechazo, porque nos puso en común Marc Sempere, una persona que nos ha apoyado mucho en este proyecto, también a nivel artístico, y que me ha dado consejos muy importantes. Él necesitaba música para los créditos de una peli que estaba haciendo, llamó a Marcel porque eran amigos de la uni y decidió también llamarme a mí porque pensó que podríamos congeniar. Nos conocimos y nos entendimos súper bien, pero tuvo que pasar realmente un año o algo más para poder cuadrarnos y preparar esto, porque cada uno estábamos a nuestras movidas. Entonces salió un concierto en la Barceloneta y yo le enseñé unas nueve canciones que tenía. En unos días preparamos el repertorio y hoy en día alguna canción queda de aquel repertorio, aunque obviamente esas canciones y el proyecto han cambiado muchísimo desde entonces. Todo esto sólo confirma la química que hay entre nosotros, somos grandes amigos, nos encanta tocar juntos y, aunque somos personas muy diferentes, nos complementamos muy bien.

Entonces, como dices, lo que es el proyecto.. ¿tú ya lo tenías preparado antes de encontrar a Marcel?

Mmm… A ver. Sí, pero no de la manera en la que lo piensas ahora. En su momento estaba, pero de una manera muy intuitiva. Es decir, tenía unas canciones hechas a través de unas grabaciones de campo, porque yo me había formado mucho a través de esos archivos; había aprendido a cantar a través de esas grabaciones. Entonces yo lo hablé con Marcel, buscamos algo más compartido y nos pusimos con la parte del sonido, los arreglos y demás.

Fotografía: Lita Bosch
¿Y cómo es el trabajo de producción? Porque una de las cosas que salta a la vista y que más interesante me parece de vuestro proyecto es esa mezcla perfecta entre la tradición popular con unas maneras de hacer y una instrumentación muy modernas. ¿Cómo os planteáis esto al llegar al estudio?

Lo cierto es que nosotros tratamos de no movernos a través de etiquetas, más bien intentamos estar en conexión con lo que nos interesa en cada momento, lo cual también ha ido cambiando porque de hecho al principio el proyecto era mucho más acústico. Pero, respecto al estudio, nosotros llegamos a nuestro productor (David Soler) con todo el repertorio acabado. Entonces David fue muy listo y decidió no trabajar en un estudio como tal, sino con un estudio móvil, y nos pidió que escogiéramos un lugar que fuera cómodo para grabar. Decidimos ir a una masía en el Montseny con una llar de foc, y de hecho el fuego de la llar de foc estaba en el lugar donde grabamos todas las canciones. Aunque no se escucha en el disco, está presente. Allí grabamos durante seis días y al séptimo desmontamos el estudio y nos lo llevamos todo a Barcelona. Por lo tanto estudio como tal no había, aunque sí queríamos intentar cerrar las canciones en la masía para más tarde jugar un poco con ellas. Creo que fue muy inteligente salir de Barcelona y grabar donde lo hicimos, porque nos aportó algo distinto.

¿Y respecto a los sonidos que escogisteis?

La verdad es que escuchamos mucha música. Quizás no tiramos de lo típico a la hora de trabajar con material de campo, pero es que el discurso conservadurista nunca nos ha interesado mucho, como tampoco nos interesa el discurso de binomio entre vanguardia y tradición porque nos parece que está muy vacío y muchas veces son como fórmulas que no sabes ni lo que significan. En nuestro caso no es que vayamos a ser intérpretes de un material escogido por criterios como que sea bonito, sino que hay una idea de conjunto y creo que todas las canciones tienen mucha entidad.

Nosotros tratamos de no movernos a través de etiquetas, más bien intentamos estar en conexión con lo que nos interesa en cada momento, lo cual también ha ido cambiando porque de hecho al principio el proyecto era mucho más acústico.

