Toda la vida pensando que sus canciones trataban de éxtasis químicos, enardecimiento de la vida orgiástica, alegorías extrasensoriales y contacto con entidades de otros planetas, pero no. Van de ruido. En plena esencia. Si algo define a esta banda es su exacerbado culto a esa capacidad para dejarnos totalmente sordos. Un amor que va más allá del propio sonido ubérrimo que abunda en cada una de sus canciones: también del profundo silencio que deja una vez que cesa. Es algo que uno se pregunta y siente cada vez que se sumerge –casi a diario– en uno de sus temas. ¿Qué es mejor? ¿La grata y devastadora tortura de una guitarra rugiendo en la oscuridad acompañada de un ritmo frenético de bajo y batería o el tibio, incómodo y ensordecedor silencio que produce una vez desaparece?

“Pinned”: breves momentos de éxtasis en medio de un paisaje desolador de ruido

“Pinned” mantiene esa esencia cien por cien A Place to Bury Strangers. Pero también hay hueco para el desengaño y sentirnos defraudados. A pesar de repetir una y otra vez que nunca vuelven hacia atrás, el álbum que podía subirles a los altares de la música alternativa actual se queda en un mero ensayo sucio y turbio de lo que podría haber sido.

El pasado 13 de abril salía al mercado “Pinned, el quinto álbum de estudio de A Place to Bury Strangers, continuación natural de “Transfixiation, cuya ecuación de post-punk, electrónica y shoegaze encumbró a la banda a hacerse un poquito más famosa dentro de su propio circuito alternativo. Ya los dos primeros adelantos hacían suponer un volantazo hacia el pop. En sus inicios, y debido a los rotundos y personalísimos espectáculos en el club de música experimental Death By Audio, sumergido en el subsuelo de Brooklyn, se ganaron el apelativo de ‘la banda más ruidosa de Nueva York’, un sobrenombre bastante eficaz para intentar condensar el espíritu de la banda, pero que con el paso del tiempo parece que quedó en una mera estrategia de marketing. Sin embargo, podemos comprobar que algo de verdadero hay en este particular mote pasados los años, ya que cada uno de sus discos sigue suponiendo un reto para los oídos de todo ingenuo empeñado en sumergirse en sus corrientes de ruido y sensación. Afortunadamente, “Pinned” mantiene esa esencia cien por cien A Place to Bury Strangers. Pero también hay hueco para el desengaño y sentirnos defraudados.

Fotografía: Press

Las esperanzas de que “Pinned” fuera a más en cuanto a sorpresas, alimentadas por la llegada de Lia Braswell a la batería y a los coros, hacían presagiar un álbum definitivo, una colección que coronara a la banda en los altares de la música experimental y extrema. Sin embargo, el proyecto no deja de ser una retrospectiva de todo lo hecho hasta ahora que, como mucho, admite un pequeño giro de tuerca.

Never Coming Back es el single y, como todo single, tiende a destacar sobre el resto. El problema está en cuando el single sintetiza y enarbola todo lo mejor de un disco, algo que desgraciadamente sucede en “Pinned”. A pesar de repetir una y otra vez que nunca vuelven hacia atrás, el álbum que podía subirles a los altares de la música alternativa actual se queda en un mero ensayo sucio y turbio de lo que podría haber sido.

La desilusión proviene de sus más acérrimos fans, entre los que un servidor se incluye sin titubear, ya que las esperanzas de que “Pinned” fuera a más en cuanto a sorpresas, alimentadas por la llegada de Lia Braswell a la batería y a los coros, hacían presagiar un álbum definitivo, una colección que coronara a la banda en los altares de la música experimental y extrema. Sin embargo, el proyecto no deja de ser una retrospectiva de todo lo hecho hasta ahora que, como mucho, admite un pequeño giro de tuerca.

Este fiasco demuestra una verdad que ya se intuía desde hace unos años: A Place to Bury Strangers no son un grupo de discos, sino de canciones sueltas. Temas increíbles con los que poder despegar del suelo y levitar, aupado por la mastodóntica y hercúlea distorsión de guitarras. Breves momentos de éxtasis en medio de un colérico estruendo que te desafía e infunde más que respeto. Sin embargo, en “Pinned”, esos instantes apenas brillan por su ausencia. Tal vez en la antes mencionada “Never Coming Back”, en “Was It Electric” (la balada) o quizás en “Frustrated Operator” (con ese quincuagésimo regreso a The Jesus and Mary Chain). Pero en el resto, las canciones caen por su propio peso y derivan en un insípido patinazo. Un chasco.

Viva la mecánica, muerte a lo real

A Place to Bury Strangers no son un grupo de discos, sino de canciones sueltas. Temas increíbles con los que poder despegar del suelo y levitar, aupado por la mastodóntica y hercúlea distorsión de guitarras. Breves momentos de éxtasis en medio de un colérico estruendo que te desafía e infunde más que respeto. Sin embargo, en “Pinned”, esos instantes apenas brillan por su ausencia.

Si Oliver Ackermann no estuviera tan obsesionado por trasladar el caos de sus pedales de efectos a la voz, si por mínimo que fuera sonara más ‘acústico’ y por ende ‘real’, aunque fuera sólo un poco, si la producción fuera más clara y no tan embadurnada por lo mecánico… en definitiva, “Pinned” resulta ser todo un mapa de lo digital, lo tecnológico y lo deshumanizado con breves y momentáneos destellos de luz. Pero a diferencia de otros artistas que persiguen esa falta de humanidad en la composición, la deshumanización de los de Nueva York resulta repetitiva, cargante y hasta cierto punto absurda.

