Hace tiempo que los Manic Street Preachers dejaron de ser Manic Street Preachers para convertirse en Manic Street Preachers. Debería explicarme: son innumerables los grupos que cambian de estilo, ya sea por experimentación o por evolución, pero ninguno lo ha hecho por fuerza mayor, como es el caso de los galeses.

La desaparición de un líder no es algo que se pueda llevar con holgura en esto de la música. Los Manics hace mucho que se vieron obligados a hacer borrón y cuenta nueva tras la misteriosa evaporación de Richey Edwards allá por 1995. Una incertidumbre que marcó en la banda un giro de 180º, cuya trayectoria como enfadado conjunto andrógino que coqueteaba con el punk y el grunge y copaba sus canciones de letras políticas y reivindicativas se cortó en pos de una nueva formación pop-rockera de melodías sencillas y letras más sosegadas. La etiqueta de ‘músicos de culto’ se perdió junto a su emblemático y controvertido guitarrista en el fondo del río Severn o dondequiera que este se encuentre.

Lo que aquí nos concierne es que ese cuarteto que pregonaba a los cuatro vientos que lanzaría un álbum debut que vendería más que el “Appetite for Destruction”, llenaría Wembley tres noches consecutivas, se iría de gira mundial y se retiraría acaba de publicar nada más y nada menos que su decimotercer disco. Un trabajo que, según sus compositores, suena a una mezcla de sus tres primeros álbumes. Desde “Generation Terrorists” (Columbia Records, 1992), el punto de partida de los MSP originales, a “Everything Must Go” (Epic Records, 1996), el punto de partida de los MSP actuales. Ardua tarea.

“Resistance Is Futile”: residuos de una nostalgia accidental

En estos tiempos convulsos que corren y en los que la música parece haber perdido esa vena reivindicativa y activista que siempre ha tenido hueco, los de Blackwood han reavivado sus cenizas insurgentes para conformar un elepé correcto, aunque dotado de la conformidad y la seguridad que otorgan tres décadas de carrera… de las cuales dos de ellas han sido con una identidad fortuita.

Tras cuatro años de silencio, Manic Street Preachers vuelven a la carga y no es de extrañar. En estos tiempos convulsos que corren y en los que la música parece haber perdido esa vena reivindicativa y activista que siempre ha tenido hueco, los de Blackwood han reavivado sus cenizas insurgentes para conformar un elepé correcto, aunque dotado de la conformidad y la seguridad que otorgan tres décadas de carrera… de las cuales dos de ellas han sido con una identidad fortuita.

Por ello, este “Resistance Is Futile” (Columbia Records, 2018), cuyo título no puede ser más esclarecedor, es un largo que satisfará a los amantes del sonido de álbumes como “Everything Must Go” o “This Is My Truth Tell Me Yours” y, quizá, saqué una sonrisa melancólica a aquellos seguidores que ladraban las primeras letras insurrectas vestidos con abrigos de leopardo y con los ojos pintados.

Los tiempos cambian y las circunstancias fuerzan a cambiar. Hace tiempo que los Manics fueron víctimas de sus circunstancias. Desde entonces están condenados a vivir en el día al día y asumir sus triviales adversidades con la inevitable imperturbabilidad y la alusión con la que un veterano de guerra observa una pelea de colegio.

Manic Street Preachers han sido valientes por viajar al pasado e intentar mezclar dos etapas que, debido a las catastróficas circunstancias, son imposibles de compatibilizar.

Ante esta tesitura, el disco comienza a girar con People Give In”. Un tema con contratiempos, una estructura básica y un sonido noventero –por si quedaba alguna duda– donde destaca la rasgada y peculiar voz que James Dean Bradfield aún conserva. Y sí, una letra que alude temas filosóficos. Que no sea porque no lo han intentado. International Blue es el single de presentación que MSP eligieron. Una gran elección para evocar la filosofía con la que el trío ha promocionado el álbum. Con un ritmo acelerado y un riff pegadizo, el tema da paso al segundo single que se conoció. Distant Colours frena el ritmo que parecía que cogía el repertorio y deja toda su fuerza a un estribillo poderoso, bien secundado por unas estrofas armónicas.