Bueno, ya que abres la veda… Tenía una pregunta reservada para más adelante pero la lanzo ahora. Es algo un poco abstracto y no sé si tienes alguna opinión sobre el tema. Resulta que hay un autor catalán, Josep Martí i Perez, que habla sobre la divergencia entre el folklorismo y lo folklórico, y yo entiendo que el folklorismo trata de coger los aspectos del folklore un poco edulcorados y sacados de contexto para hacer de él una expresión artística más apta a un público general. No sé muy bien cómo formular la pregunta, así que lo haré de la manera más directa: ¿os consideráis folklóricos o folkloristas?

Pues seguramente ninguna de las dos cosas. Me parece que justamente esta pregunta responde a una lógica y a mí me interesa trabajar desde la grieta. Es decir, parece que tú no puedes conectar con unas grabaciones de campo que has encontrado en Internet sin asumir todo ese tipo de lógicas que pueden relacionarse con el tema del consumismo y la idea del folklore estereotipado sacado de su contexto. Pero, en nuestro caso, lo que planteamos es que esa forma de folklore ‘pasado’ realmente forma parte de nuestro presente. Es como los cuarenta y cinco cerebros y un corazón. ¿Sobre qué cerebros y qué corazón está construida nuestra socialdemocracia? Todo eso nos pertenece. Si alguna vez se abren las cunetas cuando se muera la generación que vivió la guerra será porque la gente de nuestra generación habremos luchado para que se abran o porque hemos querido hablar de ello. La cuneta de La Pedraja se abrió hace dos años y está claro que es algo que nos pertenece, pertenece al presente. Si, por otro lado, yo he escuchado en mi casa a un taxista de Madrid cantando una jota que dice que es infinita porque infinita es la incertidumbre del momento en que terminó la guerra, puedo hacer con ese material lo que a mí me de la gana; forma parte de mi presente y desde mi presente construyo mi material. No quiero conservar o representar nada, simplemente quiero usarlo para explicar mi presente, en concreto ahora de una manera crítica.

Luego continuaré con este tema, pero quiero entrar ahora en la parte lírica. Desde luego ha quedado demostrado que eres una gran escritora. Sin embargo, has tirado de canciones populares, de poemas y de grabaciones de campo. ¿Cómo personalizas y con qué criterio todas esas influencias para darle tu toque personal?

Bueno, es que cada canción es un mundo. En el caso de “Tú Que Vienes a Rondarme” quería jugar con un universo muy onírico pero que tuviera un lenguaje que pudiese salir de una jota. En “45 Cerebros y 1 Corazón”, por ejemplo, quería que al principio fuera más descriptiva y documental, pero que luego pasáramos a estribillos muy frikis, como si fuera una canción construida por puertas, pasando por distintos ambientes. No sé, creo que tengo como intuiciones y voy trabajando sobre ello. Siempre tiendo a saber más qué es lo que no quiero y voy descartando hasta llegar a algo que me interesa.

No quería preguntarte sobre ello porque estarás harta, pero siento decirte que me has sacado tú el tema: ¿en qué momento de inspiración divina escribes “Tú Que Vienes a Rondarme”?

Teníamos unas pistas de guitarra descartadas sobre las que quería hacer una melodía. Yo me acababa de leer un cómic maravilloso de Alan Moore que se llama Promethea, y estaba con todo ese imaginario en mi cabeza. Luego había diferentes referencias, como la película La ciudad blanca que se sitúa en Lisboa, donde yo viví dos años. El caso es que yo estaba una noche en el comedor de mi casa y me puse a escribir lo que sería una carta de amor para mi pareja de aquel momento, pensando en la canción como si estuviera hablando de un orgasmo o de un flechazo, pero a la vez con ese imaginario cósmico, como de estar en medio de un absurdo absoluto. Después en el estudio intercalamos un sample de la Voyager 1, lo cual ayudó más a crear el ambiente.

Justo escribí en la crítica que hice del disco que esta canción podría haberla escrito el mismo Lorca sentado sobre la Voyager 1… Y volviendo al tema social, podríamos decir que los temas principales del disco, aunque sean palabras muy amplias, pueden ser el amor y la política. Respecto a lo último, parece que aunque hemos vivido en España una serie de años terribles de los que aún no nos hemos recuperado la música ha volteado un poco la cabeza hacia otro lado. ¿Crees entonces que hace falta más preocupación social en la música?