Execution” suena como una canción de Suicide mal arreglada; Too Tough to Kill” tiene pegada, ritmo e intención, pero la producción resulta tan vacía y distorsionada, compuesta casi como a espasmos, que acaba rayando; Look Me in the Eye deja totalmente indiferente; I Know I’ve Done Bad Things promete algo diferente, pero se desinfla a los pocos minutos y acaba resultando bastante plomiza; Act Your Age y Attitude prometen ser el golpetazo punk en la mesa, pero parecen antiguas canciones de los Ramones mal interpretadas (nada que ver con los temas más ramonianos de “Exploding Head”)y, por último, Keep Moving On no dice absolutamente nada interesante, algo que, para ser la última del disco, bien podrían haberla metido en el medio, que nadie se hubiera percatado de su existencia.

Tres destellos de luz en medio de la oscuridad de un bosque incendiado

“Pinned” resulta ser todo un mapa de lo digital, lo tecnológico y lo deshumanizado con breves y momentáneos destellos de luz. Pero a diferencia de otros artistas que persiguen esa falta de humanidad en la composición, la deshumanización de los de Nueva York resulta repetitiva, cargante y hasta cierto punto absurda.

Los momentos que se alejan de esta monotonía son “There’s Only One of Us”, “Situations Changes” y “Was It Electric”. La primera sorprende por su acercamiento al pop. Los coros femeninos de Braswell suman, pero a pesar de poseer un adictivo estribillo y unos arreglos notables de guitarra, el tema no termina de enganchar. Resulta demasiado inocente –aunque posee un claro mensaje político– y parece la canción típica que sobresale en una banda amateur. La fiereza y la garra quedan camufladas bajo una tibia producción que resta potencia al abrupto sonido del disco en conjunto. Directa y llanamente, no pega nada dentro del concepto general del álbum. “Situations Changes”, una de las preferidas del trío por la asiduidad por la que la interpretan en directo, tiene bastante gancho y regresa a esa fórmula pop que distingue a “Pinned” del resto de su discografía. Pero, tras varias escuchas, la melodía se hace repetitiva y no termina de cuajar, más bien aburre, aunque el propósito sea bueno. Si la comparamos con otros medios tiempos clásicos, como la fantástica “Dissolved” del “Worship”, queda muy lejos de lo que podría ofrecer.

Nada que ver con “Was It Electric”, la balada por antonomasia del disco y quizás el mejor tema junto con “Never Coming Back”. Esa guitarra en clean crea una atmósfera sublime, junto con el acertado bajo que encarrila el tema al más puro tuétano de la emoción. Uno de los instantes del disco en el que se dejan ver los mejores A Place to Bury Strangers. Sencilla, implacable y emocionante. La hermosa melodía que recita Ackermann le devuelve a esa saga de grandes baladas norteamericanas. Otro detalle a destacar es que no hay una intención manifiesta de ametrallar con el feedback ni con el pedal Death By Audio. Algo que se agradece, ya que como decía Alan Vega, líder de Suicide: “minimal is maximal”.

En comparación con sus trabajos anteriores, “Pinned” sin duda parece el más flojo. Tal vez, lo que les ha podido pasar es que el calificativo de ‘la banda más ruidosa de Nueva York’ se les haya subido a la cabeza y no quieran despegarse de él bajo ningún concepto. Otra suposición mucho menos correcta que se me antoja es que después de haber subido tanto el volumen, las neuronas de sus cabezas se hayan visto seriamente afectadas. Una suposición bastante absurda pero que encaja. Que se lo digan a Pete Townshend de los Who, quien creo recordar que en el presente solo conserva el 20% de su audición, o al mismísimo Jimi Hendrix, que al morir a los 27 ya solo le quedaba el 40%. No, definitivamente no; esto no es excusa. A pesar de todo, sumergirse en el repertorio del trío sigue resultando una experiencia rica y satisfactoria. No nos dejemos engañar: venimos aquí por el ruido para alimentarnos, para enamorarnos, para sentir con todas nuestras fuerzas, para quedar sepultados en una tumba estentórea, herrumbrosa, chirriante. Para seguir siendo unos extraños.

A Place to Bury Strangers – Pinned

7.0

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A Place To Bury Strangers confirman la sospecha de estos últimos años: son un grupo de canciones sueltas y no de discos. Su experiencia les debería haber llevado por otras sendas y atreverse a transitar más caminos, pero han optado por conformarse y entregar un álbum plano con breves destellos de genialidad. Aun así, no han perdido un ápice de energía y fragor guitarrero. Más apto para todos los públicos que el resto de su discografía, pero esencial para el fan medio del noise neoyorquino.

Up

  • “Never Coming Back” y “Was It Electric”, las dos grandes canciones de este álbum que perdurarán sin duda alguna.
  • La apuesta taimada por el pop en “There’s Only One of Us” o “Situations Changes” que no termina de cuajar dentro del álbum pero que les añade un punto más de valor a sus composiciones.
  • El buen estado de forma de los tres componentes de la banda, que no han perdido ni un ápice de energía y talento.

Down

  • La producción desorbitante y la ecualización mecánica en todos sus instrumentos, incluida la voz, que le resta realidad a los temas.
  • La presencia de excesivas canciones de relleno que no añaden nada nuevo.
  • No haberse atrevido a ahondar más en su sonido y conformarse con temas cortos, rápidos y fácilmente olvidables.