Con Vivianviajamos a aquellos maravillosos 70. Un track que sin destacar por encima de los escuchados no desentona gracias a su guitarra y los cambios de registro en la voz de Dean. Mientras Dylan & Caitlin narra la historia de amor entre el poeta Dylan Thomas y su esposa con el “Don´t Go Breaking My Heart” de Elton John presente no sólo en su estructura sino en el contraste que la voz de The Anchoress aporta, Liverpool Revisited es el tema más corto del LP, el más arquetípico de los Manics y, probablemente por eso, el mejor de la primera parte. Presentado como cuarto y último single, queda claro que los galeses querían que esta fuera la composición que de verdad pusiera los dientes largos a los ávidos oyentes. La voz de Dean sigue sin perder potencia y la guitarra adquiere un protagonismo principal. Sin duda, una presencia indiscutible en cualquier setlist de la banda de ahora en adelante.

La banda ya vive en esa tranquilidad que otorga el trabajo bien hecho y deja la sensación de que tocaron techo hace mucho tiempo, lo que hace que este trabajo sea un mero pasatiempo carente de ambición. Al final, con cada disco de los Manics, uno se pregunta qué distinto sería todo si a Edwards le diera un día por aparecer y subirse a cualquiera de los escenarios en los que su banda aún sigue colocando un micrófono en el lugar que ocupaba.

La segunda parte de este “Resistance Is Futile” se presenta como la fase más nostálgica y metafísica. Sequels Of Forgotten Wars lo dice todo con su título (y a este redactor le viene de perlas para recalcar la metáfora del veterano de guerra) para que Hold Me Like a Heaven se constituya como la mejor canción de este segundo tramo. Y básicamente y al igual que “Liverpool Revisited”, porque suena a ellos. Sí, reconozco que la expresión ‘sonar a ellos’ aparece más ambigua que nunca con los MSP, pero no seré yo el que defina a una banda que se ha labrado una carrera tan consistente como etérea.

In Eternity sigue la estela de los dos anteriores tracks. Con más efectos de los aparecidos hasta entonces, es la pieza de relleno que todo álbum posee. Broken Algorithms comienza con una batería extasiada, similar a la de “Breed” de Nirvana. Directa y sin florituras, su gran composición instrumental la coloca no solo como fija en los directos del trío, sino como gran candidata para abrir sus conciertos. La penúltima canción del elepé es A Song For The Sadness, tema puente entre el rocanrol de “Broken Algorithms” y The Left Behind, la canción que clausura este proyecto. Un cierre minimalista en el que Dean suena a Alex Turner, sinónimo de que MSP sigue adhiriendo influencias a su más que consolidada trayectoria.

Manic Street Preachers – Resistance Is Futile

6.8

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Tras cuatro años inactivos en cuanto a álbumes se refiere (en 2017 estuvieron trabajando en el documental Escape From History, que narra la composición del “Everything Must Go” tras el shock que les provocó la desaparición de Edwards), la banda británica elabora un conjunto de doce piezas que no se sale de los paradigmas que establecieron hace más de veinte años. Un disco sobrio, sin grandes sorpresas, en el que MSP muestran que quieren seguir en el negocio, pero sin sobresaltos.

Up

  • El hecho de que uno de los grupos más emblemáticos de los noventa siga en activo y manteniendo su esencia siempre es motivo de celebración.
  • La valentía por viajar al pasado e intentar mezclar dos etapas que, debido a las catastróficas circunstancias, son imposibles de compatibilizar.
  • La voz de James Dean Bradfield sigue sonando de maravilla.

Down

  • La banda ya vive en esa tranquilidad que otorga el trabajo bien hecho y deja la sensación de que tocaron techo hace mucho tiempo, lo que hace que este trabajo sea un mero pasatiempo carente de ambición.
  • La segunda parte del álbum peca de monótona por temas como “In Eternity” o “A Song For The Sadness”.
  • Con cada disco de los Manics, uno se pregunta qué distinto sería todo si a Edwards le diera un día por aparecer y subirse a cualquiera de los escenarios en los que su banda aún sigue colocando un micrófono en el lugar que ocupaba.