Bueno, yo intento no hablar de lo que hacen otros ni ser moralista. Siento que mi manera de hacerlo ahora es así, desde este lugar en el que puedo interpelar a ciertas cosas, pero cada uno debe hacer lo que le dé la gana. Y realmente puede ser igual de útil que alguien cante para sí mismo que cantar las desgracias y vergüenzas de nuestra socialdemocracia. Creo que cada uno debe usar su libertad para expresar lo que le parezca importante en cada momento.

¿Sobre qué cerebros y qué corazón está construida nuestra socialdemocracia? Todo eso nos pertenece. Si alguna vez se abren las cunetas cuando se muera la generación que vivió la guerra será porque la gente de nuestra generación habremos luchado para que se abran o porque hemos querido hablar de ello.

Asistí hace poco a una conferencia de Tess Knighton en la que hablaba de cómo la música de desenvolvía en los espacios urbanos del renacimiento, encontrando fiestas populares cada dos o tres días y existiendo un ambiente sonoro real en la ciudad. A partir de la revolución industrial parece que se pierde esa cotidianidad festiva y musical. ¿Crees pues que deberíamos volver a estas costumbres o no tienen ya cabida?

Mmmm… Es que el mundo de ahora es tan distinto… Para mí cuanta más música mejor, pero, ¿en qué condiciones? Hay proyectos y proyectos, y hay que tener en cuenta qué condiciones, qué espacios, qué sociedades o comunidades lo permitirían y cuál es la cultura de la escucha, del cuidado o de los derechos existentes si se da esto. Podría decirte que sería genial pero igual los músicos como trabajadores no cobrarían nada, la gente pasaría de ellos… Hay que ver cual es la cultura de valor que se le da al músico en la sociedad.

Y por ir cerrando, ¿te sientes satisfecha con tu trabajo?

Sí, sí, estoy súper satisfecha. Piensa que somos independientes, no dependemos de ninguna multinacional, hemos hecho un disco sin ninguna pretensión más que la de contar lo que para nosotros es importante, ha quedado en los primeros puestos de medios y de blogs de mucha gente, estamos haciendo sold outs en lugares increíbles con un álbum que es la mitad en catalán y la mitad en castellano, que ehbla de nuestro presente en clave crítica y, además, yo acabo de aprender a cantar y este es mi primer proyecto musical. Realmente es increíble todo lo que ha pasado y estoy muy orgullosa y satisfecha del trabajo que estamos haciendo porque es muy difícil que pase algo así. No es garantía ni tener talento ni hacer algo bueno porque hay miles de cosas buenas que no tienen la cobertura o que no conectan con según qué comunidades como lo ha hecho nuestro proyecto. Por eso, todo el agradecimiento y a la vez la confianza de seguir currando así.

Fotografía: Kiku Piñol
¿Nuevo disco próximamente?

Estamos un poco trabajando en eso, tenemos unas cuantas intuiciones nuevas y yo estoy escribiendo, pero puedo asegurar que no haremos lo mismo.

Esa era la siguiente pregunta.

Claro, no. No haremos lo mismo porque si hiciéramos el disco anterior ahora ni lo haríamos igual… Obviamente, lo haremos nosotros dos, así que tendrá mucho de nosotros, aunque será otro capítulo. Hay mucha gente que se ha unido al proyecto, la gente que viene a los conciertos y que está pendiente de nosotros está muy cerca y queremos poder trazar una relación. Hemos crecido mucho desde que empezamos y por eso el nuevo álbum será bastante diferente.

No es garantía ni tener talento ni hacer algo bueno porque hay miles de cosas buenas que no tienen la cobertura o que no conectan con según qué comunidades como lo ha hecho nuestro proyecto.

Lo podemos dejar aquí. Antes de colgar te quiero felicitar por tu trabajo, y te aseguro que no es por compromiso, sino porque de verdad lo merecéis. Tenemos mucha confianza de cara a vuestros siguientes trabajos.

Ay, muchas gracias. Un saludo [muy amable a juzgar por su articulación vocal].

La simpatía de Maria Arnal es pura vitalidad.