Me llevé una gran decepción cuando me enteré de que Courtney Barnett tenía pareja. Es mi último romance ficticio, la última persona de mediana celebridad de la que me enamoraré. Era la definitiva, pero en fin, la vida da golpes así, de manera inesperada, y éste fue sin duda uno especialmente doloroso, porque es difícil olvidarse de alguien cuando te ha dado paso a su propia habitación, dejándote bucear en su universo de apatía y excentricidades y haciéndote sentir especial, como si fueras el único que escuchara y empatizara con sus confesiones; como si sus canciones llenas de realismo bromista e irónica reflexión estuvieran escritas sola y exclusivamente para tu disfrute personal. Me rompiste el corazón, Courtney, y al final resulta que no soy tan único, ni tan especial, por lo que sólo puedo sentarme, sentarme y pensar, ojo; en lo que me queda, que no es más que un romance tanto o más imaginario que el personaje con el que se desarrolla, porque al final uno conoce del artista lo que éste le deja conocer, ni más ni menos.

Entre la desesperanza y la fe enterrada

En este nuevo trabajo Barnett abandona a medias su actitud slacker para ponerse seria, apostando por la estructura, el ritmo y la actitud introspectiva de alguien que afronta su rabia con la frialdad y la distancia del que sabe que, en el fondo, tampoco importa tanto, aunque nos importe.

De ella conocemos sus ojos cautivadores, su sonrisa ausente, su pelo alborotado y su espalda encorvada. Conocemos también su tendencia al aislamiento, su irremediable incomprensión del mundo que la rodea y su voz arrastrada, nihilista hasta en la desgana con la que suelta frases envenenadas, pero envueltas siempre en un encanto inexplicable. En definitiva, conocemos lo poco que nos deja ver de un mundo fascinante, que es el que se esconde detrás de esa mata de pelo que encuentra orden en su particular desorden. Ávidos de dosis de realidad Barnettiana, bebemos de lo que nos trae su majestad garajera, agradecidos de cualquier secreto que se atreva a confesarnos, ya sea fiel a su estilo entre distorsión y frases como puñetazos o más bien tranquilita y acústica, de la mano de Kurt Vile, como pasaba en esa curiosa e indiscutible reliquia musical que es “Lotta Sea Lice”, nos guste más o menos. Pero la que contaba de verdad era esta, la buena, la que supone de verdad una continuación a su aclamado “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit”. Lleva de nombre “Tell Me How You Really Feel” y en este trabajo Barnett abandona a medias su actitud slacker para ponerse seria, apostando por la estructura, el ritmo y la actitud introspectiva de alguien que afronta su rabia con la frialdad y la distancia del que sabe que, en el fondo, tampoco importa tanto, aunque nos importe.

Fotografía: Press

“Tell Me How You Really Feel”: dime cómo te sientes y aun así no sabrás quién eres

El álbum se tambalea entre la ternura y la oscuridad más salvaje que no es otra que la nuestra propia, la del odio con el que no nacemos pero que adquirimos a lo largo de nuestra vida y que es más musical que verbal y más ruidoso y distorsionado que melódico.

Es en esa línea entre la desesperanza y la fe enterrada donde se mueve este trabajo, por lo que no se me ocurre un mejor comienzo que el de Hopefulessnesspara determinar los límites del claroscuro que sirve de materia prima a las canciones de un álbum que, como el primer tema, se tambalea entre la ternura y la oscuridad más salvaje que no es otra que la nuestra propia, la del odio con el que no nacemos pero que adquirimos a lo largo de nuestra vida y que es más musical que verbal y más ruidoso y distorsionado que melódico. Es cierto que la visceralidad no es precisamente una constante aquí, aunque Barnett no se priva de volver a su lado más oscuro en I’m not Your Mother, I’m Not Your Bitch, pero quizás sea precisamente por lo inquietante que resulta su faceta de Mr. Hyde que Barnett prefiere mantener a la Kim Gordon con esteroides que lleva dentro a raya, sacándola de paseo solamente en contadas ocasiones.

Su nueva dirección supone un soplo de aire fresco con respecto a un estilo que empezaba a ser predecible, aunque no se pierde la actitud que la caracteriza.

La rabia sigue latente, sin duda, y la prueba irrefutable es Nameless, Faceless. Sonriendo divertida pero mostrando unos dientes afilados, la australiana añade leña al fuego feminista desde una posición que evita inteligentemente las moralinas y los melodramas baratos, mezclando el acoso sexual y la cultura anónima de Internet para reírse de sus haters y lanzar un aviso: al que se acerque, que sepa que tiene las llaves preparadas entre los dedos a modo de puño americano casero. Un riff contagioso deja paso a un verso amable que poco tiene que ver con el estribillo de puños apretados y ceño fruncido en el que quedamos completamente desarmados ante una Courtney Barnett como no la hemos visto antes.

Pero quizás lo más sorprendente y agradable sea ver a Courtney Barnett tomar una dirección positiva e incluso reafirmante en cortes como City Looks Pretty, con riff reminiscente de su hit “Avant Gardener” que casi hace que entendamos esta oda a la ciudad como una continuación de sus historias de vida casera, esta vez contándonos lo bonita que es la ciudad después de haber pasado días encerrada. Confirmando la condición de bicho raro de Barnett, ahondamos en su aislamiento voluntario y compartimos su terapia para la soledad metropolitana que no se cura con nada ni con nadie, viéndonos sumergidos de repente en un inesperado outro musical que nos mueve a cámara lenta, creciendo poco a poco hasta conseguir un memorable clímax. Menos transcendente quizás, pero igual de revitalizante es Help Your Self, con un ritmo rockero tan clásico que suena fresco a manos de la siempre realista y acertada Barnett.

Una travesía agria pero muy disfrutable, oscura pero repleta de luz a través de música que es terapia y medicina para todos nosotros.

Es en temas como este donde la australiana luce mejor su capacidad de convertir historias tristes en himnos del buen rollo, aunque lo haga solo momentáneamente para volver después a su gris habitual y criticar los excesos de positivismo en Charity, corte que nos invita educadamente a replantearnos si realmente somos tan felices como nuestro Instagram dice o si en realidad nos sentimos más identificados de lo que queremos admitir con sus confesiones melancólicas. Musicalmente, su versatilidad estilística presenta aquí un muy disfrutable tributo al rock alternativo noventero, como lo hace en la genial Crippling Self-Doubt and a General Lack of Self Confidence, que podría ser perfectamente la intro de cualquier serie de éxito de nuestra infancia si no fuera por lo desolador de su temática, que nos rompe un poquito el corazón pese al coreable y entrañable estribillo, probablemente uno de los más potentes y divertidos.

A excepción de la rompecorazones Need a Little Time, probablemente mi corte favorito del álbum con sus crecidas trepidantes y su sentimiento latente, es en los momentos más tranquilos donde Barnett expone sus debilidades, como queda claro en dos de las paradas menos memorables del recorrido: por una parte Walkin’ on Eggshells, que no está a la altura de una imagen poética de extraña fuerza como es la de andar sobre cáscaras de huevo, y por otro lado Sunday Roast, que resulta un poco desprovista de ingenio líricamente hablando, pero que ciertamente proporciona un final musical a la altura de las circunstancias, con un outro en el que gana, por fin, la luz frente a la oscuridad, envuelto todo en un aura de amistad de lo más entrañable. Deja así un toque finalmente dulce el final de una travesía agria pero muy disfrutable, oscura pero repleta de luz a través de música que es terapia y medicina para todos nosotros.

Courtney Barnett – Tell Me How You Really Feel

8.0

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Courtney Barnett no se reinventa pero sí que mejora, apostando por un estilo más pulido, estructurado e incluso pegadizo que complementa de maravilla una carrera corta pero completa y asienta a la australiana como una de las mejores y más interesantes cantautoras de nuestro tiempo.

Up

  • Sus letras mantienen el ingenio y la ironía, pese a ser ahora más concisas.
  • Mantiene el equilibrio perfecto entre luz y oscuridad, depresión y optimismo, alegría y tristeza.
  • Su nueva dirección supone un soplo de aire fresco con respecto a un estilo que empezaba a ser predecible, aunque no se pierde la actitud que la caracteriza.

Down

  • A veces echamos de menos a la Barnett arrastrada y divagante.
  • Se hace corto y puede ser que incluso insuficiente, teniendo en cuenta la longitud de proyectos pasados.
  • Deja con ganas de más profundidad y desarrollo de temas con mucho potencial.